RSS Feed

‘Catástrofe’ Category

  1. Esta no es otra historia de zombies

    noviembre 3, 2013 by Ana López Guzmán

    Sentir que vuelves a la vida, que lo que creías muerto sólo estaba dormido… A veces pasamos nuestros días como zombies. Arrastramos los pies y dejamos que el mundo continúe su curso a nuestro alrededor. Pero un buen día, pasa algo que te hace reaccionar y cambia el curso de la historia. Es como despertar de un sueño muy, muy profundo.

    Al prota de ‘Memorias de un zombie adolescente’ (Jonathan Levine, 2013) le pasa algo parecido. Está demasiado consciente, atrapado en un cuerpo frío, sin vida. Ve a los demás, que están mucho peor que él, pero se deja llevar porque tampoco puede hacer mucho más… Hasta que aparece una chica: La Chica. Y basta juntar sus manos una sola vez para que su corazón vuelva a bombear sangre.

    foto-memorias-de-un-zombie-adolescente-peliculista

    Pero ni es fácil enamorarse cuando estás muerto por dentro, ni lo es hacerlo de alguien que se encuentra en esa situación. Nadie dijo que lo fuera. Por eso, cuando quieres algo, te lo tienes que trabajar un poco y entonces hasta las historias más imposibles, cobran un sentido. Nosotros somos quienes se lo damos.

    Imagina que estás en el metro y de pronto aparece alguien a quien hace mucho tiempo que no ves. Y esa persona te ofrece entrar en su mundo con cierto reparo (sería un loco si no lo hiciera). Vas ganando confianza hasta que un buen día te invita a ir con sus amigos y vas descubriendo personitas maravillosas. Como ya dije una vez: abriendo muñecas rusas hasta encontrar la más diminuta: la definitiva.

    Y entonces, las piezas de un rompecabezas que habías planteando de una forma completamente diferente, van encajando por sí solas. Contemplas tu obra y piensas: “Me gusta”. Después pruebas a admirarla desde otra perspectiva. La vas decorando con momentos, con recuerdos, con sonrisas… No es lo mismo ver la historia de un Apocalipsis contada por un humano que por un muerto viviente. Tal vez todo era una cuestión de enfoque.

    Así, hasta que un día te encuentras en un sitio rodeada de personas y te sientes bien, como si estuvieras en casa. Empiezas a ser tú misma, poquito a poco. “Conseguiré ganarme tu confianza”, te dijeron, y a ti te costó creerlo. Sigues despertando.  Al fin y al cabo, si un zombie puede cambiar, ¿por qué no tú?

    ¿Sabes qué es lo mejor? Que si te entra un ataque de pánico, no estarás sola, porque hay personas que con sólo decirte: “Todo saldrá bien” te cambian la vida entera. Es tan fácil como eso. La seguridad se transmite de forma tan sorprendente como lo hace la inseguridad, pero la segunda sirve de bien poco.

    foto-memorias-de-un-zombie-adolescente-peliculista-2

    Coge una tiza y escribe en una pizarra lo primero que se te pase por la cabeza. Sácalo, porque es una tontería dejarlo guardado. No es malo contar lo que uno siente, piensa, teme, desea, sueña… ¡Quién sabe! Puedes terminar viajando donde siempre quisiste para disfrutar de las vacaciones que realmente nunca tuviste.

    Sinceramente, he llegado a la conclusión de que muchas veces la vida es tan complicada como tú quieras que sea. Cuando aprendes a dar a las cosas su justa importancia y valoras los momentos de felicidad, los multiplicas. Recuerda que si das un paso atrás, puede ser sólo para contemplar el resultado de lo que has hecho e irte a la cama con una sonrisa, pensando que por fin las cosas van como siempre tendrían que haber ido.

    No te compliques la vida cuando lo mejor que puedes hacer es disfrutarla. No pierdas el tiempo pensando en cosas que te hacen daño o no te llevan a ninguna parte. Pasa el tiempo con quien te haga sentir grande, no pequeño. No dejes que nadie te corte las alas y date la oportunidad de volar con quien quiera hacerlo contigo.

    memorias-zombie-adolescente-peliculista

     

    Ser libre no significa no tener a nadie a tu lado, sino estar con alguien y sentir que puedes ser tú mismo sin sentirte juzgado. Que la libertad es disfrutar de cada instante, solo o en compañía, pero en paz, y hacerlo mientras no paras de sonreír. Esa es para mí la verdadera felicidad.

    PD. Como siempre, os dejo la letra de una canción. Cuando todo encaja, deja de ser imposible. Tómate tu tiempo para entenderlo.

    Mariposas Imposibles (Luis Ramiro)

    Imagen de previsualización de YouTube

    Ya lo sé, las cosas imposibles nunca salen bien ,

    cuando era solo un niño lo empece a entender,

    esguinces en el alma y las rodillas de tanto correr detrás de mariposas imposibles,

    poniéndole a las nubes imperdibles,

    fabricando un cielo a mi medida en la pared…

    Crecer es aprender a convivir con el miedo a envejecer

    y sé que aunque por fuera todo cambie, al final…

    Seguiremos siendo eternos… Eternos… Confía en que todo salga bien
    Seguiremos siendo eternos… Eternos mientras moje la lluvia nuestra piel
    Seguiremos siendo eternos , eternos, eternos mientras sigamos en pie…

    Quisimos correr detrás de mariposas imposibles

    igual que superhéroes invencibles

    Somos el reflejo de aquello que quisimos ser..

    No me voy a quedar en un banco a esperar la llegada de Dios

    ni mi Juicio Final, ni a que arda París, ni alguien para dormir

    Es mejor disfrutar solos la soledad

    Voy a guardar cada sello de todas las cartas que no escribiremos

    Voy a mandarlas al cielo, a enviar el mundo por correo,

    cuando llegue al buzón de tu casa nunca tuerzas la cara ni preguntes: ¿Qué pasa? ¡No!

    Son mariposas al vuelo para que caces en sueños,

    son mariposas al vuelo para que caces en sueños…

    Son mariposas al vuelo…

     


  2. Lo mejor está por llegar

    noviembre 22, 2012 by Ana López Guzmán

    “Acércate y no mires atrás, que lo mejor está por llegar” (El Sueño de Morfeo)

    Sigo enfadada contigo. Les robo el título a los chicos de El Beso del Gato y utilizo su canción para hablaros un sentimiento: el de la impotencia. Es eso que nadie quiere tener dentro porque te provoca mucha tensión. ¿Hay algo peor que no poder hacer nada? Pues hombre, sí, muchas cosas, pero cuando hay una situación que deseas modificar pero en realidad no está de tu mano, esperar es doloroso y desesperante. Así que sí, te sientes mal, pero al final te das cuenta de que todo cae por su propio peso y que otra frase, la del “lo que tenga que ser, será”, es muy cierta.

    Y sí, sigo enfadada. Enfadada porque lo hecho, hecho está. Por ser como soy. Porque te di consejos que no quisiste escuchar. Porque “no es malo tropezar. Lo malo es encariñarse con la misma piedra”. Con ese placer del dolor. Estoy enfadada porque hay otro sentimiento tan doloroso como la impotencia, que es el de la decepción.

    Otra cosa distinta es cuando la situación sí depende de nosotros. Hace poco le contaba a alguien que cuando te encuentras en una situación en la que tu vida ha dado un giro de 180 grados y todo tu mundo ha perdido su sentido tienes dos opciones: rendirte o luchar. No te estoy desvelando ningún secreto, pero es que no es tan fácil. La cuestión es hasta dónde hacerlo. Creo que hay que hacerlo hasta el momento en el que por fin abres los ojos y ves que hay un límite. Y ese límite jamás debes sobrepasarlo.

    El príncipe azul es como el Ratoncito Pérez…

    No existe. Nadie es perfecto, de verdad. Hoy una amiga me decía que envidiaba a otra persona porque su relación parecía maravillosa. “Parece”, dije. Y no puedo evitar recordar a las chicas de ‘Mujeres desesperadas’, que de cara al mundo llevan una vida envidiable, pero cuando abres las puertas de las casas de Wisteria Lane compruebas que todo es fachada. No perdamos la perspectiva. Recuerda que si la serie se llama así, por algo es.

    Hay gente muy feliz. Yo tengo en Facebook a una pareja que sinceramente pienso que lo es, pero porque cada día cuidan la relación. Son pequeños detalles (a veces grandes detalles), pero que demuestran que se preocupan el uno por el otro. No se limitan a proclamar su amor a los cuatro vientos (algo que considero innecesario; esas cosas mejor en la intimidad, ¿no? Pero oye, cada cual que haga con su vida privada lo que guste).

    Y es que cuando tienes algo que te preocupa, sea una entrevista de trabajo o algo que te tiene en una situación de ansiedad por el motivo que sea, esperas que tus amigos estén ahí. Y de hecho, están. Pero… ¿Qué pasa con el príncipe azul? Pues que no siempre está a la altura. Entonces nos llevamos las decepciones que nos llevamos. Así que dije a mi amiga que los príncipes en realidad son grises y que lo que tienes que hacer es averiguar el matiz.

    Eso me recordó a otra canción, una de Christina Rosenvinge que dice: “Que no quiero más chulos que no traen un duro, ni tíos muy feos con un gran empleo. Que no quiero borrachos ni locos de atar. Ningún mamarracho que me haga llorar. Ni chicos perdidos buscando a mamá. Ni tipos muy finos que luego te la dan… Alguien que cuide de mí… Que quiera matarme y se mate por mí”.

    Miraba a los ojos de mi amiga y comprendí exactamente qué era lo que necesitaba. De hecho vi un poco más claro qué es lo que necesitamos todas y cuál es nuestra queja universal de cara a los hombres. ¿Mi consejo? Hazte con un ejemplar de ‘Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus’. A mí me lo regaló mi amigo Toni y os aseguro que me vino bien. Te ayuda a entender que si un tío está cansado, es que lo está, no es que esté pensando en dejarte, así que no hay que darle más vueltas.

    Haz limpia y… Hazla ya

    ¿Qué por qué? Porque es necesario. Porque un día te pones a analizar tu agenda o tu lista de “amigos” en Facebook y te das cuenta de que no has sido tan selectivo como te habías prometido en un principio. Empiezas a mirar y dices: “¿Pero por qué tengo a esta persona en mi lista? ¡Si ni siquiera nos llevábamos bien en el colegio!”. Y es que claro, la curiosidad nos hace pinchar y decir: “Venga, la acepto aunque sea para ver cómo está” con la esperanza de que haya cogido peso o ya no sea tan guapa como entonces. Mira si somos bichos a veces…

    Pero las personas a las que realmente hay que eliminar son las que te hacen daño. Las que te están absorbiendo el alma, como si fuera un dementor en Harry Potter. Las que te hacen sentir pequeñita, como Mayka, la de ‘La Voz’, cuando en realidad eres muy grande. Nadie puede vivir eternamente con una mochila de personas que van poniéndote peso, pero ojo, porque tú se lo permites. Tienes que romper lazos con esas personas que te dejan sin energía. Dejar de decir cosas como: “Pero es que es mi amigo/a, ¿cómo voy a dejar de hablar con él/ella?”. Párate y piensa si realmente es tu amigo y date cuenta de que tu mejor amigo debes ser tú.

    Círculo de seguridad

    Hace poco Raquel me dijo que dibujara con mi pie mi círculo de seguridad. Era un círculo muy pequeñito. Vino hacia mí y me empujó.

    –          ¡No has hecho nada para defenderte!

    –          Es que tú me caes bien.

    –          Me da igual, ¡tienes que proteger tu círculo!

    Y vino a mí de nuevo, y ofrecí “algo” de resistencia. No estaba yo para mucho más. Entonces me dijo: “Sabes que podría haberte derribado, pero algo has mejorado”.

    Pues ese círculo, tras la limpia, es más grande, porque te quedas con los de siempre. Con esa amiga que lleva ahí desde los tres años y parece más tu hermana que otra cosa. Con esa otra amiga que estaba tan perdida como tú cuando os conocisteis. Ese día comenzó algo que se ha hecho más grande con cariño, apoyo y amor. Y esa otra con la que empezaste hablando de series, o a la que conociste en un grupo de personas que no tenían nada que ver contigo, sin embargo ella era especial. Con ese amigo que conociste de la manera más tonta y ahora te llevaría a cualquier parte por echar unas risas. Por ese otro que te dijo que las cicatrices de su espalda eran del ataque de un tiburón y no de una operación de pulmón. Con aquel que cuando te conoció en vez de darte dos besos te dio un abrazo porque sentía que lo necesitabas. Por ese que siempre llama para ver si te apetece hacer algo. Por aquella que te hace reír porque simplemente es auténtica. Por el que te perdonó todo, y mira que era larga la lista, sólo porque tú eres tú y daría su vida por ti si se lo pidieran. Por quien te llevó a casa borracha cuando apenas eras capaz ni de recordar cómo te llamabas y sigue contando contigo para seguir fiel a las tradiciones.

    Estas cositas son las que se nos olvidan, cuando son las cosas en las que tendríamos que pensar según abrimos los ojos por las mañanas. Si fuéramos un poco más agradecidos, empezaríamos a valorar que tenemos mucha suerte de tener un techo y algo que llevarnos a la boca. A menudo me quejo de mi situación, pero luego me doy dos bofetadas de realidad y pienso en todas las personas que están ahí, esperando a ver mi sonrisa.

    Hilary Swank y Gerard Butler en una escena de le película 'PD. Te quiero'

    Hilary Swank y Gerard Butler en una escena de le película ‘PD. Te quiero’

    PD. Te quiero

    Últimamente se me acusa y con razón de hablar sobre pelis ñoñas. Vale, sé que son muy cursis, pero esto es un blog de una revista que se llama ‘Cuore’ (corazón). Si queréis críticas de cine de autor os habéis equivocado de blog o de bloggera. Yo tengo que hablar de sentimientos y escojo la peli que mejor refleja cómo me siento en según qué momentos.

    Así pues, me dispongo a hablar de otra cursilada de peli. Se llama ‘PD. Te quiero’. Es en realidad una peli muy cruel porque si mi marido o mi novio se muriera, no sé si yo querría recibir cartas suyas durante un año. La prota está encantada con cada carta, y mira que se hincha a llorar la pobre. Pero supongo que nos refugiamos en esas cosas. Siempre queremos más. Esperamos unas últimas palabras, las de despedida. Pero cuando ya ha habido una despedida, como ocurre en la peli, hay que asumir que no va a haber más cartas. Que es mejor así. Que ese es el momento en el que se comienza de nuevo. Aquel donde te quedas con lo vivido. Decides olvidar lo malo, lo archivas como algo aprendido. Lo bueno es lo que te vendrá a la mente cuando pienses en esa persona, pero debes dejarla marchar. Tu vida empieza en este momento.

    ¿Y la magia?

    La magia está en los recuerdos, pero también en el presente. En las escapadas. En un puente. En una sonrisa. En un regalo. En una fotografía. En un abrazo. En un beso. En un viaje. En un sueño que se cumple. En un helado. En un paseo. En la lluvia. En el río. En el paseo que hay bordeándolo. En una botella que simboliza algo que celebrar. En una sonrisa. En abrir los ojos y sentir que estás vivo. Que el corazón te palpita. La magia está incluso en las despedidas. Está en todas partes.

    Ahora coge aire. Sé un poco Erin Brockovich. Reinvéntate. Ponte ese vestido que tan bien te sienta y que reservas para ocasiones especiales. Vete a cenar con una amiga. Date el placer de disfrutar de una de esas pelis que te sabes de memoria. Y mira por si detrás del vestido encuentras algo más. Un sentimiento que dejaste olvidado. Tal vez encuentres una fotografía que te haga despertar.

    Tu vida empieza cuando tú decidas que quieres hacerlo. Pero ayer ya era tarde.

    Feliz día.

    Os dejo dos canciones. Una es de ‘El Sueño de Morfeo’, la frase con la que empezaba este post venía de esta canción:

    Imagen de previsualización de YouTube

    La otra es del último videoclip de ‘El Beso del Gato’. A mí me emociona. Ojalá hubiéramos cogido aquella llamada. Si hubiéramos hecho tantas cosas… Pero ya no se puede hacer nada. Espero que os guste su ‘Sigo enfadado contigo‘:

    Imagen de previsualización de YouTube


  3. Más allá de los sueños

    octubre 23, 2012 by Ana López Guzmán

    Hoy me enfrento de nuevo al “papel” en blanco. Durante mucho tiempo no he podido escribir. Lo que hasta hoy había sido mi vía de expresión estaba totalmente bloqueada. Pero han ocurrido demasiadas cosas y tengo que soltarlas de algún modo. Creo que este es el momento, aunque no sé si ésta es la manera.

    Robin Williams en 'Más allá de los sueños'

    Robin Williams en ‘Más allá de los sueños’

    El otro día recordaba una escena maravillosa de la película ‘Más allá de los sueños’ (Vincent War, 1998), protagonizada por Robin Williams. Es una peli muy triste, ya que muere hasta el apuntador, pero a mí me ha hecho reflexionar muchas veces.

    Cuando a Williams le llega su hora, empieza su nueva vida en el cielo, que para él es un cuadro de muchos colores. Poco a poco va conociendo gente, rencontrándose con personas que había perdido… Hasta que descubre que su mujer también está en el más allá, pero no en un cielo, precisamente.

    Entonces él no para hasta encontrarla, a pesar de los peligros que conlleva llegar hasta ella. Cuando lo hace, está fuera de sí. Se podría decir que no es ella. Es una mujer que se culpa de todo lo que perdió en vida y se está castigando por ello. Ni siquiera recuerda a su marido, al que tanto amaba.

    Entonces él se acerca y dice:

    – Te pido perdón por las cosas que no te di (…). Sólo quería envejecer a tu lado para que pudiéramos ver cómo nos arrugamos… Hacerlo en el lago de nuestro cuadro. Ese era nuestro cielo. Se echan de menos muchas cosas. Libros, besos… Discusiones… ¡Las hemos tenido buenas…! Gracias por eso… Gracias por cada detalle (…). Gracias por ser alguien de quien siempre he estado orgulloso. Por tu coraje. Por tu dulzura. Por lo guapa que has sido. Porque siempre quería acariciarte. Dios, eras mi vida. Te pido perdón por las veces que te he fallado. En especial por esta…

    Más adelante él vuelve y dice:

    –  Estaremos juntos, donde pertenecemos (…). Te perdono a ti. Te perdono porque eres tan maravillosa que un hombre preferiría el infierno al cielo sólo por estar contigo.

    Cuando una persona te ama es capaz de todo. Lucha por ti. Creo que ese es el amor verdadero. Ese por el que se es capaz de ir hasta el mismísimo infierno. Esta es la escena, por si queréis verla completa:

    Imagen de previsualización de YouTube

    Ahora me siento como cuando en ‘Sexo en Nueva York’ (la película, Michael Patrick King, 2008) Carrie, tras ser plantada por Big en el altar, pregunta a sus amigas:

    –         ¿Volveré a reír?

    –         Claro.

    –         ¿Cuándo?

    –         Cuando algo tenga mucha, mucha gracia.

    Me miro en el espejo y me siento como ella. Totalmente abatida. Hay peleas que te dejan sin fuerza ni aliento. Es como si te arrastrases por un camino en un bosque y te fueras arañando con todas las ramas, te golpearas con todas las piedras… Y aún así tuvieras que seguir avanzando.

    En clase de patinaje, mi profesora nos enseña a caer. Nos dice cómo tenemos que poner las manos para no hacernos daño, incluso con las protecciones. En la vida no es tan fácil. Pero me siento como aquel primer día con los patines. Yo me caía y no tenía ni idea de cómo levantarme. Lo intentaba y me resbalaba. Pero había una mano que me ayudaba a ponerme de pie de nuevo. Fue un día que nunca olvidaré.

    Escena de la película 'Más allá de los sueños'

    Escena de la película ‘Más allá de los sueños’

    Ahora es igual, sólo que tengo que levantarme yo sola y, la verdad, es muy difícil. Llevo una mochila de recuerdos y algunos pesan mucho. Muchísimo. Hoy hablé con Maxi, un antiguo jefe. Maxi me dijo: “Quédate con las cosas buenas y olvida las malas para poder desear a los demás una felicidad absoluta y sincera, y nunca mires atrás”.

    Me recordó a esta otra escena de ‘Come, reza, ama’ (Ryan Murphy, 2010) de la que ya os he hablado. Os pongo sólo lo que dice el hombre al que Julia Roberts conoce en la India:

    –         Sé que te sientes fatal. Tu vida está cambiando y eso no es malo. Estás en el sitio ideal rodeada de espiritualidad. Vaya cosa, te has enamorado, ¿y qué? Mándale un poco de luz y amor cada vez que pienses en él y déjalo así. Si pudieras despejar todo ese espacio que ocupas en tu mente al obsesionarte con ese tío dejarías un vacío. Un vacío con una puerta. ¿Y sabes qué haría el Universo? Se colaría. ¡Dios! ¡Se colaría! Y te llenaría de más amor del que jamás podrás anhelar… Carrillos, creo que algún día tendrás la capacidad de amar al mundo entero.

    Aquí os dejo la escena completa:

    Imagen de previsualización de YouTube

    Y para despedirme, una canción de Rubén Pozo. Se llama ‘Ozono’. Tal vez lo que yo necesite sea oxígeno.

    A veces busco respuestas
    mirando al cielo aburrido
    ese manojo de estrellas
    y de ozono en un revoltijo

    A ver qué pasa si aflojo
    a ver qué pasa si tiro
    a ver qué pasa si corto
    y después ato con un hilo

    A ver qué pasa con tú y yo
    a ver qué pasa con los dos
    a ver qué pasa con todo, me digo

    No tengo nada entre manos
    tan sólo el suelo que piso
    y un verso desordenado
    que de pronto encuentra su sitio

    A ver qué pasa con tú y yo
    a ver qué pasa con los dos
    a ver qué pasa con todo, me digo

    A ver si rueda la bola
    a ver si prende el incienso
    a veces subo a la roca
    a solas con mi pensamiento

    A ver qué pasa con tú y yo
    a ver qué pasa con los dos
    a ver qué pasa con todo, ¡qué lío!


  4. Me paso el día rucu rucu

    mayo 9, 2012 by Ana López Guzmán

    Cuando alguien te pregunta qué es lo que te atormenta y no sabes qué responder, una de dos: o son tantas cosas que no tienes ni idea de por dónde empezar o es que sientes tal confusión que no tienes ganas ni de hablar del tema. Al menos así lo veo yo. Después de charlar con Toni sobre todas estas cosas, me dijo: “La verdad es que escuchándote me relajo. Si eso es lo que te preocupa…”, me respondió. Supongo me ayudó a relativizar las cosas y pensar: “Vale, puede que no sea tan importante”.

    Entonces te justificas con los típicos: “Pero es que además bla bla bla”. Quieres dar motivos de peso a tu estado, dejando claro que no se trata sólo de eso, sino de mucho más. El problema es cuando no está en tu mano solucionar ese problema. Supongo que la impotencia es directamente proporcional a esas situaciones en las que no puedes hacer nada salvo esperar. Y si el tiempo pasa y lo único que pasa es la vida, te estás equivocando.

    Hace un par de días estaba sentada charlando con Lina y me hablaba de personas “garrapata”. Me decía que son aquellas que se aferran a ti y que no te quieren soltar. Que te dirían: “Déjame un poquito más, que siento mucho placer ante este dolor”. Entonces se me vienen a la cabeza mis charlas con Medea hablando sobre esas personas “tóxicas” que son un lastre. Y es escalofriante ver la de gente que permitimos que siga en nuestras vidas absorbiendo nuestras energías. ¿Es que acaso nos sobran? Por supuesto que no. Lo estamos canalizando mal.

    Anoche soñé que estaba en Bali, que es un lugar al que sueño con ir. Estaba en la playa mirando el mar cuando de pronto una gran ola se transformaba en tsunami y lo arrasaba todo. Lograba sobrevivir. Empecé a correr en todas direcciones y de pronto encontré a una niña que estaba llorando, sola. La cogía en brazos y después giraba la esquina de una casa destruida cuando volvía a ver que otra enorme ola se acercaba hacia nosotras. Entonces me desperté.

    No sé que interpretación daría Lina a este sueño, pero supongo que me diría que mi gran bola se estaba haciendo cada vez más grande y que yo sabía que aunque a veces lograra escapar, al final iba a terminar aplastándome, por mucho que yo intentara huir de ella. La niña tal vez sea esa dignidad que a veces, como ella, llora pidiendo auxilio.  O tal vez, simplemente, debería dejar de ver pelis como ‘Más allá de la vida’, ‘Deep Impact’, ‘Independence Day’, etc.

    Estoy cansada de sorpresas. Entonces me pongo a escuchar canciones y es como si todas quisieran decirme algo. “No hagas más carnicería y un día será otro día”, decía Rubén Pozo. “Las victorias nunca pasan por mi lado. Las promesas y las dudas en el mismo trago. Necesito acertar, aunque sea un rato. Ponte en mi lugar…”, de Leiva. O “Si tú ardes yo me quemo”, “Me paso el día rucu rucu, rucu rucu haciendo bola… Mirando cómo pasa el tiempo a todas horas”, o “Mi corazón ardía como el Windsor”. Creo que estoy enganchadísima a todo lo que tenga que ver con Pereza.

    Entonces me visto, cojo mis cosas y me voy al estudio. He descubierto que es un lugar donde me siento segura. Donde sé que nada malo puede ocurrirme. Donde da igual si suena el teléfono, porque no iré corriendo a mirarlo. Es mi momento. Mi espacio. El lugar donde puedo crear y divertirme con mi cámara.

    Hay cosas que tengo dentro que deseo sacar. Personas que me ponen a prueba. En ese momento se me viene a la memoria una escena de la serie ‘Anatomía de Grey’ cuando Christina se va a casar. Está con Meredith con el vestido puesto y se da cuenta de que no quiere hacerlo. Se empieza a ahogar, a ahogar… No puede respirar: “¡Quítamelo, quítamelo!”, pide. Está claro que cuando no quieres hacer algo y sigues la corriente al final te falta el aire.

    Ojalá pudiera ayudar a todas las personas que están en una situación así. Lina me dijo que no debo ocuparme de personas que no se están ocupando de sí mismas. Como dice Elo, ¡es tan sabia! Pero, ¿qué hago con aquellas que lo pasan mal? ¿Puedo hacer algo por sanar sus heridas? ¿O es que me refugio en los problemas de otros para no pensar en los míos? ¿Es una conducta evasiva? Probablemente.

    Noviembre Dulce, 2001

    Keanu Reeves y Charlize Theron en 'Noviembre Dulce'

    No sé si has visto ‘Noviembre dulce’ (dirigida por Pat O’Connor en 2001). Es una peli que me marcó en su momento. La clave es el final y no quiero destriparla, así que te contaré la esencia. La protagonista, Charlize Theron, busca cada mes una “víctima” a la que salvar. Acoge en su casa a personas distintas e intenta que, pasado un mes, su vida haya cambiado… A mejor, claro. Keanu Reeves es su Noviembre.

    Hubo alguien que hace mucho tiempo intentó salvarme a mí y cuando estuve bien desapareció. En su momento no lo comprendí, pero ahora sé que lo que quería era que mi felicidad no dependiera de otra persona, sino de mí. Supongo que fui su Noviembre. Ahora es mi turno. Hay muchas historias que escuchar y de las que aprender. Hacer que cada día cuente. Puedes perderlo todo en un minuto y cuando quieras darte cuenta tal vez sea demasiado tarde.

    Os dejo un trocito de la letra de una canción de Rubén Pozo. Se llama ‘Mañana será otro día’ y viene muy bien para este post. Creo que el mensaje es muy positivo. Al final todo pasa, aunque duela mucho:

    Tras los truenos, la calma,

    Tras la pena la alegríaa,

    Todo pasa… Mañana sera otro día

    Lo llevaste hasta el final, aunque no lo has conseguido

    Déjalo ya… Ya no tiene sentido

    Tanta noche en blanco, tanta vida en vela

    Todos los intentos tirados por tierra

    Espera aquellos vientos vuelvan a echar la vela

    Deja paso al invierno, espera a que suceda

    No hagas mas carnicería, y un día sera otro día…


© Zoom Ediciones, S. L. | Todos los derechos reservados