RSS Feed

Posts Tagged ‘Sandra Bullock’

  1. Proyecciones

    abril 9, 2012 by Ana López Guzmán

    Es domingo. Son las tres de la mañana. Podría estar durmiendo, pero no tengo sueño. He estado conduciendo cuatro horas sin parar y estoy tan alerta que cualquier lucecita me parece un coche que está frenando con la mismas ganas que tenía yo de llegar a casa. Y mira que cuatro horas tampoco es tanto, pero es que no estoy muy acostumbrada a los viajes de más de 45 minutos.

    Durante la última semana he visto cómo el mundo de las personas que más quiero ha sufrido grandes altibajos. He secado lágrimas, he escuchado confesiones. Algunas escalofriantes. He prestado atención a cada palabra y he intentado que esas personitas se fueran algo mejor a la cama.

    Hay veces que estás tranquilo. Que simplemente estás en tu casa viendo la tele. Puede que sea un sábado por la noche. Uno de esos que no te apetece hacer nada, pero te sientes bien. Y en ese momento suena un aviso en tu móvil. Un e-mail o un SMS de él o ella. Esa persona que tanto daño te ha hecho de pronto se acuerda de ti y, aunque sabe lo mucho que eso puede desequilibrarte, y aunque tú hayas dejado bien clarito que no quieres tener señales suyas, coge y te escribe para decirte lo mucho que te echa de menos.

    Ese tipo de mensajes son devastadores, además de profundamente egoístas. Quien los manda lo hace pensando únicamente en SUS ganas, en SUS antojos y no en los de la otra persona, que es la que se queda chafada durante días,  dando vueltas a un montón de palabras que se han escrito con unas copas de más y a altas horas de la noche.

    Según Luis Ramiro, cuando alguien te manda un mensaje breve seguido de tres puntos suspensivos es que quiere “algo”. Y eso está genial si tú también quieres “algo” con esa persona, pero… ¿Y si no es así? ¿Por qué no existen normas para eso? Supongo que está la ética, pero no la ponemos en práctica.

    Sandra Bullock en una escena de 'Mientras dormías'Si Medea leyera esto me hablaría de las “personas tóxicas”. Ya sabes, ese tipo de gente que está en tu vida por algún motivo y que permites que siga estando aunque no te haga ningún bien. ¿Por qué nos empeñamos en dejar que nos hagan daño cuando sería mucho más fácil cortar el “problema” de raíz? Supongo que necesitamos aferrarnos a la esperanza de que esa persona no tiene un fondo malo. Queremos ver ese lado bueno y hacer que reluzca. Pero, ¿sabes qué? Que esa no es tu misión. Ni la mía. Tú sólo debes ocuparte de sacar lo mejor de ti y apartar a esas personas que están entorpeciendo tu camino. Tu responsabilidad es preocuparte de TU luz.

    Hoy he estado viendo ‘Mientras dormías’ (1995, Jon Turteltaub). Sandra Bullock es Lucy, una mujer encantadora que se enamora platónicamente de un hombre al que ve cada día pasar en el metro. Sin embargo, no le conoce. No sabe absolutamente nada de él.

    Eso también ocurre en la vida real. Idealizamos a las personas. No sabemos nada de ellas y hacemos una proyección de lo que nos gustaría que fueran. Ella al final se enamora del hermano de aquel hombre. Bill Pullman es el encargado de darle vida. Es una de esas películas que te dejan un sabor agradable, pero en el fondo sabes que esos finales son muy poco frecuentes en la vida real.

    Sandra Bullock y Bill Pullman en una escena de 'Mientras dormías'Es cierto que cada historia es maravillosa. Desde el momento en que conocemos a alguien hasta… Bueno, hasta que dure lo que tenga que durar. Pero no todas terminan con un taxi que corre desesperado por llegar a un aeropuerto donde la persona amada está a punto de coger un avión con destino a un lugar muy lejano. No hay Nocheviejas con sorpresa. No hay un “lo siento” escrito con un millón de flores (tus favoritas) para que lo veas cuando te levantes por la mañana y te asomes a la ventana.

    Hace poco alguien me dijo que gracias a mí había descubierto lo que era la magia, los cuentos, las canciones y, por supuesto, las películas. Al fin y al cabo, ¿qué sería de nosotros sin un poco de fantasía? Pero esa misma persona también me dijo: “Ana, esto no es una película”. Supongo que cada uno elige cómo ver la vida. Un día después inmortalizaba en una imagen lo que estaba pensando mientras se dejaba fotografiar: “Y las ánimas también…”. Se la escuché cantar tantas veces…

    Para cerrar este post, os dejo una canción de ‘El Canto del Loco’. Se llama ‘Cicatrices’. Se la dedico a mis niñas y a aquel lobito que decidió continuar su andadura lejos de El País de las Maravillas porque su corazón “no era libre”. Lo que importa es recuperar tu “muchedad” y ser quien eras y olvidaste ser. Porque tú eres único y sólo tienes que recordártelo cada día hasta que se te quede tan grabado que te salga solo. Quiérete, porque nadie va a quererte tanto como tú.

    Todo esto lo escribí, precisamente, ‘mientras dormías’.

    CICATRICES (El Canto del Loco)

    Hoy vuelvo a encontrar mi corazón, que lo tenía escondido dentro de un cajón

    cerca del afecto y del manual de cómo hacerme un hombre

    Y lo pasé tan mal mirando alrededor, estando tan perdido, falto de ilusión,

    cerca del peligro, sin equilibrio y perdiendo el norte…

    Y hoy me pregunto, ¿por qué me quise tan poco y me encerré dando vueltas y vueltas a algo que yo creé?

    Y por pensar tengo un millón de cicactrices, soy un escudo, soy hipersensible… Una barrera al corazón

    Y no me gusta haber estado así de triste. Por paranoias yo me hice esas heridas en mi interior

    ¡Qué gran liberación que siento hoy al recorrer poquito a poco el corazón!

    Que está más fuerte, sabe qué quiere y ya no se esconde…

    ¡Qué grande es verme hoy sin lo anterior! Sintiéndome tranquilo, siendo lo que soy: inofensivo, sereno, amable y cariñoso

    Y hoy me pregunto, ¿por qué me quise tan poco y me encerré dando vueltas y vueltas a algo que yo creé?

    Y por pensar tengo un millón de cicactrices, soy un escudo, soy hipersensible… Una barrera al corazón

    Y no me gusta haber estado así de triste. Por paranoias yo me hice esas heridas en mi interior


  2. Sin ventanas mágicas

    noviembre 8, 2011 by Ana López Guzmán

    Medea y yo nos conocimos en nuestro primer día de Universidad. Las dos estábamos perdidísimas buscando sin éxito el escondido edificio 17, que más tarde se convertiría en un lugar donde compartiríamos miles de anécdotas. Entonces no lo sabíamos. Y entonces también las cosas eran muy diferentes, incluso nosotras.

    Si las despedidas duelen, duelen más cuando sabes que tardarás en volver a ver a la persona de la que te estás alejando. Por eso nunca digo adiós. Yo soy más de hasta luego y quien me conoce lo sabe. Por eso mi hasta luego del domingo, cuando dejamos a Medea en el control de la T4 de Barajas, fue un poco triste. Volvía a despedirme de mi Amiga (con mayúsculas).

    Son muchas las películas que asocio a Medea, bien porque las hemos comentado, destripado o puesto del revés, bien porque de alguna manera me recuerdan a ella. Pero hoy quiero hablar de dos en concreto, que no sé si ella habrá visto, pero que se han pasado por mi memoria después de pasar de nuevo el fin de semana juntas.

    Una de ellas es ’28 días’ (Betty Thomas). La protagonista es Sandra Bullock quien, tras estrellar un coche el día de la boda de su hermana, ingresa en un centro de desintoxicación. Su psicólogo (si mal no recuerdo) le da un consejo que decía algo parecido a lo siguiente: “Cómprate una planta. Si al año sobrevive, cómprate una mascota. Si al año sobrevive, tal vez estés preparado para cuidar de otra persona”.

    Le recordé esta escena a mi amiga cuando llegamos a casa después de pasar una hora perdidas al volante (conducía yo, claro). No porque fuera borracha, como Sandra Bullock en esa peli, sino porque creo que no es tan fácil cuidar de alguien. Es como decía Shakira en aquella canción: “Siempre supe que es mejor cuando hay que hablar de dos empezar por uno mismo”. Si no sabes cuidar de ti, ¿cómo vas a cuidar de otro?

    Medea tiene una habitación verde llena de plantas, aunque no sé si las regará ella. También tiene un gatito llamado Gizmo. Y sinceramente, creo que podría comerse el mundo entero. Está preparada para cuidar de quien sea. Medea era la amiga que me cuidaba a mí cuando me dijo que se volvía a Gijón. Por eso llevé tan mal su marcha. Sin embargo todos tienen que seguir su camino. Y yo tuve que dejar que ella continuase con el suyo (¡qué remedio!).

    La otra película que he recordado estos días es ‘Mil ramos de rosas’  (Michael Goldenberg). En esta ocasión el protagonista es el dueño de una floristería interpretado por Christian Slater. Al personaje le gusta pasear por la noche. Mirar las ventanas y preguntarse qué estará haciendo la gente. Cómo serán sus vidas. Con qué estarán soñando (esto último creo que me lo estoy inventando, pero no veo esa peli desde hace más de diez años).  Un buen día, descubre una ventana que está abierta y ve a una mujer llorando. Esa imagen le invade de tristeza y desea que las lágrimas desaparezcan. De ahí los ramos de rosas.

    Si yo pudiera de alguna manera ver por una ventana a mi Amiga, me aseguraría de que siempre estuviera bien. Que se riera a carcajadas, como tanto nos gusta, y dejar que incluso alguna lagrimita se escapara, pero de las buenas.

    Ahora me voy a dar un paseo. Imagino que la mayoría de las ventanas estarán encendidas. Y como de momento no tengo el poder de ver cómo está ella a través de una ventana mágica, haré uso del teléfono. Menos es nada, ¿no?


© Zoom Ediciones, S. L. | Todos los derechos reservados