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  1. Espejo, espejito mágico…

    marzo 5, 2013 by Ana López Guzmán

    Hace mucho, mucho tiempo (bueno, no tanto), había una niña que no se podía dormir (yo). Su hermana cogió un libro grande de la estantería de los cuentos y dijo en voz alta: “Hoy te leeré la historia de Blancanieves”.

    Lo que ella no sabía es que yo me había aprendido ese cuento de memoria, así que cuando decidió inventarse una historia sobre la marcha, yo dejé que ella siguiera para comprobar su capacidad creativa. Creo que lo que realmente pensé fue: “Esta tía me está tomando el pelo, ¡se está inventando el cuento! Pero su versión me gusta más”. Supongo que simplemente por el hecho de que fuera suya.

    Maribel Verdú en 'Blancanieves' (Pablo Berger)

    Maribel Verdú en ‘Blancanieves’ (Pablo Berger)

    No sé en qué momento a Pablo Berger se le presentaría la idea de hacer una versión tan a la española del mismo cuento. Vamos, que su Blancanieves se llama Carmencita, tiene de mascota al gallo Pepe y lleva sangre torera en sus venas. La versión de mi hermana era menos radical. Siempre digo aquello de “No me cuentes películas”, pero sí historias. ¡Las que quieras!

    Y precisamente de historias iba hablando con Elo camino al cine, para la reentré de la Blancanieves de Berger. Y es que una peli que se ha llevado 10 Goyas merece ser vista. Y encima muda. ¡Ole! Es de esas veces que dices: “Me quito el sombrero”, expresión que, por cierto, mi amiga odia (sorry).

    No te voy a destripar nada, pero sí te pongo en situación: la pobre Carmencita vive una infancia atormentada por una madrastra mala, mala: Encarna (Maribel Verdú). Tras algún que otro traspié, la joven termina rehaciendo su vida con una troupe de enanos toreros en la España de los años 20. No te lo esperabas, ¿verdad? Yo tampoco.

    La Blancanieves animada que todos conocemos fue el primer largo de Disney, allá por 1937. Una obra maestra, por supuesto, ya que entonces todo era “hecho a mano”. Yo creo que siempre fui más de ‘La bella durmiente’. Ambas se quedaban fritas y necesitaban un beso para despertar. Hoy en día las princesas necesitamos más bien un jarro de agua fría, pero a la larga te quedas con Brave, Mulan, Ariel o Rapunzel, que tienen un par y desafían a quien se ponga delante por cumplir un sueño.

    Kristen Stewart en la piel de Blancanieves

    Kristen Stewart en la piel de Blancanieves

    Esta es un poco la línea que defendía ‘Blancanieves y la leyenda del Cazador’ (2012, Rupert Sanders), con una valiente Kristen Stewart en la piel de la heroína de esta adaptación. Ella está guapísima (de la interpretación, nada que no hubiéramos visto antes), pero seguía arrastrando ese aire apesadumbrado que se labró durante toda la saga ‘Crepúsculo’. Siempre he pensado que Stewart es un poco la versión femenina de Edward Furlong (‘Terminator 2’, ‘American History X’), pero menos rebelde por mucho que se ponga vestidos de gala con Converse.

    Lo mejor de esta versión era ver a la que realmente tiene una cara dulce, Charlize Theron, muy, pero que muy cabreada. Pero fíjate si cambia la historia, que aquí no hay un beso de película (al menos no lo que yo esperaba). Son ganas de cargarse el cuento, pero me gustó que se diera tanta importancia al cazador (Chris Hemsworth), aunque no tuviera derecho a un nombre salvo ese, ‘Cazador’.

    Respecto a la versión protagonizada por Lily Collins y Julia Roberts también en 2012 (‘Mirror, Mirror’, de Tarsem Singh) no puedo hablar mucho porque no la he visto, pero digo yo que si no ha habido tiempo para hacer ‘remakes’ de Blancanieves, ¿cómo es que se han puesto de acuerdo todos en el mismo año?

    Lili Collins en 'Mirror, mirror'

    Lili Collins en ‘Mirror, mirror’

    Pero volvamos al día B (de Blancanieves, claro). Cuando llegamos a la sala estaba hasta arriba y tuvimos que verla casi en primera fila y para más inri, de lado (también me pasó con ‘Django desencadenado’, a ver si empiezo a llegar antes al cine). En la entrada nos habían dado un pañuelo blanco y una tarjeta que decía: “Disfruta del cuento como nunca te lo habían contado… Y después, cuando termine la película, agita el pañuelo si te ha gustado”. Si lo hacías, algo mágico pasaría: un sueño se cumpliría. Entonces ella me preguntó:

    - Y a ti, ¿qué te gustaría que ocurriera?

    Buena pregunta. Si realmente los sueños de toda la gente que estaba en la sala se hubieran materializado en ese momento hubiera sido una auténtica locura. Creo que ese día mi sueño era verla feliz.

    Hace poco leí en Twitter que como el cine siguiera trabajando tanto el realismo, iban a terminar inventando el teatro. Pues bien, cuando dos de los personajes de la película “salen” de la pantalla yo desde luego no pienso quejarme. Y si puedo hacerme una foto con ellos, con mi amiga y con un Goya, mejor que mejor.

    En la reentré de 'Blancanieves'

    En la reentré de ‘Blancanieves’

    Dedico este post a todas las princesas que se arman de valor y son capaces de reescribir su historia. A las que no pierden la esperanza y luchan. A las que siguen mirando al cielo y pidiendo a las estrellas que alguien llene su vida de amor. A las que no necesitan príncipes porque ellas solas ya son pura magia. A las que se merecen ser tratadas como reinas. Y en especial a Elo, por compartir conmigo lo que ahora llamaríamos #momentosinolvidables. Esta, amigos míos, es para mí la verdadera magia del cine.


  2. Camarero, una de MeMe

    marzo 1, 2013 by Ana López Guzmán

    Yo pensaba que esto del MeMe se había extinguido, pero mi amiga la periodista Arantxa Naranjo no deja de sorprenderme y me ha hecho ganadora de un Liebster Blog Award. Ale, ya he puesto mi medallita. Ahora toca responder a algunas preguntas.

    Era la época de LaotracaradeBarbie (de Susana), y otros grandes bloggers a los que seguí mucho tiempo (Meguxxx o Sergio G.), ¡qué tiempos aquellos! Mi amiga Isa (alias F, de Faith) fue la que me introdujo en el maravilloso mundo de los blogs, allá por el 2004. No ha llovido ni ná…

    Y recuerdo aquella época de la Uni, cuando David, Isa y yo nos quedábamos trasteando en la sala de redacción de la Carlos III, mientras Medea y Marta me reñían por no irme a la cafetería. Y es que cuando algo engancha, engancha.

    Liebster Blog Award

    Y aquí estoy, tanto tiempo después, con esta medatilla, y me dicen que tengo que contar 11 cosas sobre mí, contestar a un cuestionario que me ha enviado mi nominadora y proponer otros blogs que yo considere merecedores de este premio y que tienen que hacer lo mismo que estoy haciendo yo. ¿Preparados? ¿Listos? ¡¡¡Ya!!!

    ¿Qué cómo soy? ¿En 11 palabras?

    Pequeñita, tímida, charlatana, adicta al chocolate, fóbica a los insectos, tengo miedo al miedo, si no escribo me apago y hago fotos sin parar, adicta a las buenas compañías, fiel a mi gente y enamorada (del amor, del cine, de Instagram, de Photoshop, de mi Nikon…) y de ti, que lees esto.

    ¿Cuál es tu prenda de vestir favorita?

    Últimamente mis sneakers marrones… ¡¡Son tan cómodas!! Ahora entiendo a Sara Carbonero o Paula Echevarría…

    Si tuvieras que escoger un color sería…

    Para vestir, el negro. Para la vida, el azul. Me encanta que la gente desee conocer estas cosas tan fascinantes sobre mí… ¿Nada de cómo cambiar el mundo? ¿En serio?

    La última película que has visto en el cine y con la que has llorado es…

    Ayer vi ‘Blancanieves’, me gustó muchísimo, pero no lloré, aunque con la escena del pobre Pepe lo pasé realmente mal…

    ¿Perfume o aroma que mas te gusta?

    Mis fieles son Narciso Rodriguez for her, Chlóe y Happy de Clinique, pero donde esté el olor del césped húmedo… Ayyyy… También me encanta cómo huele la leche caliente, pero nunca me la tomaría sola.

    ¿Qué les pides a tus amigos?

    ¿RT en Twitter? ¿Comentarios en el blog? ¿Que se hagan fans de este Blog? Sí, eso también, pero les pido que sigan queriéndome como lo han hecho hasta ahora: sin pedir nada a cambio, aceptando mi forma de ser y sabiendo que les querré siempre. Su sinceridad y su apoyo incondicional me da mucha seguridad y saben que yo haría lo mismo por ellos. Os quiero. 

    ¿Cuáles son tus hobbies?

    Lo que más me gusta es pasar tiempo con los míos. Las escapadas a Gandía o a cualquier lugar del mundo. Mi gran pasión es viajar, pero estoy canina. No puedo vivir sin escribir ni hacer fotos. Y siempre, siempre, siempre que puedo voy al cine. 

    ¿Producto de maquillaje favorito?

    Me encantan los pintauñas rojo sangre y no puedo pasar sin rímel, kohl negro ni colorete. ¿Quién ha elegido estas preguntas? 

    ¿Accesorio de vestir preferido?

    Me encantan los gorritos y sombreros, las pulseras, los brazaletes y últimamente también los collares. Para los pendientes soy más vaga.

    ¿Falda o pantalón? 

    Pantalón el 90 por ciento de las veces, pero en todas sus variantes: shorts, vaqueros, pitillos, rectos, baggies… Las faldas me encantan, pero las reservo para los fines de semana.

    ¿Qué blog te inspira?

    Me inspiran muchos blogs. Sería difícil decantarme por uno solo. Hubo uno, el de Meguxxx, que fue mi favorito. Jamás he estado tan enganchada a las palabras de nadie. 

     

    Y mis nominados son… (redoble de tambores):

    María D. Valderrama, por Jackie Gloves

    María Huete Guzmán, por La piel que habitas

    Eduardo Prádanos, por El blog de Eduardo Prádanos

     Gracias a todos los que empezasteis con mi primer blog, echalefantasia (en blogdrive). Ahora podéis seguirme en http://blogs.revistacuore.com/peliculista/ o  Twitter (@echalefantasia). Pasarán los años, pero seguiremos siendo los mismos :)

    ¡¡¡FELIZ DÍA A TODOS!!!


  3. A VECES AÚN BAILO BAJO LA NIEVE

    febrero 26, 2013 by Ana López Guzmán

    “- Hace mucho tiempo, un inventor vivía en esa mansión. Inventaba muchísimas cosas. Un día, creó a un hombre. Y le dio entrañas, un corazón, un cerebro… ¡Todo! Bueno, casi todo. Verás, el inventor era ya muy viejo. Murió antes de poder acabar al ser que había creado. Así que el hombre se quedó solo. Inacabado… y completamente solo.
    - ¿Y no tenía nombre?
    - ¡Claro que tenía nombre! Se llamaba Edward”.

    Martes. Estoy metida bajo un millón de mantas. No quiero ni pensar en el frío que tiene que hacer allá fuera, en el mundo. Abro los ojos. Cojo el móvil para ver qué hora es. Uy, qué pronto, mejor me quedo un rato más… Pero… Tal vez debería levantarme… Ayer hice la lista de propósitos de la semana y hay muchas cosas que tachar… Pero se está tan bien aquí… Venga, cinco minutos más y me pongo manos a la obra…

    Media hora después la maravillosa BSO de  ‘Eduardo Manostijeras’ (Tim Burton, 1990) seguía sonando en mi cabeza… (Gracias, Danny Elfman).

    Cuando vi por primera vez esta película era una cría. Recuerdo que mi madre había hecho un bizcocho con chocolate que estaba buenísimo. Son esa clase de recuerdos que tu mente asocia a sabores, olores… Y un buen día te encuentras diciendo: “Huele a verano”, porque las piscinas están abiertas y se respira cloro, o “Huele a Navidad” porque alguien está cocinando cordero.

    Johnny Depp y Winona Ryder en 'Eduardo Manostijeras' (Tim Burton, 1990)

    Johnny Depp y Winona Ryder en ‘Eduardo Manostijeras’ (Tim Burton, 1990)

    Lo que a mí me enamoró de Edward (Johnny Depp), y creo que a la mayoría de la gente, es su nobleza, su ingenuidad y su corazón sin contaminar. Su forma de mirar a Kim (Winona Ryder)… Su deseo de abrazarla… Él no tiene ninguna maldad. Absolutamente ninguna. Y si se mete en algún lío es porque se deja llevar por otros. Su inseguridad reside en lo que le convierte en alguien diferente: sus manos, en forma de tijeras. Sin embargo él no se da cuenta de que esa diferencia, precisamente, es la que le hace ser mágico:

    Edward y Peg, en un programa de la televisión

    Público: Pero si tuvieras manos serías como cualquier otra persona.
    Edward: Sí, supongo.
    Presentador: Seguro que te gustaría.
    Público: Entonces nadie pensaría que eres especial, no saldrías en la tele ni nada de eso.
    Peg Boggs: No importa lo que pase, Edward siempre será especial.

    A medida que vamos creciendo y comiendo bizcochos de nuestra madre, vemos pelis, conocemos a gente, nos metemos en líos, nos enamoramos, perdemos a nuestros seres queridos o creamos cosas, como hacía Edward, vamos aprendiendo. Y ese aprendizaje conlleva experiencias positivas y negativas, pero todas ellas hacen que seas quien eres. Echas la vista atrás y te das cuenta de las tonterías que has podido llegar a hacer por la gente a la que has querido:

    Kim: Entonces, si lo sabías, ¿por qué lo hiciste?
    Edward: Porque tú me lo pediste.

    Cuando estaba viendo la película pensé si existe alguien tan puro como Edward. Ojalá algunas experiencias no nos cambiasen tanto. El sábado estaba hablando con una amiga y me decía que “las corazas son necesarias e inevitables”. Y es que muchas veces resulta complicado levantarse cuando pasas más tiempo en el suelo que de pie.

    Podría hablar durante horas de esas corazas. Esas barreras que ponemos a nuestro alrededor para evitar que vuelvan a hacernos daño. Te hacen más desconfiado, te convierten en un escéptico. Si alguien te hace una promesa simplemente no te permites confiar ciegamente en ello. No te crees las palabras bonitas ni las miradas que parecen sinceras.

    Edward simbolizaba un poco la inocencia que perdemos. Es como un niño que está descubriendo el mundo y se sorprende por todo lo que ocurre a su alrededor, lejos del castillo en el que “nació”, junto a su único ser amado, un viejo inventor que fallece antes de poder acabar su última gran obra: un hombre.

    Por suerte, no estamos tan solos como él y nunca pienses que lo estás. Tal vez deberíamos probar a hacer como él. Si te sientes así, puedes salir a la calle y dejarte impresionar por lo que ves. Mirar a los demás con los ojos muy abiertos y saber distinguir con quién quieres pasar tu tiempo. Estar con tu gente de confianza, esa que jamás te haría daño. Dejar que vuele tu lado creativo. Tal vez lo de esculpir no sea lo tuyo, pero estoy segura de que todos podemos crear cosas bellas que hagan sentir a los demás. Pienso que, de hecho, Kim estaba mucho más sola que Edward, pero que nunca más volvió a sentirse así, porque de alguna manera, siempre estaría con él:

    Maravillosa escena de 'Eduardo Manostijeras' (Tim Burton, 1990)

    Maravillosa escena de ‘Eduardo Manostijeras’ (Tim Burton, 1990)

    Hace unos días alguien me dijo que nunca se había enamorado. Que creía haberlo estado, pero que realmente nunca había sentido ese amor. Cuando Edward le dijo a Kim “Adiós” ella le respondía con un “Te quiero”. Se enamora de todo lo que él tiene dentro y de todo lo que podría llegar a ser capaz de hacer por ella. Se enamora de un corazón sincero que jamás podría herirla. Y ella siente lo mismo por él. ¿Quién podría herir a alguien como Edward?

    Dicen que hoy va a nevar en Madrid. “Antes de que él viniera, no nevaba nunca. En cambio después, sí nevó. Si él no siguiera vivo, ahora no estaría nevando… A veces aún bailo bajo la nieve”.

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    Dedico este post a Noelle, a Evita Dinamita, a Natalia, a Nuria CB, a Lola, a Marina y a ti, que me animas a seguir escribiendo. A Edward. Al maravilloso mundo de Tim Burton. A mi madre y sus bizcochos, a mi hermana, con quien vi tantas y tantas películas, y a mi padre, ese gran artista.


  4. ¿QUÉ ES LO MÍO?

    febrero 19, 2013 by Ana López Guzmán

    Todo en esta vida tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por ejemplo, ya sabes de sobra qué es lo bueno y lo malo de vivir solo: el ‘hazlo tú mismo’ saca tu lado creativo, pero también agota. En mi opinión, lo peor de la independencia es que si aparece un bichito indeseado por la casa y quieres deshacerte de él, no puedes mandar a nadie a que lo haga por ti. Y si no quieres matarlo, es todavía más complicado, pero potencias tu inteligencia e incluso tu lado malabarista, intentando que el bichito en cuestión salga por donde ha venido, haciendo uso de un folio, un periódico, un recogedor o lo que buenamente encuentres.

    Al final todo son decisiones. Desde que te levantas por la mañana y escoges qué ropa ponerte, cómo peinarte, qué desayunarás (si es que tienes tiempo de hacerlo)… Y así sigues decidiendo según avanza el día. Incluso hasta cuando te acuestas estás eligiendo que ese es el momento de hacerlo. Ayer Mercedes Milá dijo en ‘Gran Hermano’ que ella sonríe todas las noches. Por una vez estaba de acuerdo con ella. Es un ejercicio que es sano, gratis y tiene grandes beneficios para tu salud. ¿Has probado a hacerlo durante el día? Dios, ¡cuesta tan poco!

    Sarah Michelle Gellar en 'Buffy Cazavampiros'

    Sarah Michelle Gellar en ‘Buffy Cazavampiros’

    Tal vez sea porque estoy aprendiendo a desarrollar la ‘sonrisa telefónica’ para el trabajo. Y cuando te ves en esa situación, de vez en cuando la memoria te juega una mala pasada y te lleva a un momento en el que también tuviste que elegir y te preguntaste: ¿Qué es lo mío? Precisamente así se llamaba un episodio doble de una de mis series favoritas, ‘Buffy Cazavampiros’ (protagonizada por Sarah Michelle Gellar). Cuando Buffy cumple los 16 tiene trazado su destino: ser la Cazadora, la Elegida. Poco importan todos los trabajos que pudieran ser buenos para ella en la feria de oficios de aquel capítulo. Siente que no tiene opción de escoger, que su destino está marcado y que sólo queda la opción de aceptar lo que hay y seguir tirando.

    Ayer estaba en casa trasteando por internet cuando me topé por casualidad (vamos, cotilleando en Youtube) con un vídeo de mi amigo EP. Debo decir que su charla me llegó al alma. Su ponencia hablaba, entre otras cosas, de la libertad de hacer lo que uno quiere porque sólo así se alcanza la felicidad. Invitaba al público a cerrar los ojos y preguntarse: “¿Qué es lo más importante para ti?”. Él tenía la respuesta: ser feliz.

    También decía que cuando uno no se encuentra bien en un trabajo lo mejor es dejarlo. Aseguraba que, de hecho, un día se dio cuenta de que se aburría y simplemente se fue. “Y volvería a hacerlo”, aseguraba. Lamentablemente no es tan fácil, al menos para algunos. Pero sí que tiene razón en algo. Tienes que hacer las cosas que te gustan, no sólo laboralmente, y si te sientes obligado o haces algo por compromiso, mal vas. Siempre tienes la libertad de elegir, de quererte y de reconocer tus propios errores. Sí, en serio, ¡de todo eso!

    Ayer fue un día productivo, ya que el vídeo de EP motivó una conversación con una de mis mejores amigas sobre cómo uno se forja su carácter. Eres como eres. Puedes cambiar algunas cosas de ti, pero sólo si realmente quieres hacerlo. Por ejemplo, puedes y debes poner fin a conductas destructivas que lo único que hacen es hacerte daño. Pero la esencia de cada uno… Ay, ¡esa ni tocarla! Si hay alguien que no te acepta como eres, si esa persona desearía que fueras de otra manera, ¡fuera! Nunca dejes que nadie te juzgue. Está bien escuchar la opinión de los demás sobre ti y de hecho te recomiendo que lo hagas y te pares a pensar en ello. Pero una cosa es decir lo que piensas y otra poner a alguien en una mesa de disección y sacarle todos sus defectos (suponiendo que realmente los tenga).

    Cuando escribo para contaros estas cosas que se me pasan por la mente, muchas veces me escribís y me preguntáis cosas. Me contáis vuestras historias y yo me siento agradecida de poder ayudaros o, por lo menos de intentarlo. Resulta doblemente bueno, porque ayudas a alguien y te sientes bien contigo por haber hecho algo útil. Creo que si realmente quieres ayudar tienes que desarrollar ciertas habilidades como la empatía. Uno puede ser sincero, pero nunca maleducado.

    Mi compi Lorena dice que últimamente estoy muy zen. Tal vez sea porque ahora estoy donde quiero estar. He asumido que los baches son sólo eso, baches, y que las cosas malas tan pronto vienen como se van. Que puedes con todo. Sólo tienes que desear estar bien. Y que si sonríes y piensas cada día antes de acostarte en las cosas buenas que has vivido, y sonríes como hace Mercedes Milá (nunca pensé que la pondría como ejemplo), entonces ya habrás conseguido aprender algo y el día habrá merecido la pena. No te metas en bucles autodestructivos que no traen absolutamente nada bueno. ¡Sal de ahí, que ya estás tardando!

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon en 'Agua para elefantes' (2011)

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon en ‘Agua para elefantes’ (2011)

    El domingo estuve viendo ‘Agua para elefantes’ (Francis Lawrence, 2011). Pensé que sería una historia de amor como otra cualquiera, pero es una peli que va de mucho más. La protagonista, Marlena (Reese Witherspoon), estaba en una situación parecida a la de la pobre Buffy en la feria de empleo. Hacía tiempo que había aceptado con resignación su vida como la artista estrella de un circo, sometida a un marido (Christoph Waltz) que maltrataba a los animales y, por supuesto, a su propia esposa.

    Entonces aparece Jacob Jankowski (Robert Pattinson), quien hace ver a la artista que “una persona hermosa merece una vida hermosa” y que fuese a su lado o junto a otra persona, había una vida lejos del circo y de ese hombre. Están en un tren en marcha. Es la hora de elegir: ahora o nunca. Es el momento de saltar y escoger qué es lo que te hace feliz. ¡Ya lo sabes! Entonces, ¿qué te frena?

    Supongo que tenemos demasiados miedos arraigados en nuestra conducta desde niños. Los miedos van cambiando, pero la esencia, como decía antes, es la misma. Lo que tienes que hacer es pararte a pensar qué es lo que realmente te llevará a vivir la vida que quieres. Dedícale tiempo y busca el modo de conseguirlo, no como una meta a largo plazo, sino como algo que debe estar implícito en las 24 horas de tu día.

    Hace poco un amigo de mi infancia me contaba que hace unos años él dejó pasar un tren y que se arrepintió toda la vida. Los trenes no sólo son personas a las que podamos amar. Este post no va de eso. Habla de ser quien quieres ser. De decidir lo que será mejor para ti. Tú eres el titiritero de tu propia vida, tú manejas tus hilos, nadie más. Los otros sólo nos acompañan si tú quieres que lo hagan. Haz como Jacob en ‘Agua para elefantes’: arriésgate y coge ese tren, porque no sabes cuándo volverá a pasar, si es que vuelve a hacerlo.

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon junto a Rose, en 'Agua para elefantes' (2011)

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon junto a Rose, en ‘Agua para elefantes’ (2011)

    Aprende de los mayores. Aprende de la gente que tenga algo que decir, que contarte o incluso que criticarte (siempre desde el cariño y el respeto). ¡Aprende de ti! Y, sobre todo, escucha. Rodéate de gente que te quiere. Haz ese curso al que nunca te apuntaste. Deja de poner excusas. Hay tiempo para todo. Si no tienes dinero, busca en Internet. Ahora las respuestas son más fáciles de alcanzar. Hay cursos gratis, intercambios… Y ya sabes, sonríe todo lo que puedas y nunca olvides que eres dueño de tu vida y que sólo tú puedes responder a la pregunta: “¿Qué es lo mío?”. Estoy segura de que así todo irá bien.

    Dedico este post a mis compis Lorena, Cristina y Manu.

    Os dejo el tráiler de ‘Agua para elefantes':

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  5. Los días de lluvia

    febrero 7, 2013 by Ana López Guzmán

    Cuando te pasas un año entero haciendo algo día tras día, es imposible no convertirte en un experto. Yo tenía siete años cuando empecé a ir a clase de guitarra. Era la más pequeña del grupo, así que el profesor me tenía entretenida haciendo punteo. Y yo me pasaba las horas muertas así… Totalmente aburrida, pero entregada.

    Un tiempo después, los que iban un curso por encima del mío empezaron a apuntarse a clase, así que admiraban con asombro mi destreza. Al fin y al cabo les llevaba algunos años de ventaja. Pero aquello seguía sin ser lo mío. Aun así, seguí yendo a clase, porque tenía otro motivo… Encontré una ilusión.

    Escena de la película 'El efecto mariposa'

    Escena de la película ‘El efecto mariposa’

    Y esa ilusión era mucho mejor que yo. Me había alcanzado rápido porque me había distraído por el camino. Pero era bonito seguir asistiendo a clase… Al año siguiente lo dejé y prácticamente me “olvidé” de mi ilusión. Empecé a llamarte Radikal por aquella bebida. En la etiqueta ponía “amor platánico” (que no platónico) y me resultó muy gracioso.

    El tiempo pasaba y no tenía valor de mirarte frente a frente. Jamás. Bastaba con observar a la pelota. Cuando eres un niño pocas cosas te hacen falta para ser feliz. Y que si el balón va, que si el balón viene… Y allí estábamos. Fieles a nuestra cita. Una cita que tú desconocías por completo.

    Pasaron los años y te perdí de vista. La inspiración siguió su camino y yo continué por el mío. Cambié mucho. Me volví una persona mucho más segura de mí misma. Empezaba a descubrir que si uno desea algo con todas sus fuerzas puede conseguirlo, pero requiere mucho trabajo y la capacidad de entrega no era algo que a mí me faltase. Y si no que se lo dijeran a mi profe de guitarra…

    Un día me propusieron ir a un sitio. Allá fui. Y… ¡Zas! ¡Te encontré! ¿Dónde habías estado todo este tiempo? ¿Por qué tenías que aparecer justo en ese momento? Bueno, supongo que era cuestión de paciencia. Pero todos somos lo que éramos en el patio del colegio y aquella niña me advertía que continuara por el camino que había iniciado.

    Tuve que darme algún que otro golpe de bruces para darme cuenta, pero a veces es necesario. Fue el segundo punto de inflexión. Creo que me hizo más fuerte. Era la época de las pelis de terror. Todos los viernes me iba a casa de mi amiga Bea. Incluso escribimos un libro del género entre las dos. Durante el día lo maquinábamos y por las noches yo lo escribía. Fue el año que empecé con el insomnio, así que encontré una manera productiva de rentabilizarlo.

    Quién me iba a decir que luego yo iba a vivir mi propio calvario… De pronto todo se volvió muy complicado y las cosas más sencillas, las del día a día que apenas valoraba, se volvieron difíciles de conseguir. Nunca me había visto en una situación tan complicada. Perdí la esperanza. Pero tuve que reponerme.

    Y en medio de todo aquel proceso, volviste a aparecer. Sinceramente, era algo que daba por perdido, pero tú siempre volvías. Es lo que tienen las inspiraciones, que van y vienen. Y por primera vez nos hicimos amigos. Empezamos a saber quiénes éramos. Hice las cosas mal, pero te aseguro que era yo al cien por cien. Nunca fui más yo que aquellos días. Sé que es difícil de creer.

    Momento de la película 'El efecto mariposa'

    Momento de la película ‘El efecto mariposa’

    Sin embargo, aquella situación de escritora encuentra a su musa no se podía extender para siempre. Tenía que decirte algo. No podía seguir así, aunque sabía que cuando lo hiciera perdería lo que tantos años me había costado conseguir. Y pese a eso, me diste la oportunidad de hablar… Dos veces.

    Desde entonces los días de lluvia nunca volvieron a ser lo mismo. Nunca. Ni tampoco las canciones. En especial algunas. Ha pasado mucho tiempo. Muchos años. No hemos vuelto a encontrarnos. Pero quién sabe… Si aquella bruja tenía razón, entonces antes o después llegará ese momento.

    Y yo te sigo imaginando con tu guitarra, en plan cantautor, dándolo todo en la intimidad. Yo sigo igual, escribiendo. Cojo mis ideas y las esparzo en este blog. Cojo la cámara y capturo momentos. A veces lo hago sólo con los ojos y me guardo esas imágenes para mí. Otras me hablas en sueños y me das mensajes. Y yo los guardo como un tesoro.

    Creo que cuando nos hacen daño, una parte de nosotros se va y no vuelve. Es esa parte consciente que te hace protegerte para que no vuelvan a herirte. Es la más orgullosa. Pero hay otra que es la que se queda con las cosas buenas y es la que te hace contestar a mi llamada, aunque a veces te tomes tu tiempo.

    Una vez mi inspiración me hizo una propuesta. Fue hace ya algunos años. Recuerdo que yo estaba trabajando en un periódico, corriendo de aquí para allá cuando oí sonar mi teléfono. No sé qué ocurrió con aquello. Se perdió por el camino y no me lo he perdonado. Es como dejar escapar el tren de las oportunidades. Como una llamada perdida.

    Pero, ¿sabes qué?  Que la vida nos pone del revés. Que yo tuve encendido un ordenador durante una semana para conseguir descargar una historia de un rey para una mujer que era muy importante y a la que ni siquiera conocía y me parece que eso os hizo felices.

    Que no creo en los puntos finales. Nunca lo he hecho. Así que voy a esperar a ver cómo sigue el siguiente capítulo. Y si esta historia fuera una película, sin duda sería una saga que contaría cómo una niña fue haciéndose mayor, esculpiendo sueños y masticando realidades.

    El actor Ashton Kutcher en 'El efecto mariposa'

    El actor Ashton Kutcher en ‘El efecto mariposa’

    Tal vez si alguien te preguntase harías una sinopsis muy distinta de esta peli. Sería mucho más breve. Pero ya sabes, yo soy de las que cuentan todos los detalles, pero porque para mí son fundamentales para entender el conjunto. Nadie conoce a nadie hasta que no se pone en su piel y elige saber cómo se siente el otro. Entonces es cuando empatizas y logras comprender lo que hasta ahora era una peli de autor demasiado complicada.

    ¿Recuerdas ‘El efecto mariposa’ (Eric Bress, 2004)? La teoría del Caos: “El aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo”. Creo que yo provoqué uno bien grande, pero al igual que decían en la peli, “Si puedo hacer cicatrices, ¿tengo el poder de sanarlas?”.

    Si la teoría del caos nos habla de los cambios que se producen por un comportamiento aleatorio, imagina la repercusión que pueden tener tus decisiones y tu modo de ver la vida. Yo creo que cuando te conoces bien por dentro, es cuando tomas conciencia de lo que puedes llegar a ser. Creo en ti. ¿Y tú?


  6. Volveremos a encontrarnos

    febrero 1, 2013 by Ana López Guzmán

    Siempre estuviste allí, incluso antes de que yo naciera. Antes de que mis padres se besasen por primara vez. Ibas con tu amigo Canito a todas partes.  También estuviste antes de que mi abuelo alquilara la tienda que después compraría mi abuela.

    Uno de los recuerdos más antiguos que tengo a tu lado tiene como escenario una cafetería de Gandía. Yo tendría unos cinco o seis años, pero lo recuerdo perfectamente. Estábamos tomando un granizado con mi padre. Yo odio los granizados. Tal vez por culpa de ese día.

    Recuerdo que había una gata con sus recién nacidos gatitos. Yo estaba como una tonta mirándolos. Siempre me han parecido unos animales fascinantemente elegantes e independientes. Y en este estado de observación, no me di cuenta y tiré el granizado. El vaso cayó y se rompió en miles de pedazos, que quedaron esparcidos sobre las baldosas de colores.

    Me regañasteis y yo me puse a llorar. Incluso nos hicieron pagar el vaso. Me sentí terriblemente culpable, como si ese vaso costase mucho dinero. Sentía que os había decepcionado. ¿Sabes? Esa cafetería ahora es una tienda de artículos de playa, pero conserva el mismo suelo y la esquina donde estaban los gatos sigue intacta. Siempre me acuerdo de ti cuando piso aquellas baldosas de colores.

    Otro de los recuerdos que tengo de mi infancia a tu lado tuvo lugar en tu casa. A mí me encantaba jugar en el cuarto de Carlos y David. Recuerdo que tenían una caja de Star Wars donde guardaban los juguetes. Y cómo no, el top venta de los Reyes de la época: el barco pirata de Playmobil.

    Pero ese día ellos no estaban y yo no quise hurgar en sus cosas. Nunca me gustó tocar los juguetes de los demás sin su consentimiento. Para mí era algo demasiado sagrado. Me fui al salón a la busca y captura de algo que lograra entretenerme mientras los adultos hablaban de lo que a mí no me interesaba demasiado. Tú viniste y me dijiste:

    –         ¿Sabes qué es esto?

    Yo nunca había visto una muñeca de madera tan gordita y graciosa. Yo era más de Barbies con cinturita de avispa.

    -         Es una muñeca rusa.

    Cuando eres un niño y te dicen eso piensas: “Así que esto es con lo que juegan las niñas en Rusia…”.

    -         Abre la primera y a ver qué te encuentras.

    Y eso hice. Abrí la primera y me encontré otra dentro. Y dentro de aquélla había otra más. Y así fui destripando muñecas hasta llegar a la última, la más diminuta. Quedé fascinada. “Ahora entiendo por qué los rusos son tan inteligentes”, te dije. Tu boca dibujó una sonrisa compasiva.

    Muchos años después, cuando salía de trabajar de la Agencia Efe, un compañero de la Universidad vino a buscarme y me dijo: “¿Vamos a ver ‘Las muñecas rusas’?”. Aquella película me recordó tanto a ti, a aquel juego…  Me encantó el símil que el protagonista hacía:

    Escena de 'Las muñecas rusas' (2005)

    Escena de ‘Las muñecas rusas’ (2005)

    “Recordé todas las chicas que había conocido, con las que me había acostado o las que sólo había deseado… Pensé que eran como muñecas rusas. Te pasas la vida entera jugando a eso. Te mueres por saber cuál será la última, la más diminuta, oculta dentro de todas las demás. No la puedes coger directamente, tienes que evolucionar. Hay que ir abriéndolas una tras otra, preguntándote cada vez: ¿Será ésta la última?” (‘Las muñecas rusas’, Cédric Klaplisch, 2005).

    Me diste algunas lecciones. Sé que no te dije demasiadas veces ‘te quiero’, pero sí sé que te lo dije la última vez que te vi. Aunque ahora ya no puedo hacerlo, quiero que sepas que nunca te olvidaré. Que siempre formarás parte de mi vida. No te dije adiós, pero es mejor así, porque algún día volveremos a encontrarnos, así que te digo mejor un hasta luego.

    Te quiero, primo.


  7. Turista en mi ciudad

    enero 28, 2013 by Ana López Guzmán

    ¿Dónde estoy? Extiendo el brazo derecho. Busco el extremo donde caen las sábanas, pero no lo encuentro. Esta cama es demasiado grande. “O tal vez esté demasiado vacía”, pienso. Hacía tanto tiempo que no dormía aquí que había olvidado lo cómoda que es y lo mucho que puedo estirarme, aun siendo pequeñita.

    Logro alcanzar el móvil. Quiero saber qué hora es, pero la pantalla me ciega. Es un complot para que no me despierte, estoy segura. Sólo son las ocho de la mañana. Entonces recuerdo algo sobre los números impares (para él, un 8 es impar). Hacía mucho que no tenía esta sensación, pero recuerdo perfectamente la última.

    Había cogido el primer autobús de la mañana rumbo a una ciudad desconocida. Mi compañero de viaje me hablaba de su hija y me ponía vídeos de Bob Esponja porque cometí error de contarle que me siento terriblemente identificada con él. Sí, sí, con Bob, pero ya te lo cuento en otra ocasión. Y cuando llegamos a nuestro destino, ale, cada uno por un lado. Volvimos a ser dos perfectos desconocidos.

    Miré en mi móvil los datos de la reserva. Sabía que el hotel no debía andar muy lejos, así que me puse a pasear por aquellas amplias avenidas, donde la gente va en bicicleta sin temor a ser arrollado, como ocurre en mi ciudad. Todo me parecía más bonito. Recuerdo que vi un árbol con hojas amarillas y no pude evitar pensar que era el árbol más hermoso que había visto nunca. Así soy yo cuando estoy fuera. Feliz y positiva cien por cien. Puede que incluso un poco más.

    Según llegué al hotel, identifiqué rápidamente el olor que me recibía, envolviéndome. “Huele a Donna Karan NY”, aseguré al chico que esperaba para atenderme con una sonrisa Profident incluida en su uniforme. “Yo usé ese perfume durante años. Me resulta tan familiar que es como si acabara de llegar a casa”, continué, como si a él le importase lo más mínimo. Yo y los olores. Los olores y el mundo…

    Me despedí con una sonrisa recíproca, contenta de tener las llaves en mi poder. Me sentía casi como Gollum con el anillo. Y ya que estaba, me despedí también del botones, cuyos servicios no necesitaba ya que mi equipaje era muy ligero. Sólo iba a estar allí dos días. Ni siquiera dos días enteros. Era demasiado poco, pero tal vez suficiente.

    La habitación del hotel en la tercera planta me pareció maravillosa. Ya sabéis, cuando uno está dispuesto a aprender y “a dejarse maravillar por todo lo que encuentre en su camino, la verdad no le será negada”. Eso decía Julia Roberts en esa peli de la que tanto te hablo en este humilde blog, ‘Come, reza, ama’.

    Me esperaba un largo día por delante y estaba cansada del viaje. Tenía el estómago vacío, pero ese instante era para mí. Llevaba escrito mi nombre con letras luminosas y destellos parpadeantes. Necesitaba tomarme un momento. Ese momento. No otro. “Parar el mundo”, ya sabes.

    Me di una ducha de esas que te saben a gloria y la alargué todo lo que pude, sintiendo mucha lástima por la escasez de agua que hay en el mundo, pero te prometo yo la necesitaba como si de un ritual de purificación de mi alma se tratase, si es que me quedaba algo de eso.

    Después me tumbé sobre la cama tras haber abierto la colcha. Sí, yo también he visto ‘CSI’ muchas veces… Entonces se me vinieron un montón de recuerdos a la mente. Todos querían ser el primero. Oía cómo decían: “Yo, yo, ¡primero yo!”, golpeándose con los codos. Pero había uno que era sin duda el que abanderaba esa montaña de pensamientos.

    Se trataba de una fotografía. Después de esas vinieron muchas más. Pero esta era especial. Era la que había desencadenado todo ese follón del viaje relámpago. Sin ella, esta historia no tendría lugar. Era un primer plano. Sonreía. ¡Sonreía muchísimo! Era imposible que escondiera algo malo.

    Habían pasado cinco años de aquello. Parecía una eternidad. De hecho, así lo había sentido en más de una ocasión, porque como dicen en ‘Alicia en el País de las Maravillas’, “para siempre a veces es sólo un segundo”, pero otras sucede justo lo contrario. No sé cuándo empezamos a hablar de rutas a mitad de camino o de viajes con billetes a la aventura. Yo deseaba con todas mis fuerzas ir a aquellos paisajes que veía en cada foto y que sellasen mi pasaporte en todas las páginas.

    Las cosas eran muy diferentes ahora, pero aún recuerdo el ruido infernal de aquella máquina que taladraba mis oídos y martilleaba mi mente. Prácticamente desnuda y muerta de frío, con los pies descalzos y sin poder moverme un milímetro. Odio las batas de los hospitales casi tanto como su comida o sus paredes deshabitadas.

    Y cada vez que tenían que meterme en esa máquina sentía una angustia terrible. Creo que en realidad fue ahí cuando me hice amiga de una tal Claustrofobia. No podía moverme. A veces sentía que si respiraba un poco más fuerte de lo normal, la resonancia saldría movida y tendríamos que repetir otra vez todo el proceso.

    Entonces yo me obligaba a hacer un ejercicio mental. Se trataba de un consejo que daban a los niños antes de entrar a la prueba en forma de póster con dibujitos. Y yo en estos casos, te lo aseguro, vuelvo a mi más tierna infancia. El póster en cuestión rezaba algo como: “Piensa en imágenes bellas”. Así que yo recordaba aquellas fotos. Y esos paisajes que yo aún no había visto y que no sabía si podría llegar a visitar alguna vez, se convirtieron en mi fortaleza. Me daban la paz que yo necesitaba para meterme en ese cacharro insoportable.

    Ahora la habitación también era blanca, pero no me daba miedo. Y había llegado a ella por mis propios medios (bueno, gracias al conductor del autobús). Tenía la vista recuperada del todo y podría pasarme el día entero caminando, pero no era eso lo que quería en ese momento. Quería disfrutar de esa soledad hacia la que huimos cuando nos lo pide el cuerpo. Porque sí, es una huida, porque es algo que haces corriendo, casi sin despedirte y porque, de no hacerlo, las cosas se torcerían.

    Cerré los ojos tumbada sobre aquella cama que era cómoda, pero no tanto como la mía, porque la cama de uno siempre es la mejor del mundo, porque está ya amoldada a nosotros y te fundes a ella como si de una prolongación de tu cuerpo se tratase.

    Recorrí de nuevo todos aquellos escenarios en los que nunca había estado. Esos recuerdos no debían pertenecerme, no los había protagonizado, pero él me había hecho partícipe voluntariamente. Me habían convertido, en definitiva, en una persona más fuerte.

    Aladdín y Jasmine en una escena de la película de Disney (1992)

    Aladdín y Jasmine en una escena de la película de Disney (1992)

    “Tienes una forma muy idealizada de ver las cosas”, me dijo. Y no era el primero. Sí, prefiero verlas de esa manera. Me crié viendo pelis Disney, ¿quién no espera un príncipe azul? El problema es cuando piensas que el príncipe azul es alguien perfecto, pero recordemos que Eric, por ejemplo, se iba a casar con Vanesa porque creía que ella era Ariel, cuando en realidad no era así, pero a ella no la quería porque era muda. Vamos, menudo superficial… Yo a ese no le quiero ni en pintura. Me gusta más Aladdín que es capaz de cualquier cosa por Jasmine, incluso de suplantar su propia identidad. Pero ella ya se había enamorado de él cuando se conocieron, cuando era pobre… Eso, amigo, sí que es amor… En fin, que me estoy desviando del tema.

    Los horizontes de mi mente se ampliaron como enormes olas… Lo vi todo muy claro. Es como en esas películas en las que un foco ilumina únicamente al protagonista. Yo había tomado una decisión: quería ser feliz. Quería ir a todos esos lugares con los que había soñado. Esta era la primera parada del viaje.

    Mi acompañante se hizo esperar. Llegó pasada la medianoche en un coche gris. O tal vez no era gris, pero yo lo recuerdo así. De hecho, en mi mente este recuerdo se tiñe de blanco y negro. Curioso, ¿verdad? Y llevaba un sombrero. Se lo puso cuando me vio, aún dentro del coche. Tal vez era su sombrero de la suerte.

    Nunca olvidaré su expresión al salir del coche. Me miraba como si no me conociera de nada, pero como si esa sensación fuera placentera a la vez. De vez en cuando me regalaba alguna sonrisa que salía del corazón. Era un poco fraternal, debo decir. Como si estuviera pensando: “¡Qué mona!”. Lo cierto es que esa sonrisa al principio me descolocaba un poco, pero terminamos haciendo buenas migas.

    Al día siguiente llegó la hora. Tenía que desenvolverlo. Aquel regalo llevaba meses esperando y venía de muy, muy lejos. Era de un material muy pesado y tenía algo tallado. Lo palpé con los ojos cerrados y vi que se trataba de un elefante. En realidad dos. Uno a cada extremo, y ambos cuerpos unidos por una pieza donde yo podría colocar mi incienso. Me encantó.

    El regalo

    El regalo

    Y en aquella ciudad perdida me sentí una habitante más. Ya no era un ‘turista en mi ciudad’, como tantas veces habíamos hablado. Sentía que formaba parte de ese momento, de esa vida. Había recuperado el control. Empezaba a ser yo… Otra vez.

    Y como todo viaje, tiene un punto final. Una despedida. Una estación, en este caso, como ya sabes, de autobús. “Tienes una carta en la puerta del copiloto”, le dije. No era una carta para hacer historia, pero era la primera escrita de mi puño y letra y eso amigo, en los tiempos que corren, para mí tiene valor. Y creo que él también supo dárselo.

    De vuelta a mi ciudad volví a sentirme una turista. Hubiera pagado por quedarme allí unos pocos días más, o tal vez para siempre, pero uno no puede retrasar sus asuntos pendientes demasiado tiempo. Hay que plantarles cara. Es como enfrentarte al malo en la última fase de un videojuego. Te da mucho respeto, pero lo haces. Las primeras veces pierdes, pero eso te motiva a seguir intentándolo y al final, el día que lo consigues, ¡zas! Se termina. ‘Game Over’.

    Eso me recuerda a lo que decía Rapunzel en ‘Enredados’: “¿Qué pasará si cuando vea las luces flotantes no son cómo yo las espero?”, se preguntaba. “Entonces tendrás que buscar otro sueño”.

    La vida está tejida de ilusiones. Si no tienes algo que te motive, te apagas. Necesitas esa fuerza que te empuje. Es lo que te hace salir de la cama de una forma o de otra completamente distinta. ¿Cuántas veces te has regañado por ver el vaso medio vacío? Los extremos nunca son buenos. Hay que tener los pies en el suelo, pero si nos ponemos de puntillas podemos acariciar el cielo. Tal vez el cosquilleo se quede dentro de ti. Eso es lo que yo llamo la ilusión por vivir.

    Aquí os dejo la canción de la que hablaba. ¡Feliz día! Se llama ‘You are a tourist’, de Death Cab for Cutie.

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  8. Sigue el camino de baldosas amarillas

    enero 17, 2013 by Ana López Guzmán

    Cuando éramos pequeñas, mi hermana era un poco trasto. La única forma de domar a la fierecilla era poniendo una peli en la tele, así que mi padre siempre nos traía los grandes éxitos del videoclub (¡Ay, Blockbuster, cuánto te echo de menos!). El caso es que gracias a ella o a mi padre o al del videoclub, me empapé de cine desde niña y me quedé con lo que para mí es lo mejor: la esencia de cada peli. Sus enseñanzas. Y es que de todas sacas algo, hasta de las más malas.

    'Regreso a Oz', (Walter Murch, 1985)

    ‘Regreso a Oz’, (Walter Murch, 1985)

    Un día mi padre apareció con ‘Regreso a Oz’, (Walter Murch, 1985), secuela de ‘El Mago de Oz’ (1939). Una peli que empiezo a pensar que sólo he visto yo (si me equivoco y tú la recuerdas, por favor, dímelo y formamos un club). En realidad poco tenía que ver con la primera. Era mucho más oscura y a veces daba bastante miedo, la verdad. Así de entrada, os diré que algunos de sus malvados protagonistas eran una princesa sin cabeza, unos rodadores que perseguían a Dorothy, un pantano de la muerte que te convertía en arena si lo pisabas y un rey gnomo con fobia a las gallinas.

    Sobre Oz había caído una especie de maldición que había convertido a todos sus habitantes en piedra. La misión de la heroína era devolverles a la vida. ¿Recordáis quiénes eran sus mejores amigos? Un Espantapájaros que deseaba tener cerebro, un León Miedica en busca de valor y un Hombre de Lata que quería un corazón para sentir.

    Yo no soy Dorothy ni tengo unos chapines de rubíes que me devuelvan a casa con tan sólo chasquear sus tacones tres veces mientras digo “No hay nada como estar en casa”, pero sí que tengo cosas en mi vida que son mágicas y personas por las que también me enfrentaría a un sinfín de peligros si su vida estuviera en juego. Y si tuviera que emprender un viaje a Oz, tengo claro quién se vendría conmigo.

    Uno de ellos es alguien a quien llamo cariñosamente Keru. Keru dice tener un corazón de madera, pero no es cierto. Tiene un corazón enorme, pero protegido por una coraza. Lo que no sabe es que las corazas de madera son más fáciles de tallar que las de piedra. Se pueden esculpir para hacer algo muy bello. Y si lo quieres, incluso puedes deshacerte de ellas y llegar hasta el final, donde habitan los sentimientos (incluidos aquellos que ya no crees ni tener).

    Un corazón que no vibra no está muerto. Sólo está congelado. Se trata de encontrar cosas que hagan que vuelva a manifestarse con todo su esplendor. Pero esas cosas llevan tiempo. ¡Ay! ¿A quién no le ha pasado? Y es que cuando uno sufre por amor, sus cicatrices sanan, pero dejan un recordatorio. Es como un papel arrugado: se puede volver a estirar, pero nunca volverá a ser lo mismo.

    Otro compañero sería un amigo que dice ser un pirata. Creo que es otra forma de reaccionar ante el desamor. Prefieres no entregarte a nadie. Tal vez, si acaso, a ratitos. En pequeñas dosis, ya sabes. Pero cualquier implicación encaminada a un compromiso haría que este pirata cogiera el primer barco que encontrase y se marchara huyendo lo más lejos posible. Mi amigo el pirata tenía otros motivos para lanzarse al mar. Quería vivir una aventura. Construir su propia historia. De hecho, si hubieran conocido a Keru-corazóndemadera, le hubiera dicho una de sus frases favoritas: “Sé el guionista de tu propia vida”.

    Así que de momento tenemos preparados para el viaje un corazón blindado y un alma libre que no quiere sentirse atada a ningún puerto. Mi tercer compañero a la tierra de Oz sería alguien a quien hice una promesa: enderezarle. Le guiaría hasta su camino de baldosas amarillas, pero sería una senda bien recta. Que fuera directa al castillo de la Ciudad Esmeralda sin desvíos ni entretenimientos. Ese sería sin duda El Camino. No sé qué necesitaría para conseguir que mi amigo no se perdiera en nuestra travesía, pero estoy segura de que con un poco de esfuerzo lo logaríamos. Juntos.

    Dorothy hacía su viaje con Toto, su perro. Las comparaciones son horrorosas y esta es aún más terrible, pero yo me llevaría a mi mejor amiga, que es el equivalente en confianza. Él no pedía nada al Gran Mago. De hecho, me parece un gesto un tanto grosero por parte de Dorothy no haber pensado en su pobre perro o no haber pedido nada para él. Quién sabe… A lo mejor ni se hubiera vuelto a Kansas. Lo que no sé es por qué él no hablaba si los animales podían hacerlo en Oz… El caso es que yo me llevaría a mi amiga para que el Gran Mago concediese alguno de sus deseos. Uno en concreto: el amor más grande, que es el que se merece.

    Y yo… ¿Qué pediría? Sólo ser feliz. Es cierto que han ocurrido muchas cosas malas con las que no contaba últimamente, pero he decidido no venirme abajo. Creo que siempre tienes opciones. Y yo me siento apoyadísima. Tengo mucha suerte. Me da igual dónde vaya a dar mi camino de baldosas amarillas porque sé que no estaré sola. Y que al final también me estará esperando algo tan resplandeciente como una esmeralda. Esa luz es mi motor y mi gente son mis compañeros de viaje, al igual que yo lo soy de los suyos.

    Voy a tomar ese último trago de Cola Cao con el trocito de chocolate que me has dado. Aquí no hay posos que mirar o interpretar. Tal vez tú puedas hacerlo en tu té rojo, ese que yo creo que me hace enfermar. O con tu don de mentalista puedas decirme lo que ves en mi castillo. No tengo miedo. Ya no. La cajita de música me relaja, tanto como las películas a mi hermana. Un regalo que siempre llevaré conmigo porque, como dice Keru, “toda buena historia merece tener una banda sonora”.

    Os dejo una canción de Miranda Warning que hace referencia, precisamente, a esta senda maravillosa de la tierra de Oz. Dentro de poco podremos ver la nueva versión que Sam Raimi ha hecho: ‘Oz, un mundo de fantasía’. ¡Qué ganas!

    'Oz, un mundo de fantasía', de Sam Raimi

    ‘Oz, un mundo de fantasía’, de Sam Raimi

    DESPIERTA (MIRANDA WARNING)             

    Ahora despierta
    Tu noche se acaba ya
    No quieres abandonar
    Dejar ese sueño atrás
    Sin duendes ni hadas
    Sin senda al País de Oz
    Mejor si es de tu color, tu mundo, tu creación 

    Nada es igual a la luz del día
    en sueños saldrás fuera de mi vida

    Escondes tu miedo a salvo en tu oscuridad
    detrás de tu máscara no ves que yo soy real

    Y no tienes el valor,
    el valor
    de mirarme frente a frente,
    de romper tu escudo en dos

    Ahora despierta, tu noche se acaba ya
    es hora de abandonar, dejar ese sueño atrás

    Nada es igual a la luz del día
    en sueños saldrás fuera de mi vida

    Y no tienes el valor,
    el valor
    de mirarme frente a frente,
    de romper tu escudo en dos

    Que lo frágil se hace fuerte, 
    ten valor 
    porque el tiempo también pasa en tu reloj, pasa en tu reloj…

    Y no tienes el valor,
    el valor
    de mirarme frente a frente,
    de romper tu escudo en dos


  9. Desvelados en Madrid

    enero 14, 2013 by Ana López Guzmán

    Cuando me dijo: “Meet me in the observatory”, lo confieso, me quedé en blanco. No porque no entendiera la frase, sino porque no me la esperaba en inglés. Estábamos jugando a adivinar de qué película eran las citas que se nos venían a la cabeza.

    –     ¡‘Sleepless in Seattle’!

    –     No caigo…

    –    ¡‘Algo para recordar’, Ani!

    Annie (Meg Ryan) es precisamente como se llamaba la protagonista de la cinta (‘Algo para recordar’,  Nora Ephron , 1993) quien, por cierto, también era periodista. En los créditos sonaba ‘As time goes by’, el tema de ‘Casablanca’. Supongo que es una de esas veces en las que estás viendo una peli y te empeñas en encontrar similitudes con tu vida. Deseas sentirte reflejado con el protagonista, tal vez porque sabes que habrá un final feliz y eso es lo que estás buscando.

    Así que anoche me puse a verla. Quise sentirme reflejada con Annie, pero también con Sam (Tom Hanks). O tal vez simplemente ocurrió sin darme cuenta. Fue cuando el ‘Desvelado de Seattle’ decía por teléfono a la presentadora de un programa de radio cómo se iba a plantear la vida:

    “Pues voy a levantarme cada mañana y respirar durante todo el día, y dentro de un tiempo, no tendré que recordarme que me tengo que levantar cada mañana y respirar. Y dentro de un tiempo, ya no tendré que pensar que hubo una época maravillosa y perfecta…”.

    Tom Hanks y Meg Ryan en 'Algo para recordar' (1993)

    Tom Hanks y Meg Ryan en ‘Algo para recordar’ (1993)

    Y es que un día estás llorando porque alguien se marcha de tu vida, y al poco tiempo eres tú quien está recogiendo sus cosas para empezar de cero… Otra vez. Os aseguro que es agotador y que muchas veces entran ganas de rendirse. Pero si Pi convivió con un tigre en una balsa y sobrevivió, ¿qué no podré hacer yo? (‘La vida de Pi’, Ang Lee, 2012).

    Entonces tu gente, tus amigos, tu familia, tus compañeros de trabajo, te escriben y te dicen que intentes ser positivo. Que todo ocurre por algo. Que tal vez esto ha pasado porque te espera otra cosa mejor. Y tú quieres pensar que todo eso no son frases hechas. Que tienen razón. Se te viene a la mente el libro de ‘El secreto’ que te estabas leyendo como calentamiento a un cambio que sabías que se avecinaba, pero que llega antes de lo previsto, y tú casi sin arreglar.

    Está claro que las cosas suceden cuando menos te las esperas y que por muy preparado que quieras estar, nunca lo estás del todo. Pero ya no hay vuelta atrás. Ya sabéis: “Decisión tomada, decisión acertada”. En este caso no era una decisión tomada por mí, pero sí podía optar por hundirme o por seguir adelante, y yo elegí lo segundo.

    –      Haz una lista. Después reorganízala. Prioriza.

    Es un buen consejo. Total, ¿quién no tiene un montón de cosas que hacer? Abrí un nuevo documento de Word y empecé a escribir todas las cosas que quería hacer profesional y personalmente. Y me di cuenta de que podría haber puesto un montón de cosas más, pero las más importantes ya estaban ahí.

    “Sí, sí… Seguir adelante. Eso es lo que haré. Y dentro de unos meses… ¡Boom! Me crecerá otro corazón… Verás, no suele ocurrir dos veces”, explicaba Sam en la película. Pero supongo que tenemos la capacidad de reconstruirnos por más palos que nos dé la vida. Supongo que debemos huir de ciertos pensamientos, como: “Se me ha juntado todo. A veces parece que el Universo conspira contra mí”. Pues sí, lo parece, pero ese pensamiento no te llevará a buen puerto, seguro.

    Y estás despierta a las dos de la mañana hablando de la película. Entonces otro desvelado te dice que tienes que dejar de ver esas pelis. “Son cosas irreales”, te asegura. Pero no es cierto. Nadie quiere un irreal. Quieres una historia de cine con un final ‘made in Hollywood’, pero para que eso ocurra, el principio de cada historia también tiene que ser de película. ¿No crees?

    Entonces te decides a ir al hospital. Estás hecha un asco. Ya sólo salir de la cama te ha costado un mundo, pero merece la pena vestir la mejor de tus sonrisas si es para cuidar de alguien que te importa mucho más que todo lo demás. Y encima lo haces con refuerzos. ¿Quién no puede superar una situación dolorosa contando con el apoyo de quienes te lo ofrecen sin pedir ni una sola cosa a cambio?

    “Hay mucho de lo que hablas ahí fuera”, me dice. “Pero ya no te lo crees”. Supongo que es otra elección que he tomado. No creérmelo. Pero sí, es mi decisión. Al menos por ahora. El tiempo me quitará la razón. Estoy segura. Pi no perdió la esperanza. ¿Por qué debería hacerlo yo?

    Escena de la película 'La vida de Pi' (Ang Lee, 2012)

    Escena de la película ‘La vida de Pi’ (Ang Lee, 2012)

    –     Tienes que volver a escribir. Es lo que te mantendrá viva.

    Esa siempre fue mi vía de escape. Cogeré ese libro incompleto y le daré el final que se merece. Y haré lo mismo con estos posts. “El blog debe continuar”. Y también lo haré con mi vida. “El invierno debe ser muy frío para aquellos que no tienen cálidos recuerdos”, decía la película. Y yo los tengo.

    ¿Sabes? En el momento de tu despedida sonaba una canción en la radio. Es curioso cómo recordamos ese tipo de cosas. Era la misma que habíamos destripado intentando entender. Y creo que en el fondo no era tan difícil, pero es que a veces lo complicamos todo. ¡Con lo fácil que es vivir!

    Distingue cuál es la mano que te ayuda a levantarte, y cuál la que te empuja hacia el suelo. Elige de qué genero quieres que sea la película de tu vida. Sam cogía la mano de Meg Ryan. Mientras lo hacía, decía: “Annie, es hora de irnos”.

    PD. Dedico esta canción a Elo, mi alma y mi suerte. Gracias por estar ahí siempre y por descubrirme este tema y el valor de la palabra amistad. El mundo ring, ring, despertó. ¿Jugamos? También se la dedico a todos mis compañeros del trabajo (siempre al pie del cañón y muy en especial a mis compis de isleta, Berta y Mary, y un poco más allá, Jorge, Mary Joe y Rosana), a Ilsa, a Uve y, cómo no, a Fluffy.

    No me compares (Alejandro Sanz)

    Ahora que crujen las patas de la mecedora
    Y hay nieve en el televisor
    Ahora que llueve en la sala y se apagan
    Las velas de un cielo que me iluminó

    Ahora que corren los lentos derramando trova
    y el mundo, ring, ring, despertó
    Ahora que truena un silencio feroz
    Ahora nos entra la tos.

    Ahora que hallamos el tiempo
    Podemos mirarnos detrás del rencor
    Ahora te enseño de dónde vengo
    Y las piezas rotas del motor
    Ahora que encuentro mi puerto
    Ahora me encuentro tu duda feroz
    Ahora te enseño de dónde vengo
    Y de qué tengo hecho el corazón.

    Vengo del aire
    Que te secaba a ti la piel, mi amor
    Soy de la calle,
    Donde te lo encontraste a él
    No me compares
    Bajé a la tierra en un pincel por ti
    Imperdonable,
    Que yo no me parezco a él…
    Ni a él, ni a nadie…

    Ahora que saltan los gatos
    Buscando las sobras, maúllas la triste canción
    Ahora que tú te has ‘quedao’ sin palabras
    Comparas, comparas, con tanta pasión.

    Ahora podemos mirarnos
    Sin miedo al reflejo en el retrovisor
    Ahora te enseño de dónde vengo
    Y las heridas que me dejó el amor
    Ahora no quiero aspavientos
    Tan sólo una charla tranquila entre nos.
    Si quieres te cuento por qué te quiero
    Y si quieres cuento por qué no.

    Que alguien me seque de tu piel, mi amor
    Que nos desclaven
    Y que te borren de mi sien
    Que no me hables
    Que alguien me seque de tu piel, mi amor
    Que nos desclaven
    Yo soy tu alma, tú eres mi aire…

    Que nos separen, si es que pueden
    Que nos separen, que lo intenten
    Que nos separen, que lo intenten
    Yo soy tu alma y tú mi suerte
    Que nos separen, si es que pueden
    Que nos desclaven, que lo intenten
    Que nos separen, que lo intenten
    Yo soy tu alma y tú mi suerte…


  10. Si crees y quieres, entonces puedes

    diciembre 30, 2012 by Ana López Guzmán

    Cuando era pequeña me tocó con la revista SuperPop una tarjeta para tomar decisiones. Tenías que poner el dedo encima y, según el color que te saliese, el consejo era uno u otro. El caso es que a mí siempre me decía lo mismo: “Ideal, ¡lánzate!”. Creo que en parte eso era positivo porque me animaba a hacer cosas. Además, si salía mal, siempre podía culpar a la tarjeta.

    Tom Hanks en una escena de la película 'Big' (1988)

    Tom Hanks en una escena de la película ‘Big’ (1988)

    Algo parecido le ocurría a Tom Hanks en ‘Big’ (Penny Marshall, 1988) con su bola de ‘El ocho’. Esa que según la agitas te da también un consejo. Para la suerte del protagonista, el resultado no siempre era el mismo. Creo que con cosas como éstas te ayudas a ti mismo a justificar las decisiones que ya has tomado, pero… ¿A quién no le viene mal un refuerzo positivo?

    El caso es que el año pasado estaba trabajando con mi prima en Brighton y me acerqué un día a su mesa para charlar con ella. Entonces vi que tenía una bola de ‘El ocho’ exactamente igual que la de ‘Big’. Quise saber cómo la había conseguido, pero para mi desgracia se la había regalado su amigo invisible. ¿Cómo iba a enterarme de cómo hacerme con una?

    –         Pregúntale al italiano.

    –         ¿Te la ha regalado él?

    –         Bueno, cuando abrí el regalo no paraba de preguntar si me había gustado…

    –         Me temo que tu amigo invisible es bastante visible…

    El caso es que moví cielo y tierra para descubrir que vendían la bola en Amazon. Imaginaos. Toda mi vida mirando en cada tienda, preguntando a la gente… Y no se me había ocurrido mirar en Internet. O supongo que hacerlo hubiera hecho que se perdiera parte del encanto de encontrar algo que llevaba tanto tiempo esperando. Os aseguro que el día que la recibí fue uno de los que he vivido con mayor ilusión.

    Supongo que es lo que ocurre cuando deseas algo con muchísima fuerza. Cuando estás seguro de que va a llegar. El problema es que hay cosas que nunca sabes si pasarán y por el camino te entretienes. Lo mejor es no perder el tiempo porque al fin y al cabo sólo tenemos una vida.

    Ahora ya tengo mi bola. Simplemente me gusta hacer preguntas sin demasiada trascendencia, agitarla y ver lo que sale porque tiene el don de decirme siempre que haga lo contrario a lo que quiero hacer. Tal vez debería empezar a hacer caso a ese cacharrito… Y es que tengo la sensación de que por más que llegue puntual a todas mis citas, siempre llego tarde a las más importantes.

    Al final todo es elegir un camino, coger carrerilla y seguir adelante. Lo mejor es no plantearte si estás haciendo lo correcto. No dudar. Y eso es algo que he aprendido últimamente de algunas personas que ven la luz y la siguen firmemente. No hay vuelta atrás.

    A mí me cuesta ser así, pero también me cuesta mucho pasar del todo al nada. Si lo doy todo, lo doy con todas las consecuencias. Y no me importa equivocarme, porque forma parte de la vida. Entonces un día cancelas todas tus citas. Pones tu vida del revés. Te llevas la contraria, sólo por intentar algo diferente. Porque piensas que tal vez así aciertes.

    Te encuentras con unas escaleras y decides subir. No te cansas porque tienes la motivación de descubrir qué encontrarás al final. Y ahí está. Todo es paz y tranquilidad. Te animas a disfrutar del paisaje. Tocas lo que te encuentras. Quieres sentirlo. Estás decidiendo vivir.

    Y pasas allí un tiempo. Te pierdes porque quieres hacerlo. Darías lo que fuera porque nadie te encontrase. Entonces caes en un sueño muy profundo. Has colmado tus ansias de conocimiento. Has resuelto tus dudas y ahora lo ves todo un poquito más claro. Te has ganado ese descanso. ¡Lo necesitabas tanto!

    Pero nadie puede permanecer allí eternamente. La vida continúa abajo, pero tú quieres quedarte. O tal vez no. Tal vez sea mejor seguir con tu decisión. ¡Somos tan cabezotas! Y en vez de coger las escaleras, tomas la vía rápida, y de un salto vuelves al punto donde lo dejaste.

    Ahora todo es distinto porque tienes un nuevo recuerdo. Sigues adelante, pero teniendo en mente que hay un lugar donde uno puede sentirse vivo. El lugar de la luz. Es un sitio donde no existía el miedo. Donde podías relajarte sin pararte a pensar.

    Sería absurdo cerrar esa puerta. La vida no se acaba donde empieza una nueva. Sólo son caminos diferentes. Y es bueno saber que siempre hay vías alternativas. E incluso si lo necesitas, un camino de vuelta.

    Estoy en mi jardín y me veo reflejada en el agua. Juego con ella con los dedos. Hago dibujos. Está fría, pero eso me gusta. He decidido quedarme ahí un poco más. Es pronto para volver a mi punto. Quiero seguir sintiendo esa tranquilidad y que nadie me baje de golpe y porrazo. No valgo para eso. Nunca me gustaron demasiado los cambios.

    Me seguiré preguntando si tú que me lees también querrás pasarte por aquí. Escuchar las cosas que digo. Pararte a pensar en lo que te cuento cuando abro la boca y no puedo callar. Si escucharás tu melodía, tu banda sonora. Si te perderás en los folios de una historia mágica o si te dormirás viendo tu película favorita.

    Dustin Hoffman en 'Hook' (1991)

    Dustin Hoffman en ‘Hook’ (1991)

    No hay caminos equivocados ni decisiones incorrectas porque hay puertas que no se cierran ni momentos que nunca olvidaremos. Son los que nos hacen fuertes. Son los que te dan alas. Da palmadas fuertes, como decían en ‘Hook’ (Steven Spielberg, 1991). Si crees, entonces puedes.

    PD. Dedico esta canción de Luis Ramiro a todos los que estáis empezando de cero. Ese amor sin estrenar puedes ser tú mismo. Párate a pensar en ello ;)

    Un amor sin estrenar (Luis Ramiro)

    Ahora que te vas y estoy por fin soltero lo voy a celebrar
    me visto de guerrero, primero iré a cenar
    Apunte, camarero, de entrantes me da igual
    de postre quiero el mundo entero
    Te vas y te juro que no estoy tan mal
    aunque quizás, si digo la verdad,
    tendría que afrontar al triste evidencia
    y decir que nuestros cuerpos encajaban igual
    que dos piezas de Tetris lanzadas al azar
    entre millones de seres de toda la ciudad
    Pero es el momento de empezarte a olvidar…

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    Lo hecho, hecho está
    Me merezco un amor sin estrenar…

    Ahora que te vas y estoy por fin soltero
    me voy a concentrar, mejor me desconecto,
    Me empeño en escalar el muro de tu Facebook
    No voy a estrellarme en el abismo de los celos
    Venga, ya está, hoy quemaré los bares,
    hoy voy a disparar frases antitanque
    Tengo que ligar para que te me pases,
    bórrate de mi mente con una chica puente
    Es el momento de empezarte a olvidar…

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    lo hecho, hecho está, me merezco un amor sin estrenar

    Ya me he dado cuenta de que el tiempo no para
    y hay que subirse en marcha en el primer vagón
    ya me he dado cuenta de que el tiempo no regresa, corazón

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    Basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    lo hecho, hecho está, me merezco un amor sin estrenar…

    Sin estrenar…

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