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‘Comedia’ Category

  1. Un universo de series para ver este otoño

    octubre 23, 2015 by Ana López Guzmán

    En un momento en el que todos veis ‘Juego de tronos’, ‘House of cards’ o ‘True detective’, voy a hablar de otras series que a lo mejor no son tan seguidas como éstas, pero a mí me han enganchado por una cosa o por otra. Ya sabéis que siempre le busco tres pies al gato o la forma de aprender algo de cada cosa que veo en la pantalla grande o en la pequeña que pueda aplicar a mi vida personal… Pues a ello voy y así entenderéis por qué cada noche me planteo la misma pregunta: ¿Hoy qué vemos?

    1. Empezaré por ‘Arrow’. Voy por la cuarta temporada, que se está emitiendo ahora. Empecé a verla por recomendación de mi madre. “Es sobre un justiciero con muy mala leche, pero el chico tiene sus motivos”, me decía. En fin, ¿quién no tiene una black list? Ya en el instituto jugaba con mi amiga Beatriz al: “Si pudieras desterrar a tres personas de tu vida, ¿quiénes serían?”. Y eso que me tengo por una persona tranquila y civilizada. Lo cierto es que yo nunca cogí un arco y me puse a tirar flechas a nadie, pero me hubiera gustado, así que no soy tan diferente a Oliver Queen, ¿no?… Según avanza la serie, va cambiando su causa, que no está mal. Si tú también le has fallado a esta ciudad (se me pone la piel de gallina cada vez que dice esa frase), échale un vistazo.

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    2. De ‘Arrow’ nació el spin-off ‘The Flash’. ¿Qué deciros? Me encanta Barry. Es como Peter Parker, te inspira ternura porque es un chico normal con un don especial: corre más rápido que nadie. Al principio yo me preguntaba cómo iba a ayudar a tanta gente simplemente por ser rápido, pero puede incluso detener un tsunami si se lo propone…  Y entre que salva a unos y otros tiene tiempo para ir descifrando cabos sueltos de su pasado. Personalmente opino que está enamorado de una petarda y que le iría mucho mejor con Felicity (de ‘Arrow’), pero Felicity ya está cogida, como le advierte Oliver Queen a Barry… ¡Ay, l’amore! ¡Cómo gustan los triángulos amorosos en las series!

    3. Y hablando de triángulos, mi favorito es el de ‘Crónicas Vampíricas’. Esta me la recomendaba mi amiga Berta: “¡Cómo puedes vivir sin verla!”, me reñía. Y mira por dónde tenía razón… Va por la séptima temporada. Yo me las he visto todas este año del tirón. Ya sabes, uno de esos momentos en los que te das cuenta de que estás enganchado porque puedes verte cinco episodios seguidos, pero quieres más y más… Mis personajes favoritos son Damon y Caroline, que no son pareja, y espero que no lo sean nunca. Damon es hermano de Stefan, y ambos están enamorados de Elena durante muchas temporadas. Y ella se debate constantemente entre uno y otro hasta que al final se decide… No os diré por quién por si os decidís a verla desde el primer capítulo como hice yo.

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    4. La última en llegar a mi salón ha sido ‘Suits’. Me gusta porque no es la típica serie de abogados. Ves la evolución de los personajes y te toca la fibra sensible. Como sólo llevo seis episodios no puedo contar mucho más, salvo que uno de los protas salía en una peli de la que os hablé hace un tiempo, ‘¡Porque lo digo yo!’ (Michael Lehmann, 2007). Su personaje era completamente distinto al de la serie, pero ambos me encantan.

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    5. Cuando te pasas meses escuchando hablar a tus compañeras de quién es A, al final te pica la curiosidad y terminas viendo ‘Pequeñas mentirosas’ (gracias de nuevo a Berta y también a Pau). ¿Lo malo? Es una de esas series que deseas que terminen de una vez para descubrir quién es el malo, pero a la vez que no quieres que se acabe nunca… Mi favorita es Hannah. También tuvo su spin-off, ‘Ravenswood’, que protagonizó precisamente Caleb, el novio de Hannah, pero tras la primera temporada se canceló.

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    6. ¿Te has planteado alguna vez qué pasaría si de pronto todos los animales tomaran conciencia y empezaran a vengarse de los humanos con el propósito de exterminarlos? Pues es lo que ocurre en la serie ‘Zoo’. Advertencia: no querrás ir a un safari, ni al zoológico nunca más. A James Wolk, que interpreta a Jackson Oz alias ‘Rafiki’, le vimos en ‘The crazy ones’, una comedia sobre publicistas que protagonizaban mi querida Sarah Michelle Gellar (‘Buffy cazavampiros’) junto al gran Robin Williams, que en paz descanse :(

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    7. Y ya que hablamos de animales, me he planteado muchas veces qué pasaría si ellos también se convirtieran en zombies en ‘The walking dead’. Pero de momento, parece que sólo corren peligro los humanos. Para mí, el mejor es Daryl, que puede ir tranquilamente en moto sin que los zombies le tosan. ¡Qué tío más grande! Reconozco que esta serie me ha hecho plantearme muchas cosas. Cada vez que me doy una ducha, pienso en lo afortunada que soy, jeje… Y también estoy montando mi kit de supervivencia zombie (por si acaso). Le pedí a Nacho que me regalara una katana por nuestro aniversario, pero no lo hizo… Ya se lamentará si nos encontramos a algún caminante en el descansillo…

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    8. ‘Fear the walking dead’ muestra cómo empezó todo este rollo de los muertos vivientes, desde la perspectiva de una familia. Todavía no sé si me gusta o no… Es extraño. En parte, no soporto a ninguno de sus personajes porque a veces parecen idiotas. ¡Cómo puedes no asumir lo que estás viendo delante de tus narices! Aunque bueno, supongo que eso nos puede pasar con otras realidades que nos dan de golpe en la cara… En fin, que aún así la he visto y la seguiré viendo si hacen una segunda temporada, cosa que no he investigado por ahora. ¿Alguien lo sabe?

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    9. Con ‘Orange is the new black’ tengo un dilema… Me gusta, pero últimamente me aburre. La última temporada es muy floja comparada con las anteriores y a veces no me importaría que se llevaran a Pipper a ‘The walking dead’. Para mí lo mejor de esta serie es conocer la historia de cada personaje (¡de todos! Hasta del que pensabas que no era interesante), como hacían en ‘Lost’. Me gusta saber qué llevó a todas a estar en prisión o por qué se comportan de una manera o de otra.

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    10. Uy, pensaba escribir sólo sobre diez… ¿Y ahora cuál elijo? Mmmmmm… Ya sabéis que ‘Big Bang Theory’ y ‘Modern Family’ son geniales. Venga, voy a poner 11 para poder hablaros de ‘Scandal’. Kerry Washington tiene un don para que toda mujer que ve esta serie (al menos las que yo conozco) deseen en algún momento ser Olivia Pope, ya no sólo por su armario, sino por su decisión y seguridad en sí misma, que ya la quisiera yo… De nuevo triángulos amorosos y mil enredos políticos  de todo tipo que Olive tiene que resolver con su equipo. Tony Goldwyn, quien hiciera del malvado amigo de Sam en ‘Ghost’, da vida al Presidente de los Estados Unidos. Empezarás a quitarte el odio que despertaba en la película y te encantará, aunque no tanto como a Olivia Pope…

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    11. La última serie de la que os voy a hablar es… Tachán, tachán… ¡‘Teen wolf’! ¿Por qué? Pues porque uno de los protas es Dylan O’Brien, que es también el protagonista de la trilogía ‘El corredor del laberinto’ (la segunda parte, ‘Las pruebas’, la podéis ver todavía en cines). Ya sólo por su interpretación, que le ha llevado a ganarse premios sin ser el protagonista principal, merece la pena verla. Es una de esas series de adolescentes donde al principio sólo uno tenía un poder y al final todos acaban siendo algo especiales. Si te gustan las series adolescentes, como es mi caso (y no me avergüenzo de ello), ¡tienes que verla! PD. O’Brien es el segundo en la foto.

    TEEN WOLF

    En fin, peliculistas, espero que os haya gustado mi listado. Sé que muchos lo criticaréis, pero me da igual, porque es lo que me gusta a mí y para gustos los colores, ¿no? También se aceptan recomendaciones y comentarios varios. Total, opinar es gratis, y de eso en esta vida, poco hay…

    ¡Sed buenos!


  2. Thank you Alanis

    diciembre 11, 2014 by Ana López Guzmán

    Descubrí un poco tarde la música de Alanis Morissette, pero cuando lo hice, me identifiqué rápido con la letra de cada canción. Su rabia, su indignación… Con los chicos y con el mundo en general. Estaba dolida y desengañada y quería gritarlo a los cuatro vientos. Tras un viaje a La India, comenzó a encontrarse a sí misma (como tantos otros famosos, pero a esta se lo perdono por ser quién es). Y al final, pasó lo que tenía que pasar… Se enamoró y se puso a escribir un montón de canciones moñas y yo perdí el interés. Lo siento Alanis, supongo que no soy tu mejor fan.

    El caso es que a mí (salvando las distancias) me ha pasado algo parecido. Me sobraban temas de los que hablar porque estaba bastante decaída, no os voy a engañar. Y cuando el amor llegó a mi vida, perdí la inspiración. Y es que seamos sinceros, las mejores canciones son las de desamor y quienes escriben las más cursis son quienes sueñan con vivir esas emociones. Es algo parecido a lo que dicen en la película ‘Solo tú’ (Norman Jewison, 1994), donde la protagonista (Marisa Tomei) pierde la fe (curiosamente, ella se llama Faith) en encontrar a su media naranja, a la que lleva buscando desde que un tablero Ouija le dijo un nombre que marcó por siempre su destino.

    Robert Downey Jr y Marisa Tomei en 'Solo tú' (1994)

    Y así es, amigos míos. Somos tan rematadamente estúpidos que podemos pasarnos la vida persiguiendo un sueño. Supongo que eso es lo que nos da fuerzas. Es como un motor que nos empuja a seguir. Pero, ¿qué pasa cuando lo alcanzas? Hay que mantenerlo. En ‘Sexo en Nueva York 2′ (Michael Patrick King, 2010), Carrie le explica a Big que antes escribía sobre la búsqueda del amor y que ahora tenía que cambiar su perspectiva porque después de diez años esperando, al final lo ha encontrado. Y os aseguro que no es tan fácil…

    En fin, supongo que he atravesado una crisis creativa y ahora ya puedo volver a sentarme y escribir otra vez. Pero, ¿sobre qué? La verdad es que se me vienen un millón de ideas a la cabeza. Porque si lo piensas, nos pasan cosas cada día. Por mi parte, quiero hablaros de una chica que no soy yo, sino una personita a la que conocí hace mucho, mucho tiempo y que, por suerte, sigue formando parte de mi vida.

    Esta personita sufre innecesariamente muchas veces. Es como si fuera adicta al dolor. ¿Por qué somos así? Supongo que cuando te acostumbras a repetir una conducta, termina formando parte de ti y al final eres como eres y aunque no quieras, no lo puedes evitar o eso crees. En ‘Veronica Mars’ (la película, no la serie, de Rob Thomas, 2014), la protagonista (Kristen Bell) lleva años “rehabilitada”. Ha dejado la investigación y el peligro que conllevaba para convertirse en abogada, pero ella no es así y no está hecha para una vida tan aparentemente perfecta como la que tiene ahora. Por eso, no puede evitar la tentación de aceptar un caso en su Neptune natal para revivir las emociones de su antigua vida.

    Como aventura pase, pero ¿quién querría volver a una conducta dañina? Ni libros de autoayuda ni eternas sesiones de terapia. Si uno quiere cambiar, lo hace y punto. No pone excusas. Se centra en ello y le dedica todo su tiempo y atención y al final se sale, igual que se puede salir de Ikea.

    Kristen Bell en 'Veronica Mars', la película (2014)

    Mi mensaje es el siguiente: si no estás satisfecho con tu vida, actúa. No vale que te lamentes y sigas repitiendo continuamente el mismo patrón. Eso no te lleva nada más que al mismo principio. Céntrate en lo que quieres alcanzar y busca la manera de conseguirlo porque te aseguro que se puede. No es fácil, por supuesto que no, pero cuando lo haces, el resto de piezas van encajando solas como por arte de magia. Y entonces te das cuenta de que todo es más fácil de lo que parecía. Eras tú quien se empeñaba en hacerlo complicado.

    Así que ponte manos a la obra y traza tu estrategia. Ponte objetivos alcanzables y verás como paso a paso logras tus sueños. Deja de perder el tiempo enredándote en juegos imposibles. No malgastes energías con personas que te desgastan y céntrate en disfrutar la magia del día a día porque no sabes cuándo puedes volver a enamorarte, a encontrar el trabajo de tus sueños o escuchar una historia que puede cambiarte la vida… Pero empieza ahora.

    No te deseo suerte porque siempre digo que la suerte se la construye uno mismo. Encuentra el valor dentro de ti. Te aseguro que eres más fuerte de lo que crees. No persigas imposibles, como hacía Marisa Tomei en ‘Solo tú’ y céntrate en ver lo que tienes alrededor y dale la importancia y el lugar que se merece.

    Os dejo con el vídeo que cuenta el viaje que cambió la vida de Alanis. Por algo se empieza:
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  3. ¿Capaz o incapaz?

    junio 30, 2013 by Ana López Guzmán

    ¿La vida es un juego? Y el amor… ¿También es eso? ¿Jugar a capaz o incapaz? Proponerse retos, superarlos juntos. Estar ahí cuando el otro consigue el fin propuesto. Ser capaz de todo por la otra persona, incluso de estropearle el día de su boda o esperar diez años sólo por una promesa… ¿Y el fin? ¡Qué más da! Puedes terminar convirtiéndote en un bloque de cemento…

    Cuando ves películas como ‘Quiéreme si te atreves’ (Yann Samuell, 2003), te crees capaz de cualquier cosa. Y mira que la vida no es fácil, pero si tienes a alguien a tu lado que está ahí, pese a todo, entonces es más llevadera, más divertida. “Los amigos son como las gafas: te hacen parecer inteligente, pero se rayan enseguida y no veas si cansan… Afortunadamente, a veces uno encuentra gafas que molan. Yo tengo a Sophie”, dice Julien (Guillaume Canet). Al fin y al cabo, tú puedes elegir: aceptar que alguien se ha ido como lo haría un adulto, o imaginar que está volando por el cielo con una sonrisa.

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    Hay momentos que tienen un olor determinado. Cuando vuelven a ti, te transportan a otro momento de tu vida. El olor del cloro es el olor del verano (al menos para mí; llámame loca). El chocolate de las tortitas me recuerda a la Navidad. El anís a aquel bizcocho que hace mi madre desde que yo era pequeña. Recuerdo que me dejaba participar en todo el proceso… Hoy en día es una de las pocas cosas que realmente me salen bien en la cocina.

    Mi hermana también lo convertía todo en un juego. Por ejemplo, hubo una vez que mi madre repartió las tareas a la hora de poner la mesa. Laura se las ingenió para que pudiéramos llevarlo todo de una vez. Cogió un carrito de bebé que yo tenía para pasear a mis muñecos. Metíamos los cubiertos, las servilletas y lo que hiciera falta dentro, y en un solo viaje teníamos la mesa lista. Lo divertido era que mi madre no se enterara. Y así fue durante años. “¿Un juego de idiotas? Tal vez. Pero era nuestro juego”.

    Recuerdo que lloré el día que vi aquel carrito en el cubo de la basura. Se había roto y ese era uno de los juguetes que mi madre no me iba a dejar conservar de mi infancia. Tengo grabada aquella imagen: el carrito rosa, roto, en la basura… Si él hubiera podido hablar… ¡La de historias que podría haber contado! Pero era un secreto. Y de estos teníamos unos cuantos.

    Elo y yo nos hicimos amigas cuando teníamos tres años. El día que llegó a casa le dijo a su madre que había conocido a una chica que se llamaba “Ana López Guzmán, que era más alta que ella y que tenía el pelo blanco”. Supongo que nunca había visto a una niña tan rubia. Las dos nos quedamos pequeñitas, supongo que para poder afrontar la vida a la misma altura. Ella también hace fácil lo difícil.

    Cuando teníamos doce años, nos inventamos un lenguaje secreto. Fue muy útil a la hora de hacerse chuletas en los exámenes o para intercambiarnos notitas en clase. Si el profesor nos pillaba, nunca sabría qué era lo que aquel trocito de papel escondía. Era un misterio. Sólo nuestro. También nos inventamos un juego para aprendernos la tabla periódica. Estoy segura de que entre las dos podríamos escribirla entera a día de hoy sin necesidad de repasarla.

    “¡Y por fin hubo que crecer! Cuando eres un crío, eres tan ingenuo que crees que se crece poco a poco… ¡Y una mierda! Es como un tortazo, ¡zas! Como el golpe de la rama de un árbol cuando alguien camina delante de ti por el bosque”.

    Aun así, hay cosas que se te escapan. Un día estaba jugando con mis muñecos de goma, como tantas veces. Los tenía a todos: los de ‘Dragones y Mazmorras’, ‘Los diminutos’, los ‘Muppets’… Y de pronto me di cuenta de que no me estaba divirtiendo. Sé que sonará raro, pero pensé: “¿Me estoy haciendo mayor?”. O, como decían las madres en mi familia: “Ya eres una mujer”. ¿Y qué narices significaba eso?

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    Otras veces, lloraba porque tenía un examen y me angustiaba ver cómo iban pasando las horas y no me sentía preparada para afrontarlo. Sí, era la típica empollona, no os lo voy a negar. Pero entonces mi madre me decía: “¡Ay, Ana, si lloras por esto, verás cuando seas mayor!”. No era muy alentador. Mi madre ahí no estaba del todo acertada… Pero tenía razón.

    Y un buen día, después de un año de mucho trabajo, estaba preparando mis vacaciones con mucha ilusión. Me las había ganado a pulso. ¿Quién me iba a decir aquel día que esa noche terminaría en un hospital del que no saldría hasta mucho tiempo después? Creo que fue allí, en esa camilla, cuando me convertí en una observadora de la vida.

    Por las noches, cuando no podía dormir, escribía mentalmente las cosas que había escuchado durante el día. La gente que venía a verme me contaba sus historias. Todos parecían tener algo que contar. Y yo disfrutaba escuchando. Ellos me traían un poquito de vida y creo que entre todos, hicieron que me curara. Algunos hablaban de milagros. Yo no podía creer en eso. Ya no. Para mí el milagro eran ellos. Y también las segundas oportunidades y yo tenía una. Esta vez podía escribir mi historia desde cero.

    No fue fácil. Cuando te pasa algo así, te marca para siempre. Un día, Elo vino a verme con un vestido amarillo. Estaba tan guapa como siempre. Parecía tan tranquila… Me dijo: “Sé que mucha gente se pondrá a llorar, pero yo no, Ana. Sé que te vas a poner bien, así que no tengas miedo”. Sus palabras me dieron fuerza. Me las creí. Ese fue para mí el verdadero milagro.

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    Han pasado muchos años. Ahora estoy perfectamente. Y, ¿sabéis qué? Que sigo jugando. Me gusta dar a la palanca de la silla que sube o baja el asiento de Jesús en trabajo cuando está hablando por teléfono con algún cliente. O dejo a Elo pegatinas en su agenda para que no se olvide de que cada día cuenta. Sigo escribiendo en lenguaje secreto, mandando chistes tontos o publicándolos en el Facebook de este blog que un día me permitieron tener.

    Todo en esta vida es superable. En serio. Incluso cuando crees que no. Con el tiempo me he dado cuenta de que a veces necesitamos hundirnos, pero sólo es para coger impulso. ¿Qué necesitas darte cuatro veces con la misma piedra? ¡Genial! Pero no te encariñes con ella. Siempre tienes a una Sophie o a un Julien que te ayudarán a mantener los pies en el suelo. Que te dirán la manera más fácil de poner le mesa o te enseñarán a cómo dar el biberón a un bebecito tan diminuto que te cabe en un brazo.

    ¡Tan pequeñita! Así es Little Mery, la hija de mi prima María. Sólo tiene unas semanas, ¡pero yo veo tanta vida en ella! Tal vez es porque lleva en su sangre la magia de una mujer que me sacó a bailar en una terraza, una noche de verano. Son esos momentos que uno nunca olvida, como lo del vestido amarillo o el carrito rosa: “Cállate, tápate los oídos fuerte, fuerte, fuerte… Muy fuerte. ¿Oyes lo mucho que te quiero?”.

    Si la vida está hecha a base de momentos, entonces yo quiero que todos estén llenos de recuerdos co

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    mo estos. Estancarse en el pasado nunca te ayuda a mirar al futuro. Dedica tiempo a tu gente y tómate otro tanto en conocer a las personas que se van cruzando por tu camino. Tienen hermosas historias que contar. Sólo tienes que ser un observador, un oyente. Y puede que entonces alguien te diga llorando que nunca nadie le dedicó tanta atención y te des cuenta de lo maravillosa que es la amistad.

    Las lágrimas, si son de felicidad, entonces están permitidas. ¡Venga, te reto! ¡Quiéreme si te atreves! ¿Capaz o incapaz?

    PD. Para cerrar este post, os dejo uno de los mejores monólogos del cine, al menos para mí, que pertenecen a la maravillosa película de la que os he hablado hoy. Una preciosa declaración de amor por parte de Sophie (Marion Cotillard), ¿no creéis?

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    “No, no digas nada. Yo hablaré. ¿Me has echado de menos? Porque yo a ti mucho. Eres un verdadero tirano, ¿sabes? Me cuesta estar enfadada contigo, pero esta te la guardo. No te hagas ilusiones. Me gustaría hablar pasando del juego… por una vez. ¿Te gusta mi vestido? Se lo he birlado a mi hermana. Tenía éste y otro rojo tipo bomba nuclear o algo así… Debí ponerme ese… Lo sé. He debido pasarme más o menos tres horas frente al espejo. ¡Pero ha merecido la pena, estoy guapa! Y espero gustarte, si no, te meto un tortazo. ¡Espera! Shhhh… ¿Por dónde iba? El problema es que si me dijeras “me encantas” no podría creérmelo. Julien, ya no sé cuándo es un juego y cuándo es verdad. Estoy perdida. ¡Espera, espera! No he terminado. Dime que me quieres. Dímelo porque yo jamás me atreveré a decírtelo primero. Me daría miedo que pensaras que es un juego. Sálvame, te lo suplico” (‘Quiéreme si te atreves’).

    Y también os dejo el tráiler de la película. Maravillosa :)

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  4. ¿Pueden los hombres y las mujeres ser amigos?

    mayo 11, 2013 by Ana López Guzmán

    Ay, ¡el eterno debate! Ellas suelen decir que sí, que por supuesto, que por qué no iba a ser eso posible. Pero luego vienen las típicas preguntas: “Vale, sí, es tu amigo, pero… ¿Está enamorado de ti? ¿Has tenido alguna vez algo con él? ¿Habéis hablado de cómo sería vuestra relación si fueseis algo más?”. Entonces es cuando su firme respuesta se convierte en un mar de dudas. Ellos lo tienen bastante más claro. La respuesta es simple y llanamente “no”. Si hay alguien que lo explica bien, es Billy Crystal en ‘Cuando Harry encontró a Sally’ (Rob Reiner, 1989).

    Billy Crystal y Meg Ryan en 'Cuando Harry encontró a Sally' (1989)

    Os pongo un poco en antecedentes antes de que veáis el vídeo. Harry se define como un hombre pesimista porque cuando empieza un libro siempre lee la última página por si se muere. El día que conoce a Sally (Meg Ryan), que es más bien todo lo contrario a él, van a hacer un viaje juntos hasta Nueva York para ahorrar gasolina. Este es uno de los diálogos que mantienen en el coche (y para mí, uno de los mejores del cine):

    –          Por supuesto, te darás cuenta de que tú y yo jamás podremos ser amigos…

    –          ¿Por qué no?

    –          Quiero decir que los hombres y las mujeres no pueden ser amigos porque siempre se interpone la parte sexual

    –          Estás equivocado, yo tengo muchos amigos varones y para nosotros el sexo no interfiere para nada.

    –          No es cierto

    –          Sí es cierto

    –          Sólo tú crees que es así

    –          ¿Insinúas que quiero acostarme con todos mis amigos sin siquiera saberlo?

    –          Lo que insinúo es que todos ellos quieren acostarse contigo

    –          No es cierto

    –          Sí es cierto

    –          No es cierto

    –          Sí es cierto

    –          ¿Y tú cómo lo sabes?

    –          Porque un hombre jamás podría ser amigo de una mujer a la que encuentre atractiva. Siempre quiere acostarse con ella

    –          O sea que según tú, un hombre sólo puede ser amigo de una mujer si no la encuentra atractiva…

    –          No, tú también puedes querer acostarte con ellos

    –          ¿Y qué pasa cuando no quieren acostarse contigo?

    –          Eso no importa, porque el sexo siempre está presente, por lo que la amistad se ve condenada. Y ese es el fin de la historia

    –          En tal caso tú y yo nunca seremos amigos

    –          Supongo

    –          Es una lástima, eres la única persona que conozco en Nueva York…

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    Años más tarde, vuelven a encontrarse. Entonces Harry le explica a Sally que si un hombre y una mujer están prometidos con otras personas, entonces sí pueden ser amigos, pero que en ese momento sus parejas sienten celos porque no entienden que su prometido/a necesite la amistad de alguien del sexo opuesto y que eso es una señal de que algo falla en su relación. Así que una vez más, Harry llega a la misma conclusión: la amistad entre hombre y mujer es imposible.

    Sin embargo, años más tarde vuelven a encontrarse. Su vida está cambiando. Ambos han sido abandonados por sus respectivos y tienen el corazón roto. Se dan cuenta de que se llevan bien. De que pueden contar el uno con el otro. Nace una amistad. Entonces esa persona se va convirtiendo en alguien importante. Da igual que no sea de tu sexo. Es a quien llamas cuando estás de bajón o cuando tienes una buena noticia que no te puedes callar. A quien le cuentas tus pensamientos, tus inquietudes… Se genera una bonita complicidad que es inquebrantable…

    Hasta que llega El Momento. Sí, ese momento en el que dices: “Es tan buen amigo que podría ser mi pareja”. Pero entonces las cosas se complican. Ese es el punto de la historia donde la amistad se pone en juego. ¿Arriesgas toda esa complicidad o dejas el mundo como está y sigues contando con tu amigo del alma? ¿Tiene Harry razón y el chico siempre querrá acostarse con ella? Si eso ocurriera, ¿qué posibilidades hay de funcione y la amistad no se rompa?

    Billy Crystal y Meg Ryan en 'Cuando Harry encontró a Sally' (1989)

    Billy Crystal y Meg Ryan en ‘Cuando Harry encontró a Sally’ (1989)

    Tengo dos amigos que fueron pareja durante cuatro años. Su relación no funcionó. Siempre estaban discutiendo y había celos y desconfianza por parte de ambos. En una ocasión, ella le dijo que precisamente la parte afectiva era la que se interponía entre ellos, pero que si fueran sólo amigos, su relación sería perfecta. Al final lo dejaron y estuvieron mucho tiempo sin hablarse.

    Años más tarde, ella tuvo un accidente. Decidió llamarle por teléfono porque necesitaba a la parte de amigo que les había unido en el pasado. Él fue a verla y desde ese momento, se convirtió en su mejor amigo para siempre y nunca jamás volvió a interponerse ni el sexo ni los sentimientos. Así que supongo que hay algunas excepciones.

    Para mí, la excepción más bonita del cine es la siguiente escena de ‘¿Qué les pasa a los hombres?’ (Ken Kwapis, 2009), pero no habla de la amistad. Habla de esa forma de comportarnos que tenemos a veces las mujeres. Ya sabéis, cuando esperas a que Él te llame. O cuando crees que él cambiará por ti. Cuando piensas que tú serás distinta, especial. Y te enganchas a la esperanza de que ese cambio ocurrirá, pero en el fondo sabes que las personas no cambian. Sin embargo, supongo que siempre hay excepciones… ¿O esto sólo ocurre en el cine?

    –          Alguien sabio me dijo que si un hombre quiere estar con una chica pase lo que pase, hará que ocurra

    –          Es verdad

    –          Pero cuando me abalancé sobre ti no me pareció que quisieras que ocurriera

    –          Es cierto, pero hay una explicación. Me acostumbré tanto a mantenerme a una distancia de las mujeres y a tener el poder, que no supe reconocer lo que sentía cuando me enamoré de una de ellas. No lo sabía…

    –          Acabo de salir con tu amigo Bill y puede que sea lo que exactamente lo que necesito. Sin dramas. Llama y hace lo que dice.

    –          También puedo hacerlo

    –          ¡Pero no lo hiciste! Y esa persona sabia me dijo que yo soy la regla. Y que tengo que dejar de pensar que todos los chicos pueden cambiar. Que tengo que dejar de pensar que yo… Soy la excepción

    –          Eres mi excepción

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    Y entonces lo hablas con tus amigas. Algunas te dicen lo que quieres oír porque están tan perdidas como tú. Otras te dicen la verdad por mucho que duela, porque prefieren intentar abrirte los ojos, tal vez porque ellas han pasado por lo mismo y no quieren que sigas perdiendo el tiempo. Esas amistades (y esta vez me refiero a entre mujeres) son las que hay que cuidar, porque no sirve de nada que te apoyen en algo que en el fondo tú sabes que no va a ocurrir nunca o que no es bueno para ti, por mucho que lo desees. A veces es mejor que alguien reduzca la verdad a un: “Simplemente no te quiere”.

    “¿Es demasiado duro decir la verdad que tenemos ante nuestras narices?”. Así empieza precisamente ‘¿Qué les pasa a los hombres?’: “Una mujer nunca se olvida del primer chico que le ha gustado…”. Aunque ese niño te tire al suelo y te diga que hueles a caca de perro. En esta primera escena, cuando la niña le está contando a su madre lo que acaba de pasar, ésta le explica que el niño le ha dicho esas cosas porque en realidad está loco por ella. Y amigas mías, es en ese momento cuando comienza la confusión. Te empiezan a meter ideas confusas en la cabeza sobre los hombres y su manera de comportarse en el amor (en el vídeo, la cara de la niña es un poema que refleja claramente esa confusión que se queda con nosotras de por vida).

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    Hay otra escena de ‘Sexo en Nueva York, la película’ (Michael Patrick King, 2008) en la que Carrie  (Sarah Jessica Parker) le está leyendo un cuento a Lilly, la hija de una de sus mejores amigas. Según termina la lectura, Carrie se da cuenta de que es importante que Lilly sepa que algunas cosas sólo le ocurren a Cenicienta y compañía. ¿Sabéis qué le dice Lilly? ¡Que le cuente el cuento otra vez! ¿La respuesta de Carrie?: “¡Otra que morderá el polvo…!”.

    Para terminar, os dejo un último vídeo. Es de un estudiante que hizo una encuesta a sus compañeros y compañeras de la Universidad, basándose en el debate que os planteaba al principio sobre la posibilidad de una amistad entre hombre y mujer. Está en inglés, pero es muy divertido y se entiende muy bien:

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    ¿Queréis saber qué saco yo de todo esto? Que al final siempre estamos confundidos por una cosa o por otra. Puede que en el fondo nos guste esa sensación o, como decía Ally McBeal: “Necesito estar hecha un lío”. Hombres y mujeres tratamos de meternos en la cabeza del otro… O en su corazón. Intentamos descifrar lo que no entendemos, pero os diré una cosa… Es una pérdida de tiempo, porque nunca sabrás lo que realmente la otra persona piensa o siente. Creo que lo mejor es no complicarte la vida. No intentar comprenderlo.

    Si te pasas el día mirando la última conexión del WhatsApp de la persona que te gusta, malo. Si te estás preguntando por qué no te escribe, también. Recuerdo una escena de ‘VM’ en la que la protagonista, tras una relación tormentosa, empieza a salir con un chico encantador. Entonces Mac (Tina Majorino), su mejor amiga, le pregunta qué tal con él. Veronica (Kristen Bell) responde muy tranquilamente: “Sin montañas rusas”.

    Al final creo que lo que todos necesitamos es alguien que nos dé estabilidad y no dolores de cabeza. Si ahora mismo estás escalando el muro del Facebook de tu ex buscando respuestas que no obtuviste, si estás esperando una llamada que no llega o si estás sufriendo por alguien que sabes que no siente lo mismo que tú, mi consejo es, si me lo permites, que empieces a valorar tu tiempo y lo emplees con alguien que quiera pasarlo contigo… Sea del sexo que sea.

     


  5. Si crees y quieres, entonces puedes

    diciembre 30, 2012 by Ana López Guzmán

    Cuando era pequeña me tocó con la revista SuperPop una tarjeta para tomar decisiones. Tenías que poner el dedo encima y, según el color que te saliese, el consejo era uno u otro. El caso es que a mí siempre me decía lo mismo: “Ideal, ¡lánzate!”. Creo que en parte eso era positivo porque me animaba a hacer cosas. Además, si salía mal, siempre podía culpar a la tarjeta.

    Tom Hanks en una escena de la película 'Big' (1988)

    Tom Hanks en una escena de la película ‘Big’ (1988)

    Algo parecido le ocurría a Tom Hanks en ‘Big’ (Penny Marshall, 1988) con su bola de ‘El ocho’. Esa que según la agitas te da también un consejo. Para la suerte del protagonista, el resultado no siempre era el mismo. Creo que con cosas como éstas te ayudas a ti mismo a justificar las decisiones que ya has tomado, pero… ¿A quién no le viene mal un refuerzo positivo?

    El caso es que el año pasado estaba trabajando con mi prima en Brighton y me acerqué un día a su mesa para charlar con ella. Entonces vi que tenía una bola de ‘El ocho’ exactamente igual que la de ‘Big’. Quise saber cómo la había conseguido, pero para mi desgracia se la había regalado su amigo invisible. ¿Cómo iba a enterarme de cómo hacerme con una?

    –         Pregúntale al italiano.

    –         ¿Te la ha regalado él?

    –         Bueno, cuando abrí el regalo no paraba de preguntar si me había gustado…

    –         Me temo que tu amigo invisible es bastante visible…

    El caso es que moví cielo y tierra para descubrir que vendían la bola en Amazon. Imaginaos. Toda mi vida mirando en cada tienda, preguntando a la gente… Y no se me había ocurrido mirar en Internet. O supongo que hacerlo hubiera hecho que se perdiera parte del encanto de encontrar algo que llevaba tanto tiempo esperando. Os aseguro que el día que la recibí fue uno de los que he vivido con mayor ilusión.

    Supongo que es lo que ocurre cuando deseas algo con muchísima fuerza. Cuando estás seguro de que va a llegar. El problema es que hay cosas que nunca sabes si pasarán y por el camino te entretienes. Lo mejor es no perder el tiempo porque al fin y al cabo sólo tenemos una vida.

    Ahora ya tengo mi bola. Simplemente me gusta hacer preguntas sin demasiada trascendencia, agitarla y ver lo que sale porque tiene el don de decirme siempre que haga lo contrario a lo que quiero hacer. Tal vez debería empezar a hacer caso a ese cacharrito… Y es que tengo la sensación de que por más que llegue puntual a todas mis citas, siempre llego tarde a las más importantes.

    Al final todo es elegir un camino, coger carrerilla y seguir adelante. Lo mejor es no plantearte si estás haciendo lo correcto. No dudar. Y eso es algo que he aprendido últimamente de algunas personas que ven la luz y la siguen firmemente. No hay vuelta atrás.

    A mí me cuesta ser así, pero también me cuesta mucho pasar del todo al nada. Si lo doy todo, lo doy con todas las consecuencias. Y no me importa equivocarme, porque forma parte de la vida. Entonces un día cancelas todas tus citas. Pones tu vida del revés. Te llevas la contraria, sólo por intentar algo diferente. Porque piensas que tal vez así aciertes.

    Te encuentras con unas escaleras y decides subir. No te cansas porque tienes la motivación de descubrir qué encontrarás al final. Y ahí está. Todo es paz y tranquilidad. Te animas a disfrutar del paisaje. Tocas lo que te encuentras. Quieres sentirlo. Estás decidiendo vivir.

    Y pasas allí un tiempo. Te pierdes porque quieres hacerlo. Darías lo que fuera porque nadie te encontrase. Entonces caes en un sueño muy profundo. Has colmado tus ansias de conocimiento. Has resuelto tus dudas y ahora lo ves todo un poquito más claro. Te has ganado ese descanso. ¡Lo necesitabas tanto!

    Pero nadie puede permanecer allí eternamente. La vida continúa abajo, pero tú quieres quedarte. O tal vez no. Tal vez sea mejor seguir con tu decisión. ¡Somos tan cabezotas! Y en vez de coger las escaleras, tomas la vía rápida, y de un salto vuelves al punto donde lo dejaste.

    Ahora todo es distinto porque tienes un nuevo recuerdo. Sigues adelante, pero teniendo en mente que hay un lugar donde uno puede sentirse vivo. El lugar de la luz. Es un sitio donde no existía el miedo. Donde podías relajarte sin pararte a pensar.

    Sería absurdo cerrar esa puerta. La vida no se acaba donde empieza una nueva. Sólo son caminos diferentes. Y es bueno saber que siempre hay vías alternativas. E incluso si lo necesitas, un camino de vuelta.

    Estoy en mi jardín y me veo reflejada en el agua. Juego con ella con los dedos. Hago dibujos. Está fría, pero eso me gusta. He decidido quedarme ahí un poco más. Es pronto para volver a mi punto. Quiero seguir sintiendo esa tranquilidad y que nadie me baje de golpe y porrazo. No valgo para eso. Nunca me gustaron demasiado los cambios.

    Me seguiré preguntando si tú que me lees también querrás pasarte por aquí. Escuchar las cosas que digo. Pararte a pensar en lo que te cuento cuando abro la boca y no puedo callar. Si escucharás tu melodía, tu banda sonora. Si te perderás en los folios de una historia mágica o si te dormirás viendo tu película favorita.

    Dustin Hoffman en 'Hook' (1991)

    Dustin Hoffman en ‘Hook’ (1991)

    No hay caminos equivocados ni decisiones incorrectas porque hay puertas que no se cierran ni momentos que nunca olvidaremos. Son los que nos hacen fuertes. Son los que te dan alas. Da palmadas fuertes, como decían en ‘Hook’ (Steven Spielberg, 1991). Si crees, entonces puedes.

    PD. Dedico esta canción de Luis Ramiro a todos los que estáis empezando de cero. Ese amor sin estrenar puedes ser tú mismo. Párate a pensar en ello ;)

    Un amor sin estrenar (Luis Ramiro)

    Ahora que te vas y estoy por fin soltero lo voy a celebrar
    me visto de guerrero, primero iré a cenar
    Apunte, camarero, de entrantes me da igual
    de postre quiero el mundo entero
    Te vas y te juro que no estoy tan mal
    aunque quizás, si digo la verdad,
    tendría que afrontar al triste evidencia
    y decir que nuestros cuerpos encajaban igual
    que dos piezas de Tetris lanzadas al azar
    entre millones de seres de toda la ciudad
    Pero es el momento de empezarte a olvidar…

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    Lo hecho, hecho está
    Me merezco un amor sin estrenar…

    Ahora que te vas y estoy por fin soltero
    me voy a concentrar, mejor me desconecto,
    Me empeño en escalar el muro de tu Facebook
    No voy a estrellarme en el abismo de los celos
    Venga, ya está, hoy quemaré los bares,
    hoy voy a disparar frases antitanque
    Tengo que ligar para que te me pases,
    bórrate de mi mente con una chica puente
    Es el momento de empezarte a olvidar…

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    lo hecho, hecho está, me merezco un amor sin estrenar

    Ya me he dado cuenta de que el tiempo no para
    y hay que subirse en marcha en el primer vagón
    ya me he dado cuenta de que el tiempo no regresa, corazón

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    Basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    lo hecho, hecho está, me merezco un amor sin estrenar…

    Sin estrenar…

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  6. Hasta que te encuentre

    septiembre 13, 2012 by Ana López Guzmán

    Hoy no es un día cualquiera. Hoy hace mucho tiempo ocurrió algo. Un momento muy especial, de esos mágicos que convierten en inolvidables a las personas con quienes los vives. Sin embargo, hoy su sabor es agridulce porque se ha visto empañado por una serie de sucesos que lo han puesto todo patas arriba.

    Escena de 'Cuando te encuentre'

    Escena de 'Cuando te encuentre'

    Ayer estuve viendo ‘Cuando te encuentre’ (Scott Hicks, 2012). Una película en la que un marine (Zac Efron) encuentra una fotografía que le salva de la muerte, o así lo interpreta. Él no para hasta que encuentra a la mujer que aparece en la imagen (Taylor Schilling). Cuando la tiene delante no encuentra las palabras. Quiere contarla qué es lo que le ha conducido hasta ella, pero no puede.

    ¿Cuántas veces te ha pasado? Sientes un montón de cosas dentro. Tienes un millón de pensamientos en tu cabeza, pero no consigues expresarlos. Y cuando eso ocurre te devora por dentro. Es una sensación muy angustiosa. Algunos consiguen sacar todo eso en forma de canciones, de obras de arte… Yo hago fotos. Escribo. Intento hablar a través de las películas, pero ahora no encuentro la adecuada. Se me vienen tantas a la cabeza…

    ‘Las muñecas rusas’, ‘Olvídate de mí’, ‘Cuando Harry encontró a Sally’… Pero ya os he hablado de ellas durante todo este tiempo. Ahora se trata de otra cosa. Se trata de construir un final diferente, pero el guionista se ha esfumado y no hay actores, no hay un director que nos diga dónde ponernos ni qué debemos decir. No hay un productor que nos facilite los medios que necesitamos.

    Se me viene a la mente ‘Sweet Home Alabama’ (Andy Tennant, 2002). En ella, una joven encarnada por Reese Witherspoon abandona su pueblo para labrarse una vida completamente diferente en Nueva York. Y lo consigue. Tiene un trabajo genial, una imagen de mujer segura y confiada y está prometida con el hijo de la alcaldesa de la ciudad (Patrick Dempsey). Pero hay algo que la impide avanzar. Un matrimonio en su pueblo natal que nunca zanjó (a su ex le da vida Josh Lucas). Así regresa a casa, pero entonces se encuentra con su pasado y descubre que a veces es necesario recordar quién fuiste para saber quién quieres llegar a ser.

    Reese Witherspoon en 'Sweet Home Alabama'

    Reese Witherspoon en 'Sweet Home Alabama'

    Y entonces te das cuenta de las cosas que hiciste mal. Piensas: “Si pudiera volver atrás…”, pero no puedes. En momentos como esos siempre hay alguien más mayor que tú que te dice: “Cuando llegues a mi edad te darás cuenta del tiempo que perdiste haciendo esto/pensando esto/sintiendo esto”. Y lo peor es que no te hace falta llegar a viejo, es que a veces sabes que vas mal, pero no tomas cartas en el asunto porque es más fácil dejarse llevar. Somos cobardes. Tenemos miedo y el miedo nos frena.

    Recuerdo cuando cada Nochevieja escribimos tres deseos en un papel rojo. Sólo ponemos: “Salud, dinero y amor”. Pero cada uno lo pone en el orden que quiere. Yo recuerdo que antes escribía la salud en último lugar y en vez de dinero escribía “suerte”. Pero hace tiempo me di cuenta de que si no tienes salud es muy, muy difícil ser feliz. Por eso cuando no estás bien y los problemas se hacen físicos tienes que hacer algo por cambiar la situación porque estás jugando con fuego y es un juego demasiado peligroso.

    Entonces vuelvo a aquel martes y 13. Sí, porque ese día también era martes. Ahora pienso que es incluso paradójico, pero me da igual. Hay cosas que jamás olvidaría. Recuerdos que siempre me llevaré allá donde vaya. Recuerdo cuando en ‘Sexo en Nueva York’ Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) decía que deseaba llamar a Big, pero que los primeros capítulos de su relación impedían que lo hiciera. ¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

    Supongo que porque a veces esas decisiones hacen daño a otros. Porque no tenemos garantías. Porque no queremos equivocarnos. Porque tenemos miedo al fracaso. Porque nos regodeamos en el placer del dolor, cuando sería mucho más fácil hacerlo de cualquier otra manera. Ser feliz está de nuestra mano. Sólo tenemos que reunir el valor para tomar el control de nuestra propia vida.


  7. Cuando no salen las cuentas

    agosto 13, 2012 by Ana López Guzmán

    Hace tiempo creé un blog. Fue allá por el 2004. Durante seis años escribí la historia de mi vida en aquellas “páginas”. Pero tener un blog puede darte algunos problemas. Escribir sobre los profesores de la Universidad me dio cierta fama entre el alumnado durante mi época de estudiante de Periodismo, pero no me gustó porque se estaba utilizando algo que yo había escrito de la forma más natural del mundo para hacerme daño directa o indirectamente. Fue la primera lección: Ana, cómprate un diario.

    El motivo por el que decidí no sólo dejar de escribir en él, sino borrarlo, fue porque me daba más problemas que otra cosa. Cada vez que alguien quería saber algo de mí se estudiaba mis posts de arriba abajo y eso me incomodaba. Es más, era un blog en el que nunca decía nombres. Por tanto, muchas personas se preguntaban de quién estaría hablando, en especial cuando estaba triste, enfadada o dolida por algo. Sin embargo, me arrepiento de haber dado a aquel botón de “eliminar”. Y a veces pienso que todo sería más fácil en la vida si tuviéramos botones para borrar algunas cosas, para reiniciar otras o para suspenderlas hasta dar con una solución. Pero no lo es. La vida es algo más complicada.

    Sin embargo, cuando te gusta escribir, cuando se convierte en tu vía de desahogo, sigues con el “mono”. Necesitas plasmar todo lo que piensas o sientes de alguna manera. Por eso, el día que nuestro director nos propuso crear un blog en ‘Cuore’ no lo dudé. Y como yo siempre he utilizado las películas o las series para explicar situaciones, pensé que no había nada mejor que unir las dos cosas: el cine con todos esos pensamientos que estaban paseándose libremente por mi cabeza.

    El problema del escritor, del periodista o del blogger, es que a veces no está inspirado. Ese canal de comunicación se bloquea y entonces no logras sacar todo lo que tienes dentro, o al menos no de la forma en que a ti te gustaría. No quedas satisfecho. Creo que en esos momentos debes tomarte un descanso antes de volver a retomar el lápiz y el papel o en este caso, el teclado y la pantalla.

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    No es que ahora me sienta más inspirada, pero sí estoy preparada para hablar de las cosas que me han tenido apartada del blog durante algún tiempo. Hay momentos en nuestra vida que nos abruman. Es como si estuviéramos atados en una silla de pies y manos. Intentamos soltarnos, pero no podemos. Pedimos ayuda a otros, pero somos nosotros quienes debemos desatarnos. Liberarnos de todo aquello que no nos deja respirar. Y cuando lo hacemos, sentimos un gran alivio. Es una sensación de libertad.

    Pero para que todo eso ocurra, es decir, para vivir todo ese proceso interior que nos permita sacar lo malo que llevamos dentro, es necesario dejarse apoyar. Es obvio que nadie va a resolver tus problemas, pero es importante valorar lo que tienes a tu alrededor y empezar a sopesar las cosas. A verlas con perspectiva, como ya he dicho otras veces en este blog. ¿Sabes? No estamos solos. Incluso cuando crees que lo estás, cuando te empeñas en pensar que es así, tampoco es cierto. Siempre hay alguien dispuesto a sacarte una sonrisa.

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Hace poco estuve viendo ‘Kate and Leopold’ (2001, James Mangold). Ya la había visto otras veces. Es una peli protagonizada por Hugh Jackman y Meg Ryan. Sí, una comedia romántica, pero que guarda muchas verdades. Ella es una mujer que lleva toda la vida trabajando. No ha tenido tiempo para salir de la ciudad en diez años. Lucha por liderar una empresa de estudios de mercado y al final lo consigue. Pero entonces, cuando tiene todo aquello por lo que ha invertido tanto tiempo, ganas e ilusión, se da cuenta de que lo que quiere es otra cosa. Quiere disfrutar del sabor de las cosas. Despertarse abrazada a un hombre que la quiera y proteja. Que ofrezca seguridad y apoyo. Quiere dormirse abrazada a su cuerpo mientras escucha la melodía de ‘Desayuno con diamantes’ que el vecino pone cada noche en su tocadiscos y que apaga puntualmente a las doce. Y para darse cuenta de que eso es lo que quiere tiene que venir una persona del pasado que logra que ella vea que hay vida más allá de una Blackberry o el puesto de directiva de una empresa internacional.

    Al final lo que importa, lo que nos hace felices, son las cosas más sencillas. Las que a veces olvidamos. Como ir conduciendo y poder valorar el precioso atardecer que tienes frente a ti (y que no te deja ver la carretera). O como pasar una tarde con tu amiga sin hacer nada más que hablar. O ver las olas llegar a la orilla para luego retirarse silenciosas. O cerrar los ojos y sólo escuchar el silencio. Alguien me enseñó que la vida son eso, “momentos”. Pero esa misma persona olvidó el resto de las cosas que había que poner en la balanza para que estuviera equilibrada porque lo que no se cuida se desgasta.

    Para despedirme os dejo una canción de Leiva, que hacía mucho. Se llama ‘Las cuentas’. Si quieres que éstas te salgan, entonces tendrás que poner algo de tu parte porque regodearte en el placer del dolor es la peor manera de salir adelante. Toca fondo si es necesario, pero que sólo sirva para coger más impulso para salir de tu agujero y seguir luchando, que la vida es demasiado corta como para malgastarla invirtiendo esfuerzo, energía e ilusiones en cosas materiales o superficiales que no te darán la verdadera felicidad.

    Las cuentas (Leiva)

    Ya sólo quedan los demonios,
    la propina y los escombros.
    Caemos como plumas,
    olemos el fondo
    y nos quedamos cortos.

    Es tiempo de autodestrucción,
    de disparar sin adornos,
    prenderé fuego al colchón,
    que reventó nuestros otoños.

    Porque no existen tumbas de dos,
    porque el adiós se siente en vena,
    amamos lo que perdimos,
    queremos lo que envenena
    y así nunca nos salen las cuentas.

    Ya no nos saca nadie a hombros,
    la vanidad, los dobles fondos,
    quemamos las alturas,
    besamos el polvo
    y nos calamos hondo.

    Es tiempo de autodestrucción,
    de rematar sin adornos,
    me agarré a la inspiración,
    que me dejó nuestros demonios.

    Porque no existen tumbas de dos,
    porque el adiós se siente en vena,
    amamos lo que perdimos,
    queremos lo que envenena
    y así nunca nos salen las cuentas.

    También os dejo dos vídeos:

    El tráiler de ‘Kate and Leopold’: Imagen de previsualización de YouTube

    Y una escena que me gusta mucho, aunque está en inglés. Es un monólog de Liev Schreiber que interpreta al ex de Meg Ryan, la persona que encuentra la grieta en el tiempo que permite que Leopold llegue al presente y conozca a Kate. El hombre que se siente como aquel perro que vio un arcoiris: Imagen de previsualización de YouTube

    “I know, I know,it sounds crazy
    talking about… finding a crack in time under the East River.
    But in, in point,
    in point fact, Gretchen
    you know…
    it is no more crazy than, uh, a dog finding a rainbow.
    Dogs are color-blind, Gretchen. They don’t see color.

    Really?

    Just like we can’t see time.
    We can feel it.
    Oh… we can feel it passing but, we can’t see it;
    it’s just a blur.
    It’s like, …it’s like we’re riding in a, in a supersonic train
    and the world is just blowing by.
    But imagine if we could stop that train, Gretchen. Hmm?
    lmagine if we could stop that train get out, look around
    and see time for what it really is.
    A universe, a world a thing as unimaginable
    as color to a dog.
    And as real and tangible
    as that chair you’re sitting in.
    Now, if we could see it like that
    I mean, really look at it
    then… maybe we could see
    the flaws as well as the form.

    And that’s it.
    It’s that simple.
    That’s all I discovered.

    I’m just a…
    just a guy who saw a crack in a chair
    that no one else could see.

    I’m that dog who saw a rainbow“.


  8. Tardes negras, días rojos

    julio 11, 2012 by Ana López Guzmán

    Cuando estamos mal no siempre queremos hablar de ello. Muchas no es una cuestión de querer, sino de poder. Tenemos tanto dolor dentro que no nos permite pronunciar palabra y sólo queremos estar solos. En esos momentos es cuando de alguna manera hay personas que nos hacen saber que están ahí y que seguirán estando cuando estemos preparados para soltarlo.

    ¿Qué te pasa?
    Nada
    Estás a oscuras tirada en la cama
    Intento dormir
    ¿Puedo?
    ¿Que si puedes qué?
    Dormir contigo


    Claro, papá

    ¿Estás dormido?
    No, ¿necesitas algo?
    Sólo quería decirte una cosa
    ¿Qué?
    Gracias
    … Descansa…

    Audrey Hepburn en 'Desayuno con diamantes'

    Audrey Hepburn en 'Desayuno con diamantes'

    A veces tenemos días rojos, como le ocurría a Audrey Hepburn en ‘Desayuno con diamantes’ (Blake Edwards, 1961). Un miedo inexplicable… Otras sabemos perfectamente de dónde viene lo que sentimos, pero no podemos hacer nada por evitarlo, o eso creemos, porque en realidad PODEMOS.

    Imagen de previsualización de YouTube

    Entonces lees algo que dice que puedes dejar que las cosas te afecten o dejarlas pasar. Que las emociones y los sentimientos no son lo mismo. Que tú eres dueño de tus emociones y nadie tiene control sobre ello. Al fin y al cabo: que todo depende de ti.

    También hay tardes negras, como aquéllas de las que hablaba Tiziano Ferro en su canción. Aquí os la dejo.

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    Tardes Negras (Tiziano Ferro)

    Y volverán los angeles
    A despertarse con tu cafè
    Pasará distraída la noticia de nosotros
    Y dicen que me servirá
    Lo que no mata fuerza te da
    Mientras pasa el sonido de tu voz por la tele
    Por la radio y el teléfono
    Resonará tu adiós

    De tardes negras
    Que no hay tiempo
    Ni espacio
    Y nadie nunca entenderá
    Quedarte puedes
    Porque la vida duele
    Duele demasiado aquí sin ti

    Aquí yo estoy y tu no estás
    Y me distrae la publicidad
    Entre horarios y el tráfico
    Trabajo y pienso en ti
    Entre puerta y telefóno
    Tu foto me hablará

    Y lucho contra el silencio hablando con él
    Y he limado tu ausencia sólo junto a mis brazos
    Y si me quieras, tú ya no me verás
    Si menos me quieras, yo más estaré allí
    Y si me quieras, tú ya no me verás
    Y menos me quieras, yo más estaré allí
    Y más estaré allí, allí, allí…
    Lo juro….

    De tardes negras
    Que no hay tiempo
    Ni espacio
    Y nadie nunca entenderá
    Quedarte puedes
    Porque la vida duele
    Duele demasiado aquí sin ti


  9. Sentir sin embargo

    julio 1, 2012 by Ana López Guzmán

    Cuando las cosas no salen como las habías planeado tienes dos opciones: hundirte con el barco o salir a flote. No sé tú, pero yo prefiero lo segundo. Por eso, cuando me dieron algunas malas noticias (las que me han tenido separada del blog las últimas semanas), cogí un lápiz y un papel y empecé a apuntar todas las cosas que dependían de mí y qué podía hacer para cambiarlas. Pienso que la clave para controlar tu vida es tomar las riendas.

    Otra de las listas que hice fue una donde escribí momentos recientes que había merecido la pena vivir. Disfrutar de un atardecer tomando un helado, tumbarme sobre el césped, escuchar un CD de música que mi vecina (y compañera de yoga) me había dejado en el buzón, la sensación protectora de un abrazo, una mirada que habló por sí sola, conversaciones de madrugada, alguien que adelanta un viaje para poder pasar unos días contigo, una niña que te hace un retrato, una foto hecha para ti, idear planes con una amiga que está lejos, programar un viaje…

    Son cosas que merece la pena no pasar por alto. Sobre las malas, las que me estaban cegando, pensé que era mejor dejar la puerta abierta para que se fueran ellas solas por donde habían venido. Al fin y al cabo, ¿de qué sirve torturarse? Ya te lo digo yo: de nada. Si sólo tenemos una vida, entonces tenemos que vivirla plenamente y no perder el tiempo machacándonos con cosas que no nos dejan disfrutar del día a día.

    Sí, lo sé. No es fácil. Cuesta desprenderse de ciertos pensamientos (y sentimientos) que a veces no podemos controlar. No se trata de poner una barrera ni de que todo te resbale. Somos humanos y a veces hay palabras o gestos que se te clavan y duelen. Intentas no pensar en ello, pero se te viene de vez en cuando a la cabeza y te preguntas por qué permitiste que te hicieran daño. Pero todas esas cosas son un aprendizaje. A veces es más importante saber lo que no quieres que te vuelva a ocurrir.

    'Perdona si te llamo amor'

    'Perdona si te llamo amor'

    Hace unos días estuve viendo con mi madre ‘Perdona si te llamo amor’ (Federico Moccia, 2009). Una peli protagonizada por Raoul Bova y Michela Quattrociocche, basada en un libro de Federico Moccia, escritor al que tuve la ocasión de entrevistar cuando trabajaba en el diario Qué! (que ha cerrado esta semana, muy a mi pesar y al de todos los que tuvimos la oportunidad de formar parte de él).

    Mientras hablaba con Moccia, me di cuenta de que estaba haciéndole preguntas como si él fuera un sabio del amor. Es lo que tiene hablar con un italiano especializado en novelas románticas. Cuando me iba le pedí que me dedicara su último libro (en aquel momento), ‘Perdona pero quiero casarme contigo’. Después de despedirme de él, abrí la primera página, donde había escrito: “Espero que encuentres lo que estás buscando. Gracias por esta bonita entrevista”.

    Meses después se estrenaba la película de la que os hablaba. Moccia vino a España para presentarla junto al protagonista de la cinta. Cuando vi clara la ocasión, me acerqué a él para saludarle sin tener demasiada confianza en que él recordara nuestra charla. Sin embargo, me reconoció al instante. Me sonrió y me dijo en voz baja: “Y bien, ¿lo encontraste?”.

    Creo que sí.

    Aquellos años de italiano merecieron la pena sólo por aquella entrevista. Os dejo una canción de una cantante con las mismas raíces que Moccia. Se llama Elisa y la canción es ‘Sentir sin embargo’. Este tema lo descubrí en otra película, ‘Manuale d’amore 2’.

    EPPURE SENTIRE (SENTIR SIN EMBARGO)

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    A un paso del “pudiera ser”
    A un paso de ti…
    Con miedo de qué decidir
    Con miedo de mí…
    De todo cuanto no sé yo
    De todo cuanto me faltó
    Sentir sin embargo la flor entre el asfalto
    El cielo de cobalto ver…
    Sentir sin embargo los sueños entre el llanto
    Los días de silencio ver…
    Sentidos de ti…

    Os dejo también el tráiler de la película:

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  10. Nunca es demasiado tarde o demasiado pronto

    mayo 25, 2012 by Ana López Guzmán

    “Últimamente ando algo perdido. Me han vencido viejos fantasmas, nuevas rutinas. Y en cada esquina acecha un ratero para robarme las apara robarme las alhajas, los recuerdos, las felicidades. De un tiempo a esta parte llego siempre tarde a todas mis citas. Y la vida me parece una fiesta a la que nadie se ha molestado en invitarme. De un tiempo a esta parte me cuesta tanto, tanto, tanto, no amarte, no amarte”.

    Así empieza la canción ‘Últimamente’ de Ismael Serrano. Seguro que tú también te has sentido así alguna vez. Incluso puede que ahora mismo. Pero, ¿sabes? Creo que cuando te identificas con estas frases es porque has permitido que algo que no debería haber ocurrido tuviera lugar. No puedes quejarte de no hacer nunca nada, por ejemplo, si cuando te proponen algo no aceptas por sistema.

    Cuando decides empezar a hacer cosas, es como si fuera un motor que te va dando cada vez más y más fuerza para seguir adelante. Pero lo primero que tienes que hacer es dar ese paso. Y el resto se arreglará solo. Con la actitud adecuada puedes hacer que el mismo mundo que ves cada día sea un lugar placentero donde disfrutar de la vida o una prisión de la que sientes que no puedes escapar.

    Escena de 'La boda de mi mejor amigo'

    Dermot Mulroney y Julia Roberts en una escena de 'La boda de mi mejor amigo' (1997)

    Él me preguntó si había visto ‘La boda de mi mejor amigo’ (P. J. Hogan, 1997). Por supuesto que sí. Eso me hizo pensar en mis mejores amigos y amigas. Y es que hay que ser muy buenos amigos para llegar a hacer un pacto como el de Julia Roberts y Dermot Mulroney en esa película. Algo así como: “Si a los X años no nos hemos casado, nos casaremos nosotros”.

    Hace poco hice un pacto con mi amiga Eva. Creo que si hubiera estado en juego el futuro de la otra lo habríamos conseguido, pero se trataba de hacer algo para nosotras mismas. Creo que lo mejor será plantearle a Eva el pacto de otra manera. Y es que a veces es muy difícil seguir las recomendaciones de los demás, por mucho que todos te digan lo mismo. Ayer Mr. T me dijo: “Eres única. Todo el mundo te dice que hagas una cosa y haces lo que te da la gana”. Pero, ¿no le pasa a todo el mundo? Supongo que a unos nos cuesta más que a otros.

    Otra peli de Julia Roberts que se me vino a la cabeza fue ‘Novia a la fuga’ (Garry Marshall , 1999). La protagonista se escapa cada vez que va camino al altar. Esos hombres que la esperan son aparentemente perfectos para ella y están dispuestos a convertirla en la mujer más feliz del mundo. ¿El error? Roberts intenta convertirse en la persona también aparentemente perfecta para ellos, pero olvida algo. Encajar con una persona no significa convertirse en el otro. Para amar hay que ser fiel a uno mismo.

    Julia Roberts en 'Novia a la Fuga' (1999)

    Julia Roberts en 'Novia a la Fuga' (1999)

    Lina dice muchas veces que da igual que una llave y una cerradura sean de oro. Que si no encajan, no encajan. En la película, Richard Gere hace a todos los ex de Roberts la misma pregunta: “¿Cómo toma ella los huevos?”, y ellos responden: “Fritos, como a mí”; “Escalfados, como a mí”; “A la plancha, como a mí”. Parece una tontería, pero ella no sabe cuáles son sus huevos preferidos porque lleva tanto tiempo adaptándose a otros que ya no sabe ni quién es. Y cuando se relaja, cuando deja de buscar, cuando es ella misma… Es cuando “esa persona maravillosa que está creando el Universo” por fin aparece.

    Esta última frase me la dijo Raquel el día que estuvimos haciendo la sesión de fotos en el estudio. Se lo dije a E y ahora ella la ha acuñado como propia, con esperanza e ilusión. Son lo que nosotros empezamos a llamar sin darnos cuenta “frases para colgar en el cabecero de la cama”. ¿Recuerdas? Tal vez sea hora de volver a leer aquellas citas que tan ciertas nos parecieron cuando las escuchamos por primera vez. Tal vez también sea ahora el momento de hacer caso a todo lo que nos dicen, a todas esas películas, canciones, citas célebres o consejos de nuestros amigos y familiares.

    Si te dicen que estás en un agujero, lo primero que hacer es reconocerlo e intentar salir de él. Dejar de castigarte, perdonarte y volver a empezar, porque como decía Benjamin Button, “nunca es demasiado tarde o demasiado pronto para empezar de nuevo”, ¿te acuerdas? Te deseo muchísima buena suerte en tu camino. No dudes que yo estaré ahí para tenderte la mano incluso cuando me digas que no la necesitas.

     

     


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