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‘Drama’ Category

  1. Un universo de series para ver este otoño

    octubre 23, 2015 by Ana López Guzmán

    En un momento en el que todos veis ‘Juego de tronos’, ‘House of cards’ o ‘True detective’, voy a hablar de otras series que a lo mejor no son tan seguidas como éstas, pero a mí me han enganchado por una cosa o por otra. Ya sabéis que siempre le busco tres pies al gato o la forma de aprender algo de cada cosa que veo en la pantalla grande o en la pequeña que pueda aplicar a mi vida personal… Pues a ello voy y así entenderéis por qué cada noche me planteo la misma pregunta: ¿Hoy qué vemos?

    1. Empezaré por ‘Arrow’. Voy por la cuarta temporada, que se está emitiendo ahora. Empecé a verla por recomendación de mi madre. “Es sobre un justiciero con muy mala leche, pero el chico tiene sus motivos”, me decía. En fin, ¿quién no tiene una black list? Ya en el instituto jugaba con mi amiga Beatriz al: “Si pudieras desterrar a tres personas de tu vida, ¿quiénes serían?”. Y eso que me tengo por una persona tranquila y civilizada. Lo cierto es que yo nunca cogí un arco y me puse a tirar flechas a nadie, pero me hubiera gustado, así que no soy tan diferente a Oliver Queen, ¿no?… Según avanza la serie, va cambiando su causa, que no está mal. Si tú también le has fallado a esta ciudad (se me pone la piel de gallina cada vez que dice esa frase), échale un vistazo.

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    2. De ‘Arrow’ nació el spin-off ‘The Flash’. ¿Qué deciros? Me encanta Barry. Es como Peter Parker, te inspira ternura porque es un chico normal con un don especial: corre más rápido que nadie. Al principio yo me preguntaba cómo iba a ayudar a tanta gente simplemente por ser rápido, pero puede incluso detener un tsunami si se lo propone…  Y entre que salva a unos y otros tiene tiempo para ir descifrando cabos sueltos de su pasado. Personalmente opino que está enamorado de una petarda y que le iría mucho mejor con Felicity (de ‘Arrow’), pero Felicity ya está cogida, como le advierte Oliver Queen a Barry… ¡Ay, l’amore! ¡Cómo gustan los triángulos amorosos en las series!

    3. Y hablando de triángulos, mi favorito es el de ‘Crónicas Vampíricas’. Esta me la recomendaba mi amiga Berta: “¡Cómo puedes vivir sin verla!”, me reñía. Y mira por dónde tenía razón… Va por la séptima temporada. Yo me las he visto todas este año del tirón. Ya sabes, uno de esos momentos en los que te das cuenta de que estás enganchado porque puedes verte cinco episodios seguidos, pero quieres más y más… Mis personajes favoritos son Damon y Caroline, que no son pareja, y espero que no lo sean nunca. Damon es hermano de Stefan, y ambos están enamorados de Elena durante muchas temporadas. Y ella se debate constantemente entre uno y otro hasta que al final se decide… No os diré por quién por si os decidís a verla desde el primer capítulo como hice yo.

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    4. La última en llegar a mi salón ha sido ‘Suits’. Me gusta porque no es la típica serie de abogados. Ves la evolución de los personajes y te toca la fibra sensible. Como sólo llevo seis episodios no puedo contar mucho más, salvo que uno de los protas salía en una peli de la que os hablé hace un tiempo, ‘¡Porque lo digo yo!’ (Michael Lehmann, 2007). Su personaje era completamente distinto al de la serie, pero ambos me encantan.

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    5. Cuando te pasas meses escuchando hablar a tus compañeras de quién es A, al final te pica la curiosidad y terminas viendo ‘Pequeñas mentirosas’ (gracias de nuevo a Berta y también a Pau). ¿Lo malo? Es una de esas series que deseas que terminen de una vez para descubrir quién es el malo, pero a la vez que no quieres que se acabe nunca… Mi favorita es Hannah. También tuvo su spin-off, ‘Ravenswood’, que protagonizó precisamente Caleb, el novio de Hannah, pero tras la primera temporada se canceló.

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    6. ¿Te has planteado alguna vez qué pasaría si de pronto todos los animales tomaran conciencia y empezaran a vengarse de los humanos con el propósito de exterminarlos? Pues es lo que ocurre en la serie ‘Zoo’. Advertencia: no querrás ir a un safari, ni al zoológico nunca más. A James Wolk, que interpreta a Jackson Oz alias ‘Rafiki’, le vimos en ‘The crazy ones’, una comedia sobre publicistas que protagonizaban mi querida Sarah Michelle Gellar (‘Buffy cazavampiros’) junto al gran Robin Williams, que en paz descanse :(

    First Blood

    7. Y ya que hablamos de animales, me he planteado muchas veces qué pasaría si ellos también se convirtieran en zombies en ‘The walking dead’. Pero de momento, parece que sólo corren peligro los humanos. Para mí, el mejor es Daryl, que puede ir tranquilamente en moto sin que los zombies le tosan. ¡Qué tío más grande! Reconozco que esta serie me ha hecho plantearme muchas cosas. Cada vez que me doy una ducha, pienso en lo afortunada que soy, jeje… Y también estoy montando mi kit de supervivencia zombie (por si acaso). Le pedí a Nacho que me regalara una katana por nuestro aniversario, pero no lo hizo… Ya se lamentará si nos encontramos a algún caminante en el descansillo…

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    8. ‘Fear the walking dead’ muestra cómo empezó todo este rollo de los muertos vivientes, desde la perspectiva de una familia. Todavía no sé si me gusta o no… Es extraño. En parte, no soporto a ninguno de sus personajes porque a veces parecen idiotas. ¡Cómo puedes no asumir lo que estás viendo delante de tus narices! Aunque bueno, supongo que eso nos puede pasar con otras realidades que nos dan de golpe en la cara… En fin, que aún así la he visto y la seguiré viendo si hacen una segunda temporada, cosa que no he investigado por ahora. ¿Alguien lo sabe?

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    9. Con ‘Orange is the new black’ tengo un dilema… Me gusta, pero últimamente me aburre. La última temporada es muy floja comparada con las anteriores y a veces no me importaría que se llevaran a Pipper a ‘The walking dead’. Para mí lo mejor de esta serie es conocer la historia de cada personaje (¡de todos! Hasta del que pensabas que no era interesante), como hacían en ‘Lost’. Me gusta saber qué llevó a todas a estar en prisión o por qué se comportan de una manera o de otra.

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    10. Uy, pensaba escribir sólo sobre diez… ¿Y ahora cuál elijo? Mmmmmm… Ya sabéis que ‘Big Bang Theory’ y ‘Modern Family’ son geniales. Venga, voy a poner 11 para poder hablaros de ‘Scandal’. Kerry Washington tiene un don para que toda mujer que ve esta serie (al menos las que yo conozco) deseen en algún momento ser Olivia Pope, ya no sólo por su armario, sino por su decisión y seguridad en sí misma, que ya la quisiera yo… De nuevo triángulos amorosos y mil enredos políticos  de todo tipo que Olive tiene que resolver con su equipo. Tony Goldwyn, quien hiciera del malvado amigo de Sam en ‘Ghost’, da vida al Presidente de los Estados Unidos. Empezarás a quitarte el odio que despertaba en la película y te encantará, aunque no tanto como a Olivia Pope…

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    11. La última serie de la que os voy a hablar es… Tachán, tachán… ¡‘Teen wolf’! ¿Por qué? Pues porque uno de los protas es Dylan O’Brien, que es también el protagonista de la trilogía ‘El corredor del laberinto’ (la segunda parte, ‘Las pruebas’, la podéis ver todavía en cines). Ya sólo por su interpretación, que le ha llevado a ganarse premios sin ser el protagonista principal, merece la pena verla. Es una de esas series de adolescentes donde al principio sólo uno tenía un poder y al final todos acaban siendo algo especiales. Si te gustan las series adolescentes, como es mi caso (y no me avergüenzo de ello), ¡tienes que verla! PD. O’Brien es el segundo en la foto.

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    En fin, peliculistas, espero que os haya gustado mi listado. Sé que muchos lo criticaréis, pero me da igual, porque es lo que me gusta a mí y para gustos los colores, ¿no? También se aceptan recomendaciones y comentarios varios. Total, opinar es gratis, y de eso en esta vida, poco hay…

    ¡Sed buenos!


  2. Quién soy VS quién quiero llegar a ser

    enero 4, 2015 by Ana López Guzmán

    Es inevitable empezar el año sin propósitos. Te sorprendería descubrir mi lista. No hay cosas como apuntarse al gimnasio o dejar de fumar, porque considero que ya hago bastante ejercicio y además, no fumo. Pero si hay algo que me gusta en esta vida es escribir, así que me he propuesto hacerlo con más frecuencia y no teneros tan abandonados como el año pasado.

    El 2015 apunta maneras. Siempre tuve grandes expectativas respecto a este año, ya que es al que Marty McFly viajaba en su DeLorean en ‘Regreso al futuro II’ (Robert Zemeckis, 1989), una peli que todos recordamos y que hoy podemos comparar con la actualidad: ni patines ni coches que vuelan, ni ropa autoajustable o que se seque sola, pero gracias a Dios tampoco llevamos sus modelitos…

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    Sin embargo, hemos conseguido muchas cosas, ¿verdad? No se trata solo de ver lo que quieres llegar a ser. También es conveniente pararse a pensar en nuestros logros. A lo mejor de primeras piensas: “¿Y qué he conseguido yo?”. No te deprimas y dedícate un tiempo a pensar en ello.

    Hace unos años, un psicólogo me dijo que un ejercicio positivo para cualquier persona era elaborar una lista con las cien cosas que has hecho de las que te sientes orgulloso y otras cien que quisieras hacer. Me pareció interesante y lo hice. A veces me bloqueaba pensando y otras empezaba a escribir como una loca. Me dijo que tuviera esa lista cerca de la cama, para que pudiera verla cada noche que me acostara estando de bajón: así me recordaría todo lo que había hecho bien y me motivaría a mí misma, viendo quién soy y en quién quiero llegar a ser.

    KERRY WASHINGTONSoy adicta a las series. A veces pienso que tengo un problema, ya que me engancho con gran facilidad y no paro hasta que veo del primer al último episodio. Pues bien, últimamente he descubierto muchos personajes que me han conquistado: mujeres poderosas o que luchan por serlo, desde Olivia Pope (Kerry Washington) de ‘Scandal’ (cien por cien recomendable) a las justicieras de ‘Arrow’ o la mente fría de Blair Waldorf en ‘Gossip Girl’ (sé que terminó hace tiempo, pero yo la he visto este año, ¿qué le voy a hacer?).

    Cuando analizo a esas mujeres, no sé por qué pero me animo a probarme. Me gusta vivir teniendo siempre una ilusión, pero es mucho mejor cuando esa ilusión se materializa. Eso me hace sentir plena y hace que tenga ganas de seguir conociendo un poquito más el mundo, pero también a mí misma.

    Hace unos meses, una mujer que me ha marcado mucho me dijo que no tuviera miedo a volar, que solo me faltaba un empujón para ser la crack que podía llegar a ser. Creo que todos podemos serlo, pero tenemos que cargarnos de energía y no tener miedo al fracaso. Como mucho, respeto. Yo me he puesto manos a la obra. Y tú, ¿te apuntas?


  3. Thank you Alanis

    diciembre 11, 2014 by Ana López Guzmán

    Descubrí un poco tarde la música de Alanis Morissette, pero cuando lo hice, me identifiqué rápido con la letra de cada canción. Su rabia, su indignación… Con los chicos y con el mundo en general. Estaba dolida y desengañada y quería gritarlo a los cuatro vientos. Tras un viaje a La India, comenzó a encontrarse a sí misma (como tantos otros famosos, pero a esta se lo perdono por ser quién es). Y al final, pasó lo que tenía que pasar… Se enamoró y se puso a escribir un montón de canciones moñas y yo perdí el interés. Lo siento Alanis, supongo que no soy tu mejor fan.

    El caso es que a mí (salvando las distancias) me ha pasado algo parecido. Me sobraban temas de los que hablar porque estaba bastante decaída, no os voy a engañar. Y cuando el amor llegó a mi vida, perdí la inspiración. Y es que seamos sinceros, las mejores canciones son las de desamor y quienes escriben las más cursis son quienes sueñan con vivir esas emociones. Es algo parecido a lo que dicen en la película ‘Solo tú’ (Norman Jewison, 1994), donde la protagonista (Marisa Tomei) pierde la fe (curiosamente, ella se llama Faith) en encontrar a su media naranja, a la que lleva buscando desde que un tablero Ouija le dijo un nombre que marcó por siempre su destino.

    Robert Downey Jr y Marisa Tomei en 'Solo tú' (1994)

    Y así es, amigos míos. Somos tan rematadamente estúpidos que podemos pasarnos la vida persiguiendo un sueño. Supongo que eso es lo que nos da fuerzas. Es como un motor que nos empuja a seguir. Pero, ¿qué pasa cuando lo alcanzas? Hay que mantenerlo. En ‘Sexo en Nueva York 2′ (Michael Patrick King, 2010), Carrie le explica a Big que antes escribía sobre la búsqueda del amor y que ahora tenía que cambiar su perspectiva porque después de diez años esperando, al final lo ha encontrado. Y os aseguro que no es tan fácil…

    En fin, supongo que he atravesado una crisis creativa y ahora ya puedo volver a sentarme y escribir otra vez. Pero, ¿sobre qué? La verdad es que se me vienen un millón de ideas a la cabeza. Porque si lo piensas, nos pasan cosas cada día. Por mi parte, quiero hablaros de una chica que no soy yo, sino una personita a la que conocí hace mucho, mucho tiempo y que, por suerte, sigue formando parte de mi vida.

    Esta personita sufre innecesariamente muchas veces. Es como si fuera adicta al dolor. ¿Por qué somos así? Supongo que cuando te acostumbras a repetir una conducta, termina formando parte de ti y al final eres como eres y aunque no quieras, no lo puedes evitar o eso crees. En ‘Veronica Mars’ (la película, no la serie, de Rob Thomas, 2014), la protagonista (Kristen Bell) lleva años “rehabilitada”. Ha dejado la investigación y el peligro que conllevaba para convertirse en abogada, pero ella no es así y no está hecha para una vida tan aparentemente perfecta como la que tiene ahora. Por eso, no puede evitar la tentación de aceptar un caso en su Neptune natal para revivir las emociones de su antigua vida.

    Como aventura pase, pero ¿quién querría volver a una conducta dañina? Ni libros de autoayuda ni eternas sesiones de terapia. Si uno quiere cambiar, lo hace y punto. No pone excusas. Se centra en ello y le dedica todo su tiempo y atención y al final se sale, igual que se puede salir de Ikea.

    Kristen Bell en 'Veronica Mars', la película (2014)

    Mi mensaje es el siguiente: si no estás satisfecho con tu vida, actúa. No vale que te lamentes y sigas repitiendo continuamente el mismo patrón. Eso no te lleva nada más que al mismo principio. Céntrate en lo que quieres alcanzar y busca la manera de conseguirlo porque te aseguro que se puede. No es fácil, por supuesto que no, pero cuando lo haces, el resto de piezas van encajando solas como por arte de magia. Y entonces te das cuenta de que todo es más fácil de lo que parecía. Eras tú quien se empeñaba en hacerlo complicado.

    Así que ponte manos a la obra y traza tu estrategia. Ponte objetivos alcanzables y verás como paso a paso logras tus sueños. Deja de perder el tiempo enredándote en juegos imposibles. No malgastes energías con personas que te desgastan y céntrate en disfrutar la magia del día a día porque no sabes cuándo puedes volver a enamorarte, a encontrar el trabajo de tus sueños o escuchar una historia que puede cambiarte la vida… Pero empieza ahora.

    No te deseo suerte porque siempre digo que la suerte se la construye uno mismo. Encuentra el valor dentro de ti. Te aseguro que eres más fuerte de lo que crees. No persigas imposibles, como hacía Marisa Tomei en ‘Solo tú’ y céntrate en ver lo que tienes alrededor y dale la importancia y el lugar que se merece.

    Os dejo con el vídeo que cuenta el viaje que cambió la vida de Alanis. Por algo se empieza:
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  4. ¿Capaz o incapaz?

    junio 30, 2013 by Ana López Guzmán

    ¿La vida es un juego? Y el amor… ¿También es eso? ¿Jugar a capaz o incapaz? Proponerse retos, superarlos juntos. Estar ahí cuando el otro consigue el fin propuesto. Ser capaz de todo por la otra persona, incluso de estropearle el día de su boda o esperar diez años sólo por una promesa… ¿Y el fin? ¡Qué más da! Puedes terminar convirtiéndote en un bloque de cemento…

    Cuando ves películas como ‘Quiéreme si te atreves’ (Yann Samuell, 2003), te crees capaz de cualquier cosa. Y mira que la vida no es fácil, pero si tienes a alguien a tu lado que está ahí, pese a todo, entonces es más llevadera, más divertida. “Los amigos son como las gafas: te hacen parecer inteligente, pero se rayan enseguida y no veas si cansan… Afortunadamente, a veces uno encuentra gafas que molan. Yo tengo a Sophie”, dice Julien (Guillaume Canet). Al fin y al cabo, tú puedes elegir: aceptar que alguien se ha ido como lo haría un adulto, o imaginar que está volando por el cielo con una sonrisa.

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    Hay momentos que tienen un olor determinado. Cuando vuelven a ti, te transportan a otro momento de tu vida. El olor del cloro es el olor del verano (al menos para mí; llámame loca). El chocolate de las tortitas me recuerda a la Navidad. El anís a aquel bizcocho que hace mi madre desde que yo era pequeña. Recuerdo que me dejaba participar en todo el proceso… Hoy en día es una de las pocas cosas que realmente me salen bien en la cocina.

    Mi hermana también lo convertía todo en un juego. Por ejemplo, hubo una vez que mi madre repartió las tareas a la hora de poner la mesa. Laura se las ingenió para que pudiéramos llevarlo todo de una vez. Cogió un carrito de bebé que yo tenía para pasear a mis muñecos. Metíamos los cubiertos, las servilletas y lo que hiciera falta dentro, y en un solo viaje teníamos la mesa lista. Lo divertido era que mi madre no se enterara. Y así fue durante años. “¿Un juego de idiotas? Tal vez. Pero era nuestro juego”.

    Recuerdo que lloré el día que vi aquel carrito en el cubo de la basura. Se había roto y ese era uno de los juguetes que mi madre no me iba a dejar conservar de mi infancia. Tengo grabada aquella imagen: el carrito rosa, roto, en la basura… Si él hubiera podido hablar… ¡La de historias que podría haber contado! Pero era un secreto. Y de estos teníamos unos cuantos.

    Elo y yo nos hicimos amigas cuando teníamos tres años. El día que llegó a casa le dijo a su madre que había conocido a una chica que se llamaba “Ana López Guzmán, que era más alta que ella y que tenía el pelo blanco”. Supongo que nunca había visto a una niña tan rubia. Las dos nos quedamos pequeñitas, supongo que para poder afrontar la vida a la misma altura. Ella también hace fácil lo difícil.

    Cuando teníamos doce años, nos inventamos un lenguaje secreto. Fue muy útil a la hora de hacerse chuletas en los exámenes o para intercambiarnos notitas en clase. Si el profesor nos pillaba, nunca sabría qué era lo que aquel trocito de papel escondía. Era un misterio. Sólo nuestro. También nos inventamos un juego para aprendernos la tabla periódica. Estoy segura de que entre las dos podríamos escribirla entera a día de hoy sin necesidad de repasarla.

    “¡Y por fin hubo que crecer! Cuando eres un crío, eres tan ingenuo que crees que se crece poco a poco… ¡Y una mierda! Es como un tortazo, ¡zas! Como el golpe de la rama de un árbol cuando alguien camina delante de ti por el bosque”.

    Aun así, hay cosas que se te escapan. Un día estaba jugando con mis muñecos de goma, como tantas veces. Los tenía a todos: los de ‘Dragones y Mazmorras’, ‘Los diminutos’, los ‘Muppets’… Y de pronto me di cuenta de que no me estaba divirtiendo. Sé que sonará raro, pero pensé: “¿Me estoy haciendo mayor?”. O, como decían las madres en mi familia: “Ya eres una mujer”. ¿Y qué narices significaba eso?

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    Otras veces, lloraba porque tenía un examen y me angustiaba ver cómo iban pasando las horas y no me sentía preparada para afrontarlo. Sí, era la típica empollona, no os lo voy a negar. Pero entonces mi madre me decía: “¡Ay, Ana, si lloras por esto, verás cuando seas mayor!”. No era muy alentador. Mi madre ahí no estaba del todo acertada… Pero tenía razón.

    Y un buen día, después de un año de mucho trabajo, estaba preparando mis vacaciones con mucha ilusión. Me las había ganado a pulso. ¿Quién me iba a decir aquel día que esa noche terminaría en un hospital del que no saldría hasta mucho tiempo después? Creo que fue allí, en esa camilla, cuando me convertí en una observadora de la vida.

    Por las noches, cuando no podía dormir, escribía mentalmente las cosas que había escuchado durante el día. La gente que venía a verme me contaba sus historias. Todos parecían tener algo que contar. Y yo disfrutaba escuchando. Ellos me traían un poquito de vida y creo que entre todos, hicieron que me curara. Algunos hablaban de milagros. Yo no podía creer en eso. Ya no. Para mí el milagro eran ellos. Y también las segundas oportunidades y yo tenía una. Esta vez podía escribir mi historia desde cero.

    No fue fácil. Cuando te pasa algo así, te marca para siempre. Un día, Elo vino a verme con un vestido amarillo. Estaba tan guapa como siempre. Parecía tan tranquila… Me dijo: “Sé que mucha gente se pondrá a llorar, pero yo no, Ana. Sé que te vas a poner bien, así que no tengas miedo”. Sus palabras me dieron fuerza. Me las creí. Ese fue para mí el verdadero milagro.

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    Han pasado muchos años. Ahora estoy perfectamente. Y, ¿sabéis qué? Que sigo jugando. Me gusta dar a la palanca de la silla que sube o baja el asiento de Jesús en trabajo cuando está hablando por teléfono con algún cliente. O dejo a Elo pegatinas en su agenda para que no se olvide de que cada día cuenta. Sigo escribiendo en lenguaje secreto, mandando chistes tontos o publicándolos en el Facebook de este blog que un día me permitieron tener.

    Todo en esta vida es superable. En serio. Incluso cuando crees que no. Con el tiempo me he dado cuenta de que a veces necesitamos hundirnos, pero sólo es para coger impulso. ¿Qué necesitas darte cuatro veces con la misma piedra? ¡Genial! Pero no te encariñes con ella. Siempre tienes a una Sophie o a un Julien que te ayudarán a mantener los pies en el suelo. Que te dirán la manera más fácil de poner le mesa o te enseñarán a cómo dar el biberón a un bebecito tan diminuto que te cabe en un brazo.

    ¡Tan pequeñita! Así es Little Mery, la hija de mi prima María. Sólo tiene unas semanas, ¡pero yo veo tanta vida en ella! Tal vez es porque lleva en su sangre la magia de una mujer que me sacó a bailar en una terraza, una noche de verano. Son esos momentos que uno nunca olvida, como lo del vestido amarillo o el carrito rosa: “Cállate, tápate los oídos fuerte, fuerte, fuerte… Muy fuerte. ¿Oyes lo mucho que te quiero?”.

    Si la vida está hecha a base de momentos, entonces yo quiero que todos estén llenos de recuerdos co

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    mo estos. Estancarse en el pasado nunca te ayuda a mirar al futuro. Dedica tiempo a tu gente y tómate otro tanto en conocer a las personas que se van cruzando por tu camino. Tienen hermosas historias que contar. Sólo tienes que ser un observador, un oyente. Y puede que entonces alguien te diga llorando que nunca nadie le dedicó tanta atención y te des cuenta de lo maravillosa que es la amistad.

    Las lágrimas, si son de felicidad, entonces están permitidas. ¡Venga, te reto! ¡Quiéreme si te atreves! ¿Capaz o incapaz?

    PD. Para cerrar este post, os dejo uno de los mejores monólogos del cine, al menos para mí, que pertenecen a la maravillosa película de la que os he hablado hoy. Una preciosa declaración de amor por parte de Sophie (Marion Cotillard), ¿no creéis?

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    “No, no digas nada. Yo hablaré. ¿Me has echado de menos? Porque yo a ti mucho. Eres un verdadero tirano, ¿sabes? Me cuesta estar enfadada contigo, pero esta te la guardo. No te hagas ilusiones. Me gustaría hablar pasando del juego… por una vez. ¿Te gusta mi vestido? Se lo he birlado a mi hermana. Tenía éste y otro rojo tipo bomba nuclear o algo así… Debí ponerme ese… Lo sé. He debido pasarme más o menos tres horas frente al espejo. ¡Pero ha merecido la pena, estoy guapa! Y espero gustarte, si no, te meto un tortazo. ¡Espera! Shhhh… ¿Por dónde iba? El problema es que si me dijeras “me encantas” no podría creérmelo. Julien, ya no sé cuándo es un juego y cuándo es verdad. Estoy perdida. ¡Espera, espera! No he terminado. Dime que me quieres. Dímelo porque yo jamás me atreveré a decírtelo primero. Me daría miedo que pensaras que es un juego. Sálvame, te lo suplico” (‘Quiéreme si te atreves’).

    Y también os dejo el tráiler de la película. Maravillosa :)

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  5. Buscando el lado bueno de las cosas

    marzo 29, 2013 by Ana López Guzmán

    Hay personas que son especiales. Tienen magia a su alrededor y sólo su presencia te contagia de alegría y de otras cosas bonitas, como dirían las Supernenas. También hay quienes presumen de ser “diferentes”, pero están a años luz de serlo. El protagonista de ‘El lado bueno de las cosas’ (dirigida por David O. Russell, 2012) pertenece al primer grupo.

    Os pongo un poco en situación. Pat (Bradley Cooper, brillante) acaba de salir de una institución mental. ¿El motivo de su ingreso? Un trastorno bipolar que le fue diagnosticado tras agredir al amante de su mujer. Tras ocho meses de reflexión, Pat tiene una nueva forma de ver la vida: Excelsior, algo así como aspirar siempre a más y buscar el lado bueno de las cosas.

    Esta frase de la película lo resume bien: “¿Sabes que haré, papá? Voy a tomar toda esa negatividad y la usaré como combustible para encontrar el lado positivo”. Y así, casi sin querer, empieza a rehacer su vida y a trazar planes para recuperar a su mujer. Pero no contaba con conocer a Tiffany (Jennifer Lawrence, más brillante todavía, merecedora del Oscar que se llevó por este papel), otro bicho raro que tiene bastante con sus propios problemas mentales (aquí debo decir que los bichos raros son personas especiales; eso te ayudará a distinguirlos).

    Escena de 'El lado bueno de las cosas', con Jennifer Lawrence y Bradley Cooper

    Escena de ‘El lado bueno de las cosas’, con Jennifer Lawrence y Bradley Cooper

    David O. Russell, director y guionista del film, se basó en la novela ‘Un final feliz’ de Mathew Quick. ¿Qué por qué quiero hablaros de esta película? Porque tú también te mereces un final feliz. Ellos también se lo habían ganado a pulso. Llevaban una vida normal hasta que ciertos acontecimientos de los que no tienen la culpa la arruinaron por completo.

    En una escena de la película, Pat se enfada muchísimo tras leer el final de la novela ‘Adios a las armas’ de Ernest Hemingway. Irrumpe en la habitación de sus padres de madrugada y les grita: “¡Ya está el mundo lo suficientemente jodido como para darle a la gente historias que acaban mal!”. Estoy de acuerdo con él. Mi amigo Alberto dice que “somos guionistas de nuestra propia vida”. Yo creo que nos debemos ese final made in nosotros mismos.

    Otro de mis momentos favoritos de la película tiene lugar cuando el padre de Pat (Robert De Niro) le da este consejo: “Presta atención a las señales. Cuando la vida te brinda un momento como éste es un pecado no aprovecharlo. La vida te está retando justo ahora y justo aquí. Esa chica te ama, sabes que te quiere. Yo no sé si Nikki lo hizo, pero ella lo hace ahora. Te aviso, ¡no lo jodas!”.

     

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    Yo sé de uno al que su hermana le dijo: “Trata bien a esa chica”. A él le obsesionaba la idea de hacer daño a alguien que consideraba que no se lo merecía. De hecho, para él, esta persona siempre había sido especial. Entonces decidió hacer caso a su hermana y la trató bien: se alejó de su vida. Ella estuvo de acuerdo porque quería un final feliz que él no podía construir a su lado. Y es que “lo que hace daño a corto plazo, es bueno a largo plazo” (‘Anatomía de Grey’).

    La vida te pone trabas, sí, y cada uno tiene su manera de sobreponerse. Llámalo Excelsior o como más te guste. Cierra el WhatsApp, es el peor invento del mundo. Párate a pensar y retoma tu guión donde lo dejaste. Pregúntate si estás donde quieres estar y cómo has llegado hasta aquí. Deja de perder el tiempo y deja de entretenerte.

    Si quieres escribir un libro, empieza de una vez. Si siempre te gustó la fotografía, ¡cómprate una cámara! ¿Por qué dejarlo todo para más adelante? Vete a una granja de Suiza si es lo que quieres, pero hazlo. Y haz también caso a Pat: “Estoy convencido. Tienes que hacer todo lo que puedas y esforzarte al máximo. Y si mantienes el optimismo, siempre te queda el lado bueno de las cosas”.

    Y cuando estés bien o si ahora estás en ese momento en el que por fin has salido de tu bucle de autodestrucción, entonces visualízate como estabas antes. Esa imagen te recordará que no quieres volver a ese punto.

    Es hora de empezar a tomar decisiones y, como dice este vídeo (muy, muy recomendable): “Quienes se adaptan mejor, pueden evolucionar con los cambios. ¿Estás haciendo lo que te apasiona? ¡Pues empieza!”.

     

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    Dedico este post a Patri Espada, que me hizo reflexionar con uno de sus tuits. También al chico que hizo caso a su hermana, a la amiga que colgó el cartel de ‘Cerrado temporalmente’ en su WhatsApp, al chico que lo va a dejar todo por irse a esa granja (¡buen viaje, Ángel!), a la amiga que no volverá a vivir una historia que nunca debió protagonizar, a Eva F. (una persona muy especial que necesita encontrar su Excelsior para poder brillar con toda su intensidad, que es abrumadora), a mi compi-friend Jesús, por soportarme todos los días y regalarme la mejor terapia: la risa.

    Y para despedirme, os dejo una canción de Luis Ramiro. Se llama ‘Mariposas imposibles’ y pertenece a su último disco, ‘El monstruo del armario’. También os escribo la letra, que hace tiempo que no lo hago y esta canción merece la pena:

     

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    ‘MARIPOSAS IMPOSIBLES’ (LUIS RAMIRO)

    Ya lo sé, las cosas imposibles nunca salen bien

    Cuando era sólo un niño lo empecé a entender

    Esguinces en el alma y las rodillas de tanto correr detrás de mariposas imposibles

    Poniéndole a las nubes imperdibles

    Fabricando un cielo a mi medida en la pared

    Crecer es aprender a convivir con el miedo a envejecer

    Y sé que aunque por fuera todo cambie al final…

    Seguiremos siendo eternos, eternos, confía en que todo salga bien

    Seguiremos siendo eternos, eternos mientras moje la lluvia nuestra piel

    Seguiremos siendo eternos, eternos, eternos, mientras sigamos en pie

    Quisimos correr detrás de mariposas imposibles

    Igual que superhéroes invencibles

    Somos el reflejo de aquello que quisimos ser

    Y sé que aunque por fuera todo cambie al final

    Seguiremos siendo eternos, eternos, confía en que todo salga bien

    Seguiremos siendo eternos, eternos mientras moje la lluvia nuestra piel

    Seguiremos siendo eternos, eternos, eternos, mientras sigamos en pie

    No me voy a quedar en un banco a esperar la llegada de Dios ni mi Juicio Final

    Ni a que arda París, ni alguien para dormir

    Es mejor disfrutar solos la soledad

    Voy a guardar cada sello de todas las cartas que no escribiremos

    Voy a mandarlas al cielo, a enviar el mundo por correo

    Cuando llegue al buzón de tu casa, nunca tuerzas la cara ni preguntes qué pasa, no…

    Son mariposas al vuelo para que caces en sueños

    Son mariposas al vuelo para que caces en sueños

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    Son mariposas al vuelo

    Y si te quedas con ganas de más: @echalefantasia


  6. Miedo son sólo cinco letras

    marzo 13, 2013 by Ana López Guzmán

    Intento poner orden en mi mente para poder hacer una lista de todas las cosas de las que quiero hablaros. Han sido muchas las conversaciones que últimamente me han hecho ir recopilando ideas, sensaciones y conclusiones que ahora necesito compartir contigo.

    Cuando sales del trabajo un poco bloqueado mentalmente y vas a marchas forzadas arrastrando tus pies hacia la boca de metro más cercana, sólo hay algo que puede aligerar tus pasos: hacerlo en compañía. Entonces fue cuando mi compi me dijo: “¿Tú crees que el amor hay que buscarlo o que te busca él a ti?”.

    Vaya… Creo que mi respuesta sonó bastante más convincente de lo que yo tengo interiorizado sobre el tema, pero eso no significa que no haya dado miles de vueltas al asunto. Le dije que mi experiencia me había demostrado que cuando más tranquilo estás y aprendes a quererte y a valorar el tiempo que pasas contigo mismo, es cuando atraes a alguien que está en la misma frecuencia. Básicamente mi mensaje era: si te quieres, te querrán. Nada que no sepas, y ya sabes por dónde empezar…

    Entonces me dijo que eso era algo muy difícil de hacer. Y ese mismo día, al llegar a casa, una lectora del blog que se ha transformado ya en una amiga, me contó lo mucho que a ella le había costado llegar al punto donde estaba ahora. Pero lo decía feliz. ¡Sonaba tan sincero! Y es que creo que cuando por fin te quieres de verdad es cuando sientes esa felicidad que te empuja a comerte el mundo entero.

    Ellen Pompeo y Patrick Dempsey en una escena de 'Anatomía de Grey' (ABC/SCOTT GARFIELD)

    Ellen Pompeo y Patrick Dempsey en una escena de ‘Anatomía de Grey’ (ABC/SCOTT GARFIELD)

    Ayer vi cuatro episodios seguidos de ‘Anatomía de Grey’ (los martes en @divinity_es). Como veis, iba con retraso, pero me encantan esas noches en las que vas encadenando un episodio con otro sin importarte la hora que es. Veía a Meredith (Ellen Pompeo) y a Dereck (Patrick Dempsey) y pensaba en lo bien que estaban ahora, pero lo mucho que les había costado llegar a ese punto, prácticamente por culpa de Meredith que tenía un miedo enorme a enamorarse (entre otras cosas).

    Hoy leí en Internet que el miedo son sólo cinco letras. Nada más. Entonces, ¿por qué te hace dar vueltas en la cama? ¿Por qué te tiene durante días el corazón encogido? ¿Por qué te cierra el estómago o todo lo contrario? ¿Por qué sientes un alivio tan inmenso cuando desaparece? Y lo peor… ¿Por qué a veces lo necesitamos?

    Creo que el miedo nos mantiene en alerta. Es el que te dice: “Oye, no te relajes… Mira a ver si estás seguro de que quieres hacer eso… ¿Estás convencido de que esa persona no te importa?”. Ese es el miedo con el que hay trabajar. Ya sabes, el que te da dos buenas tortas y te devuelve a la realidad. No tengas miedo al miedo. En el fondo te está haciendo un favor.

    Si hay algo que me gusta de ‘Anatomía de Grey’ es la voz en off de Meredith al final de cada episodio. No hay día que no te deje pensando en algo. Pero la serie está cargada de mensajes y consejos. Uno de los que rescaté fue este: “Dudar demasiado es un problema; dudar un poco es sólo un ejercicio de inteligencia”. ¿Alguien en contra? Lo dudo. Dudar es sano. Es necesario.

    Pero, ¿qué ocurre cuando se empeñan en meterte miedo? Si alguien no para de advertirte sobre lo malo que sería que te engancharas a él/ella, entonces párate a pensar que igual tiene razón. A menudo ignoramos las señales (conscientemente aunque no lo creas, ojo). Pero es que cuando te las ponen delante cada día, sería un suicidio no hacer caso.

    Te paras a pensar y dices: con lo fácil que puede ser todo. Con lo bonito que es estar cenando, viendo una peli, yéndote a dormir y sentir que alguien respira a tu lado y que ese alguien está tranquilo porque tú estás ahí… ¿Quién iba a querer estropear todo eso? ¿El miedo? ¿Miedo a qué? ¿A vivir sin montañas rusas? ¿Quién quiere adrenalina cuando se puede vivir tranquilo y feliz? Supongo que es más complicado de lo que parece. A Meredith le costó aprender esa lección y ahora si su cuerpo dice corre, no huye, corre en el sentido adecuado, allá donde se siente más segura.

    En otra escena de la serie, Arizona le cuenta a Torres que ha tenido un incidente con su pierna ortopédica (la serie es muy dramática, lo sé, pero merece la pena verla, os lo aseguro). La primera reacción de Torres es asustarse, pero Arizona por primera vez parece tranquila:

    -         Me caí.

    -         ¡¿Y qué pasó?!

    -         Me levanté.

    De eso se trata. De seguir levantándote. De plantarte cuando no estás donde quieres estar y seguir adelante. Hace poco alguien también me escribió para decirme que si siempre hablaba de levantarme era porque muchas veces me había caído. Pues sí, pero no tiene sentido que te anime a quedarte ahí, regodeándote en tu sufrimiento. Eso sólo serviría para perder el tiempo, que es algo muy valioso: “Disfruta de la vida porque nunca sabes cuándo te van a dar la mala noticia”, terminaba otro episodio.

    Creo que todo es mucho más sencillo. Si estás bien, no te salgas de la línea. No hagas cosas raras. Sí, he dicho “cosas raras”. Cada uno que lo interprete como quiera. Valora lo que es importante para el otro, porque así podrás disfrutarlo en compañía. Y si estás en casa, no pienses cosas como: “Qué rollo, qué hago, estoy solo”. ¡Con la de cosas que hay por hacer! Yo misma haría los días más largos si pudiera… Pero para eso tienes que quitarte ese miedo de encima. Sentirte libre. Y cuando te quieras, te querrán tanto como tú, o casi.

    PD. Este post se lo dedico a mi Tía Mari, fan del blog y a los casi 360 que me seguís ya en Facebook y en Twitter (@echalefantasia). ¡¡Gracias!!


  7. Todos somos como Jenny Lee

    marzo 8, 2013 by Ana López Guzmán

    Cuando llegas nuevo a un sitio siempre es difícil arrancar. El mundo te parece un lugar desconocido. Es como si todos tuvieran muy claro dónde van y sólo tú fueras caminando asustado, intentando avanzar sin tener muy claro dónde te llevan tus pasos.

    Yo he tenido esa sensación muchas veces cuando viajaba sola por trabajo al extranjero o cuando comenzaba en una empresa nueva. Parece que todo el mundo llevara allí toda la vida (puede que así sea), así que tú tienes que ponerte las pilas, conocer a los compañeros, dominar en poco tiempo tu nuevo empleo… Resulta emocionante, ¿no crees?

    Hoy tuve la suerte de visitar la sede de Telecinco donde estuve trabajado hace ya bastante tiempo. Era como volver a casa. Algunas cosas habían cambiado, pero en parte tenía la sensación de no haberme ido nunca de allí. Dicen que es mejor no volver allá donde fuiste feliz, pero en este caso no me arrepiento para nada.

    Una vez allí, asistí al visionado de los dos primeros capítulos de la serie ‘Llama a la comadrona’ (estreno el domingo). Poco tardamos los bloggeros invitados en crear el hashtag en Twitter #LlamaALaComadrona, un éxito de la BBC inspirado en las memorias de Jennifer Worth.

    'Llama a la comadrona'

    ‘Llama a la comadrona’

    Cuando Jenny Lee (Jessica Raine) llega al East End de principios de los años 50, se da cuenta de lo equivocada que estaba respecto a la vida. Pasa de vivir en una familia acomodada en París al barrio más deprimente de Londres, donde se entrega en cuerpo y alma a salvar la vida de muchas mujeres y bebés que intentan llegar a este mundo en las condiciones más lamentables.

    Entonces ves estas cosas y piensas que realmente ocurrían y que, lamentablemente, siguen ocurriendo. Te sientes fatal. Piensas cómo alguien puede dar a luz a un niño en unas condiciones tan pobres. Se te encoge el corazón. Te paras a valorar lo que tienes y a dar gracias por esas cosas que muchas veces se te olvidan. Es una de esas series que te tocan la fibra y quieres saber más.

    Cuando Jenny Lee llega al convento Nonnatus House, donde empieza a trabajar como comadrona, siente esa sensación de la que hablaba antes. Es como si fuera la única pieza del rompecabezas que no encaja, pero se hace fuerte. Es una heroína, como ella misma dice de sus compañeras de profesión en la serie.

    Los cambios son estimulantes y creo que te obligan a sacar lo mejor de ti mismo. Pones todo tu empeño en encajar, en aprender, en sentir que perteneces a algo (al menos así me siento yo). Otros cambios nos dan miedo porque siempre “asusta” salir de tu círculo de seguridad, pero si no arriesgas puede que no pierdas, pero seguro que no ganarás nada.

    Y en ese ir y venir te vas cruzando con gente. Hablas con ellos, te implicas en sus vidas y ellos en la tuya. Compartes sentimientos, pensamientos, sensaciones… Y un día te das cuenta de que hay quien tiene más miedo que tú. Mal de muchos… Ya se sabe, pero en parte alivia saber que hasta quien parece más fuerte tiene sus debilidades.

    Creo que uno de los miedos más poderosos es el miedo a querer a alguien. ¿Sorprendido? Digo poderoso porque es uno de los más extendidos. Si lo piensas fríamente es absurdo porque, ¿qué hay de malo en amar o ser amado? Sin embargo no veo más que corazas a mi alrededor y eso me provoca mucha tristeza. Pero como le decía a una de las lectoras del blog el otro día, todas las murallas se pueden romper… Si tú quieres.

    No hay fórmulas mágicas. Pienso que la clave es no meterte presión, darte tu tiempo. La vida es un continuo cambio y estás preparado para todo, aunque creas que no. Otra cosa es que ese cambio no te guste, pero si te sientes bien es mejor olvidarte del miedo, dejarte llevar y pensar lo menos posible.

    Hay muchas Jenny Lee en la vida. Muchas heroínas y muchos héroes. Tienes la capacidad de reinventarte. Tómatelo como un reto, como un juego. Míralo siempre desde todas las perspectivas. No hay nadie demasiado bueno para ti, ni tampoco demasiado malo. Da oportunidades. Más de una vez te sorprenderás. Estoy segura.

    Dedico este post a mis ex compañeras de prensa de Telecinco. A los cracks de #BirraSeries. Gracias a Paolo Vasile por habernos concedido su tiempo y atención. Y cómo no, a todos los bloggers. También a Arantxa, que fue mi compi de batallas, y a Jesús y los chicos de ‘Ana Rosa’.


  8. Espejo, espejito mágico…

    marzo 5, 2013 by Ana López Guzmán

    Hace mucho, mucho tiempo (bueno, no tanto), había una niña que no se podía dormir (yo). Su hermana cogió un libro grande de la estantería de los cuentos y dijo en voz alta: “Hoy te leeré la historia de Blancanieves”.

    Lo que ella no sabía es que yo me había aprendido ese cuento de memoria, así que cuando decidió inventarse una historia sobre la marcha, yo dejé que ella siguiera para comprobar su capacidad creativa. Creo que lo que realmente pensé fue: “Esta tía me está tomando el pelo, ¡se está inventando el cuento! Pero su versión me gusta más”. Supongo que simplemente por el hecho de que fuera suya.

    Maribel Verdú en 'Blancanieves' (Pablo Berger)

    Maribel Verdú en ‘Blancanieves’ (Pablo Berger)

    No sé en qué momento a Pablo Berger se le presentaría la idea de hacer una versión tan a la española del mismo cuento. Vamos, que su Blancanieves se llama Carmencita, tiene de mascota al gallo Pepe y lleva sangre torera en sus venas. La versión de mi hermana era menos radical. Siempre digo aquello de “No me cuentes películas”, pero sí historias. ¡Las que quieras!

    Y precisamente de historias iba hablando con Elo camino al cine, para la reentré de la Blancanieves de Berger. Y es que una peli que se ha llevado 10 Goyas merece ser vista. Y encima muda. ¡Ole! Es de esas veces que dices: “Me quito el sombrero”, expresión que, por cierto, mi amiga odia (sorry).

    No te voy a destripar nada, pero sí te pongo en situación: la pobre Carmencita vive una infancia atormentada por una madrastra mala, mala: Encarna (Maribel Verdú). Tras algún que otro traspié, la joven termina rehaciendo su vida con una troupe de enanos toreros en la España de los años 20. No te lo esperabas, ¿verdad? Yo tampoco.

    La Blancanieves animada que todos conocemos fue el primer largo de Disney, allá por 1937. Una obra maestra, por supuesto, ya que entonces todo era “hecho a mano”. Yo creo que siempre fui más de ‘La bella durmiente’. Ambas se quedaban fritas y necesitaban un beso para despertar. Hoy en día las princesas necesitamos más bien un jarro de agua fría, pero a la larga te quedas con Brave, Mulan, Ariel o Rapunzel, que tienen un par y desafían a quien se ponga delante por cumplir un sueño.

    Kristen Stewart en la piel de Blancanieves

    Kristen Stewart en la piel de Blancanieves

    Esta es un poco la línea que defendía ‘Blancanieves y la leyenda del Cazador’ (2012, Rupert Sanders), con una valiente Kristen Stewart en la piel de la heroína de esta adaptación. Ella está guapísima (de la interpretación, nada que no hubiéramos visto antes), pero seguía arrastrando ese aire apesadumbrado que se labró durante toda la saga ‘Crepúsculo’. Siempre he pensado que Stewart es un poco la versión femenina de Edward Furlong (‘Terminator 2’, ‘American History X’), pero menos rebelde por mucho que se ponga vestidos de gala con Converse.

    Lo mejor de esta versión era ver a la que realmente tiene una cara dulce, Charlize Theron, muy, pero que muy cabreada. Pero fíjate si cambia la historia, que aquí no hay un beso de película (al menos no lo que yo esperaba). Son ganas de cargarse el cuento, pero me gustó que se diera tanta importancia al cazador (Chris Hemsworth), aunque no tuviera derecho a un nombre salvo ese, ‘Cazador’.

    Respecto a la versión protagonizada por Lily Collins y Julia Roberts también en 2012 (‘Mirror, Mirror’, de Tarsem Singh) no puedo hablar mucho porque no la he visto, pero digo yo que si no ha habido tiempo para hacer ‘remakes’ de Blancanieves, ¿cómo es que se han puesto de acuerdo todos en el mismo año?

    Lili Collins en 'Mirror, mirror'

    Lili Collins en ‘Mirror, mirror’

    Pero volvamos al día B (de Blancanieves, claro). Cuando llegamos a la sala estaba hasta arriba y tuvimos que verla casi en primera fila y para más inri, de lado (también me pasó con ‘Django desencadenado’, a ver si empiezo a llegar antes al cine). En la entrada nos habían dado un pañuelo blanco y una tarjeta que decía: “Disfruta del cuento como nunca te lo habían contado… Y después, cuando termine la película, agita el pañuelo si te ha gustado”. Si lo hacías, algo mágico pasaría: un sueño se cumpliría. Entonces ella me preguntó:

    - Y a ti, ¿qué te gustaría que ocurriera?

    Buena pregunta. Si realmente los sueños de toda la gente que estaba en la sala se hubieran materializado en ese momento hubiera sido una auténtica locura. Creo que ese día mi sueño era verla feliz.

    Hace poco leí en Twitter que como el cine siguiera trabajando tanto el realismo, iban a terminar inventando el teatro. Pues bien, cuando dos de los personajes de la película “salen” de la pantalla yo desde luego no pienso quejarme. Y si puedo hacerme una foto con ellos, con mi amiga y con un Goya, mejor que mejor.

    En la reentré de 'Blancanieves'

    En la reentré de ‘Blancanieves’

    Dedico este post a todas las princesas que se arman de valor y son capaces de reescribir su historia. A las que no pierden la esperanza y luchan. A las que siguen mirando al cielo y pidiendo a las estrellas que alguien llene su vida de amor. A las que no necesitan príncipes porque ellas solas ya son pura magia. A las que se merecen ser tratadas como reinas. Y en especial a Elo, por compartir conmigo lo que ahora llamaríamos #momentosinolvidables. Esta, amigos míos, es para mí la verdadera magia del cine.


  9. ¿QUÉ ES LO MÍO?

    febrero 19, 2013 by Ana López Guzmán

    Todo en esta vida tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por ejemplo, ya sabes de sobra qué es lo bueno y lo malo de vivir solo: el ‘hazlo tú mismo’ saca tu lado creativo, pero también agota. En mi opinión, lo peor de la independencia es que si aparece un bichito indeseado por la casa y quieres deshacerte de él, no puedes mandar a nadie a que lo haga por ti. Y si no quieres matarlo, es todavía más complicado, pero potencias tu inteligencia e incluso tu lado malabarista, intentando que el bichito en cuestión salga por donde ha venido, haciendo uso de un folio, un periódico, un recogedor o lo que buenamente encuentres.

    Al final todo son decisiones. Desde que te levantas por la mañana y escoges qué ropa ponerte, cómo peinarte, qué desayunarás (si es que tienes tiempo de hacerlo)… Y así sigues decidiendo según avanza el día. Incluso hasta cuando te acuestas estás eligiendo que ese es el momento de hacerlo. Ayer Mercedes Milá dijo en ‘Gran Hermano’ que ella sonríe todas las noches. Por una vez estaba de acuerdo con ella. Es un ejercicio que es sano, gratis y tiene grandes beneficios para tu salud. ¿Has probado a hacerlo durante el día? Dios, ¡cuesta tan poco!

    Sarah Michelle Gellar en 'Buffy Cazavampiros'

    Sarah Michelle Gellar en ‘Buffy Cazavampiros’

    Tal vez sea porque estoy aprendiendo a desarrollar la ‘sonrisa telefónica’ para el trabajo. Y cuando te ves en esa situación, de vez en cuando la memoria te juega una mala pasada y te lleva a un momento en el que también tuviste que elegir y te preguntaste: ¿Qué es lo mío? Precisamente así se llamaba un episodio doble de una de mis series favoritas, ‘Buffy Cazavampiros’ (protagonizada por Sarah Michelle Gellar). Cuando Buffy cumple los 16 tiene trazado su destino: ser la Cazadora, la Elegida. Poco importan todos los trabajos que pudieran ser buenos para ella en la feria de oficios de aquel capítulo. Siente que no tiene opción de escoger, que su destino está marcado y que sólo queda la opción de aceptar lo que hay y seguir tirando.

    Ayer estaba en casa trasteando por internet cuando me topé por casualidad (vamos, cotilleando en Youtube) con un vídeo de mi amigo EP. Debo decir que su charla me llegó al alma. Su ponencia hablaba, entre otras cosas, de la libertad de hacer lo que uno quiere porque sólo así se alcanza la felicidad. Invitaba al público a cerrar los ojos y preguntarse: “¿Qué es lo más importante para ti?”. Él tenía la respuesta: ser feliz.

    También decía que cuando uno no se encuentra bien en un trabajo lo mejor es dejarlo. Aseguraba que, de hecho, un día se dio cuenta de que se aburría y simplemente se fue. “Y volvería a hacerlo”, aseguraba. Lamentablemente no es tan fácil, al menos para algunos. Pero sí que tiene razón en algo. Tienes que hacer las cosas que te gustan, no sólo laboralmente, y si te sientes obligado o haces algo por compromiso, mal vas. Siempre tienes la libertad de elegir, de quererte y de reconocer tus propios errores. Sí, en serio, ¡de todo eso!

    Ayer fue un día productivo, ya que el vídeo de EP motivó una conversación con una de mis mejores amigas sobre cómo uno se forja su carácter. Eres como eres. Puedes cambiar algunas cosas de ti, pero sólo si realmente quieres hacerlo. Por ejemplo, puedes y debes poner fin a conductas destructivas que lo único que hacen es hacerte daño. Pero la esencia de cada uno… Ay, ¡esa ni tocarla! Si hay alguien que no te acepta como eres, si esa persona desearía que fueras de otra manera, ¡fuera! Nunca dejes que nadie te juzgue. Está bien escuchar la opinión de los demás sobre ti y de hecho te recomiendo que lo hagas y te pares a pensar en ello. Pero una cosa es decir lo que piensas y otra poner a alguien en una mesa de disección y sacarle todos sus defectos (suponiendo que realmente los tenga).

    Cuando escribo para contaros estas cosas que se me pasan por la mente, muchas veces me escribís y me preguntáis cosas. Me contáis vuestras historias y yo me siento agradecida de poder ayudaros o, por lo menos de intentarlo. Resulta doblemente bueno, porque ayudas a alguien y te sientes bien contigo por haber hecho algo útil. Creo que si realmente quieres ayudar tienes que desarrollar ciertas habilidades como la empatía. Uno puede ser sincero, pero nunca maleducado.

    Mi compi Lorena dice que últimamente estoy muy zen. Tal vez sea porque ahora estoy donde quiero estar. He asumido que los baches son sólo eso, baches, y que las cosas malas tan pronto vienen como se van. Que puedes con todo. Sólo tienes que desear estar bien. Y que si sonríes y piensas cada día antes de acostarte en las cosas buenas que has vivido, y sonríes como hace Mercedes Milá (nunca pensé que la pondría como ejemplo), entonces ya habrás conseguido aprender algo y el día habrá merecido la pena. No te metas en bucles autodestructivos que no traen absolutamente nada bueno. ¡Sal de ahí, que ya estás tardando!

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon en 'Agua para elefantes' (2011)

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon en ‘Agua para elefantes’ (2011)

    El domingo estuve viendo ‘Agua para elefantes’ (Francis Lawrence, 2011). Pensé que sería una historia de amor como otra cualquiera, pero es una peli que va de mucho más. La protagonista, Marlena (Reese Witherspoon), estaba en una situación parecida a la de la pobre Buffy en la feria de empleo. Hacía tiempo que había aceptado con resignación su vida como la artista estrella de un circo, sometida a un marido (Christoph Waltz) que maltrataba a los animales y, por supuesto, a su propia esposa.

    Entonces aparece Jacob Jankowski (Robert Pattinson), quien hace ver a la artista que “una persona hermosa merece una vida hermosa” y que fuese a su lado o junto a otra persona, había una vida lejos del circo y de ese hombre. Están en un tren en marcha. Es la hora de elegir: ahora o nunca. Es el momento de saltar y escoger qué es lo que te hace feliz. ¡Ya lo sabes! Entonces, ¿qué te frena?

    Supongo que tenemos demasiados miedos arraigados en nuestra conducta desde niños. Los miedos van cambiando, pero la esencia, como decía antes, es la misma. Lo que tienes que hacer es pararte a pensar qué es lo que realmente te llevará a vivir la vida que quieres. Dedícale tiempo y busca el modo de conseguirlo, no como una meta a largo plazo, sino como algo que debe estar implícito en las 24 horas de tu día.

    Hace poco un amigo de mi infancia me contaba que hace unos años él dejó pasar un tren y que se arrepintió toda la vida. Los trenes no sólo son personas a las que podamos amar. Este post no va de eso. Habla de ser quien quieres ser. De decidir lo que será mejor para ti. Tú eres el titiritero de tu propia vida, tú manejas tus hilos, nadie más. Los otros sólo nos acompañan si tú quieres que lo hagan. Haz como Jacob en ‘Agua para elefantes’: arriésgate y coge ese tren, porque no sabes cuándo volverá a pasar, si es que vuelve a hacerlo.

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon junto a Rose, en 'Agua para elefantes' (2011)

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon junto a Rose, en ‘Agua para elefantes’ (2011)

    Aprende de los mayores. Aprende de la gente que tenga algo que decir, que contarte o incluso que criticarte (siempre desde el cariño y el respeto). ¡Aprende de ti! Y, sobre todo, escucha. Rodéate de gente que te quiere. Haz ese curso al que nunca te apuntaste. Deja de poner excusas. Hay tiempo para todo. Si no tienes dinero, busca en Internet. Ahora las respuestas son más fáciles de alcanzar. Hay cursos gratis, intercambios… Y ya sabes, sonríe todo lo que puedas y nunca olvides que eres dueño de tu vida y que sólo tú puedes responder a la pregunta: “¿Qué es lo mío?”. Estoy segura de que así todo irá bien.

    Dedico este post a mis compis Lorena, Cristina y Manu.

    Os dejo el tráiler de ‘Agua para elefantes':

    Imagen de previsualización de YouTube

     


  10. Los días de lluvia

    febrero 7, 2013 by Ana López Guzmán

    Cuando te pasas un año entero haciendo algo día tras día, es imposible no convertirte en un experto. Yo tenía siete años cuando empecé a ir a clase de guitarra. Era la más pequeña del grupo, así que el profesor me tenía entretenida haciendo punteo. Y yo me pasaba las horas muertas así… Totalmente aburrida, pero entregada.

    Un tiempo después, los que iban un curso por encima del mío empezaron a apuntarse a clase, así que admiraban con asombro mi destreza. Al fin y al cabo les llevaba algunos años de ventaja. Pero aquello seguía sin ser lo mío. Aun así, seguí yendo a clase, porque tenía otro motivo… Encontré una ilusión.

    Escena de la película 'El efecto mariposa'

    Escena de la película ‘El efecto mariposa’

    Y esa ilusión era mucho mejor que yo. Me había alcanzado rápido porque me había distraído por el camino. Pero era bonito seguir asistiendo a clase… Al año siguiente lo dejé y prácticamente me “olvidé” de mi ilusión. Empecé a llamarte Radikal por aquella bebida. En la etiqueta ponía “amor platánico” (que no platónico) y me resultó muy gracioso.

    El tiempo pasaba y no tenía valor de mirarte frente a frente. Jamás. Bastaba con observar a la pelota. Cuando eres un niño pocas cosas te hacen falta para ser feliz. Y que si el balón va, que si el balón viene… Y allí estábamos. Fieles a nuestra cita. Una cita que tú desconocías por completo.

    Pasaron los años y te perdí de vista. La inspiración siguió su camino y yo continué por el mío. Cambié mucho. Me volví una persona mucho más segura de mí misma. Empezaba a descubrir que si uno desea algo con todas sus fuerzas puede conseguirlo, pero requiere mucho trabajo y la capacidad de entrega no era algo que a mí me faltase. Y si no que se lo dijeran a mi profe de guitarra…

    Un día me propusieron ir a un sitio. Allá fui. Y… ¡Zas! ¡Te encontré! ¿Dónde habías estado todo este tiempo? ¿Por qué tenías que aparecer justo en ese momento? Bueno, supongo que era cuestión de paciencia. Pero todos somos lo que éramos en el patio del colegio y aquella niña me advertía que continuara por el camino que había iniciado.

    Tuve que darme algún que otro golpe de bruces para darme cuenta, pero a veces es necesario. Fue el segundo punto de inflexión. Creo que me hizo más fuerte. Era la época de las pelis de terror. Todos los viernes me iba a casa de mi amiga Bea. Incluso escribimos un libro del género entre las dos. Durante el día lo maquinábamos y por las noches yo lo escribía. Fue el año que empecé con el insomnio, así que encontré una manera productiva de rentabilizarlo.

    Quién me iba a decir que luego yo iba a vivir mi propio calvario… De pronto todo se volvió muy complicado y las cosas más sencillas, las del día a día que apenas valoraba, se volvieron difíciles de conseguir. Nunca me había visto en una situación tan complicada. Perdí la esperanza. Pero tuve que reponerme.

    Y en medio de todo aquel proceso, volviste a aparecer. Sinceramente, era algo que daba por perdido, pero tú siempre volvías. Es lo que tienen las inspiraciones, que van y vienen. Y por primera vez nos hicimos amigos. Empezamos a saber quiénes éramos. Hice las cosas mal, pero te aseguro que era yo al cien por cien. Nunca fui más yo que aquellos días. Sé que es difícil de creer.

    Momento de la película 'El efecto mariposa'

    Momento de la película ‘El efecto mariposa’

    Sin embargo, aquella situación de escritora encuentra a su musa no se podía extender para siempre. Tenía que decirte algo. No podía seguir así, aunque sabía que cuando lo hiciera perdería lo que tantos años me había costado conseguir. Y pese a eso, me diste la oportunidad de hablar… Dos veces.

    Desde entonces los días de lluvia nunca volvieron a ser lo mismo. Nunca. Ni tampoco las canciones. En especial algunas. Ha pasado mucho tiempo. Muchos años. No hemos vuelto a encontrarnos. Pero quién sabe… Si aquella bruja tenía razón, entonces antes o después llegará ese momento.

    Y yo te sigo imaginando con tu guitarra, en plan cantautor, dándolo todo en la intimidad. Yo sigo igual, escribiendo. Cojo mis ideas y las esparzo en este blog. Cojo la cámara y capturo momentos. A veces lo hago sólo con los ojos y me guardo esas imágenes para mí. Otras me hablas en sueños y me das mensajes. Y yo los guardo como un tesoro.

    Creo que cuando nos hacen daño, una parte de nosotros se va y no vuelve. Es esa parte consciente que te hace protegerte para que no vuelvan a herirte. Es la más orgullosa. Pero hay otra que es la que se queda con las cosas buenas y es la que te hace contestar a mi llamada, aunque a veces te tomes tu tiempo.

    Una vez mi inspiración me hizo una propuesta. Fue hace ya algunos años. Recuerdo que yo estaba trabajando en un periódico, corriendo de aquí para allá cuando oí sonar mi teléfono. No sé qué ocurrió con aquello. Se perdió por el camino y no me lo he perdonado. Es como dejar escapar el tren de las oportunidades. Como una llamada perdida.

    Pero, ¿sabes qué?  Que la vida nos pone del revés. Que yo tuve encendido un ordenador durante una semana para conseguir descargar una historia de un rey para una mujer que era muy importante y a la que ni siquiera conocía y me parece que eso os hizo felices.

    Que no creo en los puntos finales. Nunca lo he hecho. Así que voy a esperar a ver cómo sigue el siguiente capítulo. Y si esta historia fuera una película, sin duda sería una saga que contaría cómo una niña fue haciéndose mayor, esculpiendo sueños y masticando realidades.

    El actor Ashton Kutcher en 'El efecto mariposa'

    El actor Ashton Kutcher en ‘El efecto mariposa’

    Tal vez si alguien te preguntase harías una sinopsis muy distinta de esta peli. Sería mucho más breve. Pero ya sabes, yo soy de las que cuentan todos los detalles, pero porque para mí son fundamentales para entender el conjunto. Nadie conoce a nadie hasta que no se pone en su piel y elige saber cómo se siente el otro. Entonces es cuando empatizas y logras comprender lo que hasta ahora era una peli de autor demasiado complicada.

    ¿Recuerdas ‘El efecto mariposa’ (Eric Bress, 2004)? La teoría del Caos: “El aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo”. Creo que yo provoqué uno bien grande, pero al igual que decían en la peli, “Si puedo hacer cicatrices, ¿tengo el poder de sanarlas?”.

    Si la teoría del caos nos habla de los cambios que se producen por un comportamiento aleatorio, imagina la repercusión que pueden tener tus decisiones y tu modo de ver la vida. Yo creo que cuando te conoces bien por dentro, es cuando tomas conciencia de lo que puedes llegar a ser. Creo en ti. ¿Y tú?


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