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Posts Tagged ‘El curioso caso de Benjamin Button’

  1. Nunca es demasiado tarde o demasiado pronto

    mayo 25, 2012 by Ana López Guzmán

    “Últimamente ando algo perdido. Me han vencido viejos fantasmas, nuevas rutinas. Y en cada esquina acecha un ratero para robarme las apara robarme las alhajas, los recuerdos, las felicidades. De un tiempo a esta parte llego siempre tarde a todas mis citas. Y la vida me parece una fiesta a la que nadie se ha molestado en invitarme. De un tiempo a esta parte me cuesta tanto, tanto, tanto, no amarte, no amarte”.

    Así empieza la canción ‘Últimamente’ de Ismael Serrano. Seguro que tú también te has sentido así alguna vez. Incluso puede que ahora mismo. Pero, ¿sabes? Creo que cuando te identificas con estas frases es porque has permitido que algo que no debería haber ocurrido tuviera lugar. No puedes quejarte de no hacer nunca nada, por ejemplo, si cuando te proponen algo no aceptas por sistema.

    Cuando decides empezar a hacer cosas, es como si fuera un motor que te va dando cada vez más y más fuerza para seguir adelante. Pero lo primero que tienes que hacer es dar ese paso. Y el resto se arreglará solo. Con la actitud adecuada puedes hacer que el mismo mundo que ves cada día sea un lugar placentero donde disfrutar de la vida o una prisión de la que sientes que no puedes escapar.

    Escena de 'La boda de mi mejor amigo'

    Dermot Mulroney y Julia Roberts en una escena de 'La boda de mi mejor amigo' (1997)

    Él me preguntó si había visto ‘La boda de mi mejor amigo’ (P. J. Hogan, 1997). Por supuesto que sí. Eso me hizo pensar en mis mejores amigos y amigas. Y es que hay que ser muy buenos amigos para llegar a hacer un pacto como el de Julia Roberts y Dermot Mulroney en esa película. Algo así como: “Si a los X años no nos hemos casado, nos casaremos nosotros”.

    Hace poco hice un pacto con mi amiga Eva. Creo que si hubiera estado en juego el futuro de la otra lo habríamos conseguido, pero se trataba de hacer algo para nosotras mismas. Creo que lo mejor será plantearle a Eva el pacto de otra manera. Y es que a veces es muy difícil seguir las recomendaciones de los demás, por mucho que todos te digan lo mismo. Ayer Mr. T me dijo: “Eres única. Todo el mundo te dice que hagas una cosa y haces lo que te da la gana”. Pero, ¿no le pasa a todo el mundo? Supongo que a unos nos cuesta más que a otros.

    Otra peli de Julia Roberts que se me vino a la cabeza fue ‘Novia a la fuga’ (Garry Marshall , 1999). La protagonista se escapa cada vez que va camino al altar. Esos hombres que la esperan son aparentemente perfectos para ella y están dispuestos a convertirla en la mujer más feliz del mundo. ¿El error? Roberts intenta convertirse en la persona también aparentemente perfecta para ellos, pero olvida algo. Encajar con una persona no significa convertirse en el otro. Para amar hay que ser fiel a uno mismo.

    Julia Roberts en 'Novia a la Fuga' (1999)

    Julia Roberts en 'Novia a la Fuga' (1999)

    Lina dice muchas veces que da igual que una llave y una cerradura sean de oro. Que si no encajan, no encajan. En la película, Richard Gere hace a todos los ex de Roberts la misma pregunta: “¿Cómo toma ella los huevos?”, y ellos responden: “Fritos, como a mí”; “Escalfados, como a mí”; “A la plancha, como a mí”. Parece una tontería, pero ella no sabe cuáles son sus huevos preferidos porque lleva tanto tiempo adaptándose a otros que ya no sabe ni quién es. Y cuando se relaja, cuando deja de buscar, cuando es ella misma… Es cuando “esa persona maravillosa que está creando el Universo” por fin aparece.

    Esta última frase me la dijo Raquel el día que estuvimos haciendo la sesión de fotos en el estudio. Se lo dije a E y ahora ella la ha acuñado como propia, con esperanza e ilusión. Son lo que nosotros empezamos a llamar sin darnos cuenta “frases para colgar en el cabecero de la cama”. ¿Recuerdas? Tal vez sea hora de volver a leer aquellas citas que tan ciertas nos parecieron cuando las escuchamos por primera vez. Tal vez también sea ahora el momento de hacer caso a todo lo que nos dicen, a todas esas películas, canciones, citas célebres o consejos de nuestros amigos y familiares.

    Si te dicen que estás en un agujero, lo primero que hacer es reconocerlo e intentar salir de él. Dejar de castigarte, perdonarte y volver a empezar, porque como decía Benjamin Button, “nunca es demasiado tarde o demasiado pronto para empezar de nuevo”, ¿te acuerdas? Te deseo muchísima buena suerte en tu camino. No dudes que yo estaré ahí para tenderte la mano incluso cuando me digas que no la necesitas.

     

     


  2. El equilibrio

    marzo 11, 2012 by Ana López Guzmán

    - Toma, coge este extremo.

    – No puedo.

    – ¡Menuda tontería, claro que puedes!

    – ¿Y si no tengo suficiente fuerza?

    – Tendrás que intentarlo, ¿no?

    Parecía poco convencida. Se encogió de hombros y se limitó a hacer caso. Parecía tan cansada… Después cogió el extremo de la cuerda y lo enrolló alrededor de su mano. Aún no había empezado a tirar y ya podía sentir el dolor.

    – ¿Estás lista?

    Ella tomó aire y se lo pensó dos veces antes de responder. Cerró los ojos y, tras una pausa, dijo:

    – Sí, lo estoy.

    Pronto empezó a notar que la cuerda tiraba de ella. “Tienes que tener una fe ciega para que salga bien”. Esas habían sido las palabras que había escuchado antes de que todo esto empezara. Preocupado, él preguntó:

    – ¿Puedes sentirlo?

    – ¡Puedo!

    Sus pies habían comenzado a arrastrarse por el suelo, haciendo dibujos en la gravilla, aunque ella intentaba permanecer en el sitio.

    – Tienes que mantener el equilibrio. ¡Mantén el equilibrio!

    – ¡Eso intento!

    Aún tenía los ojos muy cerrados. Se concentró como nunca antes lo había hecho. “Mantén el equilibrio, mantén el equilibrio”, se repetía una y otra vez. Sentía cómo la cuerda estaba quemando su mano, pero no notaba dolor. El dolor estaba en otro sitio. Dentro de ella. A él le costaba mirar desde fuera sin intervenir, pero tuvo que gritar:

    – ¡Hazlo ahora!

    Se sentía preparada. Podía hacerlo. Sacó algo de su bolsillo con la mano que no estaba atada, pero no hizo falta que lo usara, ya que justo en ese momento notó que el nudo de la cuerda había desaparecido. Se había desatado y había caído en mil pedazos, como una serpiente que hubiera perdido la batalla contra una bestia.

    Abrió muy lentamente los ojos. Tenía la sensación de que sus pies se habían levantado unos centímetros del suelo, como si estuviera levitando. Miró en todas direcciones, pero no había ni rastro de cuerda. Allí no quedaba nada.

    Y así, entre confusión e ilusión, le buscó. Se dio la vuelta. Allí estaba.

    – Sigo estando aquí. Nunca me he ido. Buen trabajo, pequeña.

    Sonrió. Sonrió desde el alma.

    Ella se quedó tal cual estaba, pero una lágrima recorrió su mejilla. Era un llanto silencioso. De emoción.

    – Lo he conseguido. ¡Lo he conseguido!

    – ¡Lo has hecho!

    Entonces corrió hacia él y se abrazaron.

    – Nunca podría haberlo hecho sin ti.

    – Ahora eres libre.

    – ¡Soy libre!

    – Ya tienes tu equilibrio. ¿Ahora que vas a hacer?

    – Supongo que… Mantenerlo.

    – Ah, y… ¿Cómo piensas hacerlo?

    – No lo sé. Supongo que es la parte más difícil.

    – Lo es. Te costará salir de la cama.

    – Lo sé.

    – Tendrás pesadillas.

    – También lo sé.

    – A veces recordarás cosas que tu mente no pueda controlar y tal vez incluso llores.

    – Pero ya no tengo miedo.

    – Porque tienes tu equilbrio.

    – Exacto.

    – ¿Te ha dolido?

    – Bueno, sólo un poco.

    – ¿Qué te dolió más?

    – Las cicatrices. Las de dentro.

    – Lo imaginaba…

    – No te preocupes, estaré bien.

    – Eres fuerte. Siento haber puesto en duda que podrías hacerlo.

    – Es normal. Antes dependía de ti. Tú me diste el impulso, pero ahora estoy bien.

    – De eso se trataba. Ya te dije que lo importante es que tú estés bien.

    – Me siento tranquila. Es como si ahora tuviera más amor dentro.

    – ¿En serio? ¿Me darás un poco?

    – Claro.

    Entonces colocó su pequeña mano sobre su pecho, cerrando los ojos de nuevo, pero esta vez muy suavemente. Él notó un calor que se metía dentro de él. Era algo muy parecido a lo que se siente cuando estás en paz.

    – Ahora dame tu mano.

    Él obedeció. Y ella dejó caer algo en la palma de su mano.

    – Es un trozo de mí. De mi paz. Tenlo siempre cerca. No te cuidará, pero sí te dará tranquilidad. Cuando te sientas mal, ve y cógelo. Te recordará a mí. Cuando lo hagas, yo sentiré un cosquilleo dentro y sabré que estás  pensando en mí. Entonces yo también pensaré en ti y te mandaré todo mi amor.

    No dijo nada. Quería responder un millón de cosas, pero no le salieron las palabras.

    – No te preocupes. Sé que es difícil. Gracias por haberme cambiado la vida. Por devolverme mi equilibrio. Por regalarme una sonrisa o tal vez un millón.

    Entonces sus ojos a veces verdes, a veces azulados, derramaron una lágrima y después otra.

    – No te vayas.

    – Tengo que hacerlo, ya lo sabes.

    Juraría que ella también lloró.

    – Nunca olvides que nadie me ha tratado como tú.

    – Siento haberte hecho daño.

    – Tal vez era un daño necesario. Tenía que despertar.

    – ¿Me perdonarás?

    – No hay nada que perdonar.

    Le miró nuevamente a los ojos, que aún derramaban las lágrimas más tristes que ella hubiera visto jamás.

    – Sé feliz. Te lo mereces. Y recuerda: no creo en la justicia divina, pero creo en las personas. Creo en ti.

    – No será una despedida para siempre.

    Ella sonrió. Sin embargo, no podía creer en sus palabras.

    – Volveremos a encontrarnos.

    Y se desvaneció.

    Él se quedó de pie. Hubiera querido decir un montón de cosas antes de despedirse, pero no pudo hacerlo. Sabía que había palabras que ella necesitaba escuchar, pero tenía miedo, no podía hacerlo. Aún no había encontrado su equilibrio.

    Cogió su mochila y guardó el talismán que ella le había regalado, no sin antes apretarlo fuerte. Incluso lo besó antes de colocarlo con muchísimo cuidado entre una camiseta doblada, por miedo a que se pudiera romper.

    – Hasta luego, princesa.

    Ella, allá donde estuviese, pudo sentir un hormigueo dentro y supo que él estaba pensando en ella. Se asomó por entre las ramas, como otras veces, y vio cómo se alejaba. Él se giró con la esperanza de volver a verla. Ahora tenía que continuar su camino.

    Avanzó por un terreno hostil. Los pasos, cansados y lentos, le recordaban a los de ella, hacía un momento, pero ya parecían horas, días. Incluso semanas.

    Entonces apareció un precioso león y supo que tenía que subirse sobre él.

    Se lamentó antes de hacerlo, emitiendo un sonido de protesta. No quería, pero sentía que era su deber.

    – ¿Sabes, león? Me hubiera gustado que hiciera este viaje con nosotros.

    Después acarició su preciosa melena.

    – ¡Andando!

    Y el león se puso en marcha. Él volvió a mirar atrás una vez más. Le pareció distinguir una silueta moviéndose entre los árboles y en esta ocasión fue él quien sintió el hormigueo.

    – Tiene que ser amor porque duele.

    – Tiene que ser amor porque está vivo.

    Dijo el león, para su sorpresa.

    – ¿Crees que ella estará bien?

    – Ahora no, pero lo estará. Hay una canción que dice que el amor si acaba bien no acaba.

    – Ella me habló de esa canción.

    Y entonces descubrió que a cada paso que el león daba, no se sentía más lejos, sino más cerca. Algo había cambiado en su interior. Pero el resto del camino tenía que hacerlo solo.

    Ella, ya muy lejos de ellos, cogió su diario y escribió algo que había escuchado en una película. Una frase que le recordaba a él:

    “Si te sirve de algo, nunca es demasiado tarde o, en mi caso, demasiado pronto para ser quien quieres ser. No hay límite en el tiempo. Empieza cuando quieras. Puedes cambiar o no hacerlo. No hay normas al respecto. De todo podemos sacar una lectura positiva o negativa. Espero que tú saques la positiva. Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo” (‘El curioso caso de Benjamin Button’).

    Firmó. Cerró el diario y sonrió.

    – Gracias.

    Escena de la película '¿Conoces a Joe Black?'Y su pelo hizo dibujos en el viento. Su sonrisa no se dibujó en su cara. Salió de dentro. Tal y como lo había aprendido de él. Es mejor arrepentirse de algo por haber fallado que arrepentirse toda la vida por no haberlo intentado. Era una buena frase para escribir en el cabecero de la cama.

    “El amor es pasión, obsesión, no poder vivir sin alguien. ¡Pierde la cabeza! Encuentra a alguien a quien amar como loca y que te ame de igual manera. ¿Cómo encontrarlo? Olvida el intelecto y escucha al corazón. ¡No oigo ese corazón! Vivir sin sentirlo no tiene sentido alguno. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad… En fin, es como no haber vivido. Tienes que intentarlo porque si no lo intentas, no habrás vivido” (‘¿Conoces a Joe Black?’).

    – Hasta pronto.

    Os dejo un enlace con música de los Goo Goo Dolls. La canción se llama ‘Iris’ y pertenece a la banda sonora de otra película, ‘City of Angels’, pero me gustó este vídeo:

    \’¿Conoces a Joe Black?\’


  3. La vida no es una película, pero se le parece demasiado

    noviembre 21, 2011 by Ana López Guzmán

    Repasando algunos de mis textos antiguos, he encontrado lo siguiente:
    Estoy en una cuerda floja. Cierro los ojos. Intento controlar mi respiración. ¿Cómo he llegado hasta aquí?
    - Venga, Ana – me digo – Esto es como si estuvieras en clase de Yoga. Escucha tu respiración. Deja la mente en blanco… ¡Pero qué difícil es!
    Él está sentado frente a mí con un par de chupitos de hierbas entre nosotros.
    - Antes de irnos de aquí tendrás que haber tomado una decisión.
    Creo que sabe que rindo más bajo presión. Ponme un objetivo y te conseguiré el doble de lo que me pides. Dame metas y las alcanzaré. Dime dónde tengo que llegar y ahí estaré puntual, tratando de hacerlo lo mejor posible. Pero si no tengo ilusiones, si no tengo una motivación, entonces estaré vacía. Me quedaré sentada como una muñeca de trapo. Así que cojo el chupito y me lo bebo de un trago. Él se ríe. Casi aplaude.
    Sin embargo, aún sigo con un pie delante, otro detrás, intentando mantenerme sobre esa cuerda. Por ella caminan caimanes que se acercan lentamente hacia mí. Están hambrientos. Son los poderosos pensamientos que me golpean para que caiga. Ya me lo advirtieron. No juegues con juego, no te acerques a los caimanes. Demasiados dientes.
    Entonces extiendo mis brazos, como si fuera un artista del circo. Soy capaz de hacer que los caimanes desaparezcan sin tener que utilizar ningún tipo de protección porque he aprendido sola. Hay cosas que que uno sólo puede aprender por uno mismo. Y esas cosas se agarran a las paredes que hay dentro de ti con grandes uñas para no soltarse. A veces pesan, son una carga. Otras son el empuje que necesitas para hacer lo que tienes que hacer.
    Entonces recuerdo aquella escena de la película ‘En busca de la felicidad’. Le advierto que es mi forma de hablar de las cosas que cuesta contar porque eso simplifica la tarea de tratar de encontrar lo que uno tiene dentro.Y en este caso, ese uno soy yo. Y el vídeo habla de los sueños. Tienes que luchar por ellos. “No dejes que nadie te diga nunca que no puedes hacer algo”.Imagen de previsualización de YouTube
    Uno de los caimanes ha caídoal vacío. Es bastante profundo. Aunque tengo los ojos cerrados, puedo escuchar como se retuerza mientras cae. Pero esa profundidad no me da miedo. Lo que temo es no ser capaz de llegar al otro lado porque sé que me esperan cosas buenas. Tengo que avanzar. Así que doy un paso. Después otro. Mis brazos siguen extendidos.
    De fondo suena una música, pero no logro distinguirla. Tengo que seguir caminando.
    Entonces reconozco la música. ‘Unchained Melody’. ¿Cuántas veces habremos visto ‘Ghost’? Es la misma canción que sonaba mucho tiempo atrás. Yo estaba sentada en la terraza. Era una noche triste. M estaba de pie, apoyada sobre la barandilla. María me miró y me dijo:
    - ¿Bailas?
    Me hizo tanta gracia que no pude decir que no. Y fue un momento que ninguna de las dos olvidaríamos.
    Se lo cuento a Jose. No sé qué es lo que piensa. La melodía sigue sonando en mi cabeza, se hace fuerte. Melodía desencadenada…

    Un paso más y habré llegado a mi destino. Creo que estoy bailando sobre la cuerda. ¿Dónde están los caimanes? No los siento, tan sólo esa música. Tengo recuerdos guardados, imágenes grabadas. A veces me gustaría poder sacarlas de mi mente y que las viera en una pantalla de televisión. Pero no puedo.

    Estamos cerca de la orilla. Hace frío. Vamos a taparnos con las toallas. Vamos a dejar que el viento se lleve todo lo malo. ¿Recuerdas? Entonces recuerdo al ave fénix de ‘Harry Potter’ que tantas veces hemos visto. En algún momento, todos tenemos que renacer.
    Fin del trayecto. He llegado. Tengo las cosas claras. He descubierto lo que me faltaba. La música ha parado y también el baile. Abro los ojos muy, muy despacio. Me doy la vuelta. El vacío sigue estando, pero ya no hay cuerda. Ahora hay un puente. Creo que lo creé yo misma, según fui avanzando por mi camino. Supongo que las cosas son lo complicadas que nosotros las hagamos.
    No quiero silencios a la hora de comer. Sabes que detesto a esas parejas. Sigue contándome cosas. Prometo hacer lo mismo.
    Entonces imprimo ese fragmanteo de ‘El curioso caso de Benjamin Button’ y lo coloco bajo el monitor de mi ordenador del trabajo. Pienso en Laura. En Medea. En Elo. En Isa, Lur, Paula, Marta… En María. Esas grandes mujeres que me han dado lecciones de superación:
    “Si te sirve de algo, nunca es demasiado tarde o, en mi caso, demasiado pronto para ser quien quieres ser. No hay límite en el tiempo. Empieza cuando quieras. Puedes cambiar o no hacerlo. No hay normas al respecto. De todo podemos sacar una lectura positiva o negativa. Espero que tú saques la positiva. Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo” (‘El curioso caso de Benjamin Button’).
    Ya sé que la vida no es una película, pero se le parece mucho.
    Despierta…


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