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‘Ciencia Ficción’ Category

  1. Un universo de series para ver este otoño

    octubre 23, 2015 by Ana López Guzmán

    En un momento en el que todos veis ‘Juego de tronos’, ‘House of cards’ o ‘True detective’, voy a hablar de otras series que a lo mejor no son tan seguidas como éstas, pero a mí me han enganchado por una cosa o por otra. Ya sabéis que siempre le busco tres pies al gato o la forma de aprender algo de cada cosa que veo en la pantalla grande o en la pequeña que pueda aplicar a mi vida personal… Pues a ello voy y así entenderéis por qué cada noche me planteo la misma pregunta: ¿Hoy qué vemos?

    1. Empezaré por ‘Arrow’. Voy por la cuarta temporada, que se está emitiendo ahora. Empecé a verla por recomendación de mi madre. “Es sobre un justiciero con muy mala leche, pero el chico tiene sus motivos”, me decía. En fin, ¿quién no tiene una black list? Ya en el instituto jugaba con mi amiga Beatriz al: “Si pudieras desterrar a tres personas de tu vida, ¿quiénes serían?”. Y eso que me tengo por una persona tranquila y civilizada. Lo cierto es que yo nunca cogí un arco y me puse a tirar flechas a nadie, pero me hubiera gustado, así que no soy tan diferente a Oliver Queen, ¿no?… Según avanza la serie, va cambiando su causa, que no está mal. Si tú también le has fallado a esta ciudad (se me pone la piel de gallina cada vez que dice esa frase), échale un vistazo.

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    2. De ‘Arrow’ nació el spin-off ‘The Flash’. ¿Qué deciros? Me encanta Barry. Es como Peter Parker, te inspira ternura porque es un chico normal con un don especial: corre más rápido que nadie. Al principio yo me preguntaba cómo iba a ayudar a tanta gente simplemente por ser rápido, pero puede incluso detener un tsunami si se lo propone…  Y entre que salva a unos y otros tiene tiempo para ir descifrando cabos sueltos de su pasado. Personalmente opino que está enamorado de una petarda y que le iría mucho mejor con Felicity (de ‘Arrow’), pero Felicity ya está cogida, como le advierte Oliver Queen a Barry… ¡Ay, l’amore! ¡Cómo gustan los triángulos amorosos en las series!

    3. Y hablando de triángulos, mi favorito es el de ‘Crónicas Vampíricas’. Esta me la recomendaba mi amiga Berta: “¡Cómo puedes vivir sin verla!”, me reñía. Y mira por dónde tenía razón… Va por la séptima temporada. Yo me las he visto todas este año del tirón. Ya sabes, uno de esos momentos en los que te das cuenta de que estás enganchado porque puedes verte cinco episodios seguidos, pero quieres más y más… Mis personajes favoritos son Damon y Caroline, que no son pareja, y espero que no lo sean nunca. Damon es hermano de Stefan, y ambos están enamorados de Elena durante muchas temporadas. Y ella se debate constantemente entre uno y otro hasta que al final se decide… No os diré por quién por si os decidís a verla desde el primer capítulo como hice yo.

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    4. La última en llegar a mi salón ha sido ‘Suits’. Me gusta porque no es la típica serie de abogados. Ves la evolución de los personajes y te toca la fibra sensible. Como sólo llevo seis episodios no puedo contar mucho más, salvo que uno de los protas salía en una peli de la que os hablé hace un tiempo, ‘¡Porque lo digo yo!’ (Michael Lehmann, 2007). Su personaje era completamente distinto al de la serie, pero ambos me encantan.

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    5. Cuando te pasas meses escuchando hablar a tus compañeras de quién es A, al final te pica la curiosidad y terminas viendo ‘Pequeñas mentirosas’ (gracias de nuevo a Berta y también a Pau). ¿Lo malo? Es una de esas series que deseas que terminen de una vez para descubrir quién es el malo, pero a la vez que no quieres que se acabe nunca… Mi favorita es Hannah. También tuvo su spin-off, ‘Ravenswood’, que protagonizó precisamente Caleb, el novio de Hannah, pero tras la primera temporada se canceló.

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    6. ¿Te has planteado alguna vez qué pasaría si de pronto todos los animales tomaran conciencia y empezaran a vengarse de los humanos con el propósito de exterminarlos? Pues es lo que ocurre en la serie ‘Zoo’. Advertencia: no querrás ir a un safari, ni al zoológico nunca más. A James Wolk, que interpreta a Jackson Oz alias ‘Rafiki’, le vimos en ‘The crazy ones’, una comedia sobre publicistas que protagonizaban mi querida Sarah Michelle Gellar (‘Buffy cazavampiros’) junto al gran Robin Williams, que en paz descanse :(

    First Blood

    7. Y ya que hablamos de animales, me he planteado muchas veces qué pasaría si ellos también se convirtieran en zombies en ‘The walking dead’. Pero de momento, parece que sólo corren peligro los humanos. Para mí, el mejor es Daryl, que puede ir tranquilamente en moto sin que los zombies le tosan. ¡Qué tío más grande! Reconozco que esta serie me ha hecho plantearme muchas cosas. Cada vez que me doy una ducha, pienso en lo afortunada que soy, jeje… Y también estoy montando mi kit de supervivencia zombie (por si acaso). Le pedí a Nacho que me regalara una katana por nuestro aniversario, pero no lo hizo… Ya se lamentará si nos encontramos a algún caminante en el descansillo…

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    8. ‘Fear the walking dead’ muestra cómo empezó todo este rollo de los muertos vivientes, desde la perspectiva de una familia. Todavía no sé si me gusta o no… Es extraño. En parte, no soporto a ninguno de sus personajes porque a veces parecen idiotas. ¡Cómo puedes no asumir lo que estás viendo delante de tus narices! Aunque bueno, supongo que eso nos puede pasar con otras realidades que nos dan de golpe en la cara… En fin, que aún así la he visto y la seguiré viendo si hacen una segunda temporada, cosa que no he investigado por ahora. ¿Alguien lo sabe?

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    9. Con ‘Orange is the new black’ tengo un dilema… Me gusta, pero últimamente me aburre. La última temporada es muy floja comparada con las anteriores y a veces no me importaría que se llevaran a Pipper a ‘The walking dead’. Para mí lo mejor de esta serie es conocer la historia de cada personaje (¡de todos! Hasta del que pensabas que no era interesante), como hacían en ‘Lost’. Me gusta saber qué llevó a todas a estar en prisión o por qué se comportan de una manera o de otra.

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    10. Uy, pensaba escribir sólo sobre diez… ¿Y ahora cuál elijo? Mmmmmm… Ya sabéis que ‘Big Bang Theory’ y ‘Modern Family’ son geniales. Venga, voy a poner 11 para poder hablaros de ‘Scandal’. Kerry Washington tiene un don para que toda mujer que ve esta serie (al menos las que yo conozco) deseen en algún momento ser Olivia Pope, ya no sólo por su armario, sino por su decisión y seguridad en sí misma, que ya la quisiera yo… De nuevo triángulos amorosos y mil enredos políticos  de todo tipo que Olive tiene que resolver con su equipo. Tony Goldwyn, quien hiciera del malvado amigo de Sam en ‘Ghost’, da vida al Presidente de los Estados Unidos. Empezarás a quitarte el odio que despertaba en la película y te encantará, aunque no tanto como a Olivia Pope…

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    11. La última serie de la que os voy a hablar es… Tachán, tachán… ¡‘Teen wolf’! ¿Por qué? Pues porque uno de los protas es Dylan O’Brien, que es también el protagonista de la trilogía ‘El corredor del laberinto’ (la segunda parte, ‘Las pruebas’, la podéis ver todavía en cines). Ya sólo por su interpretación, que le ha llevado a ganarse premios sin ser el protagonista principal, merece la pena verla. Es una de esas series de adolescentes donde al principio sólo uno tenía un poder y al final todos acaban siendo algo especiales. Si te gustan las series adolescentes, como es mi caso (y no me avergüenzo de ello), ¡tienes que verla! PD. O’Brien es el segundo en la foto.

    TEEN WOLF

    En fin, peliculistas, espero que os haya gustado mi listado. Sé que muchos lo criticaréis, pero me da igual, porque es lo que me gusta a mí y para gustos los colores, ¿no? También se aceptan recomendaciones y comentarios varios. Total, opinar es gratis, y de eso en esta vida, poco hay…

    ¡Sed buenos!


  2. Quién soy VS quién quiero llegar a ser

    enero 4, 2015 by Ana López Guzmán

    Es inevitable empezar el año sin propósitos. Te sorprendería descubrir mi lista. No hay cosas como apuntarse al gimnasio o dejar de fumar, porque considero que ya hago bastante ejercicio y además, no fumo. Pero si hay algo que me gusta en esta vida es escribir, así que me he propuesto hacerlo con más frecuencia y no teneros tan abandonados como el año pasado.

    El 2015 apunta maneras. Siempre tuve grandes expectativas respecto a este año, ya que es al que Marty McFly viajaba en su DeLorean en ‘Regreso al futuro II’ (Robert Zemeckis, 1989), una peli que todos recordamos y que hoy podemos comparar con la actualidad: ni patines ni coches que vuelan, ni ropa autoajustable o que se seque sola, pero gracias a Dios tampoco llevamos sus modelitos…

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    Sin embargo, hemos conseguido muchas cosas, ¿verdad? No se trata solo de ver lo que quieres llegar a ser. También es conveniente pararse a pensar en nuestros logros. A lo mejor de primeras piensas: “¿Y qué he conseguido yo?”. No te deprimas y dedícate un tiempo a pensar en ello.

    Hace unos años, un psicólogo me dijo que un ejercicio positivo para cualquier persona era elaborar una lista con las cien cosas que has hecho de las que te sientes orgulloso y otras cien que quisieras hacer. Me pareció interesante y lo hice. A veces me bloqueaba pensando y otras empezaba a escribir como una loca. Me dijo que tuviera esa lista cerca de la cama, para que pudiera verla cada noche que me acostara estando de bajón: así me recordaría todo lo que había hecho bien y me motivaría a mí misma, viendo quién soy y en quién quiero llegar a ser.

    KERRY WASHINGTONSoy adicta a las series. A veces pienso que tengo un problema, ya que me engancho con gran facilidad y no paro hasta que veo del primer al último episodio. Pues bien, últimamente he descubierto muchos personajes que me han conquistado: mujeres poderosas o que luchan por serlo, desde Olivia Pope (Kerry Washington) de ‘Scandal’ (cien por cien recomendable) a las justicieras de ‘Arrow’ o la mente fría de Blair Waldorf en ‘Gossip Girl’ (sé que terminó hace tiempo, pero yo la he visto este año, ¿qué le voy a hacer?).

    Cuando analizo a esas mujeres, no sé por qué pero me animo a probarme. Me gusta vivir teniendo siempre una ilusión, pero es mucho mejor cuando esa ilusión se materializa. Eso me hace sentir plena y hace que tenga ganas de seguir conociendo un poquito más el mundo, pero también a mí misma.

    Hace unos meses, una mujer que me ha marcado mucho me dijo que no tuviera miedo a volar, que solo me faltaba un empujón para ser la crack que podía llegar a ser. Creo que todos podemos serlo, pero tenemos que cargarnos de energía y no tener miedo al fracaso. Como mucho, respeto. Yo me he puesto manos a la obra. Y tú, ¿te apuntas?


  3. Los días de lluvia

    febrero 7, 2013 by Ana López Guzmán

    Cuando te pasas un año entero haciendo algo día tras día, es imposible no convertirte en un experto. Yo tenía siete años cuando empecé a ir a clase de guitarra. Era la más pequeña del grupo, así que el profesor me tenía entretenida haciendo punteo. Y yo me pasaba las horas muertas así… Totalmente aburrida, pero entregada.

    Un tiempo después, los que iban un curso por encima del mío empezaron a apuntarse a clase, así que admiraban con asombro mi destreza. Al fin y al cabo les llevaba algunos años de ventaja. Pero aquello seguía sin ser lo mío. Aun así, seguí yendo a clase, porque tenía otro motivo… Encontré una ilusión.

    Escena de la película 'El efecto mariposa'

    Escena de la película ‘El efecto mariposa’

    Y esa ilusión era mucho mejor que yo. Me había alcanzado rápido porque me había distraído por el camino. Pero era bonito seguir asistiendo a clase… Al año siguiente lo dejé y prácticamente me “olvidé” de mi ilusión. Empecé a llamarte Radikal por aquella bebida. En la etiqueta ponía “amor platánico” (que no platónico) y me resultó muy gracioso.

    El tiempo pasaba y no tenía valor de mirarte frente a frente. Jamás. Bastaba con observar a la pelota. Cuando eres un niño pocas cosas te hacen falta para ser feliz. Y que si el balón va, que si el balón viene… Y allí estábamos. Fieles a nuestra cita. Una cita que tú desconocías por completo.

    Pasaron los años y te perdí de vista. La inspiración siguió su camino y yo continué por el mío. Cambié mucho. Me volví una persona mucho más segura de mí misma. Empezaba a descubrir que si uno desea algo con todas sus fuerzas puede conseguirlo, pero requiere mucho trabajo y la capacidad de entrega no era algo que a mí me faltase. Y si no que se lo dijeran a mi profe de guitarra…

    Un día me propusieron ir a un sitio. Allá fui. Y… ¡Zas! ¡Te encontré! ¿Dónde habías estado todo este tiempo? ¿Por qué tenías que aparecer justo en ese momento? Bueno, supongo que era cuestión de paciencia. Pero todos somos lo que éramos en el patio del colegio y aquella niña me advertía que continuara por el camino que había iniciado.

    Tuve que darme algún que otro golpe de bruces para darme cuenta, pero a veces es necesario. Fue el segundo punto de inflexión. Creo que me hizo más fuerte. Era la época de las pelis de terror. Todos los viernes me iba a casa de mi amiga Bea. Incluso escribimos un libro del género entre las dos. Durante el día lo maquinábamos y por las noches yo lo escribía. Fue el año que empecé con el insomnio, así que encontré una manera productiva de rentabilizarlo.

    Quién me iba a decir que luego yo iba a vivir mi propio calvario… De pronto todo se volvió muy complicado y las cosas más sencillas, las del día a día que apenas valoraba, se volvieron difíciles de conseguir. Nunca me había visto en una situación tan complicada. Perdí la esperanza. Pero tuve que reponerme.

    Y en medio de todo aquel proceso, volviste a aparecer. Sinceramente, era algo que daba por perdido, pero tú siempre volvías. Es lo que tienen las inspiraciones, que van y vienen. Y por primera vez nos hicimos amigos. Empezamos a saber quiénes éramos. Hice las cosas mal, pero te aseguro que era yo al cien por cien. Nunca fui más yo que aquellos días. Sé que es difícil de creer.

    Momento de la película 'El efecto mariposa'

    Momento de la película ‘El efecto mariposa’

    Sin embargo, aquella situación de escritora encuentra a su musa no se podía extender para siempre. Tenía que decirte algo. No podía seguir así, aunque sabía que cuando lo hiciera perdería lo que tantos años me había costado conseguir. Y pese a eso, me diste la oportunidad de hablar… Dos veces.

    Desde entonces los días de lluvia nunca volvieron a ser lo mismo. Nunca. Ni tampoco las canciones. En especial algunas. Ha pasado mucho tiempo. Muchos años. No hemos vuelto a encontrarnos. Pero quién sabe… Si aquella bruja tenía razón, entonces antes o después llegará ese momento.

    Y yo te sigo imaginando con tu guitarra, en plan cantautor, dándolo todo en la intimidad. Yo sigo igual, escribiendo. Cojo mis ideas y las esparzo en este blog. Cojo la cámara y capturo momentos. A veces lo hago sólo con los ojos y me guardo esas imágenes para mí. Otras me hablas en sueños y me das mensajes. Y yo los guardo como un tesoro.

    Creo que cuando nos hacen daño, una parte de nosotros se va y no vuelve. Es esa parte consciente que te hace protegerte para que no vuelvan a herirte. Es la más orgullosa. Pero hay otra que es la que se queda con las cosas buenas y es la que te hace contestar a mi llamada, aunque a veces te tomes tu tiempo.

    Una vez mi inspiración me hizo una propuesta. Fue hace ya algunos años. Recuerdo que yo estaba trabajando en un periódico, corriendo de aquí para allá cuando oí sonar mi teléfono. No sé qué ocurrió con aquello. Se perdió por el camino y no me lo he perdonado. Es como dejar escapar el tren de las oportunidades. Como una llamada perdida.

    Pero, ¿sabes qué?  Que la vida nos pone del revés. Que yo tuve encendido un ordenador durante una semana para conseguir descargar una historia de un rey para una mujer que era muy importante y a la que ni siquiera conocía y me parece que eso os hizo felices.

    Que no creo en los puntos finales. Nunca lo he hecho. Así que voy a esperar a ver cómo sigue el siguiente capítulo. Y si esta historia fuera una película, sin duda sería una saga que contaría cómo una niña fue haciéndose mayor, esculpiendo sueños y masticando realidades.

    El actor Ashton Kutcher en 'El efecto mariposa'

    El actor Ashton Kutcher en ‘El efecto mariposa’

    Tal vez si alguien te preguntase harías una sinopsis muy distinta de esta peli. Sería mucho más breve. Pero ya sabes, yo soy de las que cuentan todos los detalles, pero porque para mí son fundamentales para entender el conjunto. Nadie conoce a nadie hasta que no se pone en su piel y elige saber cómo se siente el otro. Entonces es cuando empatizas y logras comprender lo que hasta ahora era una peli de autor demasiado complicada.

    ¿Recuerdas ‘El efecto mariposa’ (Eric Bress, 2004)? La teoría del Caos: “El aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo”. Creo que yo provoqué uno bien grande, pero al igual que decían en la peli, “Si puedo hacer cicatrices, ¿tengo el poder de sanarlas?”.

    Si la teoría del caos nos habla de los cambios que se producen por un comportamiento aleatorio, imagina la repercusión que pueden tener tus decisiones y tu modo de ver la vida. Yo creo que cuando te conoces bien por dentro, es cuando tomas conciencia de lo que puedes llegar a ser. Creo en ti. ¿Y tú?


  4. Sigue el camino de baldosas amarillas

    enero 17, 2013 by Ana López Guzmán

    Cuando éramos pequeñas, mi hermana era un poco trasto. La única forma de domar a la fierecilla era poniendo una peli en la tele, así que mi padre siempre nos traía los grandes éxitos del videoclub (¡Ay, Blockbuster, cuánto te echo de menos!). El caso es que gracias a ella o a mi padre o al del videoclub, me empapé de cine desde niña y me quedé con lo que para mí es lo mejor: la esencia de cada peli. Sus enseñanzas. Y es que de todas sacas algo, hasta de las más malas.

    'Regreso a Oz', (Walter Murch, 1985)

    ‘Regreso a Oz’, (Walter Murch, 1985)

    Un día mi padre apareció con ‘Regreso a Oz’, (Walter Murch, 1985), secuela de ‘El Mago de Oz’ (1939). Una peli que empiezo a pensar que sólo he visto yo (si me equivoco y tú la recuerdas, por favor, dímelo y formamos un club). En realidad poco tenía que ver con la primera. Era mucho más oscura y a veces daba bastante miedo, la verdad. Así de entrada, os diré que algunos de sus malvados protagonistas eran una princesa sin cabeza, unos rodadores que perseguían a Dorothy, un pantano de la muerte que te convertía en arena si lo pisabas y un rey gnomo con fobia a las gallinas.

    Sobre Oz había caído una especie de maldición que había convertido a todos sus habitantes en piedra. La misión de la heroína era devolverles a la vida. ¿Recordáis quiénes eran sus mejores amigos? Un Espantapájaros que deseaba tener cerebro, un León Miedica en busca de valor y un Hombre de Lata que quería un corazón para sentir.

    Yo no soy Dorothy ni tengo unos chapines de rubíes que me devuelvan a casa con tan sólo chasquear sus tacones tres veces mientras digo “No hay nada como estar en casa”, pero sí que tengo cosas en mi vida que son mágicas y personas por las que también me enfrentaría a un sinfín de peligros si su vida estuviera en juego. Y si tuviera que emprender un viaje a Oz, tengo claro quién se vendría conmigo.

    Uno de ellos es alguien a quien llamo cariñosamente Keru. Keru dice tener un corazón de madera, pero no es cierto. Tiene un corazón enorme, pero protegido por una coraza. Lo que no sabe es que las corazas de madera son más fáciles de tallar que las de piedra. Se pueden esculpir para hacer algo muy bello. Y si lo quieres, incluso puedes deshacerte de ellas y llegar hasta el final, donde habitan los sentimientos (incluidos aquellos que ya no crees ni tener).

    Un corazón que no vibra no está muerto. Sólo está congelado. Se trata de encontrar cosas que hagan que vuelva a manifestarse con todo su esplendor. Pero esas cosas llevan tiempo. ¡Ay! ¿A quién no le ha pasado? Y es que cuando uno sufre por amor, sus cicatrices sanan, pero dejan un recordatorio. Es como un papel arrugado: se puede volver a estirar, pero nunca volverá a ser lo mismo.

    Otro compañero sería un amigo que dice ser un pirata. Creo que es otra forma de reaccionar ante el desamor. Prefieres no entregarte a nadie. Tal vez, si acaso, a ratitos. En pequeñas dosis, ya sabes. Pero cualquier implicación encaminada a un compromiso haría que este pirata cogiera el primer barco que encontrase y se marchara huyendo lo más lejos posible. Mi amigo el pirata tenía otros motivos para lanzarse al mar. Quería vivir una aventura. Construir su propia historia. De hecho, si hubieran conocido a Keru-corazóndemadera, le hubiera dicho una de sus frases favoritas: “Sé el guionista de tu propia vida”.

    Así que de momento tenemos preparados para el viaje un corazón blindado y un alma libre que no quiere sentirse atada a ningún puerto. Mi tercer compañero a la tierra de Oz sería alguien a quien hice una promesa: enderezarle. Le guiaría hasta su camino de baldosas amarillas, pero sería una senda bien recta. Que fuera directa al castillo de la Ciudad Esmeralda sin desvíos ni entretenimientos. Ese sería sin duda El Camino. No sé qué necesitaría para conseguir que mi amigo no se perdiera en nuestra travesía, pero estoy segura de que con un poco de esfuerzo lo logaríamos. Juntos.

    Dorothy hacía su viaje con Toto, su perro. Las comparaciones son horrorosas y esta es aún más terrible, pero yo me llevaría a mi mejor amiga, que es el equivalente en confianza. Él no pedía nada al Gran Mago. De hecho, me parece un gesto un tanto grosero por parte de Dorothy no haber pensado en su pobre perro o no haber pedido nada para él. Quién sabe… A lo mejor ni se hubiera vuelto a Kansas. Lo que no sé es por qué él no hablaba si los animales podían hacerlo en Oz… El caso es que yo me llevaría a mi amiga para que el Gran Mago concediese alguno de sus deseos. Uno en concreto: el amor más grande, que es el que se merece.

    Y yo… ¿Qué pediría? Sólo ser feliz. Es cierto que han ocurrido muchas cosas malas con las que no contaba últimamente, pero he decidido no venirme abajo. Creo que siempre tienes opciones. Y yo me siento apoyadísima. Tengo mucha suerte. Me da igual dónde vaya a dar mi camino de baldosas amarillas porque sé que no estaré sola. Y que al final también me estará esperando algo tan resplandeciente como una esmeralda. Esa luz es mi motor y mi gente son mis compañeros de viaje, al igual que yo lo soy de los suyos.

    Voy a tomar ese último trago de Cola Cao con el trocito de chocolate que me has dado. Aquí no hay posos que mirar o interpretar. Tal vez tú puedas hacerlo en tu té rojo, ese que yo creo que me hace enfermar. O con tu don de mentalista puedas decirme lo que ves en mi castillo. No tengo miedo. Ya no. La cajita de música me relaja, tanto como las películas a mi hermana. Un regalo que siempre llevaré conmigo porque, como dice Keru, “toda buena historia merece tener una banda sonora”.

    Os dejo una canción de Miranda Warning que hace referencia, precisamente, a esta senda maravillosa de la tierra de Oz. Dentro de poco podremos ver la nueva versión que Sam Raimi ha hecho: ‘Oz, un mundo de fantasía’. ¡Qué ganas!

    'Oz, un mundo de fantasía', de Sam Raimi

    ‘Oz, un mundo de fantasía’, de Sam Raimi

    DESPIERTA (MIRANDA WARNING)             

    Ahora despierta
    Tu noche se acaba ya
    No quieres abandonar
    Dejar ese sueño atrás
    Sin duendes ni hadas
    Sin senda al País de Oz
    Mejor si es de tu color, tu mundo, tu creación 

    Nada es igual a la luz del día
    en sueños saldrás fuera de mi vida

    Escondes tu miedo a salvo en tu oscuridad
    detrás de tu máscara no ves que yo soy real

    Y no tienes el valor,
    el valor
    de mirarme frente a frente,
    de romper tu escudo en dos

    Ahora despierta, tu noche se acaba ya
    es hora de abandonar, dejar ese sueño atrás

    Nada es igual a la luz del día
    en sueños saldrás fuera de mi vida

    Y no tienes el valor,
    el valor
    de mirarme frente a frente,
    de romper tu escudo en dos

    Que lo frágil se hace fuerte, 
    ten valor 
    porque el tiempo también pasa en tu reloj, pasa en tu reloj…

    Y no tienes el valor,
    el valor
    de mirarme frente a frente,
    de romper tu escudo en dos


  5. Si crees y quieres, entonces puedes

    diciembre 30, 2012 by Ana López Guzmán

    Cuando era pequeña me tocó con la revista SuperPop una tarjeta para tomar decisiones. Tenías que poner el dedo encima y, según el color que te saliese, el consejo era uno u otro. El caso es que a mí siempre me decía lo mismo: “Ideal, ¡lánzate!”. Creo que en parte eso era positivo porque me animaba a hacer cosas. Además, si salía mal, siempre podía culpar a la tarjeta.

    Tom Hanks en una escena de la película 'Big' (1988)

    Tom Hanks en una escena de la película ‘Big’ (1988)

    Algo parecido le ocurría a Tom Hanks en ‘Big’ (Penny Marshall, 1988) con su bola de ‘El ocho’. Esa que según la agitas te da también un consejo. Para la suerte del protagonista, el resultado no siempre era el mismo. Creo que con cosas como éstas te ayudas a ti mismo a justificar las decisiones que ya has tomado, pero… ¿A quién no le viene mal un refuerzo positivo?

    El caso es que el año pasado estaba trabajando con mi prima en Brighton y me acerqué un día a su mesa para charlar con ella. Entonces vi que tenía una bola de ‘El ocho’ exactamente igual que la de ‘Big’. Quise saber cómo la había conseguido, pero para mi desgracia se la había regalado su amigo invisible. ¿Cómo iba a enterarme de cómo hacerme con una?

    –         Pregúntale al italiano.

    –         ¿Te la ha regalado él?

    –         Bueno, cuando abrí el regalo no paraba de preguntar si me había gustado…

    –         Me temo que tu amigo invisible es bastante visible…

    El caso es que moví cielo y tierra para descubrir que vendían la bola en Amazon. Imaginaos. Toda mi vida mirando en cada tienda, preguntando a la gente… Y no se me había ocurrido mirar en Internet. O supongo que hacerlo hubiera hecho que se perdiera parte del encanto de encontrar algo que llevaba tanto tiempo esperando. Os aseguro que el día que la recibí fue uno de los que he vivido con mayor ilusión.

    Supongo que es lo que ocurre cuando deseas algo con muchísima fuerza. Cuando estás seguro de que va a llegar. El problema es que hay cosas que nunca sabes si pasarán y por el camino te entretienes. Lo mejor es no perder el tiempo porque al fin y al cabo sólo tenemos una vida.

    Ahora ya tengo mi bola. Simplemente me gusta hacer preguntas sin demasiada trascendencia, agitarla y ver lo que sale porque tiene el don de decirme siempre que haga lo contrario a lo que quiero hacer. Tal vez debería empezar a hacer caso a ese cacharrito… Y es que tengo la sensación de que por más que llegue puntual a todas mis citas, siempre llego tarde a las más importantes.

    Al final todo es elegir un camino, coger carrerilla y seguir adelante. Lo mejor es no plantearte si estás haciendo lo correcto. No dudar. Y eso es algo que he aprendido últimamente de algunas personas que ven la luz y la siguen firmemente. No hay vuelta atrás.

    A mí me cuesta ser así, pero también me cuesta mucho pasar del todo al nada. Si lo doy todo, lo doy con todas las consecuencias. Y no me importa equivocarme, porque forma parte de la vida. Entonces un día cancelas todas tus citas. Pones tu vida del revés. Te llevas la contraria, sólo por intentar algo diferente. Porque piensas que tal vez así aciertes.

    Te encuentras con unas escaleras y decides subir. No te cansas porque tienes la motivación de descubrir qué encontrarás al final. Y ahí está. Todo es paz y tranquilidad. Te animas a disfrutar del paisaje. Tocas lo que te encuentras. Quieres sentirlo. Estás decidiendo vivir.

    Y pasas allí un tiempo. Te pierdes porque quieres hacerlo. Darías lo que fuera porque nadie te encontrase. Entonces caes en un sueño muy profundo. Has colmado tus ansias de conocimiento. Has resuelto tus dudas y ahora lo ves todo un poquito más claro. Te has ganado ese descanso. ¡Lo necesitabas tanto!

    Pero nadie puede permanecer allí eternamente. La vida continúa abajo, pero tú quieres quedarte. O tal vez no. Tal vez sea mejor seguir con tu decisión. ¡Somos tan cabezotas! Y en vez de coger las escaleras, tomas la vía rápida, y de un salto vuelves al punto donde lo dejaste.

    Ahora todo es distinto porque tienes un nuevo recuerdo. Sigues adelante, pero teniendo en mente que hay un lugar donde uno puede sentirse vivo. El lugar de la luz. Es un sitio donde no existía el miedo. Donde podías relajarte sin pararte a pensar.

    Sería absurdo cerrar esa puerta. La vida no se acaba donde empieza una nueva. Sólo son caminos diferentes. Y es bueno saber que siempre hay vías alternativas. E incluso si lo necesitas, un camino de vuelta.

    Estoy en mi jardín y me veo reflejada en el agua. Juego con ella con los dedos. Hago dibujos. Está fría, pero eso me gusta. He decidido quedarme ahí un poco más. Es pronto para volver a mi punto. Quiero seguir sintiendo esa tranquilidad y que nadie me baje de golpe y porrazo. No valgo para eso. Nunca me gustaron demasiado los cambios.

    Me seguiré preguntando si tú que me lees también querrás pasarte por aquí. Escuchar las cosas que digo. Pararte a pensar en lo que te cuento cuando abro la boca y no puedo callar. Si escucharás tu melodía, tu banda sonora. Si te perderás en los folios de una historia mágica o si te dormirás viendo tu película favorita.

    Dustin Hoffman en 'Hook' (1991)

    Dustin Hoffman en ‘Hook’ (1991)

    No hay caminos equivocados ni decisiones incorrectas porque hay puertas que no se cierran ni momentos que nunca olvidaremos. Son los que nos hacen fuertes. Son los que te dan alas. Da palmadas fuertes, como decían en ‘Hook’ (Steven Spielberg, 1991). Si crees, entonces puedes.

    PD. Dedico esta canción de Luis Ramiro a todos los que estáis empezando de cero. Ese amor sin estrenar puedes ser tú mismo. Párate a pensar en ello ;)

    Un amor sin estrenar (Luis Ramiro)

    Ahora que te vas y estoy por fin soltero lo voy a celebrar
    me visto de guerrero, primero iré a cenar
    Apunte, camarero, de entrantes me da igual
    de postre quiero el mundo entero
    Te vas y te juro que no estoy tan mal
    aunque quizás, si digo la verdad,
    tendría que afrontar al triste evidencia
    y decir que nuestros cuerpos encajaban igual
    que dos piezas de Tetris lanzadas al azar
    entre millones de seres de toda la ciudad
    Pero es el momento de empezarte a olvidar…

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    Lo hecho, hecho está
    Me merezco un amor sin estrenar…

    Ahora que te vas y estoy por fin soltero
    me voy a concentrar, mejor me desconecto,
    Me empeño en escalar el muro de tu Facebook
    No voy a estrellarme en el abismo de los celos
    Venga, ya está, hoy quemaré los bares,
    hoy voy a disparar frases antitanque
    Tengo que ligar para que te me pases,
    bórrate de mi mente con una chica puente
    Es el momento de empezarte a olvidar…

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    lo hecho, hecho está, me merezco un amor sin estrenar

    Ya me he dado cuenta de que el tiempo no para
    y hay que subirse en marcha en el primer vagón
    ya me he dado cuenta de que el tiempo no regresa, corazón

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    Basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    lo hecho, hecho está, me merezco un amor sin estrenar…

    Sin estrenar…

    Imagen de previsualización de YouTube


  6. Cuando no salen las cuentas

    agosto 13, 2012 by Ana López Guzmán

    Hace tiempo creé un blog. Fue allá por el 2004. Durante seis años escribí la historia de mi vida en aquellas “páginas”. Pero tener un blog puede darte algunos problemas. Escribir sobre los profesores de la Universidad me dio cierta fama entre el alumnado durante mi época de estudiante de Periodismo, pero no me gustó porque se estaba utilizando algo que yo había escrito de la forma más natural del mundo para hacerme daño directa o indirectamente. Fue la primera lección: Ana, cómprate un diario.

    El motivo por el que decidí no sólo dejar de escribir en él, sino borrarlo, fue porque me daba más problemas que otra cosa. Cada vez que alguien quería saber algo de mí se estudiaba mis posts de arriba abajo y eso me incomodaba. Es más, era un blog en el que nunca decía nombres. Por tanto, muchas personas se preguntaban de quién estaría hablando, en especial cuando estaba triste, enfadada o dolida por algo. Sin embargo, me arrepiento de haber dado a aquel botón de “eliminar”. Y a veces pienso que todo sería más fácil en la vida si tuviéramos botones para borrar algunas cosas, para reiniciar otras o para suspenderlas hasta dar con una solución. Pero no lo es. La vida es algo más complicada.

    Sin embargo, cuando te gusta escribir, cuando se convierte en tu vía de desahogo, sigues con el “mono”. Necesitas plasmar todo lo que piensas o sientes de alguna manera. Por eso, el día que nuestro director nos propuso crear un blog en ‘Cuore’ no lo dudé. Y como yo siempre he utilizado las películas o las series para explicar situaciones, pensé que no había nada mejor que unir las dos cosas: el cine con todos esos pensamientos que estaban paseándose libremente por mi cabeza.

    El problema del escritor, del periodista o del blogger, es que a veces no está inspirado. Ese canal de comunicación se bloquea y entonces no logras sacar todo lo que tienes dentro, o al menos no de la forma en que a ti te gustaría. No quedas satisfecho. Creo que en esos momentos debes tomarte un descanso antes de volver a retomar el lápiz y el papel o en este caso, el teclado y la pantalla.

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    No es que ahora me sienta más inspirada, pero sí estoy preparada para hablar de las cosas que me han tenido apartada del blog durante algún tiempo. Hay momentos en nuestra vida que nos abruman. Es como si estuviéramos atados en una silla de pies y manos. Intentamos soltarnos, pero no podemos. Pedimos ayuda a otros, pero somos nosotros quienes debemos desatarnos. Liberarnos de todo aquello que no nos deja respirar. Y cuando lo hacemos, sentimos un gran alivio. Es una sensación de libertad.

    Pero para que todo eso ocurra, es decir, para vivir todo ese proceso interior que nos permita sacar lo malo que llevamos dentro, es necesario dejarse apoyar. Es obvio que nadie va a resolver tus problemas, pero es importante valorar lo que tienes a tu alrededor y empezar a sopesar las cosas. A verlas con perspectiva, como ya he dicho otras veces en este blog. ¿Sabes? No estamos solos. Incluso cuando crees que lo estás, cuando te empeñas en pensar que es así, tampoco es cierto. Siempre hay alguien dispuesto a sacarte una sonrisa.

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Hace poco estuve viendo ‘Kate and Leopold’ (2001, James Mangold). Ya la había visto otras veces. Es una peli protagonizada por Hugh Jackman y Meg Ryan. Sí, una comedia romántica, pero que guarda muchas verdades. Ella es una mujer que lleva toda la vida trabajando. No ha tenido tiempo para salir de la ciudad en diez años. Lucha por liderar una empresa de estudios de mercado y al final lo consigue. Pero entonces, cuando tiene todo aquello por lo que ha invertido tanto tiempo, ganas e ilusión, se da cuenta de que lo que quiere es otra cosa. Quiere disfrutar del sabor de las cosas. Despertarse abrazada a un hombre que la quiera y proteja. Que ofrezca seguridad y apoyo. Quiere dormirse abrazada a su cuerpo mientras escucha la melodía de ‘Desayuno con diamantes’ que el vecino pone cada noche en su tocadiscos y que apaga puntualmente a las doce. Y para darse cuenta de que eso es lo que quiere tiene que venir una persona del pasado que logra que ella vea que hay vida más allá de una Blackberry o el puesto de directiva de una empresa internacional.

    Al final lo que importa, lo que nos hace felices, son las cosas más sencillas. Las que a veces olvidamos. Como ir conduciendo y poder valorar el precioso atardecer que tienes frente a ti (y que no te deja ver la carretera). O como pasar una tarde con tu amiga sin hacer nada más que hablar. O ver las olas llegar a la orilla para luego retirarse silenciosas. O cerrar los ojos y sólo escuchar el silencio. Alguien me enseñó que la vida son eso, “momentos”. Pero esa misma persona olvidó el resto de las cosas que había que poner en la balanza para que estuviera equilibrada porque lo que no se cuida se desgasta.

    Para despedirme os dejo una canción de Leiva, que hacía mucho. Se llama ‘Las cuentas’. Si quieres que éstas te salgan, entonces tendrás que poner algo de tu parte porque regodearte en el placer del dolor es la peor manera de salir adelante. Toca fondo si es necesario, pero que sólo sirva para coger más impulso para salir de tu agujero y seguir luchando, que la vida es demasiado corta como para malgastarla invirtiendo esfuerzo, energía e ilusiones en cosas materiales o superficiales que no te darán la verdadera felicidad.

    Las cuentas (Leiva)

    Ya sólo quedan los demonios,
    la propina y los escombros.
    Caemos como plumas,
    olemos el fondo
    y nos quedamos cortos.

    Es tiempo de autodestrucción,
    de disparar sin adornos,
    prenderé fuego al colchón,
    que reventó nuestros otoños.

    Porque no existen tumbas de dos,
    porque el adiós se siente en vena,
    amamos lo que perdimos,
    queremos lo que envenena
    y así nunca nos salen las cuentas.

    Ya no nos saca nadie a hombros,
    la vanidad, los dobles fondos,
    quemamos las alturas,
    besamos el polvo
    y nos calamos hondo.

    Es tiempo de autodestrucción,
    de rematar sin adornos,
    me agarré a la inspiración,
    que me dejó nuestros demonios.

    Porque no existen tumbas de dos,
    porque el adiós se siente en vena,
    amamos lo que perdimos,
    queremos lo que envenena
    y así nunca nos salen las cuentas.

    También os dejo dos vídeos:

    El tráiler de ‘Kate and Leopold’: Imagen de previsualización de YouTube

    Y una escena que me gusta mucho, aunque está en inglés. Es un monólog de Liev Schreiber que interpreta al ex de Meg Ryan, la persona que encuentra la grieta en el tiempo que permite que Leopold llegue al presente y conozca a Kate. El hombre que se siente como aquel perro que vio un arcoiris: Imagen de previsualización de YouTube

    “I know, I know,it sounds crazy
    talking about… finding a crack in time under the East River.
    But in, in point,
    in point fact, Gretchen
    you know…
    it is no more crazy than, uh, a dog finding a rainbow.
    Dogs are color-blind, Gretchen. They don’t see color.

    Really?

    Just like we can’t see time.
    We can feel it.
    Oh… we can feel it passing but, we can’t see it;
    it’s just a blur.
    It’s like, …it’s like we’re riding in a, in a supersonic train
    and the world is just blowing by.
    But imagine if we could stop that train, Gretchen. Hmm?
    lmagine if we could stop that train get out, look around
    and see time for what it really is.
    A universe, a world a thing as unimaginable
    as color to a dog.
    And as real and tangible
    as that chair you’re sitting in.
    Now, if we could see it like that
    I mean, really look at it
    then… maybe we could see
    the flaws as well as the form.

    And that’s it.
    It’s that simple.
    That’s all I discovered.

    I’m just a…
    just a guy who saw a crack in a chair
    that no one else could see.

    I’m that dog who saw a rainbow“.


  7. Origen

    junio 11, 2012 by Ana López Guzmán

    Estaba sentada en un carrito. Avanzaba en zig zag muy lentamente. Y mientras lo hacía una voz iba explicando lo que había ocurrido en aquel hotel encantado. Un rayo había caído muchos años atrás sobre el edificio, acabando con la vida de las personas que estaban en el ascensor en aquel momento.

    De pronto el carrito se paraba en seco y se escuchaba un ‘clic’. Supe que algo, una especie de arnés, nos había enganchado. Entonces el carrito empezó a elevarse como si fuera un ascensor. Al llegar a la segunda planta, recuerdo que pude ver candelabros suspendidos en el aire, como si un fantasma nos estuviera advirtiendo. Entonces el ascensor caía. La sensación de vacío era horrible.

    De nuevo volvía a ocurrir lo mismo al llegar al cuarto piso. Y así hasta llegar a la planta más alta. Entonces unas puertas se abrían y podías ver todo el parque. Después se cerraban y sabías que llegaría la caída final. Si hubiera sido un sueño habrías despertado antes de chocar contra el suelo porque en los sueños no puedes morirte, como explican en la peli ‘Origen’ (Christopher Nolan, 2010).

    Leonardo DiCaprio en la película 'Origen' (2010)

    Leonardo DiCaprio en la película 'Origen' (2010)

    Esto no era más que una atracción inspirada en ‘La Torre del Terror’ (D.J. MacHale, 1997), pero me recordó a muchas situaciones que vivimos. Nos dejamos llevar, nos enganchamos. No hacemos caso a las señales. Y te vas dando pequeños sustos, hasta que llega el golpe final y vuelves a la realidad. ¡Qué absurdo! ¿Verdad? ¿No sería más fácil disfrutar del momento y no atormentarnos por cosas que nos están impidiendo ver el sol?

    De pronto el escenario cambia. Estoy en un parque muy frondoso. Voy siguiendo a otra persona que conoce el camino. Aparto ramas a mi paso y voy descubriendo un paisaje maravilloso. Y me dejo envolver por la paz que lo invade. Poco a poco yo también voy formando parte de él.

    Escogemos un huequito apartado. Me descalzo y empiezo a seguir instrucciones. Entonces me tumbo sobre el césped, miro al cielo y escucho la música de fondo. “La canción de mi alma”, me dice. Esa misma que me hizo llorar de emoción hace algunos meses. Entonces recuerdo a mi amiga E y cómo solíamos quedar para ver las nubes. Podíamos pasarnos la tarde entera reconociendo formas en el cielo. Entonces alguna lágrima recorre mi mejilla, pero son de las buenas. Las que provocan situaciones que nunca olvidarás.

    Ese momento me hace recordar quién fui hace mucho tiempo. Y me pregunto en qué momento aparté toda esa inocencia. Todo aquel despertar que hacía que agradeciera cada minuto que podía disfrutar de las cosas más sencillas. “Tú más que nadie tendrías que saber valorar la vida”, me dicen. ¡Olvidamos tan pronto!

    Hablamos de sueños. De los que vemos por las noches como si se tratase de una película, y de otro tipo de sueños. De unos en los que todo lo que observas se puede tocar y sentir. Y quiero saber más. Y ese rato me da mucha paz. “Cuando entres por esa puerta descubrirás un mundo nuevo, un paraíso”, escuché al llegar. Al salir la pregunta era inevitable: “¿Qué te ha parecido?”. Que es cierto. Que todo es tan grave como tú quieras tomártelo y que si apuestas por vivir, entonces podrás apreciar las cosas que te sorprendieron cuando eras un bebé y viste por primera vez el mundo.

    Nunca, nunca dejes de aprender. Déjate maravillar.

    La canción de hoy va por todos esos ratitos que te marcan y que no olvidarás jamás. Gracias por todos los momentos que me das. Por leer este blog. Por formar parte de mi vida.

    PARA QUE ME QUIERAS (Alejandro Sanz)

    De cualquier manera no va a ser
    Esa cantinela de esa voz, de esa mujer.
    Si alguien me pregunta yo le diré
    Que detrás de un nuevo adiós siempre cuesta despertar
    Y que esas cosas pasan, por querer saber
    Sin saber querer, sin querer te amé
    Y son esos ratitos que me das en los que es mucho mejor
    No hacer más fuerza y dejar que si se va el corazón
    Que si se va que se vaya, no lo echaremos en falta
    Quién puede perderse pensando en el alma…
    Y para que me quieras te daré un año entero que te haré sólo de primaveras
    Y lo prenderé en tu pelo con un alfiler
    Y para que me quieras, te querré con un cariño que esta vez
    Quiero quedarme, niña, quiero estar presente en mi propia vida
    Y son esos ratitos que me das,
    Esos ratitos que me das,
    Esos ratitos que me das,
    Y ahora dime sólo que estás bien
    Si alguien te pregunta, quiéreme, quiéreme
    Que me queda en estas manos,
    Pa’ saber querer
    Acaríciame, una y otra vez
    Una y otra vez
    Y son esos ratitos que me das,
    En los que es mucho mejor
    No hacer más fuerza y dejar,
    Que si se va el corazón,
    Que si se va que se vaya,
    No lo hecharemos en falta,
    ¿Quién puede quererse pensando en el alma?
    Y para que me quieras te daré un año entero que te haré sólo de primaveras
    Y lo prenderé en tu pelo con un alfiler
    Y para que me quieras, te querré con un cariño que esta vez
    Quiero quedarme, niña, quiero estar presente en mi propia vida
    Y son esos ratitos que me das
    Esos ratitos que me das…


  8. Tres deseos

    junio 6, 2012 by Ana López Guzmán

    La historia que os voy a contar ocurrió hace ya algún tiempo. Mucho menos del que parece, pero tiempo al fin y al cabo. De ese que se nos escapa sin saber cómo. Y esa noche hacía frío. Ellos estaban hablando, como lo hacían siempre, desde que se levantaban hasta que se acostaban.

    –          Si tuvieras que pedir tres deseos, ¿cuáles serían?

    Esa pregunta le hizo pararse un momento a pensar. Se esforzó por encontrar una respuesta que sonase sincera. Una de sus frases perfectas. Tres deseos… Parecen pocos, pero si te paras a pensar que es más bien poco probable que alguien pueda concederte al menos uno, entonces tres te parece algo digno de agradecer. No obstante, tienes que ser selectivo, elegir bien, como dice mi madre.

    Su respuesta hizo que ella esbozase una sonrisa. Conseguía quitarle hierro a los asuntos serios y que las cosas bonitas parecieran más tiernas. Seis meses después, ella recordó aquella conversación y se dio cuenta de que el deseo que parecía más complicado por aquel entonces se había cumplido y que las cosas ahora eran muy diferentes. Parecía que se habían intercambiado los papeles. Así de complicada es la vida. Así de complicada la hacemos nosotros.

    Cartel de la película 'Tres deseos'

    Cartel de la película 'Tres deseos'

    Esa noche puso la televisión y, paradójicamente, estaban emitiendo ‘Tres deseos’ (Martha Coolidge, 1995). En ella, Patrick Swayze es una especie de genio que hace realidad los sueños de una familia que decide acogerle en su casa tras un pequeño incidente. Y esos deseos cambian su vida para siempre. Les devuelve la sonrisa. Nada material.

    Dicen que hay que tener cuidado con lo que se desea. Bueno, yo creo que depende de cada uno. En ‘Jóvenes y Brujas’ (Andrew Fleming, 1996) también te hacían pensar que lo que deseas no debe ser nunca en beneficio propio ya que eso podría volverse contra ti. Y en ‘Aladdín’ (Walt Disney Pictures, 1992) el Genio le ponía tres condiciones a su amo: “No matar a nadie, no hacer que un alguien se enamore de otro alguien y no resucitar a los muertos”.

    Hace un tiempo  una persona me dijo: “Este año voy a pedir un deseo para ti”. Pese a que en ‘Cenicienta’ (Disney, 1950) dejaban muy claro que los deseos no hay que decirlos en alto porque si lo haces no se cumplen, me contó cuál era. No sabría decir si se ha vuelto realidad, pero sí estoy segura de que voy por el buen camino.

    Mi reflexión del día, tras dar un paseo por las reglas que nos ha dejado el cine, es la siguiente: si deseas algo lucha por conseguirlo. Si te quedas sentado esperando que ocurra ten por seguro que no pasará nada. Y si te esfuerzas de verdad tu empeño se verá recompensado. Si tienes que soplar una vela acuérdate de los demás.

    Anoche miré a la Luna y pedí mis mejores deseos para todos :) Para ti. Os dejo una canción que habla de la Luna llena y de un amor a escondidas:

    S.P.N.B. (Iván Ferreiro)

    Para que la Luna llena
    nunca choque contra el suelo
    hemos de encontrarnos siempre
    a las afueras del pueblo
    Con todos los besos nuestros…
    Son preciosos nuestros besos
    a las afueras del pueblo.

    ¿Qué pueden tener de malo
    si es lo que mejor hacemos?
    ¿Por qué han de ser escondidos
    los secretos y los sueños?

    Son preciosos nuestros besos…
    Pero nadie debe verlos
    y es lo que mejor hacemos…

    Para que la Luna llena
    nunca choque contra el suelo
    para que siempre podamos
    conocidos encontrarnos
    alargarnos la sonrisa,
    sacudirnos la distancia
    y poder burlar al tiempo…
    Para que la Luna llena
    nunca choque contra el suelo..

    Al final de la partida,
    que siempre empiezo ganando
    a las afueras del pueblo
    tú me sigues abrigando
    y te marchas caminando…
    Y aunque todo ha teminado
    de hecho todo está empezando

    Y en la procesión del Cristo
    engañaremos hasta al viento
    somos los únicos miembros
    de una sociedad secreta…

    Son preciosos nuestros besos
    Son preciosos nuestros besos
    Son preciosos nuestros besos
    Aunque nadie pueda verlos…
    Son preciosos nuestros besos…


  9. Reescribir la historia (tu historia)

    abril 12, 2012 by Ana López Guzmán

    Deja de asentir con la cabeza. ¿Qué te pasa? ¿Es que no piensas hacer nada al respecto? ¿Qué te está pasando? Te miras al espejo y no te reconoces. Entonces te acercas un poco más. Te observas de cerca, como si fueras a encontrarte con la verdad, escondida en tu mirada. ¿Por qué? Porque sabes que está ahí dentro, deseando salir.

    Hay una peli muy mala (a mí me lo pareció) que se llama ‘El cazador de sueños’ (2004, Lawrence Kasdan). Está basada en un libro de Stephen King. Hubo una escena que se me quedó grabada. Es un momento en el que se ve cómo funciona la mente de uno de los protagonistas. Podemos verle dentro de su cabeza, quemando carpetas, destruyendo información, recuerdos…

    'La Historia Interminable'En otra, ‘La historia interminable 2’ (1992, George T. Mille), protagonizada por el fallecido Jonathan Brandis, existía un personaje que se dedicaba a robar recuerdos. Se quedaban encerrados en bolas de cristal. A veces he pensado lo maravilloso que sería poder borrar ciertos momentos dolorosos. Que se quedaran así, atrapados… Pero luego pienso que en el fondo los necesitas, por mucho que ardan dentro de ti. Que aprendiste de cada uno de ellos porque, aunque hay quien dice lo contrario, siempre pensé que no hay día en el que no puedas aprender algo nuevo.

    ¿Te acuerdas de la Nada? Esta aparecía en ‘La historia interminable’ (1984, Wolfgang Petersen; basada en la novela de Michael Ende), la primera entrega de la saga, la más famosa y la mejor, indiscutiblemente. Cuando Atreyu se reencontraba con el Comepiedras, éste le explicaba lo que había sucedido en el Reino de Fantasía. Describía una gran Nada que había arrasado todo a su paso sin dejar ni rastro. “¿Un agujero?, le pregunta el guerrero. “No, un agujero sería algo, pero allí no quedó nada”.

    A veces ocurren cosas que nos dejan así. Es como un gran bloqueo que te paraliza. Y los días pasan y no logras salir de él. Es como un bucle autodestructivo. Sientes una enorme tristeza. Eso también ocurría en la misma película. Ártax, el caballo de Atreyu, se dejaba invadir por la tristeza y terminaba muriendo de pena en un pantano. Es una de las escenas más emotivas de la cinta. Atreyu le anima a luchar, le sujeta la cabeza con todas sus fuerzas… Pero termina perdiéndole.

    Atreyu intenta salvar a ÁrtaxTodos tenemos ‘Atreyus’ en nuestras vidas que nos dan ese toque de atención para que reacciones y no te dejes hundir puesto que, ¿de qué serviría eso? Muchas veces lo que ocurre es que no te das cuenta de lo que está sucediendo o de cuál es la raíz del problema, pero una vez que la encuentras, todo es más fácil porque ya sólo tienes que buscar una solución (aunque ésta no suele ser sencilla).

    Y cambias todos tus planes y quedas con una persona porque te lo suplica. Y tú accedes porque también quieres. Y entonces te golpea la realidad en la cara y te das cuenta de que no eres tan importante como te creías. Piensas que si en un futuro pudieras ver cómo ha sido tu vida no querrías recordar ese momento como uno de los peores de tu vida. Entonces recoges los trozos de dignidad que te quedan y te despides. Te vas… y dejan que te vayas. No hacen nada por retenerte.

    Después los mensajes de voz. Las llamadas insistentes. Los mensajes de súplica. Dios… Esta semana muchas me habéis contado casos así. Muchísimas. Y yo daría lo que fuera porque ninguna tuviera esa sensación. Me habláis de encuentros de madrugada y se me encoge el corazón. Lágrimas, despedidas… Entonces miras sus ojos y sabes que lo que dice es cierto, o quieres creer en ello porque así es como lo sientes, pero te estás hundiendo en el pantano de la tristeza y sabes que terminarás como el Comepiedras. Sintiendo un gran vacío…

    No hay despedida que no sea amarga. No hay verdad que no duela. Es como cuando pierde tu equipo favorito. Cuando se cancela ese plan que habías organizado con ilusión. Como cuando te dejan plantado y te sientes devastado… Pero tienes que seguir adelante.

    Ayer Concha me dijo algo: “Te cambia la cara cuando hablas de proyectos, de ilusiones”. Tenía razón. “Te has hecho pequeñita, pero eres grande y puedes hacer lo que quieras y lo sabes. ¡Hazlo!”. Y eso he hecho. He alquilado un estudio de fotografía y a partir de ahora podré empezar a hacer lo que me gusta: sacar el lado bonito de la gente. Ver sus sonrisas cuando les entregas sus fotos.

    “Tienes que dejar de poner cosas en esa gran mochila que tú sola te has colocado y no intentar quedar bien con todo el mundo. Eres la chica que quiere agradar y no disgustar a nadie, pero no siempre se puede”, me dijo Concha. ‘Aprender a decir no’ es algo que tengo apuntado en mi lista de tareas pendientes.

    Hija de la Luna y BastianY mientras trato de trabajar con esa parte de luz, como dice Lina, me encuentro con la parte de sombra, pero intento dejarla a un lado. Entonces me encuentro con la parte de sombra de otra persona. Le digo: “Es como una gran partida donde has apostado todo y lo estás perdiendo poco a poco”. Pero las situaciones límite, al fin y al cabo, son las que nos hacen reaccionar, al igual que esos ‘Atreyus’ que nos estarán esperando y animando a salir de nuestro bloqueo para volver a correr libres e iniciar la historia de nuevo. Hablo de tus amigos, tu familia, tu pareja…

    Una historia nueva, interminable. Que se haga grande con cada deseo… Déjate guiar por esos ‘dragones de la suerte’. Habrá muchas aventuras, personajes mágicos, momentos inolvidables e irrepetibles… Muchos desaparecerán, pero, ¿quién sabe? Tal vez vuelvan. Como decía la película: “Eso ya es otra historia”.

    PD. Os dejo el Tráiler de \’La Historia Interminable\’, mítica y mágica. Dedico este post a Nacho Cascajero, un gran fan de esta peli.


  10. El equilibrio

    marzo 11, 2012 by Ana López Guzmán

    - Toma, coge este extremo.

    – No puedo.

    – ¡Menuda tontería, claro que puedes!

    – ¿Y si no tengo suficiente fuerza?

    – Tendrás que intentarlo, ¿no?

    Parecía poco convencida. Se encogió de hombros y se limitó a hacer caso. Parecía tan cansada… Después cogió el extremo de la cuerda y lo enrolló alrededor de su mano. Aún no había empezado a tirar y ya podía sentir el dolor.

    – ¿Estás lista?

    Ella tomó aire y se lo pensó dos veces antes de responder. Cerró los ojos y, tras una pausa, dijo:

    – Sí, lo estoy.

    Pronto empezó a notar que la cuerda tiraba de ella. “Tienes que tener una fe ciega para que salga bien”. Esas habían sido las palabras que había escuchado antes de que todo esto empezara. Preocupado, él preguntó:

    – ¿Puedes sentirlo?

    – ¡Puedo!

    Sus pies habían comenzado a arrastrarse por el suelo, haciendo dibujos en la gravilla, aunque ella intentaba permanecer en el sitio.

    – Tienes que mantener el equilibrio. ¡Mantén el equilibrio!

    – ¡Eso intento!

    Aún tenía los ojos muy cerrados. Se concentró como nunca antes lo había hecho. “Mantén el equilibrio, mantén el equilibrio”, se repetía una y otra vez. Sentía cómo la cuerda estaba quemando su mano, pero no notaba dolor. El dolor estaba en otro sitio. Dentro de ella. A él le costaba mirar desde fuera sin intervenir, pero tuvo que gritar:

    – ¡Hazlo ahora!

    Se sentía preparada. Podía hacerlo. Sacó algo de su bolsillo con la mano que no estaba atada, pero no hizo falta que lo usara, ya que justo en ese momento notó que el nudo de la cuerda había desaparecido. Se había desatado y había caído en mil pedazos, como una serpiente que hubiera perdido la batalla contra una bestia.

    Abrió muy lentamente los ojos. Tenía la sensación de que sus pies se habían levantado unos centímetros del suelo, como si estuviera levitando. Miró en todas direcciones, pero no había ni rastro de cuerda. Allí no quedaba nada.

    Y así, entre confusión e ilusión, le buscó. Se dio la vuelta. Allí estaba.

    – Sigo estando aquí. Nunca me he ido. Buen trabajo, pequeña.

    Sonrió. Sonrió desde el alma.

    Ella se quedó tal cual estaba, pero una lágrima recorrió su mejilla. Era un llanto silencioso. De emoción.

    – Lo he conseguido. ¡Lo he conseguido!

    – ¡Lo has hecho!

    Entonces corrió hacia él y se abrazaron.

    – Nunca podría haberlo hecho sin ti.

    – Ahora eres libre.

    – ¡Soy libre!

    – Ya tienes tu equilibrio. ¿Ahora que vas a hacer?

    – Supongo que… Mantenerlo.

    – Ah, y… ¿Cómo piensas hacerlo?

    – No lo sé. Supongo que es la parte más difícil.

    – Lo es. Te costará salir de la cama.

    – Lo sé.

    – Tendrás pesadillas.

    – También lo sé.

    – A veces recordarás cosas que tu mente no pueda controlar y tal vez incluso llores.

    – Pero ya no tengo miedo.

    – Porque tienes tu equilbrio.

    – Exacto.

    – ¿Te ha dolido?

    – Bueno, sólo un poco.

    – ¿Qué te dolió más?

    – Las cicatrices. Las de dentro.

    – Lo imaginaba…

    – No te preocupes, estaré bien.

    – Eres fuerte. Siento haber puesto en duda que podrías hacerlo.

    – Es normal. Antes dependía de ti. Tú me diste el impulso, pero ahora estoy bien.

    – De eso se trataba. Ya te dije que lo importante es que tú estés bien.

    – Me siento tranquila. Es como si ahora tuviera más amor dentro.

    – ¿En serio? ¿Me darás un poco?

    – Claro.

    Entonces colocó su pequeña mano sobre su pecho, cerrando los ojos de nuevo, pero esta vez muy suavemente. Él notó un calor que se metía dentro de él. Era algo muy parecido a lo que se siente cuando estás en paz.

    – Ahora dame tu mano.

    Él obedeció. Y ella dejó caer algo en la palma de su mano.

    – Es un trozo de mí. De mi paz. Tenlo siempre cerca. No te cuidará, pero sí te dará tranquilidad. Cuando te sientas mal, ve y cógelo. Te recordará a mí. Cuando lo hagas, yo sentiré un cosquilleo dentro y sabré que estás  pensando en mí. Entonces yo también pensaré en ti y te mandaré todo mi amor.

    No dijo nada. Quería responder un millón de cosas, pero no le salieron las palabras.

    – No te preocupes. Sé que es difícil. Gracias por haberme cambiado la vida. Por devolverme mi equilibrio. Por regalarme una sonrisa o tal vez un millón.

    Entonces sus ojos a veces verdes, a veces azulados, derramaron una lágrima y después otra.

    – No te vayas.

    – Tengo que hacerlo, ya lo sabes.

    Juraría que ella también lloró.

    – Nunca olvides que nadie me ha tratado como tú.

    – Siento haberte hecho daño.

    – Tal vez era un daño necesario. Tenía que despertar.

    – ¿Me perdonarás?

    – No hay nada que perdonar.

    Le miró nuevamente a los ojos, que aún derramaban las lágrimas más tristes que ella hubiera visto jamás.

    – Sé feliz. Te lo mereces. Y recuerda: no creo en la justicia divina, pero creo en las personas. Creo en ti.

    – No será una despedida para siempre.

    Ella sonrió. Sin embargo, no podía creer en sus palabras.

    – Volveremos a encontrarnos.

    Y se desvaneció.

    Él se quedó de pie. Hubiera querido decir un montón de cosas antes de despedirse, pero no pudo hacerlo. Sabía que había palabras que ella necesitaba escuchar, pero tenía miedo, no podía hacerlo. Aún no había encontrado su equilibrio.

    Cogió su mochila y guardó el talismán que ella le había regalado, no sin antes apretarlo fuerte. Incluso lo besó antes de colocarlo con muchísimo cuidado entre una camiseta doblada, por miedo a que se pudiera romper.

    – Hasta luego, princesa.

    Ella, allá donde estuviese, pudo sentir un hormigueo dentro y supo que él estaba pensando en ella. Se asomó por entre las ramas, como otras veces, y vio cómo se alejaba. Él se giró con la esperanza de volver a verla. Ahora tenía que continuar su camino.

    Avanzó por un terreno hostil. Los pasos, cansados y lentos, le recordaban a los de ella, hacía un momento, pero ya parecían horas, días. Incluso semanas.

    Entonces apareció un precioso león y supo que tenía que subirse sobre él.

    Se lamentó antes de hacerlo, emitiendo un sonido de protesta. No quería, pero sentía que era su deber.

    – ¿Sabes, león? Me hubiera gustado que hiciera este viaje con nosotros.

    Después acarició su preciosa melena.

    – ¡Andando!

    Y el león se puso en marcha. Él volvió a mirar atrás una vez más. Le pareció distinguir una silueta moviéndose entre los árboles y en esta ocasión fue él quien sintió el hormigueo.

    – Tiene que ser amor porque duele.

    – Tiene que ser amor porque está vivo.

    Dijo el león, para su sorpresa.

    – ¿Crees que ella estará bien?

    – Ahora no, pero lo estará. Hay una canción que dice que el amor si acaba bien no acaba.

    – Ella me habló de esa canción.

    Y entonces descubrió que a cada paso que el león daba, no se sentía más lejos, sino más cerca. Algo había cambiado en su interior. Pero el resto del camino tenía que hacerlo solo.

    Ella, ya muy lejos de ellos, cogió su diario y escribió algo que había escuchado en una película. Una frase que le recordaba a él:

    “Si te sirve de algo, nunca es demasiado tarde o, en mi caso, demasiado pronto para ser quien quieres ser. No hay límite en el tiempo. Empieza cuando quieras. Puedes cambiar o no hacerlo. No hay normas al respecto. De todo podemos sacar una lectura positiva o negativa. Espero que tú saques la positiva. Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo” (‘El curioso caso de Benjamin Button’).

    Firmó. Cerró el diario y sonrió.

    – Gracias.

    Escena de la película '¿Conoces a Joe Black?'Y su pelo hizo dibujos en el viento. Su sonrisa no se dibujó en su cara. Salió de dentro. Tal y como lo había aprendido de él. Es mejor arrepentirse de algo por haber fallado que arrepentirse toda la vida por no haberlo intentado. Era una buena frase para escribir en el cabecero de la cama.

    “El amor es pasión, obsesión, no poder vivir sin alguien. ¡Pierde la cabeza! Encuentra a alguien a quien amar como loca y que te ame de igual manera. ¿Cómo encontrarlo? Olvida el intelecto y escucha al corazón. ¡No oigo ese corazón! Vivir sin sentirlo no tiene sentido alguno. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad… En fin, es como no haber vivido. Tienes que intentarlo porque si no lo intentas, no habrás vivido” (‘¿Conoces a Joe Black?’).

    – Hasta pronto.

    Os dejo un enlace con música de los Goo Goo Dolls. La canción se llama ‘Iris’ y pertenece a la banda sonora de otra película, ‘City of Angels’, pero me gustó este vídeo:

    \’¿Conoces a Joe Black?\’


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