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Posts Tagged ‘1995’

  1. Tres deseos

    junio 6, 2012 by Ana López Guzmán

    La historia que os voy a contar ocurrió hace ya algún tiempo. Mucho menos del que parece, pero tiempo al fin y al cabo. De ese que se nos escapa sin saber cómo. Y esa noche hacía frío. Ellos estaban hablando, como lo hacían siempre, desde que se levantaban hasta que se acostaban.

    –          Si tuvieras que pedir tres deseos, ¿cuáles serían?

    Esa pregunta le hizo pararse un momento a pensar. Se esforzó por encontrar una respuesta que sonase sincera. Una de sus frases perfectas. Tres deseos… Parecen pocos, pero si te paras a pensar que es más bien poco probable que alguien pueda concederte al menos uno, entonces tres te parece algo digno de agradecer. No obstante, tienes que ser selectivo, elegir bien, como dice mi madre.

    Su respuesta hizo que ella esbozase una sonrisa. Conseguía quitarle hierro a los asuntos serios y que las cosas bonitas parecieran más tiernas. Seis meses después, ella recordó aquella conversación y se dio cuenta de que el deseo que parecía más complicado por aquel entonces se había cumplido y que las cosas ahora eran muy diferentes. Parecía que se habían intercambiado los papeles. Así de complicada es la vida. Así de complicada la hacemos nosotros.

    Cartel de la película 'Tres deseos'

    Cartel de la película 'Tres deseos'

    Esa noche puso la televisión y, paradójicamente, estaban emitiendo ‘Tres deseos’ (Martha Coolidge, 1995). En ella, Patrick Swayze es una especie de genio que hace realidad los sueños de una familia que decide acogerle en su casa tras un pequeño incidente. Y esos deseos cambian su vida para siempre. Les devuelve la sonrisa. Nada material.

    Dicen que hay que tener cuidado con lo que se desea. Bueno, yo creo que depende de cada uno. En ‘Jóvenes y Brujas’ (Andrew Fleming, 1996) también te hacían pensar que lo que deseas no debe ser nunca en beneficio propio ya que eso podría volverse contra ti. Y en ‘Aladdín’ (Walt Disney Pictures, 1992) el Genio le ponía tres condiciones a su amo: “No matar a nadie, no hacer que un alguien se enamore de otro alguien y no resucitar a los muertos”.

    Hace un tiempo  una persona me dijo: “Este año voy a pedir un deseo para ti”. Pese a que en ‘Cenicienta’ (Disney, 1950) dejaban muy claro que los deseos no hay que decirlos en alto porque si lo haces no se cumplen, me contó cuál era. No sabría decir si se ha vuelto realidad, pero sí estoy segura de que voy por el buen camino.

    Mi reflexión del día, tras dar un paseo por las reglas que nos ha dejado el cine, es la siguiente: si deseas algo lucha por conseguirlo. Si te quedas sentado esperando que ocurra ten por seguro que no pasará nada. Y si te esfuerzas de verdad tu empeño se verá recompensado. Si tienes que soplar una vela acuérdate de los demás.

    Anoche miré a la Luna y pedí mis mejores deseos para todos :) Para ti. Os dejo una canción que habla de la Luna llena y de un amor a escondidas:

    S.P.N.B. (Iván Ferreiro)

    Para que la Luna llena
    nunca choque contra el suelo
    hemos de encontrarnos siempre
    a las afueras del pueblo
    Con todos los besos nuestros…
    Son preciosos nuestros besos
    a las afueras del pueblo.

    ¿Qué pueden tener de malo
    si es lo que mejor hacemos?
    ¿Por qué han de ser escondidos
    los secretos y los sueños?

    Son preciosos nuestros besos…
    Pero nadie debe verlos
    y es lo que mejor hacemos…

    Para que la Luna llena
    nunca choque contra el suelo
    para que siempre podamos
    conocidos encontrarnos
    alargarnos la sonrisa,
    sacudirnos la distancia
    y poder burlar al tiempo…
    Para que la Luna llena
    nunca choque contra el suelo..

    Al final de la partida,
    que siempre empiezo ganando
    a las afueras del pueblo
    tú me sigues abrigando
    y te marchas caminando…
    Y aunque todo ha teminado
    de hecho todo está empezando

    Y en la procesión del Cristo
    engañaremos hasta al viento
    somos los únicos miembros
    de una sociedad secreta…

    Son preciosos nuestros besos
    Son preciosos nuestros besos
    Son preciosos nuestros besos
    Aunque nadie pueda verlos…
    Son preciosos nuestros besos…


  2. Proyecciones

    abril 9, 2012 by Ana López Guzmán

    Es domingo. Son las tres de la mañana. Podría estar durmiendo, pero no tengo sueño. He estado conduciendo cuatro horas sin parar y estoy tan alerta que cualquier lucecita me parece un coche que está frenando con la mismas ganas que tenía yo de llegar a casa. Y mira que cuatro horas tampoco es tanto, pero es que no estoy muy acostumbrada a los viajes de más de 45 minutos.

    Durante la última semana he visto cómo el mundo de las personas que más quiero ha sufrido grandes altibajos. He secado lágrimas, he escuchado confesiones. Algunas escalofriantes. He prestado atención a cada palabra y he intentado que esas personitas se fueran algo mejor a la cama.

    Hay veces que estás tranquilo. Que simplemente estás en tu casa viendo la tele. Puede que sea un sábado por la noche. Uno de esos que no te apetece hacer nada, pero te sientes bien. Y en ese momento suena un aviso en tu móvil. Un e-mail o un SMS de él o ella. Esa persona que tanto daño te ha hecho de pronto se acuerda de ti y, aunque sabe lo mucho que eso puede desequilibrarte, y aunque tú hayas dejado bien clarito que no quieres tener señales suyas, coge y te escribe para decirte lo mucho que te echa de menos.

    Ese tipo de mensajes son devastadores, además de profundamente egoístas. Quien los manda lo hace pensando únicamente en SUS ganas, en SUS antojos y no en los de la otra persona, que es la que se queda chafada durante días,  dando vueltas a un montón de palabras que se han escrito con unas copas de más y a altas horas de la noche.

    Según Luis Ramiro, cuando alguien te manda un mensaje breve seguido de tres puntos suspensivos es que quiere “algo”. Y eso está genial si tú también quieres “algo” con esa persona, pero… ¿Y si no es así? ¿Por qué no existen normas para eso? Supongo que está la ética, pero no la ponemos en práctica.

    Sandra Bullock en una escena de 'Mientras dormías'Si Medea leyera esto me hablaría de las “personas tóxicas”. Ya sabes, ese tipo de gente que está en tu vida por algún motivo y que permites que siga estando aunque no te haga ningún bien. ¿Por qué nos empeñamos en dejar que nos hagan daño cuando sería mucho más fácil cortar el “problema” de raíz? Supongo que necesitamos aferrarnos a la esperanza de que esa persona no tiene un fondo malo. Queremos ver ese lado bueno y hacer que reluzca. Pero, ¿sabes qué? Que esa no es tu misión. Ni la mía. Tú sólo debes ocuparte de sacar lo mejor de ti y apartar a esas personas que están entorpeciendo tu camino. Tu responsabilidad es preocuparte de TU luz.

    Hoy he estado viendo ‘Mientras dormías’ (1995, Jon Turteltaub). Sandra Bullock es Lucy, una mujer encantadora que se enamora platónicamente de un hombre al que ve cada día pasar en el metro. Sin embargo, no le conoce. No sabe absolutamente nada de él.

    Eso también ocurre en la vida real. Idealizamos a las personas. No sabemos nada de ellas y hacemos una proyección de lo que nos gustaría que fueran. Ella al final se enamora del hermano de aquel hombre. Bill Pullman es el encargado de darle vida. Es una de esas películas que te dejan un sabor agradable, pero en el fondo sabes que esos finales son muy poco frecuentes en la vida real.

    Sandra Bullock y Bill Pullman en una escena de 'Mientras dormías'Es cierto que cada historia es maravillosa. Desde el momento en que conocemos a alguien hasta… Bueno, hasta que dure lo que tenga que durar. Pero no todas terminan con un taxi que corre desesperado por llegar a un aeropuerto donde la persona amada está a punto de coger un avión con destino a un lugar muy lejano. No hay Nocheviejas con sorpresa. No hay un “lo siento” escrito con un millón de flores (tus favoritas) para que lo veas cuando te levantes por la mañana y te asomes a la ventana.

    Hace poco alguien me dijo que gracias a mí había descubierto lo que era la magia, los cuentos, las canciones y, por supuesto, las películas. Al fin y al cabo, ¿qué sería de nosotros sin un poco de fantasía? Pero esa misma persona también me dijo: “Ana, esto no es una película”. Supongo que cada uno elige cómo ver la vida. Un día después inmortalizaba en una imagen lo que estaba pensando mientras se dejaba fotografiar: “Y las ánimas también…”. Se la escuché cantar tantas veces…

    Para cerrar este post, os dejo una canción de ‘El Canto del Loco’. Se llama ‘Cicatrices’. Se la dedico a mis niñas y a aquel lobito que decidió continuar su andadura lejos de El País de las Maravillas porque su corazón “no era libre”. Lo que importa es recuperar tu “muchedad” y ser quien eras y olvidaste ser. Porque tú eres único y sólo tienes que recordártelo cada día hasta que se te quede tan grabado que te salga solo. Quiérete, porque nadie va a quererte tanto como tú.

    Todo esto lo escribí, precisamente, ‘mientras dormías’.

    CICATRICES (El Canto del Loco)

    Hoy vuelvo a encontrar mi corazón, que lo tenía escondido dentro de un cajón

    cerca del afecto y del manual de cómo hacerme un hombre

    Y lo pasé tan mal mirando alrededor, estando tan perdido, falto de ilusión,

    cerca del peligro, sin equilibrio y perdiendo el norte…

    Y hoy me pregunto, ¿por qué me quise tan poco y me encerré dando vueltas y vueltas a algo que yo creé?

    Y por pensar tengo un millón de cicactrices, soy un escudo, soy hipersensible… Una barrera al corazón

    Y no me gusta haber estado así de triste. Por paranoias yo me hice esas heridas en mi interior

    ¡Qué gran liberación que siento hoy al recorrer poquito a poco el corazón!

    Que está más fuerte, sabe qué quiere y ya no se esconde…

    ¡Qué grande es verme hoy sin lo anterior! Sintiéndome tranquilo, siendo lo que soy: inofensivo, sereno, amable y cariñoso

    Y hoy me pregunto, ¿por qué me quise tan poco y me encerré dando vueltas y vueltas a algo que yo creé?

    Y por pensar tengo un millón de cicactrices, soy un escudo, soy hipersensible… Una barrera al corazón

    Y no me gusta haber estado así de triste. Por paranoias yo me hice esas heridas en mi interior


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