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‘Histórica’ Category

  1. Todos somos como Jenny Lee

    marzo 8, 2013 by Ana López Guzmán

    Cuando llegas nuevo a un sitio siempre es difícil arrancar. El mundo te parece un lugar desconocido. Es como si todos tuvieran muy claro dónde van y sólo tú fueras caminando asustado, intentando avanzar sin tener muy claro dónde te llevan tus pasos.

    Yo he tenido esa sensación muchas veces cuando viajaba sola por trabajo al extranjero o cuando comenzaba en una empresa nueva. Parece que todo el mundo llevara allí toda la vida (puede que así sea), así que tú tienes que ponerte las pilas, conocer a los compañeros, dominar en poco tiempo tu nuevo empleo… Resulta emocionante, ¿no crees?

    Hoy tuve la suerte de visitar la sede de Telecinco donde estuve trabajado hace ya bastante tiempo. Era como volver a casa. Algunas cosas habían cambiado, pero en parte tenía la sensación de no haberme ido nunca de allí. Dicen que es mejor no volver allá donde fuiste feliz, pero en este caso no me arrepiento para nada.

    Una vez allí, asistí al visionado de los dos primeros capítulos de la serie ‘Llama a la comadrona’ (estreno el domingo). Poco tardamos los bloggeros invitados en crear el hashtag en Twitter #LlamaALaComadrona, un éxito de la BBC inspirado en las memorias de Jennifer Worth.

    'Llama a la comadrona'

    ‘Llama a la comadrona’

    Cuando Jenny Lee (Jessica Raine) llega al East End de principios de los años 50, se da cuenta de lo equivocada que estaba respecto a la vida. Pasa de vivir en una familia acomodada en París al barrio más deprimente de Londres, donde se entrega en cuerpo y alma a salvar la vida de muchas mujeres y bebés que intentan llegar a este mundo en las condiciones más lamentables.

    Entonces ves estas cosas y piensas que realmente ocurrían y que, lamentablemente, siguen ocurriendo. Te sientes fatal. Piensas cómo alguien puede dar a luz a un niño en unas condiciones tan pobres. Se te encoge el corazón. Te paras a valorar lo que tienes y a dar gracias por esas cosas que muchas veces se te olvidan. Es una de esas series que te tocan la fibra y quieres saber más.

    Cuando Jenny Lee llega al convento Nonnatus House, donde empieza a trabajar como comadrona, siente esa sensación de la que hablaba antes. Es como si fuera la única pieza del rompecabezas que no encaja, pero se hace fuerte. Es una heroína, como ella misma dice de sus compañeras de profesión en la serie.

    Los cambios son estimulantes y creo que te obligan a sacar lo mejor de ti mismo. Pones todo tu empeño en encajar, en aprender, en sentir que perteneces a algo (al menos así me siento yo). Otros cambios nos dan miedo porque siempre “asusta” salir de tu círculo de seguridad, pero si no arriesgas puede que no pierdas, pero seguro que no ganarás nada.

    Y en ese ir y venir te vas cruzando con gente. Hablas con ellos, te implicas en sus vidas y ellos en la tuya. Compartes sentimientos, pensamientos, sensaciones… Y un día te das cuenta de que hay quien tiene más miedo que tú. Mal de muchos… Ya se sabe, pero en parte alivia saber que hasta quien parece más fuerte tiene sus debilidades.

    Creo que uno de los miedos más poderosos es el miedo a querer a alguien. ¿Sorprendido? Digo poderoso porque es uno de los más extendidos. Si lo piensas fríamente es absurdo porque, ¿qué hay de malo en amar o ser amado? Sin embargo no veo más que corazas a mi alrededor y eso me provoca mucha tristeza. Pero como le decía a una de las lectoras del blog el otro día, todas las murallas se pueden romper… Si tú quieres.

    No hay fórmulas mágicas. Pienso que la clave es no meterte presión, darte tu tiempo. La vida es un continuo cambio y estás preparado para todo, aunque creas que no. Otra cosa es que ese cambio no te guste, pero si te sientes bien es mejor olvidarte del miedo, dejarte llevar y pensar lo menos posible.

    Hay muchas Jenny Lee en la vida. Muchas heroínas y muchos héroes. Tienes la capacidad de reinventarte. Tómatelo como un reto, como un juego. Míralo siempre desde todas las perspectivas. No hay nadie demasiado bueno para ti, ni tampoco demasiado malo. Da oportunidades. Más de una vez te sorprenderás. Estoy segura.

    Dedico este post a mis ex compañeras de prensa de Telecinco. A los cracks de #BirraSeries. Gracias a Paolo Vasile por habernos concedido su tiempo y atención. Y cómo no, a todos los bloggers. También a Arantxa, que fue mi compi de batallas, y a Jesús y los chicos de ‘Ana Rosa’.


  2. Cuando no salen las cuentas

    agosto 13, 2012 by Ana López Guzmán

    Hace tiempo creé un blog. Fue allá por el 2004. Durante seis años escribí la historia de mi vida en aquellas “páginas”. Pero tener un blog puede darte algunos problemas. Escribir sobre los profesores de la Universidad me dio cierta fama entre el alumnado durante mi época de estudiante de Periodismo, pero no me gustó porque se estaba utilizando algo que yo había escrito de la forma más natural del mundo para hacerme daño directa o indirectamente. Fue la primera lección: Ana, cómprate un diario.

    El motivo por el que decidí no sólo dejar de escribir en él, sino borrarlo, fue porque me daba más problemas que otra cosa. Cada vez que alguien quería saber algo de mí se estudiaba mis posts de arriba abajo y eso me incomodaba. Es más, era un blog en el que nunca decía nombres. Por tanto, muchas personas se preguntaban de quién estaría hablando, en especial cuando estaba triste, enfadada o dolida por algo. Sin embargo, me arrepiento de haber dado a aquel botón de “eliminar”. Y a veces pienso que todo sería más fácil en la vida si tuviéramos botones para borrar algunas cosas, para reiniciar otras o para suspenderlas hasta dar con una solución. Pero no lo es. La vida es algo más complicada.

    Sin embargo, cuando te gusta escribir, cuando se convierte en tu vía de desahogo, sigues con el “mono”. Necesitas plasmar todo lo que piensas o sientes de alguna manera. Por eso, el día que nuestro director nos propuso crear un blog en ‘Cuore’ no lo dudé. Y como yo siempre he utilizado las películas o las series para explicar situaciones, pensé que no había nada mejor que unir las dos cosas: el cine con todos esos pensamientos que estaban paseándose libremente por mi cabeza.

    El problema del escritor, del periodista o del blogger, es que a veces no está inspirado. Ese canal de comunicación se bloquea y entonces no logras sacar todo lo que tienes dentro, o al menos no de la forma en que a ti te gustaría. No quedas satisfecho. Creo que en esos momentos debes tomarte un descanso antes de volver a retomar el lápiz y el papel o en este caso, el teclado y la pantalla.

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    No es que ahora me sienta más inspirada, pero sí estoy preparada para hablar de las cosas que me han tenido apartada del blog durante algún tiempo. Hay momentos en nuestra vida que nos abruman. Es como si estuviéramos atados en una silla de pies y manos. Intentamos soltarnos, pero no podemos. Pedimos ayuda a otros, pero somos nosotros quienes debemos desatarnos. Liberarnos de todo aquello que no nos deja respirar. Y cuando lo hacemos, sentimos un gran alivio. Es una sensación de libertad.

    Pero para que todo eso ocurra, es decir, para vivir todo ese proceso interior que nos permita sacar lo malo que llevamos dentro, es necesario dejarse apoyar. Es obvio que nadie va a resolver tus problemas, pero es importante valorar lo que tienes a tu alrededor y empezar a sopesar las cosas. A verlas con perspectiva, como ya he dicho otras veces en este blog. ¿Sabes? No estamos solos. Incluso cuando crees que lo estás, cuando te empeñas en pensar que es así, tampoco es cierto. Siempre hay alguien dispuesto a sacarte una sonrisa.

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Hace poco estuve viendo ‘Kate and Leopold’ (2001, James Mangold). Ya la había visto otras veces. Es una peli protagonizada por Hugh Jackman y Meg Ryan. Sí, una comedia romántica, pero que guarda muchas verdades. Ella es una mujer que lleva toda la vida trabajando. No ha tenido tiempo para salir de la ciudad en diez años. Lucha por liderar una empresa de estudios de mercado y al final lo consigue. Pero entonces, cuando tiene todo aquello por lo que ha invertido tanto tiempo, ganas e ilusión, se da cuenta de que lo que quiere es otra cosa. Quiere disfrutar del sabor de las cosas. Despertarse abrazada a un hombre que la quiera y proteja. Que ofrezca seguridad y apoyo. Quiere dormirse abrazada a su cuerpo mientras escucha la melodía de ‘Desayuno con diamantes’ que el vecino pone cada noche en su tocadiscos y que apaga puntualmente a las doce. Y para darse cuenta de que eso es lo que quiere tiene que venir una persona del pasado que logra que ella vea que hay vida más allá de una Blackberry o el puesto de directiva de una empresa internacional.

    Al final lo que importa, lo que nos hace felices, son las cosas más sencillas. Las que a veces olvidamos. Como ir conduciendo y poder valorar el precioso atardecer que tienes frente a ti (y que no te deja ver la carretera). O como pasar una tarde con tu amiga sin hacer nada más que hablar. O ver las olas llegar a la orilla para luego retirarse silenciosas. O cerrar los ojos y sólo escuchar el silencio. Alguien me enseñó que la vida son eso, “momentos”. Pero esa misma persona olvidó el resto de las cosas que había que poner en la balanza para que estuviera equilibrada porque lo que no se cuida se desgasta.

    Para despedirme os dejo una canción de Leiva, que hacía mucho. Se llama ‘Las cuentas’. Si quieres que éstas te salgan, entonces tendrás que poner algo de tu parte porque regodearte en el placer del dolor es la peor manera de salir adelante. Toca fondo si es necesario, pero que sólo sirva para coger más impulso para salir de tu agujero y seguir luchando, que la vida es demasiado corta como para malgastarla invirtiendo esfuerzo, energía e ilusiones en cosas materiales o superficiales que no te darán la verdadera felicidad.

    Las cuentas (Leiva)

    Ya sólo quedan los demonios,
    la propina y los escombros.
    Caemos como plumas,
    olemos el fondo
    y nos quedamos cortos.

    Es tiempo de autodestrucción,
    de disparar sin adornos,
    prenderé fuego al colchón,
    que reventó nuestros otoños.

    Porque no existen tumbas de dos,
    porque el adiós se siente en vena,
    amamos lo que perdimos,
    queremos lo que envenena
    y así nunca nos salen las cuentas.

    Ya no nos saca nadie a hombros,
    la vanidad, los dobles fondos,
    quemamos las alturas,
    besamos el polvo
    y nos calamos hondo.

    Es tiempo de autodestrucción,
    de rematar sin adornos,
    me agarré a la inspiración,
    que me dejó nuestros demonios.

    Porque no existen tumbas de dos,
    porque el adiós se siente en vena,
    amamos lo que perdimos,
    queremos lo que envenena
    y así nunca nos salen las cuentas.

    También os dejo dos vídeos:

    El tráiler de ‘Kate and Leopold’: Imagen de previsualización de YouTube

    Y una escena que me gusta mucho, aunque está en inglés. Es un monólog de Liev Schreiber que interpreta al ex de Meg Ryan, la persona que encuentra la grieta en el tiempo que permite que Leopold llegue al presente y conozca a Kate. El hombre que se siente como aquel perro que vio un arcoiris: Imagen de previsualización de YouTube

    “I know, I know,it sounds crazy
    talking about… finding a crack in time under the East River.
    But in, in point,
    in point fact, Gretchen
    you know…
    it is no more crazy than, uh, a dog finding a rainbow.
    Dogs are color-blind, Gretchen. They don’t see color.

    Really?

    Just like we can’t see time.
    We can feel it.
    Oh… we can feel it passing but, we can’t see it;
    it’s just a blur.
    It’s like, …it’s like we’re riding in a, in a supersonic train
    and the world is just blowing by.
    But imagine if we could stop that train, Gretchen. Hmm?
    lmagine if we could stop that train get out, look around
    and see time for what it really is.
    A universe, a world a thing as unimaginable
    as color to a dog.
    And as real and tangible
    as that chair you’re sitting in.
    Now, if we could see it like that
    I mean, really look at it
    then… maybe we could see
    the flaws as well as the form.

    And that’s it.
    It’s that simple.
    That’s all I discovered.

    I’m just a…
    just a guy who saw a crack in a chair
    that no one else could see.

    I’m that dog who saw a rainbow“.


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