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Posts Tagged ‘Leiva’

  1. Cuando no salen las cuentas

    agosto 13, 2012 by Ana López Guzmán

    Hace tiempo creé un blog. Fue allá por el 2004. Durante seis años escribí la historia de mi vida en aquellas “páginas”. Pero tener un blog puede darte algunos problemas. Escribir sobre los profesores de la Universidad me dio cierta fama entre el alumnado durante mi época de estudiante de Periodismo, pero no me gustó porque se estaba utilizando algo que yo había escrito de la forma más natural del mundo para hacerme daño directa o indirectamente. Fue la primera lección: Ana, cómprate un diario.

    El motivo por el que decidí no sólo dejar de escribir en él, sino borrarlo, fue porque me daba más problemas que otra cosa. Cada vez que alguien quería saber algo de mí se estudiaba mis posts de arriba abajo y eso me incomodaba. Es más, era un blog en el que nunca decía nombres. Por tanto, muchas personas se preguntaban de quién estaría hablando, en especial cuando estaba triste, enfadada o dolida por algo. Sin embargo, me arrepiento de haber dado a aquel botón de “eliminar”. Y a veces pienso que todo sería más fácil en la vida si tuviéramos botones para borrar algunas cosas, para reiniciar otras o para suspenderlas hasta dar con una solución. Pero no lo es. La vida es algo más complicada.

    Sin embargo, cuando te gusta escribir, cuando se convierte en tu vía de desahogo, sigues con el “mono”. Necesitas plasmar todo lo que piensas o sientes de alguna manera. Por eso, el día que nuestro director nos propuso crear un blog en ‘Cuore’ no lo dudé. Y como yo siempre he utilizado las películas o las series para explicar situaciones, pensé que no había nada mejor que unir las dos cosas: el cine con todos esos pensamientos que estaban paseándose libremente por mi cabeza.

    El problema del escritor, del periodista o del blogger, es que a veces no está inspirado. Ese canal de comunicación se bloquea y entonces no logras sacar todo lo que tienes dentro, o al menos no de la forma en que a ti te gustaría. No quedas satisfecho. Creo que en esos momentos debes tomarte un descanso antes de volver a retomar el lápiz y el papel o en este caso, el teclado y la pantalla.

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    No es que ahora me sienta más inspirada, pero sí estoy preparada para hablar de las cosas que me han tenido apartada del blog durante algún tiempo. Hay momentos en nuestra vida que nos abruman. Es como si estuviéramos atados en una silla de pies y manos. Intentamos soltarnos, pero no podemos. Pedimos ayuda a otros, pero somos nosotros quienes debemos desatarnos. Liberarnos de todo aquello que no nos deja respirar. Y cuando lo hacemos, sentimos un gran alivio. Es una sensación de libertad.

    Pero para que todo eso ocurra, es decir, para vivir todo ese proceso interior que nos permita sacar lo malo que llevamos dentro, es necesario dejarse apoyar. Es obvio que nadie va a resolver tus problemas, pero es importante valorar lo que tienes a tu alrededor y empezar a sopesar las cosas. A verlas con perspectiva, como ya he dicho otras veces en este blog. ¿Sabes? No estamos solos. Incluso cuando crees que lo estás, cuando te empeñas en pensar que es así, tampoco es cierto. Siempre hay alguien dispuesto a sacarte una sonrisa.

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Hace poco estuve viendo ‘Kate and Leopold’ (2001, James Mangold). Ya la había visto otras veces. Es una peli protagonizada por Hugh Jackman y Meg Ryan. Sí, una comedia romántica, pero que guarda muchas verdades. Ella es una mujer que lleva toda la vida trabajando. No ha tenido tiempo para salir de la ciudad en diez años. Lucha por liderar una empresa de estudios de mercado y al final lo consigue. Pero entonces, cuando tiene todo aquello por lo que ha invertido tanto tiempo, ganas e ilusión, se da cuenta de que lo que quiere es otra cosa. Quiere disfrutar del sabor de las cosas. Despertarse abrazada a un hombre que la quiera y proteja. Que ofrezca seguridad y apoyo. Quiere dormirse abrazada a su cuerpo mientras escucha la melodía de ‘Desayuno con diamantes’ que el vecino pone cada noche en su tocadiscos y que apaga puntualmente a las doce. Y para darse cuenta de que eso es lo que quiere tiene que venir una persona del pasado que logra que ella vea que hay vida más allá de una Blackberry o el puesto de directiva de una empresa internacional.

    Al final lo que importa, lo que nos hace felices, son las cosas más sencillas. Las que a veces olvidamos. Como ir conduciendo y poder valorar el precioso atardecer que tienes frente a ti (y que no te deja ver la carretera). O como pasar una tarde con tu amiga sin hacer nada más que hablar. O ver las olas llegar a la orilla para luego retirarse silenciosas. O cerrar los ojos y sólo escuchar el silencio. Alguien me enseñó que la vida son eso, “momentos”. Pero esa misma persona olvidó el resto de las cosas que había que poner en la balanza para que estuviera equilibrada porque lo que no se cuida se desgasta.

    Para despedirme os dejo una canción de Leiva, que hacía mucho. Se llama ‘Las cuentas’. Si quieres que éstas te salgan, entonces tendrás que poner algo de tu parte porque regodearte en el placer del dolor es la peor manera de salir adelante. Toca fondo si es necesario, pero que sólo sirva para coger más impulso para salir de tu agujero y seguir luchando, que la vida es demasiado corta como para malgastarla invirtiendo esfuerzo, energía e ilusiones en cosas materiales o superficiales que no te darán la verdadera felicidad.

    Las cuentas (Leiva)

    Ya sólo quedan los demonios,
    la propina y los escombros.
    Caemos como plumas,
    olemos el fondo
    y nos quedamos cortos.

    Es tiempo de autodestrucción,
    de disparar sin adornos,
    prenderé fuego al colchón,
    que reventó nuestros otoños.

    Porque no existen tumbas de dos,
    porque el adiós se siente en vena,
    amamos lo que perdimos,
    queremos lo que envenena
    y así nunca nos salen las cuentas.

    Ya no nos saca nadie a hombros,
    la vanidad, los dobles fondos,
    quemamos las alturas,
    besamos el polvo
    y nos calamos hondo.

    Es tiempo de autodestrucción,
    de rematar sin adornos,
    me agarré a la inspiración,
    que me dejó nuestros demonios.

    Porque no existen tumbas de dos,
    porque el adiós se siente en vena,
    amamos lo que perdimos,
    queremos lo que envenena
    y así nunca nos salen las cuentas.

    También os dejo dos vídeos:

    El tráiler de ‘Kate and Leopold’: Imagen de previsualización de YouTube

    Y una escena que me gusta mucho, aunque está en inglés. Es un monólog de Liev Schreiber que interpreta al ex de Meg Ryan, la persona que encuentra la grieta en el tiempo que permite que Leopold llegue al presente y conozca a Kate. El hombre que se siente como aquel perro que vio un arcoiris: Imagen de previsualización de YouTube

    “I know, I know,it sounds crazy
    talking about… finding a crack in time under the East River.
    But in, in point,
    in point fact, Gretchen
    you know…
    it is no more crazy than, uh, a dog finding a rainbow.
    Dogs are color-blind, Gretchen. They don’t see color.

    Really?

    Just like we can’t see time.
    We can feel it.
    Oh… we can feel it passing but, we can’t see it;
    it’s just a blur.
    It’s like, …it’s like we’re riding in a, in a supersonic train
    and the world is just blowing by.
    But imagine if we could stop that train, Gretchen. Hmm?
    lmagine if we could stop that train get out, look around
    and see time for what it really is.
    A universe, a world a thing as unimaginable
    as color to a dog.
    And as real and tangible
    as that chair you’re sitting in.
    Now, if we could see it like that
    I mean, really look at it
    then… maybe we could see
    the flaws as well as the form.

    And that’s it.
    It’s that simple.
    That’s all I discovered.

    I’m just a…
    just a guy who saw a crack in a chair
    that no one else could see.

    I’m that dog who saw a rainbow“.


  2. Me paso el día rucu rucu

    mayo 9, 2012 by Ana López Guzmán

    Cuando alguien te pregunta qué es lo que te atormenta y no sabes qué responder, una de dos: o son tantas cosas que no tienes ni idea de por dónde empezar o es que sientes tal confusión que no tienes ganas ni de hablar del tema. Al menos así lo veo yo. Después de charlar con Toni sobre todas estas cosas, me dijo: “La verdad es que escuchándote me relajo. Si eso es lo que te preocupa…”, me respondió. Supongo me ayudó a relativizar las cosas y pensar: “Vale, puede que no sea tan importante”.

    Entonces te justificas con los típicos: “Pero es que además bla bla bla”. Quieres dar motivos de peso a tu estado, dejando claro que no se trata sólo de eso, sino de mucho más. El problema es cuando no está en tu mano solucionar ese problema. Supongo que la impotencia es directamente proporcional a esas situaciones en las que no puedes hacer nada salvo esperar. Y si el tiempo pasa y lo único que pasa es la vida, te estás equivocando.

    Hace un par de días estaba sentada charlando con Lina y me hablaba de personas “garrapata”. Me decía que son aquellas que se aferran a ti y que no te quieren soltar. Que te dirían: “Déjame un poquito más, que siento mucho placer ante este dolor”. Entonces se me vienen a la cabeza mis charlas con Medea hablando sobre esas personas “tóxicas” que son un lastre. Y es escalofriante ver la de gente que permitimos que siga en nuestras vidas absorbiendo nuestras energías. ¿Es que acaso nos sobran? Por supuesto que no. Lo estamos canalizando mal.

    Anoche soñé que estaba en Bali, que es un lugar al que sueño con ir. Estaba en la playa mirando el mar cuando de pronto una gran ola se transformaba en tsunami y lo arrasaba todo. Lograba sobrevivir. Empecé a correr en todas direcciones y de pronto encontré a una niña que estaba llorando, sola. La cogía en brazos y después giraba la esquina de una casa destruida cuando volvía a ver que otra enorme ola se acercaba hacia nosotras. Entonces me desperté.

    No sé que interpretación daría Lina a este sueño, pero supongo que me diría que mi gran bola se estaba haciendo cada vez más grande y que yo sabía que aunque a veces lograra escapar, al final iba a terminar aplastándome, por mucho que yo intentara huir de ella. La niña tal vez sea esa dignidad que a veces, como ella, llora pidiendo auxilio.  O tal vez, simplemente, debería dejar de ver pelis como ‘Más allá de la vida’, ‘Deep Impact’, ‘Independence Day’, etc.

    Estoy cansada de sorpresas. Entonces me pongo a escuchar canciones y es como si todas quisieran decirme algo. “No hagas más carnicería y un día será otro día”, decía Rubén Pozo. “Las victorias nunca pasan por mi lado. Las promesas y las dudas en el mismo trago. Necesito acertar, aunque sea un rato. Ponte en mi lugar…”, de Leiva. O “Si tú ardes yo me quemo”, “Me paso el día rucu rucu, rucu rucu haciendo bola… Mirando cómo pasa el tiempo a todas horas”, o “Mi corazón ardía como el Windsor”. Creo que estoy enganchadísima a todo lo que tenga que ver con Pereza.

    Entonces me visto, cojo mis cosas y me voy al estudio. He descubierto que es un lugar donde me siento segura. Donde sé que nada malo puede ocurrirme. Donde da igual si suena el teléfono, porque no iré corriendo a mirarlo. Es mi momento. Mi espacio. El lugar donde puedo crear y divertirme con mi cámara.

    Hay cosas que tengo dentro que deseo sacar. Personas que me ponen a prueba. En ese momento se me viene a la memoria una escena de la serie ‘Anatomía de Grey’ cuando Christina se va a casar. Está con Meredith con el vestido puesto y se da cuenta de que no quiere hacerlo. Se empieza a ahogar, a ahogar… No puede respirar: “¡Quítamelo, quítamelo!”, pide. Está claro que cuando no quieres hacer algo y sigues la corriente al final te falta el aire.

    Ojalá pudiera ayudar a todas las personas que están en una situación así. Lina me dijo que no debo ocuparme de personas que no se están ocupando de sí mismas. Como dice Elo, ¡es tan sabia! Pero, ¿qué hago con aquellas que lo pasan mal? ¿Puedo hacer algo por sanar sus heridas? ¿O es que me refugio en los problemas de otros para no pensar en los míos? ¿Es una conducta evasiva? Probablemente.

    Noviembre Dulce, 2001

    Keanu Reeves y Charlize Theron en 'Noviembre Dulce'

    No sé si has visto ‘Noviembre dulce’ (dirigida por Pat O’Connor en 2001). Es una peli que me marcó en su momento. La clave es el final y no quiero destriparla, así que te contaré la esencia. La protagonista, Charlize Theron, busca cada mes una “víctima” a la que salvar. Acoge en su casa a personas distintas e intenta que, pasado un mes, su vida haya cambiado… A mejor, claro. Keanu Reeves es su Noviembre.

    Hubo alguien que hace mucho tiempo intentó salvarme a mí y cuando estuve bien desapareció. En su momento no lo comprendí, pero ahora sé que lo que quería era que mi felicidad no dependiera de otra persona, sino de mí. Supongo que fui su Noviembre. Ahora es mi turno. Hay muchas historias que escuchar y de las que aprender. Hacer que cada día cuente. Puedes perderlo todo en un minuto y cuando quieras darte cuenta tal vez sea demasiado tarde.

    Os dejo un trocito de la letra de una canción de Rubén Pozo. Se llama ‘Mañana será otro día’ y viene muy bien para este post. Creo que el mensaje es muy positivo. Al final todo pasa, aunque duela mucho:

    Tras los truenos, la calma,

    Tras la pena la alegríaa,

    Todo pasa… Mañana sera otro día

    Lo llevaste hasta el final, aunque no lo has conseguido

    Déjalo ya… Ya no tiene sentido

    Tanta noche en blanco, tanta vida en vela

    Todos los intentos tirados por tierra

    Espera aquellos vientos vuelvan a echar la vela

    Deja paso al invierno, espera a que suceda

    No hagas mas carnicería, y un día sera otro día…


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