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Posts Tagged ‘Harry Potter’

  1. Lo mejor está por llegar

    noviembre 22, 2012 by Ana López Guzmán

    “Acércate y no mires atrás, que lo mejor está por llegar” (El Sueño de Morfeo)

    Sigo enfadada contigo. Les robo el título a los chicos de El Beso del Gato y utilizo su canción para hablaros un sentimiento: el de la impotencia. Es eso que nadie quiere tener dentro porque te provoca mucha tensión. ¿Hay algo peor que no poder hacer nada? Pues hombre, sí, muchas cosas, pero cuando hay una situación que deseas modificar pero en realidad no está de tu mano, esperar es doloroso y desesperante. Así que sí, te sientes mal, pero al final te das cuenta de que todo cae por su propio peso y que otra frase, la del “lo que tenga que ser, será”, es muy cierta.

    Y sí, sigo enfadada. Enfadada porque lo hecho, hecho está. Por ser como soy. Porque te di consejos que no quisiste escuchar. Porque “no es malo tropezar. Lo malo es encariñarse con la misma piedra”. Con ese placer del dolor. Estoy enfadada porque hay otro sentimiento tan doloroso como la impotencia, que es el de la decepción.

    Otra cosa distinta es cuando la situación sí depende de nosotros. Hace poco le contaba a alguien que cuando te encuentras en una situación en la que tu vida ha dado un giro de 180 grados y todo tu mundo ha perdido su sentido tienes dos opciones: rendirte o luchar. No te estoy desvelando ningún secreto, pero es que no es tan fácil. La cuestión es hasta dónde hacerlo. Creo que hay que hacerlo hasta el momento en el que por fin abres los ojos y ves que hay un límite. Y ese límite jamás debes sobrepasarlo.

    El príncipe azul es como el Ratoncito Pérez…

    No existe. Nadie es perfecto, de verdad. Hoy una amiga me decía que envidiaba a otra persona porque su relación parecía maravillosa. “Parece”, dije. Y no puedo evitar recordar a las chicas de ‘Mujeres desesperadas’, que de cara al mundo llevan una vida envidiable, pero cuando abres las puertas de las casas de Wisteria Lane compruebas que todo es fachada. No perdamos la perspectiva. Recuerda que si la serie se llama así, por algo es.

    Hay gente muy feliz. Yo tengo en Facebook a una pareja que sinceramente pienso que lo es, pero porque cada día cuidan la relación. Son pequeños detalles (a veces grandes detalles), pero que demuestran que se preocupan el uno por el otro. No se limitan a proclamar su amor a los cuatro vientos (algo que considero innecesario; esas cosas mejor en la intimidad, ¿no? Pero oye, cada cual que haga con su vida privada lo que guste).

    Y es que cuando tienes algo que te preocupa, sea una entrevista de trabajo o algo que te tiene en una situación de ansiedad por el motivo que sea, esperas que tus amigos estén ahí. Y de hecho, están. Pero… ¿Qué pasa con el príncipe azul? Pues que no siempre está a la altura. Entonces nos llevamos las decepciones que nos llevamos. Así que dije a mi amiga que los príncipes en realidad son grises y que lo que tienes que hacer es averiguar el matiz.

    Eso me recordó a otra canción, una de Christina Rosenvinge que dice: “Que no quiero más chulos que no traen un duro, ni tíos muy feos con un gran empleo. Que no quiero borrachos ni locos de atar. Ningún mamarracho que me haga llorar. Ni chicos perdidos buscando a mamá. Ni tipos muy finos que luego te la dan… Alguien que cuide de mí… Que quiera matarme y se mate por mí”.

    Miraba a los ojos de mi amiga y comprendí exactamente qué era lo que necesitaba. De hecho vi un poco más claro qué es lo que necesitamos todas y cuál es nuestra queja universal de cara a los hombres. ¿Mi consejo? Hazte con un ejemplar de ‘Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus’. A mí me lo regaló mi amigo Toni y os aseguro que me vino bien. Te ayuda a entender que si un tío está cansado, es que lo está, no es que esté pensando en dejarte, así que no hay que darle más vueltas.

    Haz limpia y… Hazla ya

    ¿Qué por qué? Porque es necesario. Porque un día te pones a analizar tu agenda o tu lista de “amigos” en Facebook y te das cuenta de que no has sido tan selectivo como te habías prometido en un principio. Empiezas a mirar y dices: “¿Pero por qué tengo a esta persona en mi lista? ¡Si ni siquiera nos llevábamos bien en el colegio!”. Y es que claro, la curiosidad nos hace pinchar y decir: “Venga, la acepto aunque sea para ver cómo está” con la esperanza de que haya cogido peso o ya no sea tan guapa como entonces. Mira si somos bichos a veces…

    Pero las personas a las que realmente hay que eliminar son las que te hacen daño. Las que te están absorbiendo el alma, como si fuera un dementor en Harry Potter. Las que te hacen sentir pequeñita, como Mayka, la de ‘La Voz’, cuando en realidad eres muy grande. Nadie puede vivir eternamente con una mochila de personas que van poniéndote peso, pero ojo, porque tú se lo permites. Tienes que romper lazos con esas personas que te dejan sin energía. Dejar de decir cosas como: “Pero es que es mi amigo/a, ¿cómo voy a dejar de hablar con él/ella?”. Párate y piensa si realmente es tu amigo y date cuenta de que tu mejor amigo debes ser tú.

    Círculo de seguridad

    Hace poco Raquel me dijo que dibujara con mi pie mi círculo de seguridad. Era un círculo muy pequeñito. Vino hacia mí y me empujó.

    –          ¡No has hecho nada para defenderte!

    –          Es que tú me caes bien.

    –          Me da igual, ¡tienes que proteger tu círculo!

    Y vino a mí de nuevo, y ofrecí “algo” de resistencia. No estaba yo para mucho más. Entonces me dijo: “Sabes que podría haberte derribado, pero algo has mejorado”.

    Pues ese círculo, tras la limpia, es más grande, porque te quedas con los de siempre. Con esa amiga que lleva ahí desde los tres años y parece más tu hermana que otra cosa. Con esa otra amiga que estaba tan perdida como tú cuando os conocisteis. Ese día comenzó algo que se ha hecho más grande con cariño, apoyo y amor. Y esa otra con la que empezaste hablando de series, o a la que conociste en un grupo de personas que no tenían nada que ver contigo, sin embargo ella era especial. Con ese amigo que conociste de la manera más tonta y ahora te llevaría a cualquier parte por echar unas risas. Por ese otro que te dijo que las cicatrices de su espalda eran del ataque de un tiburón y no de una operación de pulmón. Con aquel que cuando te conoció en vez de darte dos besos te dio un abrazo porque sentía que lo necesitabas. Por ese que siempre llama para ver si te apetece hacer algo. Por aquella que te hace reír porque simplemente es auténtica. Por el que te perdonó todo, y mira que era larga la lista, sólo porque tú eres tú y daría su vida por ti si se lo pidieran. Por quien te llevó a casa borracha cuando apenas eras capaz ni de recordar cómo te llamabas y sigue contando contigo para seguir fiel a las tradiciones.

    Estas cositas son las que se nos olvidan, cuando son las cosas en las que tendríamos que pensar según abrimos los ojos por las mañanas. Si fuéramos un poco más agradecidos, empezaríamos a valorar que tenemos mucha suerte de tener un techo y algo que llevarnos a la boca. A menudo me quejo de mi situación, pero luego me doy dos bofetadas de realidad y pienso en todas las personas que están ahí, esperando a ver mi sonrisa.

    Hilary Swank y Gerard Butler en una escena de le película 'PD. Te quiero'

    Hilary Swank y Gerard Butler en una escena de le película ‘PD. Te quiero’

    PD. Te quiero

    Últimamente se me acusa y con razón de hablar sobre pelis ñoñas. Vale, sé que son muy cursis, pero esto es un blog de una revista que se llama ‘Cuore’ (corazón). Si queréis críticas de cine de autor os habéis equivocado de blog o de bloggera. Yo tengo que hablar de sentimientos y escojo la peli que mejor refleja cómo me siento en según qué momentos.

    Así pues, me dispongo a hablar de otra cursilada de peli. Se llama ‘PD. Te quiero’. Es en realidad una peli muy cruel porque si mi marido o mi novio se muriera, no sé si yo querría recibir cartas suyas durante un año. La prota está encantada con cada carta, y mira que se hincha a llorar la pobre. Pero supongo que nos refugiamos en esas cosas. Siempre queremos más. Esperamos unas últimas palabras, las de despedida. Pero cuando ya ha habido una despedida, como ocurre en la peli, hay que asumir que no va a haber más cartas. Que es mejor así. Que ese es el momento en el que se comienza de nuevo. Aquel donde te quedas con lo vivido. Decides olvidar lo malo, lo archivas como algo aprendido. Lo bueno es lo que te vendrá a la mente cuando pienses en esa persona, pero debes dejarla marchar. Tu vida empieza en este momento.

    ¿Y la magia?

    La magia está en los recuerdos, pero también en el presente. En las escapadas. En un puente. En una sonrisa. En un regalo. En una fotografía. En un abrazo. En un beso. En un viaje. En un sueño que se cumple. En un helado. En un paseo. En la lluvia. En el río. En el paseo que hay bordeándolo. En una botella que simboliza algo que celebrar. En una sonrisa. En abrir los ojos y sentir que estás vivo. Que el corazón te palpita. La magia está incluso en las despedidas. Está en todas partes.

    Ahora coge aire. Sé un poco Erin Brockovich. Reinvéntate. Ponte ese vestido que tan bien te sienta y que reservas para ocasiones especiales. Vete a cenar con una amiga. Date el placer de disfrutar de una de esas pelis que te sabes de memoria. Y mira por si detrás del vestido encuentras algo más. Un sentimiento que dejaste olvidado. Tal vez encuentres una fotografía que te haga despertar.

    Tu vida empieza cuando tú decidas que quieres hacerlo. Pero ayer ya era tarde.

    Feliz día.

    Os dejo dos canciones. Una es de ‘El Sueño de Morfeo’, la frase con la que empezaba este post venía de esta canción:

    Imagen de previsualización de YouTube

    La otra es del último videoclip de ‘El Beso del Gato’. A mí me emociona. Ojalá hubiéramos cogido aquella llamada. Si hubiéramos hecho tantas cosas… Pero ya no se puede hacer nada. Espero que os guste su ‘Sigo enfadado contigo‘:

    Imagen de previsualización de YouTube


  2. La vida no es una película, pero se le parece demasiado

    noviembre 21, 2011 by Ana López Guzmán

    Repasando algunos de mis textos antiguos, he encontrado lo siguiente:
    Estoy en una cuerda floja. Cierro los ojos. Intento controlar mi respiración. ¿Cómo he llegado hasta aquí?
    - Venga, Ana – me digo – Esto es como si estuvieras en clase de Yoga. Escucha tu respiración. Deja la mente en blanco… ¡Pero qué difícil es!
    Él está sentado frente a mí con un par de chupitos de hierbas entre nosotros.
    - Antes de irnos de aquí tendrás que haber tomado una decisión.
    Creo que sabe que rindo más bajo presión. Ponme un objetivo y te conseguiré el doble de lo que me pides. Dame metas y las alcanzaré. Dime dónde tengo que llegar y ahí estaré puntual, tratando de hacerlo lo mejor posible. Pero si no tengo ilusiones, si no tengo una motivación, entonces estaré vacía. Me quedaré sentada como una muñeca de trapo. Así que cojo el chupito y me lo bebo de un trago. Él se ríe. Casi aplaude.
    Sin embargo, aún sigo con un pie delante, otro detrás, intentando mantenerme sobre esa cuerda. Por ella caminan caimanes que se acercan lentamente hacia mí. Están hambrientos. Son los poderosos pensamientos que me golpean para que caiga. Ya me lo advirtieron. No juegues con juego, no te acerques a los caimanes. Demasiados dientes.
    Entonces extiendo mis brazos, como si fuera un artista del circo. Soy capaz de hacer que los caimanes desaparezcan sin tener que utilizar ningún tipo de protección porque he aprendido sola. Hay cosas que que uno sólo puede aprender por uno mismo. Y esas cosas se agarran a las paredes que hay dentro de ti con grandes uñas para no soltarse. A veces pesan, son una carga. Otras son el empuje que necesitas para hacer lo que tienes que hacer.
    Entonces recuerdo aquella escena de la película ‘En busca de la felicidad’. Le advierto que es mi forma de hablar de las cosas que cuesta contar porque eso simplifica la tarea de tratar de encontrar lo que uno tiene dentro.Y en este caso, ese uno soy yo. Y el vídeo habla de los sueños. Tienes que luchar por ellos. “No dejes que nadie te diga nunca que no puedes hacer algo”.Imagen de previsualización de YouTube
    Uno de los caimanes ha caídoal vacío. Es bastante profundo. Aunque tengo los ojos cerrados, puedo escuchar como se retuerza mientras cae. Pero esa profundidad no me da miedo. Lo que temo es no ser capaz de llegar al otro lado porque sé que me esperan cosas buenas. Tengo que avanzar. Así que doy un paso. Después otro. Mis brazos siguen extendidos.
    De fondo suena una música, pero no logro distinguirla. Tengo que seguir caminando.
    Entonces reconozco la música. ‘Unchained Melody’. ¿Cuántas veces habremos visto ‘Ghost’? Es la misma canción que sonaba mucho tiempo atrás. Yo estaba sentada en la terraza. Era una noche triste. M estaba de pie, apoyada sobre la barandilla. María me miró y me dijo:
    - ¿Bailas?
    Me hizo tanta gracia que no pude decir que no. Y fue un momento que ninguna de las dos olvidaríamos.
    Se lo cuento a Jose. No sé qué es lo que piensa. La melodía sigue sonando en mi cabeza, se hace fuerte. Melodía desencadenada…

    Un paso más y habré llegado a mi destino. Creo que estoy bailando sobre la cuerda. ¿Dónde están los caimanes? No los siento, tan sólo esa música. Tengo recuerdos guardados, imágenes grabadas. A veces me gustaría poder sacarlas de mi mente y que las viera en una pantalla de televisión. Pero no puedo.

    Estamos cerca de la orilla. Hace frío. Vamos a taparnos con las toallas. Vamos a dejar que el viento se lleve todo lo malo. ¿Recuerdas? Entonces recuerdo al ave fénix de ‘Harry Potter’ que tantas veces hemos visto. En algún momento, todos tenemos que renacer.
    Fin del trayecto. He llegado. Tengo las cosas claras. He descubierto lo que me faltaba. La música ha parado y también el baile. Abro los ojos muy, muy despacio. Me doy la vuelta. El vacío sigue estando, pero ya no hay cuerda. Ahora hay un puente. Creo que lo creé yo misma, según fui avanzando por mi camino. Supongo que las cosas son lo complicadas que nosotros las hagamos.
    No quiero silencios a la hora de comer. Sabes que detesto a esas parejas. Sigue contándome cosas. Prometo hacer lo mismo.
    Entonces imprimo ese fragmanteo de ‘El curioso caso de Benjamin Button’ y lo coloco bajo el monitor de mi ordenador del trabajo. Pienso en Laura. En Medea. En Elo. En Isa, Lur, Paula, Marta… En María. Esas grandes mujeres que me han dado lecciones de superación:
    “Si te sirve de algo, nunca es demasiado tarde o, en mi caso, demasiado pronto para ser quien quieres ser. No hay límite en el tiempo. Empieza cuando quieras. Puedes cambiar o no hacerlo. No hay normas al respecto. De todo podemos sacar una lectura positiva o negativa. Espero que tú saques la positiva. Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo” (‘El curioso caso de Benjamin Button’).
    Ya sé que la vida no es una película, pero se le parece mucho.
    Despierta…


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