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‘Aventura’ Category

  1. Un universo de series para ver este otoño

    octubre 23, 2015 by Ana López Guzmán

    En un momento en el que todos veis ‘Juego de tronos’, ‘House of cards’ o ‘True detective’, voy a hablar de otras series que a lo mejor no son tan seguidas como éstas, pero a mí me han enganchado por una cosa o por otra. Ya sabéis que siempre le busco tres pies al gato o la forma de aprender algo de cada cosa que veo en la pantalla grande o en la pequeña que pueda aplicar a mi vida personal… Pues a ello voy y así entenderéis por qué cada noche me planteo la misma pregunta: ¿Hoy qué vemos?

    1. Empezaré por ‘Arrow’. Voy por la cuarta temporada, que se está emitiendo ahora. Empecé a verla por recomendación de mi madre. “Es sobre un justiciero con muy mala leche, pero el chico tiene sus motivos”, me decía. En fin, ¿quién no tiene una black list? Ya en el instituto jugaba con mi amiga Beatriz al: “Si pudieras desterrar a tres personas de tu vida, ¿quiénes serían?”. Y eso que me tengo por una persona tranquila y civilizada. Lo cierto es que yo nunca cogí un arco y me puse a tirar flechas a nadie, pero me hubiera gustado, así que no soy tan diferente a Oliver Queen, ¿no?… Según avanza la serie, va cambiando su causa, que no está mal. Si tú también le has fallado a esta ciudad (se me pone la piel de gallina cada vez que dice esa frase), échale un vistazo.

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    2. De ‘Arrow’ nació el spin-off ‘The Flash’. ¿Qué deciros? Me encanta Barry. Es como Peter Parker, te inspira ternura porque es un chico normal con un don especial: corre más rápido que nadie. Al principio yo me preguntaba cómo iba a ayudar a tanta gente simplemente por ser rápido, pero puede incluso detener un tsunami si se lo propone…  Y entre que salva a unos y otros tiene tiempo para ir descifrando cabos sueltos de su pasado. Personalmente opino que está enamorado de una petarda y que le iría mucho mejor con Felicity (de ‘Arrow’), pero Felicity ya está cogida, como le advierte Oliver Queen a Barry… ¡Ay, l’amore! ¡Cómo gustan los triángulos amorosos en las series!

    3. Y hablando de triángulos, mi favorito es el de ‘Crónicas Vampíricas’. Esta me la recomendaba mi amiga Berta: “¡Cómo puedes vivir sin verla!”, me reñía. Y mira por dónde tenía razón… Va por la séptima temporada. Yo me las he visto todas este año del tirón. Ya sabes, uno de esos momentos en los que te das cuenta de que estás enganchado porque puedes verte cinco episodios seguidos, pero quieres más y más… Mis personajes favoritos son Damon y Caroline, que no son pareja, y espero que no lo sean nunca. Damon es hermano de Stefan, y ambos están enamorados de Elena durante muchas temporadas. Y ella se debate constantemente entre uno y otro hasta que al final se decide… No os diré por quién por si os decidís a verla desde el primer capítulo como hice yo.

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    4. La última en llegar a mi salón ha sido ‘Suits’. Me gusta porque no es la típica serie de abogados. Ves la evolución de los personajes y te toca la fibra sensible. Como sólo llevo seis episodios no puedo contar mucho más, salvo que uno de los protas salía en una peli de la que os hablé hace un tiempo, ‘¡Porque lo digo yo!’ (Michael Lehmann, 2007). Su personaje era completamente distinto al de la serie, pero ambos me encantan.

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    5. Cuando te pasas meses escuchando hablar a tus compañeras de quién es A, al final te pica la curiosidad y terminas viendo ‘Pequeñas mentirosas’ (gracias de nuevo a Berta y también a Pau). ¿Lo malo? Es una de esas series que deseas que terminen de una vez para descubrir quién es el malo, pero a la vez que no quieres que se acabe nunca… Mi favorita es Hannah. También tuvo su spin-off, ‘Ravenswood’, que protagonizó precisamente Caleb, el novio de Hannah, pero tras la primera temporada se canceló.

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    6. ¿Te has planteado alguna vez qué pasaría si de pronto todos los animales tomaran conciencia y empezaran a vengarse de los humanos con el propósito de exterminarlos? Pues es lo que ocurre en la serie ‘Zoo’. Advertencia: no querrás ir a un safari, ni al zoológico nunca más. A James Wolk, que interpreta a Jackson Oz alias ‘Rafiki’, le vimos en ‘The crazy ones’, una comedia sobre publicistas que protagonizaban mi querida Sarah Michelle Gellar (‘Buffy cazavampiros’) junto al gran Robin Williams, que en paz descanse :(

    First Blood

    7. Y ya que hablamos de animales, me he planteado muchas veces qué pasaría si ellos también se convirtieran en zombies en ‘The walking dead’. Pero de momento, parece que sólo corren peligro los humanos. Para mí, el mejor es Daryl, que puede ir tranquilamente en moto sin que los zombies le tosan. ¡Qué tío más grande! Reconozco que esta serie me ha hecho plantearme muchas cosas. Cada vez que me doy una ducha, pienso en lo afortunada que soy, jeje… Y también estoy montando mi kit de supervivencia zombie (por si acaso). Le pedí a Nacho que me regalara una katana por nuestro aniversario, pero no lo hizo… Ya se lamentará si nos encontramos a algún caminante en el descansillo…

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    8. ‘Fear the walking dead’ muestra cómo empezó todo este rollo de los muertos vivientes, desde la perspectiva de una familia. Todavía no sé si me gusta o no… Es extraño. En parte, no soporto a ninguno de sus personajes porque a veces parecen idiotas. ¡Cómo puedes no asumir lo que estás viendo delante de tus narices! Aunque bueno, supongo que eso nos puede pasar con otras realidades que nos dan de golpe en la cara… En fin, que aún así la he visto y la seguiré viendo si hacen una segunda temporada, cosa que no he investigado por ahora. ¿Alguien lo sabe?

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    9. Con ‘Orange is the new black’ tengo un dilema… Me gusta, pero últimamente me aburre. La última temporada es muy floja comparada con las anteriores y a veces no me importaría que se llevaran a Pipper a ‘The walking dead’. Para mí lo mejor de esta serie es conocer la historia de cada personaje (¡de todos! Hasta del que pensabas que no era interesante), como hacían en ‘Lost’. Me gusta saber qué llevó a todas a estar en prisión o por qué se comportan de una manera o de otra.

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    10. Uy, pensaba escribir sólo sobre diez… ¿Y ahora cuál elijo? Mmmmmm… Ya sabéis que ‘Big Bang Theory’ y ‘Modern Family’ son geniales. Venga, voy a poner 11 para poder hablaros de ‘Scandal’. Kerry Washington tiene un don para que toda mujer que ve esta serie (al menos las que yo conozco) deseen en algún momento ser Olivia Pope, ya no sólo por su armario, sino por su decisión y seguridad en sí misma, que ya la quisiera yo… De nuevo triángulos amorosos y mil enredos políticos  de todo tipo que Olive tiene que resolver con su equipo. Tony Goldwyn, quien hiciera del malvado amigo de Sam en ‘Ghost’, da vida al Presidente de los Estados Unidos. Empezarás a quitarte el odio que despertaba en la película y te encantará, aunque no tanto como a Olivia Pope…

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    11. La última serie de la que os voy a hablar es… Tachán, tachán… ¡‘Teen wolf’! ¿Por qué? Pues porque uno de los protas es Dylan O’Brien, que es también el protagonista de la trilogía ‘El corredor del laberinto’ (la segunda parte, ‘Las pruebas’, la podéis ver todavía en cines). Ya sólo por su interpretación, que le ha llevado a ganarse premios sin ser el protagonista principal, merece la pena verla. Es una de esas series de adolescentes donde al principio sólo uno tenía un poder y al final todos acaban siendo algo especiales. Si te gustan las series adolescentes, como es mi caso (y no me avergüenzo de ello), ¡tienes que verla! PD. O’Brien es el segundo en la foto.

    TEEN WOLF

    En fin, peliculistas, espero que os haya gustado mi listado. Sé que muchos lo criticaréis, pero me da igual, porque es lo que me gusta a mí y para gustos los colores, ¿no? También se aceptan recomendaciones y comentarios varios. Total, opinar es gratis, y de eso en esta vida, poco hay…

    ¡Sed buenos!


  2. Espejo, espejito mágico…

    marzo 5, 2013 by Ana López Guzmán

    Hace mucho, mucho tiempo (bueno, no tanto), había una niña que no se podía dormir (yo). Su hermana cogió un libro grande de la estantería de los cuentos y dijo en voz alta: “Hoy te leeré la historia de Blancanieves”.

    Lo que ella no sabía es que yo me había aprendido ese cuento de memoria, así que cuando decidió inventarse una historia sobre la marcha, yo dejé que ella siguiera para comprobar su capacidad creativa. Creo que lo que realmente pensé fue: “Esta tía me está tomando el pelo, ¡se está inventando el cuento! Pero su versión me gusta más”. Supongo que simplemente por el hecho de que fuera suya.

    Maribel Verdú en 'Blancanieves' (Pablo Berger)

    Maribel Verdú en ‘Blancanieves’ (Pablo Berger)

    No sé en qué momento a Pablo Berger se le presentaría la idea de hacer una versión tan a la española del mismo cuento. Vamos, que su Blancanieves se llama Carmencita, tiene de mascota al gallo Pepe y lleva sangre torera en sus venas. La versión de mi hermana era menos radical. Siempre digo aquello de “No me cuentes películas”, pero sí historias. ¡Las que quieras!

    Y precisamente de historias iba hablando con Elo camino al cine, para la reentré de la Blancanieves de Berger. Y es que una peli que se ha llevado 10 Goyas merece ser vista. Y encima muda. ¡Ole! Es de esas veces que dices: “Me quito el sombrero”, expresión que, por cierto, mi amiga odia (sorry).

    No te voy a destripar nada, pero sí te pongo en situación: la pobre Carmencita vive una infancia atormentada por una madrastra mala, mala: Encarna (Maribel Verdú). Tras algún que otro traspié, la joven termina rehaciendo su vida con una troupe de enanos toreros en la España de los años 20. No te lo esperabas, ¿verdad? Yo tampoco.

    La Blancanieves animada que todos conocemos fue el primer largo de Disney, allá por 1937. Una obra maestra, por supuesto, ya que entonces todo era “hecho a mano”. Yo creo que siempre fui más de ‘La bella durmiente’. Ambas se quedaban fritas y necesitaban un beso para despertar. Hoy en día las princesas necesitamos más bien un jarro de agua fría, pero a la larga te quedas con Brave, Mulan, Ariel o Rapunzel, que tienen un par y desafían a quien se ponga delante por cumplir un sueño.

    Kristen Stewart en la piel de Blancanieves

    Kristen Stewart en la piel de Blancanieves

    Esta es un poco la línea que defendía ‘Blancanieves y la leyenda del Cazador’ (2012, Rupert Sanders), con una valiente Kristen Stewart en la piel de la heroína de esta adaptación. Ella está guapísima (de la interpretación, nada que no hubiéramos visto antes), pero seguía arrastrando ese aire apesadumbrado que se labró durante toda la saga ‘Crepúsculo’. Siempre he pensado que Stewart es un poco la versión femenina de Edward Furlong (‘Terminator 2’, ‘American History X’), pero menos rebelde por mucho que se ponga vestidos de gala con Converse.

    Lo mejor de esta versión era ver a la que realmente tiene una cara dulce, Charlize Theron, muy, pero que muy cabreada. Pero fíjate si cambia la historia, que aquí no hay un beso de película (al menos no lo que yo esperaba). Son ganas de cargarse el cuento, pero me gustó que se diera tanta importancia al cazador (Chris Hemsworth), aunque no tuviera derecho a un nombre salvo ese, ‘Cazador’.

    Respecto a la versión protagonizada por Lily Collins y Julia Roberts también en 2012 (‘Mirror, Mirror’, de Tarsem Singh) no puedo hablar mucho porque no la he visto, pero digo yo que si no ha habido tiempo para hacer ‘remakes’ de Blancanieves, ¿cómo es que se han puesto de acuerdo todos en el mismo año?

    Lili Collins en 'Mirror, mirror'

    Lili Collins en ‘Mirror, mirror’

    Pero volvamos al día B (de Blancanieves, claro). Cuando llegamos a la sala estaba hasta arriba y tuvimos que verla casi en primera fila y para más inri, de lado (también me pasó con ‘Django desencadenado’, a ver si empiezo a llegar antes al cine). En la entrada nos habían dado un pañuelo blanco y una tarjeta que decía: “Disfruta del cuento como nunca te lo habían contado… Y después, cuando termine la película, agita el pañuelo si te ha gustado”. Si lo hacías, algo mágico pasaría: un sueño se cumpliría. Entonces ella me preguntó:

    - Y a ti, ¿qué te gustaría que ocurriera?

    Buena pregunta. Si realmente los sueños de toda la gente que estaba en la sala se hubieran materializado en ese momento hubiera sido una auténtica locura. Creo que ese día mi sueño era verla feliz.

    Hace poco leí en Twitter que como el cine siguiera trabajando tanto el realismo, iban a terminar inventando el teatro. Pues bien, cuando dos de los personajes de la película “salen” de la pantalla yo desde luego no pienso quejarme. Y si puedo hacerme una foto con ellos, con mi amiga y con un Goya, mejor que mejor.

    En la reentré de 'Blancanieves'

    En la reentré de ‘Blancanieves’

    Dedico este post a todas las princesas que se arman de valor y son capaces de reescribir su historia. A las que no pierden la esperanza y luchan. A las que siguen mirando al cielo y pidiendo a las estrellas que alguien llene su vida de amor. A las que no necesitan príncipes porque ellas solas ya son pura magia. A las que se merecen ser tratadas como reinas. Y en especial a Elo, por compartir conmigo lo que ahora llamaríamos #momentosinolvidables. Esta, amigos míos, es para mí la verdadera magia del cine.


  3. Turista en mi ciudad

    enero 28, 2013 by Ana López Guzmán

    ¿Dónde estoy? Extiendo el brazo derecho. Busco el extremo donde caen las sábanas, pero no lo encuentro. Esta cama es demasiado grande. “O tal vez esté demasiado vacía”, pienso. Hacía tanto tiempo que no dormía aquí que había olvidado lo cómoda que es y lo mucho que puedo estirarme, aun siendo pequeñita.

    Logro alcanzar el móvil. Quiero saber qué hora es, pero la pantalla me ciega. Es un complot para que no me despierte, estoy segura. Sólo son las ocho de la mañana. Entonces recuerdo algo sobre los números impares (para él, un 8 es impar). Hacía mucho que no tenía esta sensación, pero recuerdo perfectamente la última.

    Había cogido el primer autobús de la mañana rumbo a una ciudad desconocida. Mi compañero de viaje me hablaba de su hija y me ponía vídeos de Bob Esponja porque cometí error de contarle que me siento terriblemente identificada con él. Sí, sí, con Bob, pero ya te lo cuento en otra ocasión. Y cuando llegamos a nuestro destino, ale, cada uno por un lado. Volvimos a ser dos perfectos desconocidos.

    Miré en mi móvil los datos de la reserva. Sabía que el hotel no debía andar muy lejos, así que me puse a pasear por aquellas amplias avenidas, donde la gente va en bicicleta sin temor a ser arrollado, como ocurre en mi ciudad. Todo me parecía más bonito. Recuerdo que vi un árbol con hojas amarillas y no pude evitar pensar que era el árbol más hermoso que había visto nunca. Así soy yo cuando estoy fuera. Feliz y positiva cien por cien. Puede que incluso un poco más.

    Según llegué al hotel, identifiqué rápidamente el olor que me recibía, envolviéndome. “Huele a Donna Karan NY”, aseguré al chico que esperaba para atenderme con una sonrisa Profident incluida en su uniforme. “Yo usé ese perfume durante años. Me resulta tan familiar que es como si acabara de llegar a casa”, continué, como si a él le importase lo más mínimo. Yo y los olores. Los olores y el mundo…

    Me despedí con una sonrisa recíproca, contenta de tener las llaves en mi poder. Me sentía casi como Gollum con el anillo. Y ya que estaba, me despedí también del botones, cuyos servicios no necesitaba ya que mi equipaje era muy ligero. Sólo iba a estar allí dos días. Ni siquiera dos días enteros. Era demasiado poco, pero tal vez suficiente.

    La habitación del hotel en la tercera planta me pareció maravillosa. Ya sabéis, cuando uno está dispuesto a aprender y “a dejarse maravillar por todo lo que encuentre en su camino, la verdad no le será negada”. Eso decía Julia Roberts en esa peli de la que tanto te hablo en este humilde blog, ‘Come, reza, ama’.

    Me esperaba un largo día por delante y estaba cansada del viaje. Tenía el estómago vacío, pero ese instante era para mí. Llevaba escrito mi nombre con letras luminosas y destellos parpadeantes. Necesitaba tomarme un momento. Ese momento. No otro. “Parar el mundo”, ya sabes.

    Me di una ducha de esas que te saben a gloria y la alargué todo lo que pude, sintiendo mucha lástima por la escasez de agua que hay en el mundo, pero te prometo yo la necesitaba como si de un ritual de purificación de mi alma se tratase, si es que me quedaba algo de eso.

    Después me tumbé sobre la cama tras haber abierto la colcha. Sí, yo también he visto ‘CSI’ muchas veces… Entonces se me vinieron un montón de recuerdos a la mente. Todos querían ser el primero. Oía cómo decían: “Yo, yo, ¡primero yo!”, golpeándose con los codos. Pero había uno que era sin duda el que abanderaba esa montaña de pensamientos.

    Se trataba de una fotografía. Después de esas vinieron muchas más. Pero esta era especial. Era la que había desencadenado todo ese follón del viaje relámpago. Sin ella, esta historia no tendría lugar. Era un primer plano. Sonreía. ¡Sonreía muchísimo! Era imposible que escondiera algo malo.

    Habían pasado cinco años de aquello. Parecía una eternidad. De hecho, así lo había sentido en más de una ocasión, porque como dicen en ‘Alicia en el País de las Maravillas’, “para siempre a veces es sólo un segundo”, pero otras sucede justo lo contrario. No sé cuándo empezamos a hablar de rutas a mitad de camino o de viajes con billetes a la aventura. Yo deseaba con todas mis fuerzas ir a aquellos paisajes que veía en cada foto y que sellasen mi pasaporte en todas las páginas.

    Las cosas eran muy diferentes ahora, pero aún recuerdo el ruido infernal de aquella máquina que taladraba mis oídos y martilleaba mi mente. Prácticamente desnuda y muerta de frío, con los pies descalzos y sin poder moverme un milímetro. Odio las batas de los hospitales casi tanto como su comida o sus paredes deshabitadas.

    Y cada vez que tenían que meterme en esa máquina sentía una angustia terrible. Creo que en realidad fue ahí cuando me hice amiga de una tal Claustrofobia. No podía moverme. A veces sentía que si respiraba un poco más fuerte de lo normal, la resonancia saldría movida y tendríamos que repetir otra vez todo el proceso.

    Entonces yo me obligaba a hacer un ejercicio mental. Se trataba de un consejo que daban a los niños antes de entrar a la prueba en forma de póster con dibujitos. Y yo en estos casos, te lo aseguro, vuelvo a mi más tierna infancia. El póster en cuestión rezaba algo como: “Piensa en imágenes bellas”. Así que yo recordaba aquellas fotos. Y esos paisajes que yo aún no había visto y que no sabía si podría llegar a visitar alguna vez, se convirtieron en mi fortaleza. Me daban la paz que yo necesitaba para meterme en ese cacharro insoportable.

    Ahora la habitación también era blanca, pero no me daba miedo. Y había llegado a ella por mis propios medios (bueno, gracias al conductor del autobús). Tenía la vista recuperada del todo y podría pasarme el día entero caminando, pero no era eso lo que quería en ese momento. Quería disfrutar de esa soledad hacia la que huimos cuando nos lo pide el cuerpo. Porque sí, es una huida, porque es algo que haces corriendo, casi sin despedirte y porque, de no hacerlo, las cosas se torcerían.

    Cerré los ojos tumbada sobre aquella cama que era cómoda, pero no tanto como la mía, porque la cama de uno siempre es la mejor del mundo, porque está ya amoldada a nosotros y te fundes a ella como si de una prolongación de tu cuerpo se tratase.

    Recorrí de nuevo todos aquellos escenarios en los que nunca había estado. Esos recuerdos no debían pertenecerme, no los había protagonizado, pero él me había hecho partícipe voluntariamente. Me habían convertido, en definitiva, en una persona más fuerte.

    Aladdín y Jasmine en una escena de la película de Disney (1992)

    Aladdín y Jasmine en una escena de la película de Disney (1992)

    “Tienes una forma muy idealizada de ver las cosas”, me dijo. Y no era el primero. Sí, prefiero verlas de esa manera. Me crié viendo pelis Disney, ¿quién no espera un príncipe azul? El problema es cuando piensas que el príncipe azul es alguien perfecto, pero recordemos que Eric, por ejemplo, se iba a casar con Vanesa porque creía que ella era Ariel, cuando en realidad no era así, pero a ella no la quería porque era muda. Vamos, menudo superficial… Yo a ese no le quiero ni en pintura. Me gusta más Aladdín que es capaz de cualquier cosa por Jasmine, incluso de suplantar su propia identidad. Pero ella ya se había enamorado de él cuando se conocieron, cuando era pobre… Eso, amigo, sí que es amor… En fin, que me estoy desviando del tema.

    Los horizontes de mi mente se ampliaron como enormes olas… Lo vi todo muy claro. Es como en esas películas en las que un foco ilumina únicamente al protagonista. Yo había tomado una decisión: quería ser feliz. Quería ir a todos esos lugares con los que había soñado. Esta era la primera parada del viaje.

    Mi acompañante se hizo esperar. Llegó pasada la medianoche en un coche gris. O tal vez no era gris, pero yo lo recuerdo así. De hecho, en mi mente este recuerdo se tiñe de blanco y negro. Curioso, ¿verdad? Y llevaba un sombrero. Se lo puso cuando me vio, aún dentro del coche. Tal vez era su sombrero de la suerte.

    Nunca olvidaré su expresión al salir del coche. Me miraba como si no me conociera de nada, pero como si esa sensación fuera placentera a la vez. De vez en cuando me regalaba alguna sonrisa que salía del corazón. Era un poco fraternal, debo decir. Como si estuviera pensando: “¡Qué mona!”. Lo cierto es que esa sonrisa al principio me descolocaba un poco, pero terminamos haciendo buenas migas.

    Al día siguiente llegó la hora. Tenía que desenvolverlo. Aquel regalo llevaba meses esperando y venía de muy, muy lejos. Era de un material muy pesado y tenía algo tallado. Lo palpé con los ojos cerrados y vi que se trataba de un elefante. En realidad dos. Uno a cada extremo, y ambos cuerpos unidos por una pieza donde yo podría colocar mi incienso. Me encantó.

    El regalo

    El regalo

    Y en aquella ciudad perdida me sentí una habitante más. Ya no era un ‘turista en mi ciudad’, como tantas veces habíamos hablado. Sentía que formaba parte de ese momento, de esa vida. Había recuperado el control. Empezaba a ser yo… Otra vez.

    Y como todo viaje, tiene un punto final. Una despedida. Una estación, en este caso, como ya sabes, de autobús. “Tienes una carta en la puerta del copiloto”, le dije. No era una carta para hacer historia, pero era la primera escrita de mi puño y letra y eso amigo, en los tiempos que corren, para mí tiene valor. Y creo que él también supo dárselo.

    De vuelta a mi ciudad volví a sentirme una turista. Hubiera pagado por quedarme allí unos pocos días más, o tal vez para siempre, pero uno no puede retrasar sus asuntos pendientes demasiado tiempo. Hay que plantarles cara. Es como enfrentarte al malo en la última fase de un videojuego. Te da mucho respeto, pero lo haces. Las primeras veces pierdes, pero eso te motiva a seguir intentándolo y al final, el día que lo consigues, ¡zas! Se termina. ‘Game Over’.

    Eso me recuerda a lo que decía Rapunzel en ‘Enredados’: “¿Qué pasará si cuando vea las luces flotantes no son cómo yo las espero?”, se preguntaba. “Entonces tendrás que buscar otro sueño”.

    La vida está tejida de ilusiones. Si no tienes algo que te motive, te apagas. Necesitas esa fuerza que te empuje. Es lo que te hace salir de la cama de una forma o de otra completamente distinta. ¿Cuántas veces te has regañado por ver el vaso medio vacío? Los extremos nunca son buenos. Hay que tener los pies en el suelo, pero si nos ponemos de puntillas podemos acariciar el cielo. Tal vez el cosquilleo se quede dentro de ti. Eso es lo que yo llamo la ilusión por vivir.

    Aquí os dejo la canción de la que hablaba. ¡Feliz día! Se llama ‘You are a tourist’, de Death Cab for Cutie.

    Imagen de previsualización de YouTube


  4. Sigue el camino de baldosas amarillas

    enero 17, 2013 by Ana López Guzmán

    Cuando éramos pequeñas, mi hermana era un poco trasto. La única forma de domar a la fierecilla era poniendo una peli en la tele, así que mi padre siempre nos traía los grandes éxitos del videoclub (¡Ay, Blockbuster, cuánto te echo de menos!). El caso es que gracias a ella o a mi padre o al del videoclub, me empapé de cine desde niña y me quedé con lo que para mí es lo mejor: la esencia de cada peli. Sus enseñanzas. Y es que de todas sacas algo, hasta de las más malas.

    'Regreso a Oz', (Walter Murch, 1985)

    ‘Regreso a Oz’, (Walter Murch, 1985)

    Un día mi padre apareció con ‘Regreso a Oz’, (Walter Murch, 1985), secuela de ‘El Mago de Oz’ (1939). Una peli que empiezo a pensar que sólo he visto yo (si me equivoco y tú la recuerdas, por favor, dímelo y formamos un club). En realidad poco tenía que ver con la primera. Era mucho más oscura y a veces daba bastante miedo, la verdad. Así de entrada, os diré que algunos de sus malvados protagonistas eran una princesa sin cabeza, unos rodadores que perseguían a Dorothy, un pantano de la muerte que te convertía en arena si lo pisabas y un rey gnomo con fobia a las gallinas.

    Sobre Oz había caído una especie de maldición que había convertido a todos sus habitantes en piedra. La misión de la heroína era devolverles a la vida. ¿Recordáis quiénes eran sus mejores amigos? Un Espantapájaros que deseaba tener cerebro, un León Miedica en busca de valor y un Hombre de Lata que quería un corazón para sentir.

    Yo no soy Dorothy ni tengo unos chapines de rubíes que me devuelvan a casa con tan sólo chasquear sus tacones tres veces mientras digo “No hay nada como estar en casa”, pero sí que tengo cosas en mi vida que son mágicas y personas por las que también me enfrentaría a un sinfín de peligros si su vida estuviera en juego. Y si tuviera que emprender un viaje a Oz, tengo claro quién se vendría conmigo.

    Uno de ellos es alguien a quien llamo cariñosamente Keru. Keru dice tener un corazón de madera, pero no es cierto. Tiene un corazón enorme, pero protegido por una coraza. Lo que no sabe es que las corazas de madera son más fáciles de tallar que las de piedra. Se pueden esculpir para hacer algo muy bello. Y si lo quieres, incluso puedes deshacerte de ellas y llegar hasta el final, donde habitan los sentimientos (incluidos aquellos que ya no crees ni tener).

    Un corazón que no vibra no está muerto. Sólo está congelado. Se trata de encontrar cosas que hagan que vuelva a manifestarse con todo su esplendor. Pero esas cosas llevan tiempo. ¡Ay! ¿A quién no le ha pasado? Y es que cuando uno sufre por amor, sus cicatrices sanan, pero dejan un recordatorio. Es como un papel arrugado: se puede volver a estirar, pero nunca volverá a ser lo mismo.

    Otro compañero sería un amigo que dice ser un pirata. Creo que es otra forma de reaccionar ante el desamor. Prefieres no entregarte a nadie. Tal vez, si acaso, a ratitos. En pequeñas dosis, ya sabes. Pero cualquier implicación encaminada a un compromiso haría que este pirata cogiera el primer barco que encontrase y se marchara huyendo lo más lejos posible. Mi amigo el pirata tenía otros motivos para lanzarse al mar. Quería vivir una aventura. Construir su propia historia. De hecho, si hubieran conocido a Keru-corazóndemadera, le hubiera dicho una de sus frases favoritas: “Sé el guionista de tu propia vida”.

    Así que de momento tenemos preparados para el viaje un corazón blindado y un alma libre que no quiere sentirse atada a ningún puerto. Mi tercer compañero a la tierra de Oz sería alguien a quien hice una promesa: enderezarle. Le guiaría hasta su camino de baldosas amarillas, pero sería una senda bien recta. Que fuera directa al castillo de la Ciudad Esmeralda sin desvíos ni entretenimientos. Ese sería sin duda El Camino. No sé qué necesitaría para conseguir que mi amigo no se perdiera en nuestra travesía, pero estoy segura de que con un poco de esfuerzo lo logaríamos. Juntos.

    Dorothy hacía su viaje con Toto, su perro. Las comparaciones son horrorosas y esta es aún más terrible, pero yo me llevaría a mi mejor amiga, que es el equivalente en confianza. Él no pedía nada al Gran Mago. De hecho, me parece un gesto un tanto grosero por parte de Dorothy no haber pensado en su pobre perro o no haber pedido nada para él. Quién sabe… A lo mejor ni se hubiera vuelto a Kansas. Lo que no sé es por qué él no hablaba si los animales podían hacerlo en Oz… El caso es que yo me llevaría a mi amiga para que el Gran Mago concediese alguno de sus deseos. Uno en concreto: el amor más grande, que es el que se merece.

    Y yo… ¿Qué pediría? Sólo ser feliz. Es cierto que han ocurrido muchas cosas malas con las que no contaba últimamente, pero he decidido no venirme abajo. Creo que siempre tienes opciones. Y yo me siento apoyadísima. Tengo mucha suerte. Me da igual dónde vaya a dar mi camino de baldosas amarillas porque sé que no estaré sola. Y que al final también me estará esperando algo tan resplandeciente como una esmeralda. Esa luz es mi motor y mi gente son mis compañeros de viaje, al igual que yo lo soy de los suyos.

    Voy a tomar ese último trago de Cola Cao con el trocito de chocolate que me has dado. Aquí no hay posos que mirar o interpretar. Tal vez tú puedas hacerlo en tu té rojo, ese que yo creo que me hace enfermar. O con tu don de mentalista puedas decirme lo que ves en mi castillo. No tengo miedo. Ya no. La cajita de música me relaja, tanto como las películas a mi hermana. Un regalo que siempre llevaré conmigo porque, como dice Keru, “toda buena historia merece tener una banda sonora”.

    Os dejo una canción de Miranda Warning que hace referencia, precisamente, a esta senda maravillosa de la tierra de Oz. Dentro de poco podremos ver la nueva versión que Sam Raimi ha hecho: ‘Oz, un mundo de fantasía’. ¡Qué ganas!

    'Oz, un mundo de fantasía', de Sam Raimi

    ‘Oz, un mundo de fantasía’, de Sam Raimi

    DESPIERTA (MIRANDA WARNING)             

    Ahora despierta
    Tu noche se acaba ya
    No quieres abandonar
    Dejar ese sueño atrás
    Sin duendes ni hadas
    Sin senda al País de Oz
    Mejor si es de tu color, tu mundo, tu creación 

    Nada es igual a la luz del día
    en sueños saldrás fuera de mi vida

    Escondes tu miedo a salvo en tu oscuridad
    detrás de tu máscara no ves que yo soy real

    Y no tienes el valor,
    el valor
    de mirarme frente a frente,
    de romper tu escudo en dos

    Ahora despierta, tu noche se acaba ya
    es hora de abandonar, dejar ese sueño atrás

    Nada es igual a la luz del día
    en sueños saldrás fuera de mi vida

    Y no tienes el valor,
    el valor
    de mirarme frente a frente,
    de romper tu escudo en dos

    Que lo frágil se hace fuerte, 
    ten valor 
    porque el tiempo también pasa en tu reloj, pasa en tu reloj…

    Y no tienes el valor,
    el valor
    de mirarme frente a frente,
    de romper tu escudo en dos


  5. Si crees y quieres, entonces puedes

    diciembre 30, 2012 by Ana López Guzmán

    Cuando era pequeña me tocó con la revista SuperPop una tarjeta para tomar decisiones. Tenías que poner el dedo encima y, según el color que te saliese, el consejo era uno u otro. El caso es que a mí siempre me decía lo mismo: “Ideal, ¡lánzate!”. Creo que en parte eso era positivo porque me animaba a hacer cosas. Además, si salía mal, siempre podía culpar a la tarjeta.

    Tom Hanks en una escena de la película 'Big' (1988)

    Tom Hanks en una escena de la película ‘Big’ (1988)

    Algo parecido le ocurría a Tom Hanks en ‘Big’ (Penny Marshall, 1988) con su bola de ‘El ocho’. Esa que según la agitas te da también un consejo. Para la suerte del protagonista, el resultado no siempre era el mismo. Creo que con cosas como éstas te ayudas a ti mismo a justificar las decisiones que ya has tomado, pero… ¿A quién no le viene mal un refuerzo positivo?

    El caso es que el año pasado estaba trabajando con mi prima en Brighton y me acerqué un día a su mesa para charlar con ella. Entonces vi que tenía una bola de ‘El ocho’ exactamente igual que la de ‘Big’. Quise saber cómo la había conseguido, pero para mi desgracia se la había regalado su amigo invisible. ¿Cómo iba a enterarme de cómo hacerme con una?

    –         Pregúntale al italiano.

    –         ¿Te la ha regalado él?

    –         Bueno, cuando abrí el regalo no paraba de preguntar si me había gustado…

    –         Me temo que tu amigo invisible es bastante visible…

    El caso es que moví cielo y tierra para descubrir que vendían la bola en Amazon. Imaginaos. Toda mi vida mirando en cada tienda, preguntando a la gente… Y no se me había ocurrido mirar en Internet. O supongo que hacerlo hubiera hecho que se perdiera parte del encanto de encontrar algo que llevaba tanto tiempo esperando. Os aseguro que el día que la recibí fue uno de los que he vivido con mayor ilusión.

    Supongo que es lo que ocurre cuando deseas algo con muchísima fuerza. Cuando estás seguro de que va a llegar. El problema es que hay cosas que nunca sabes si pasarán y por el camino te entretienes. Lo mejor es no perder el tiempo porque al fin y al cabo sólo tenemos una vida.

    Ahora ya tengo mi bola. Simplemente me gusta hacer preguntas sin demasiada trascendencia, agitarla y ver lo que sale porque tiene el don de decirme siempre que haga lo contrario a lo que quiero hacer. Tal vez debería empezar a hacer caso a ese cacharrito… Y es que tengo la sensación de que por más que llegue puntual a todas mis citas, siempre llego tarde a las más importantes.

    Al final todo es elegir un camino, coger carrerilla y seguir adelante. Lo mejor es no plantearte si estás haciendo lo correcto. No dudar. Y eso es algo que he aprendido últimamente de algunas personas que ven la luz y la siguen firmemente. No hay vuelta atrás.

    A mí me cuesta ser así, pero también me cuesta mucho pasar del todo al nada. Si lo doy todo, lo doy con todas las consecuencias. Y no me importa equivocarme, porque forma parte de la vida. Entonces un día cancelas todas tus citas. Pones tu vida del revés. Te llevas la contraria, sólo por intentar algo diferente. Porque piensas que tal vez así aciertes.

    Te encuentras con unas escaleras y decides subir. No te cansas porque tienes la motivación de descubrir qué encontrarás al final. Y ahí está. Todo es paz y tranquilidad. Te animas a disfrutar del paisaje. Tocas lo que te encuentras. Quieres sentirlo. Estás decidiendo vivir.

    Y pasas allí un tiempo. Te pierdes porque quieres hacerlo. Darías lo que fuera porque nadie te encontrase. Entonces caes en un sueño muy profundo. Has colmado tus ansias de conocimiento. Has resuelto tus dudas y ahora lo ves todo un poquito más claro. Te has ganado ese descanso. ¡Lo necesitabas tanto!

    Pero nadie puede permanecer allí eternamente. La vida continúa abajo, pero tú quieres quedarte. O tal vez no. Tal vez sea mejor seguir con tu decisión. ¡Somos tan cabezotas! Y en vez de coger las escaleras, tomas la vía rápida, y de un salto vuelves al punto donde lo dejaste.

    Ahora todo es distinto porque tienes un nuevo recuerdo. Sigues adelante, pero teniendo en mente que hay un lugar donde uno puede sentirse vivo. El lugar de la luz. Es un sitio donde no existía el miedo. Donde podías relajarte sin pararte a pensar.

    Sería absurdo cerrar esa puerta. La vida no se acaba donde empieza una nueva. Sólo son caminos diferentes. Y es bueno saber que siempre hay vías alternativas. E incluso si lo necesitas, un camino de vuelta.

    Estoy en mi jardín y me veo reflejada en el agua. Juego con ella con los dedos. Hago dibujos. Está fría, pero eso me gusta. He decidido quedarme ahí un poco más. Es pronto para volver a mi punto. Quiero seguir sintiendo esa tranquilidad y que nadie me baje de golpe y porrazo. No valgo para eso. Nunca me gustaron demasiado los cambios.

    Me seguiré preguntando si tú que me lees también querrás pasarte por aquí. Escuchar las cosas que digo. Pararte a pensar en lo que te cuento cuando abro la boca y no puedo callar. Si escucharás tu melodía, tu banda sonora. Si te perderás en los folios de una historia mágica o si te dormirás viendo tu película favorita.

    Dustin Hoffman en 'Hook' (1991)

    Dustin Hoffman en ‘Hook’ (1991)

    No hay caminos equivocados ni decisiones incorrectas porque hay puertas que no se cierran ni momentos que nunca olvidaremos. Son los que nos hacen fuertes. Son los que te dan alas. Da palmadas fuertes, como decían en ‘Hook’ (Steven Spielberg, 1991). Si crees, entonces puedes.

    PD. Dedico esta canción de Luis Ramiro a todos los que estáis empezando de cero. Ese amor sin estrenar puedes ser tú mismo. Párate a pensar en ello ;)

    Un amor sin estrenar (Luis Ramiro)

    Ahora que te vas y estoy por fin soltero lo voy a celebrar
    me visto de guerrero, primero iré a cenar
    Apunte, camarero, de entrantes me da igual
    de postre quiero el mundo entero
    Te vas y te juro que no estoy tan mal
    aunque quizás, si digo la verdad,
    tendría que afrontar al triste evidencia
    y decir que nuestros cuerpos encajaban igual
    que dos piezas de Tetris lanzadas al azar
    entre millones de seres de toda la ciudad
    Pero es el momento de empezarte a olvidar…

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    Lo hecho, hecho está
    Me merezco un amor sin estrenar…

    Ahora que te vas y estoy por fin soltero
    me voy a concentrar, mejor me desconecto,
    Me empeño en escalar el muro de tu Facebook
    No voy a estrellarme en el abismo de los celos
    Venga, ya está, hoy quemaré los bares,
    hoy voy a disparar frases antitanque
    Tengo que ligar para que te me pases,
    bórrate de mi mente con una chica puente
    Es el momento de empezarte a olvidar…

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    lo hecho, hecho está, me merezco un amor sin estrenar

    Ya me he dado cuenta de que el tiempo no para
    y hay que subirse en marcha en el primer vagón
    ya me he dado cuenta de que el tiempo no regresa, corazón

    Y quiero caminar sonriendo entre la gente,
    Basta de llorar, de arreglar cuentas pendientes,
    lo hecho, hecho está, me merezco un amor sin estrenar…

    Sin estrenar…

    Imagen de previsualización de YouTube


  6. Cuando no salen las cuentas

    agosto 13, 2012 by Ana López Guzmán

    Hace tiempo creé un blog. Fue allá por el 2004. Durante seis años escribí la historia de mi vida en aquellas “páginas”. Pero tener un blog puede darte algunos problemas. Escribir sobre los profesores de la Universidad me dio cierta fama entre el alumnado durante mi época de estudiante de Periodismo, pero no me gustó porque se estaba utilizando algo que yo había escrito de la forma más natural del mundo para hacerme daño directa o indirectamente. Fue la primera lección: Ana, cómprate un diario.

    El motivo por el que decidí no sólo dejar de escribir en él, sino borrarlo, fue porque me daba más problemas que otra cosa. Cada vez que alguien quería saber algo de mí se estudiaba mis posts de arriba abajo y eso me incomodaba. Es más, era un blog en el que nunca decía nombres. Por tanto, muchas personas se preguntaban de quién estaría hablando, en especial cuando estaba triste, enfadada o dolida por algo. Sin embargo, me arrepiento de haber dado a aquel botón de “eliminar”. Y a veces pienso que todo sería más fácil en la vida si tuviéramos botones para borrar algunas cosas, para reiniciar otras o para suspenderlas hasta dar con una solución. Pero no lo es. La vida es algo más complicada.

    Sin embargo, cuando te gusta escribir, cuando se convierte en tu vía de desahogo, sigues con el “mono”. Necesitas plasmar todo lo que piensas o sientes de alguna manera. Por eso, el día que nuestro director nos propuso crear un blog en ‘Cuore’ no lo dudé. Y como yo siempre he utilizado las películas o las series para explicar situaciones, pensé que no había nada mejor que unir las dos cosas: el cine con todos esos pensamientos que estaban paseándose libremente por mi cabeza.

    El problema del escritor, del periodista o del blogger, es que a veces no está inspirado. Ese canal de comunicación se bloquea y entonces no logras sacar todo lo que tienes dentro, o al menos no de la forma en que a ti te gustaría. No quedas satisfecho. Creo que en esos momentos debes tomarte un descanso antes de volver a retomar el lápiz y el papel o en este caso, el teclado y la pantalla.

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    No es que ahora me sienta más inspirada, pero sí estoy preparada para hablar de las cosas que me han tenido apartada del blog durante algún tiempo. Hay momentos en nuestra vida que nos abruman. Es como si estuviéramos atados en una silla de pies y manos. Intentamos soltarnos, pero no podemos. Pedimos ayuda a otros, pero somos nosotros quienes debemos desatarnos. Liberarnos de todo aquello que no nos deja respirar. Y cuando lo hacemos, sentimos un gran alivio. Es una sensación de libertad.

    Pero para que todo eso ocurra, es decir, para vivir todo ese proceso interior que nos permita sacar lo malo que llevamos dentro, es necesario dejarse apoyar. Es obvio que nadie va a resolver tus problemas, pero es importante valorar lo que tienes a tu alrededor y empezar a sopesar las cosas. A verlas con perspectiva, como ya he dicho otras veces en este blog. ¿Sabes? No estamos solos. Incluso cuando crees que lo estás, cuando te empeñas en pensar que es así, tampoco es cierto. Siempre hay alguien dispuesto a sacarte una sonrisa.

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Meg Ryan y Hugh Jackman en 'Kate and Leopold'

    Hace poco estuve viendo ‘Kate and Leopold’ (2001, James Mangold). Ya la había visto otras veces. Es una peli protagonizada por Hugh Jackman y Meg Ryan. Sí, una comedia romántica, pero que guarda muchas verdades. Ella es una mujer que lleva toda la vida trabajando. No ha tenido tiempo para salir de la ciudad en diez años. Lucha por liderar una empresa de estudios de mercado y al final lo consigue. Pero entonces, cuando tiene todo aquello por lo que ha invertido tanto tiempo, ganas e ilusión, se da cuenta de que lo que quiere es otra cosa. Quiere disfrutar del sabor de las cosas. Despertarse abrazada a un hombre que la quiera y proteja. Que ofrezca seguridad y apoyo. Quiere dormirse abrazada a su cuerpo mientras escucha la melodía de ‘Desayuno con diamantes’ que el vecino pone cada noche en su tocadiscos y que apaga puntualmente a las doce. Y para darse cuenta de que eso es lo que quiere tiene que venir una persona del pasado que logra que ella vea que hay vida más allá de una Blackberry o el puesto de directiva de una empresa internacional.

    Al final lo que importa, lo que nos hace felices, son las cosas más sencillas. Las que a veces olvidamos. Como ir conduciendo y poder valorar el precioso atardecer que tienes frente a ti (y que no te deja ver la carretera). O como pasar una tarde con tu amiga sin hacer nada más que hablar. O ver las olas llegar a la orilla para luego retirarse silenciosas. O cerrar los ojos y sólo escuchar el silencio. Alguien me enseñó que la vida son eso, “momentos”. Pero esa misma persona olvidó el resto de las cosas que había que poner en la balanza para que estuviera equilibrada porque lo que no se cuida se desgasta.

    Para despedirme os dejo una canción de Leiva, que hacía mucho. Se llama ‘Las cuentas’. Si quieres que éstas te salgan, entonces tendrás que poner algo de tu parte porque regodearte en el placer del dolor es la peor manera de salir adelante. Toca fondo si es necesario, pero que sólo sirva para coger más impulso para salir de tu agujero y seguir luchando, que la vida es demasiado corta como para malgastarla invirtiendo esfuerzo, energía e ilusiones en cosas materiales o superficiales que no te darán la verdadera felicidad.

    Las cuentas (Leiva)

    Ya sólo quedan los demonios,
    la propina y los escombros.
    Caemos como plumas,
    olemos el fondo
    y nos quedamos cortos.

    Es tiempo de autodestrucción,
    de disparar sin adornos,
    prenderé fuego al colchón,
    que reventó nuestros otoños.

    Porque no existen tumbas de dos,
    porque el adiós se siente en vena,
    amamos lo que perdimos,
    queremos lo que envenena
    y así nunca nos salen las cuentas.

    Ya no nos saca nadie a hombros,
    la vanidad, los dobles fondos,
    quemamos las alturas,
    besamos el polvo
    y nos calamos hondo.

    Es tiempo de autodestrucción,
    de rematar sin adornos,
    me agarré a la inspiración,
    que me dejó nuestros demonios.

    Porque no existen tumbas de dos,
    porque el adiós se siente en vena,
    amamos lo que perdimos,
    queremos lo que envenena
    y así nunca nos salen las cuentas.

    También os dejo dos vídeos:

    El tráiler de ‘Kate and Leopold’: Imagen de previsualización de YouTube

    Y una escena que me gusta mucho, aunque está en inglés. Es un monólog de Liev Schreiber que interpreta al ex de Meg Ryan, la persona que encuentra la grieta en el tiempo que permite que Leopold llegue al presente y conozca a Kate. El hombre que se siente como aquel perro que vio un arcoiris: Imagen de previsualización de YouTube

    “I know, I know,it sounds crazy
    talking about… finding a crack in time under the East River.
    But in, in point,
    in point fact, Gretchen
    you know…
    it is no more crazy than, uh, a dog finding a rainbow.
    Dogs are color-blind, Gretchen. They don’t see color.

    Really?

    Just like we can’t see time.
    We can feel it.
    Oh… we can feel it passing but, we can’t see it;
    it’s just a blur.
    It’s like, …it’s like we’re riding in a, in a supersonic train
    and the world is just blowing by.
    But imagine if we could stop that train, Gretchen. Hmm?
    lmagine if we could stop that train get out, look around
    and see time for what it really is.
    A universe, a world a thing as unimaginable
    as color to a dog.
    And as real and tangible
    as that chair you’re sitting in.
    Now, if we could see it like that
    I mean, really look at it
    then… maybe we could see
    the flaws as well as the form.

    And that’s it.
    It’s that simple.
    That’s all I discovered.

    I’m just a…
    just a guy who saw a crack in a chair
    that no one else could see.

    I’m that dog who saw a rainbow“.


  7. Desde cuándo

    mayo 18, 2012 by Ana López Guzmán

    Imagina por un momento que eres una princesa. Que tus deseos son órdenes. Que puedes tener todo cuanto deseas con sólo pedirlo. Imagina que eso que anhelas no es más que cuanto todos ansiamos conseguir: la felicidad. Imagina que la encuentras…

    El otro día hablaba con V sobre esto: ¿Cuánto dura la felicidad? ¿Nos cansamos de aquello que hemos logrado, después de haber luchado tanto? Supongo que hay cosas que pierden intensidad. “Una oposición”, me dijo, por poner un ejemplo. Pero el amor no debería ser una de ellas, ¿no crees?

    Hoy he estado viendo ‘Érase una vez’. Estoy enganchadísima a esta serie que mezcla los cuentos de siempre con la vida real. ¡Me encanta! Supongo que aunque, como dice V, “Hollywood ha hecho mucho daño” (yo añadí que “Disney lo había hecho aún más”), no tenemos que esperar que nuestro príncipe azul sea perfecto, porque nadie lo es (ni tú ni yo tampoco).

    Ginnifer Goodwin en 'Érase una vez...'

    Ginnifer Goodwin es Blancanieves en 'Érase una vez...'

    Idealizamos a las personas. Tengo una amiga que ahora mismo está empezando una relación y me da mucho miedo pensar que puedan romper su corazón. Parece fuerte, pero es delicado… E intento que ella le ame “con los ojos abiertos”, como enseña ese gran libro de Jorge Bucay. Creo que es la única manera de no llevarte una decepción irremediable.

    Venga, voy a cerrar los ojos. Voy a contarte lo que veo cuando lo hago… Estoy sentada en la Pradera de San Isidro con Toni, Vanesa y Fran. Ella saca un cuadernito de su bolso. Tiene en su portada un dibujo de ‘El principito’ y eso me encanta. Parece un diario. Una imagen así sólo puede esconder palabras bonitas en su interior.

    Entonces Vanesa empieza a leernos algo que ha escrito. Y yo la miro mientras lo hace. También les miro a ellos, que están escuchando atentamente. Y cada palabra que ella pronuncia se va colando en mis oídos, traspasa mi mente, remueve recuerdos y después sentimientos. Uy. ¿Qué es eso? ¿Una lagrimita? Corre, tonta, que no te vean. ¿Qué va a pensar Vanesa?

    Pero lo cierto es que sus palabras son un montón de verdades que se suceden unas a otras. Me identifico demasiado con ellas. De hecho llego a pensar que he utilizado esas mismas palabras en alguna ocasión, como “genio loco”. Y es que cuando te cruzas con alguien que el único fin que tiene es ayudarte a ti y a los demás, es imposible que nadie diga nada malo de esa “personita tan especial”.

    Jennifer Morrison protagoniza 'Erase una vez...'

    Jennifer Morrison en 'Erase una vez...'

    Cuando Vanesa termina de leer su cuadernito, me ve emocionada y me abraza y yo me siento profundamente agradecida. Estoy en paz. Me siento protegida por personas que conocen la importancia de un abrazo sin que tengas que pedirlo.

    Y entonces es la hora de ir al aeropuerto a por mi padre. ¡Estoy tan ilusionada! Pero cuando meto la tarjeta en el coche, éste no funciona. Ni siquiera se enciende. Nada. Pero hay también alguien me ha enseñado que cuando las cosas se ponen feas, las soluciones están ahí. Y que, al igual que con los abrazos, no es malo pedir ayuda si la necesitas. “Ni tampoco es malo ser escéptica, Ana. Pero no te pongas una coraza”, me había dicho Lina.

    Entonces un ángel hace que todo se arregle, que parezca más fácil. Que el hecho de que también haya perdido las llaves (cayeron por el hueco del ascensor), se me haya roto la calefacción (aunque con este calor, prefiero ducharme con agua fría), me haya llegado una factura del teléfono que no me puedo permitir y bueno, un sinfín de cosas que no entiendo, el mundo y sus problemas parecen más sencillos si te das cuenta de que todo lo material tiene arreglo.

    Entonces, ¿qué pasa si ese ángel no puede hacer magia? ¿No puede arreglar las cosas emocionales? ¿Por qué? Me parece terriblemente injusto. Las hadas madrinas, los duendes, las brujas perversas de ‘Érase…’ tienen poderes que hacen que sea más fácil, pero nadie dijo que la vida lo fuera, ¿verdad?

    Así que intento mantener la mente fría y recordar que los momentos buenos hay que vivirlos con intensidad. O desde el centro, como dice Lina, para que así puedan pasar de largo. De modo que si yo siento rabia o rencor hacia alguien, lo mejor es vivir esos sentimientos para que de esa manera puedan dejar de hacerte sentir mal. Es el consejo que he dado a una amiga que lo está sufriendo. ¡Son tantos los corazones rotos que tengo a mi alrededor! Pero te aseguro que todo aquel que pase cerca de mí, al menos puede contar con mi apoyo. Y es que si nosotros no estamos con aquellos a los que queremos cuando más nos necesitan, ¿qué podemos esperar? Entonces Lina me formula la pregunta: “Y tú, ¿te has perdonado?”. Mi respuesta es clara: “No”. “Entonces empieza por ahí”, me dice.

    Mensaje captado. La vida es muy dura, pero voy a hacer como aquel día en la Pradera. Voy a vivir ese momento de paz, pero en cada cosa que haga. Intentaré no montar un drama si la situación no es tan grave. Tendré los pies en la tierra, pero también pediré ayuda si la necesito y me dejaré abrazar si no soy capaz de pedir que lo hagan.

    Puede que la vida no sea un cuento ni una película, pero todas están basadas en algo que no nos resulta tan ajeno. ¿Mi consejo? Trata de encontrar a esos ángeles que tienes a tu alrededor. Es fácil identificarlos. Acuden sin ser llamados. Yo tengo uno que me salva constantemente, así que no es tan complicado imaginarme como una princesa.

    A mí el relato de Vanesa me impresionó porque vi unos sentimientos que yo había tenido. A los miedos hay que dejarlos ir. Hay que ponerles alas para que se vayan. Es mejor acercarse a las personas mágicas que pueden enseñarnos un mundo diferente, sea bajo tierra, agua o… Bueno, ¡donde sea! Eso da igual. Lo que importa es que esos momentos de felicidad se alimenten para que no sea sólo algo puntual, sino un sentimiento que perdure y se convierta en un estado. En algo que esté siempre dentro de ti y no se te escape. Si no eres feliz tienes las herramientas necesarias para cambiar las cosas y si lo eres, también las tienes para hacer que esa situación no cambie. Es como una flor muy delicada, pero que con las cosas más básicas se convierte en las más bonita de todas.

    PD. Gracias a todas las personas que han cuidado de mí en este día de perros.

    PD1. Esta vez os dejo una canción de Alejandro Sanz. La primera vez que la escuché lloré, pero sólo un poquito, ¿eh?

    DESDE CUÁNDO (Alejandro Sanz)

    Ya no duele porque al fin ya te encontré 
    Hoy te miro y siento mil cosas a la vez 
    Mira si busqué, mira si busqué 
    Tengo tanto que aprender 
    Todo lo que tengo es tu mirar 
    De mis recuerdos salen brisas a bordar 
    Las locuras que tú me quieras regalar 
    Y mira si busqué, mira si busqué 
    Tengo tanto para dar 
    Reconozco puertas que yo sé 
    Se abren solamente alguna vez 
    ¡Así de poco! 
    Desde cuándo te estaré esperando 
    Desde cuándo estoy buscando 
    Tu mirada en el firmamento, 
    Estás temblando 
    Te he buscado en un millón de auroras 
    Y ninguna me enamora como tú, ¿sabes? 
    Y me he dado cuenta ahora 
    Puede parecer atrevimiento 
    Pero es puro sentimiento 
    Dime por favor tu nombre 
    Yo te llevo por las calles a correr 
    Vamos lejos más allá de lo que crees 
    Y si pregunto bien, si pregunto mal 
    Tengo tanto que ofrecer 
    Abro puertas que alguien me cerró 
    Y no busco más sentido a mi dolor 
    Mira no me vuelvas loco 
    Te he buscando en un millón de auroras 
    Y ninguna me enamora 
    Y al final cuando te encuentro... Estabas sola


  8. Reescribir la historia (tu historia)

    abril 12, 2012 by Ana López Guzmán

    Deja de asentir con la cabeza. ¿Qué te pasa? ¿Es que no piensas hacer nada al respecto? ¿Qué te está pasando? Te miras al espejo y no te reconoces. Entonces te acercas un poco más. Te observas de cerca, como si fueras a encontrarte con la verdad, escondida en tu mirada. ¿Por qué? Porque sabes que está ahí dentro, deseando salir.

    Hay una peli muy mala (a mí me lo pareció) que se llama ‘El cazador de sueños’ (2004, Lawrence Kasdan). Está basada en un libro de Stephen King. Hubo una escena que se me quedó grabada. Es un momento en el que se ve cómo funciona la mente de uno de los protagonistas. Podemos verle dentro de su cabeza, quemando carpetas, destruyendo información, recuerdos…

    'La Historia Interminable'En otra, ‘La historia interminable 2’ (1992, George T. Mille), protagonizada por el fallecido Jonathan Brandis, existía un personaje que se dedicaba a robar recuerdos. Se quedaban encerrados en bolas de cristal. A veces he pensado lo maravilloso que sería poder borrar ciertos momentos dolorosos. Que se quedaran así, atrapados… Pero luego pienso que en el fondo los necesitas, por mucho que ardan dentro de ti. Que aprendiste de cada uno de ellos porque, aunque hay quien dice lo contrario, siempre pensé que no hay día en el que no puedas aprender algo nuevo.

    ¿Te acuerdas de la Nada? Esta aparecía en ‘La historia interminable’ (1984, Wolfgang Petersen; basada en la novela de Michael Ende), la primera entrega de la saga, la más famosa y la mejor, indiscutiblemente. Cuando Atreyu se reencontraba con el Comepiedras, éste le explicaba lo que había sucedido en el Reino de Fantasía. Describía una gran Nada que había arrasado todo a su paso sin dejar ni rastro. “¿Un agujero?, le pregunta el guerrero. “No, un agujero sería algo, pero allí no quedó nada”.

    A veces ocurren cosas que nos dejan así. Es como un gran bloqueo que te paraliza. Y los días pasan y no logras salir de él. Es como un bucle autodestructivo. Sientes una enorme tristeza. Eso también ocurría en la misma película. Ártax, el caballo de Atreyu, se dejaba invadir por la tristeza y terminaba muriendo de pena en un pantano. Es una de las escenas más emotivas de la cinta. Atreyu le anima a luchar, le sujeta la cabeza con todas sus fuerzas… Pero termina perdiéndole.

    Atreyu intenta salvar a ÁrtaxTodos tenemos ‘Atreyus’ en nuestras vidas que nos dan ese toque de atención para que reacciones y no te dejes hundir puesto que, ¿de qué serviría eso? Muchas veces lo que ocurre es que no te das cuenta de lo que está sucediendo o de cuál es la raíz del problema, pero una vez que la encuentras, todo es más fácil porque ya sólo tienes que buscar una solución (aunque ésta no suele ser sencilla).

    Y cambias todos tus planes y quedas con una persona porque te lo suplica. Y tú accedes porque también quieres. Y entonces te golpea la realidad en la cara y te das cuenta de que no eres tan importante como te creías. Piensas que si en un futuro pudieras ver cómo ha sido tu vida no querrías recordar ese momento como uno de los peores de tu vida. Entonces recoges los trozos de dignidad que te quedan y te despides. Te vas… y dejan que te vayas. No hacen nada por retenerte.

    Después los mensajes de voz. Las llamadas insistentes. Los mensajes de súplica. Dios… Esta semana muchas me habéis contado casos así. Muchísimas. Y yo daría lo que fuera porque ninguna tuviera esa sensación. Me habláis de encuentros de madrugada y se me encoge el corazón. Lágrimas, despedidas… Entonces miras sus ojos y sabes que lo que dice es cierto, o quieres creer en ello porque así es como lo sientes, pero te estás hundiendo en el pantano de la tristeza y sabes que terminarás como el Comepiedras. Sintiendo un gran vacío…

    No hay despedida que no sea amarga. No hay verdad que no duela. Es como cuando pierde tu equipo favorito. Cuando se cancela ese plan que habías organizado con ilusión. Como cuando te dejan plantado y te sientes devastado… Pero tienes que seguir adelante.

    Ayer Concha me dijo algo: “Te cambia la cara cuando hablas de proyectos, de ilusiones”. Tenía razón. “Te has hecho pequeñita, pero eres grande y puedes hacer lo que quieras y lo sabes. ¡Hazlo!”. Y eso he hecho. He alquilado un estudio de fotografía y a partir de ahora podré empezar a hacer lo que me gusta: sacar el lado bonito de la gente. Ver sus sonrisas cuando les entregas sus fotos.

    “Tienes que dejar de poner cosas en esa gran mochila que tú sola te has colocado y no intentar quedar bien con todo el mundo. Eres la chica que quiere agradar y no disgustar a nadie, pero no siempre se puede”, me dijo Concha. ‘Aprender a decir no’ es algo que tengo apuntado en mi lista de tareas pendientes.

    Hija de la Luna y BastianY mientras trato de trabajar con esa parte de luz, como dice Lina, me encuentro con la parte de sombra, pero intento dejarla a un lado. Entonces me encuentro con la parte de sombra de otra persona. Le digo: “Es como una gran partida donde has apostado todo y lo estás perdiendo poco a poco”. Pero las situaciones límite, al fin y al cabo, son las que nos hacen reaccionar, al igual que esos ‘Atreyus’ que nos estarán esperando y animando a salir de nuestro bloqueo para volver a correr libres e iniciar la historia de nuevo. Hablo de tus amigos, tu familia, tu pareja…

    Una historia nueva, interminable. Que se haga grande con cada deseo… Déjate guiar por esos ‘dragones de la suerte’. Habrá muchas aventuras, personajes mágicos, momentos inolvidables e irrepetibles… Muchos desaparecerán, pero, ¿quién sabe? Tal vez vuelvan. Como decía la película: “Eso ya es otra historia”.

    PD. Os dejo el Tráiler de \’La Historia Interminable\’, mítica y mágica. Dedico este post a Nacho Cascajero, un gran fan de esta peli.


  9. Sálvate

    marzo 26, 2012 by Ana López Guzmán

    ¿Realmente es la vida tan complicada o somos nosotros quienes nos empeñamos en que así sea? Nos pasamos gran parte de nuestro tiempo lamentándonos de lo que no hemos hecho, cuando en realidad lo que tendríamos que hacer es levantarnos, salir de casa y comernos el mundo.

    A veces es muy difícil. Parece que se junta todo. Tal vez sea así. O tal vez lo que ocurre es que cuando estás en plan negativo todo se ve mucho peor. Seguro que si le pudieras pasar tus problemas a otra persona con otra actitud se manejaría con ello sin problema, sin hacer una montaña de un grano de arena.

    Otras sabemos cuál es la solución. Tenemos claro lo que queremos, pero nos falta valor. ¿Por qué? ¿Acaso no sería más fácil tomar ese camino? Parece ser que no. Tenemos un Pepito Grillo que nos chilla al oído que no hagas esto o lo otro. Nos resulta realmente complicado hacer cosas que sabemos que pueden hacer daño a los demás.

    Camino de baldosas amarillas

    El conformismo me desespera. ¿Por qué contentarme con esta situación si sé que puedo hacerlo mucho mejor? Creo que cuanto más exiges a la vida, más difícil te resulta ser feliz. En cambio, cuando aceptas que las cosas son tan complicadas como tú las pintes, todo empieza a resultar más llevadero.

    Hoy lo hablaba con mi pequeña gran amiga. Es necesario levantarse un día y cambiar el chip. Darte cuenta de que hay un punto en el camino en el que algo hiciste mal. Entonces tienes que rebobinar y descubrir cuál fue ese momento. A partir de entonces es como si tuvieras una gran goma de borrar que te permitiera desandar cada paso equivocado y volver a empezar tu ruta. Y aquí estoy otra vez hablando de caminos…

    Corazones rotos. Están por todas partes. Intento encontrar tiritas para todos. A veces no sé qué puedo hacer para sanarlos. Supongo que por mucho que haga realmente no está de mi mano que en sus caras vuelvan a aparecer sonrisas verdaderas. Pero estoy segura de que algo ayuda.

    Y es que la vida da tantas vueltas… Te pone del revés. Es como cuando jugaba con JC a los murciélagos. Me decía: “Me encanta este juego, te hace ver las cosas de otra manera”. Pero a mí me empezaba a doler la cabeza y tenía que volver al mundo “real”.

    Si alguien está perdido, si necesita “marcharse”, lo mejor es darle vía libre. Que siga su camino. Que encuentre cuál es su regreso a casa. Y puede que en su ruta se encuentre con seres tan maravillosos como Dorothy en su calzada de baldosas amarillas (‘El Mago de Oz’, 1939): un Espantapájaros en busca de un cerebro; un Hombre de Lata que quiere sentir su corazón; o un León Cobarde que desea convertirse en el rey de la selva que todos esperan que sea.

    Yo no tengo unos chapines de rubíes. No tengo poderes mágicos ni soy el Mago de Oz. Entiendo que tú estás tan perdid@ como puedo estarlo yo y que lo único que puedo hacer es darte la seguridad de que siempre estaré ahí cuando me necesites. Puede que la distancia sea necesaria para valorar lo que tenemos o para contemplar el mundo desde otra perspectiva.

    Decía Alejandro Sanz que “Distancia no es cuánto nos separamos. Distancia es si no volvemos”.

    Por si acaso yo dejaré una vela encendida para que encuentres el camino a casa. Te estaré esperando. Pasaré la noche en vela, como tantas otras, por si acaso decides volver. Por si te encuentras. Por si apareció esa lucecita. Por si quieres contarme cómo fue tu aventura.

    Hasta entonces sólo puedo decirte lo mismo que el Sombrerero Loco a Alicia: “Te falta tu muchedad. Ahí dentro. La has perdido”. Tendrás que encontrarla. “¡Bien viaje!”.

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    PD. Os dejo otra de las letras de Luis Ramiro que me gusta para poner música a este post:

    Sálvame (Luis Ramiro)

    Soy vendedor de lagrimitas tontas, buen perdedor…

    Con alas cortas curo el dolor

    Si vienes a verme hay un temblor…

    Dejaré en el suelo corazón…

    Abrígame, sálvame de este frío mortal en el la piel

    Soy escritor de tus historias rotas

    Guardo tu voz en mis canciones sordas

    Llevo tu herida escondida dentro de mi boca

    Dejaré en el suelo el corazón…

    Dejo una luz en el salón, el mapa de una constelación

    Búscame allí, me encontrarás lejos del sol…


  10. El equilibrio

    marzo 11, 2012 by Ana López Guzmán

    - Toma, coge este extremo.

    – No puedo.

    – ¡Menuda tontería, claro que puedes!

    – ¿Y si no tengo suficiente fuerza?

    – Tendrás que intentarlo, ¿no?

    Parecía poco convencida. Se encogió de hombros y se limitó a hacer caso. Parecía tan cansada… Después cogió el extremo de la cuerda y lo enrolló alrededor de su mano. Aún no había empezado a tirar y ya podía sentir el dolor.

    – ¿Estás lista?

    Ella tomó aire y se lo pensó dos veces antes de responder. Cerró los ojos y, tras una pausa, dijo:

    – Sí, lo estoy.

    Pronto empezó a notar que la cuerda tiraba de ella. “Tienes que tener una fe ciega para que salga bien”. Esas habían sido las palabras que había escuchado antes de que todo esto empezara. Preocupado, él preguntó:

    – ¿Puedes sentirlo?

    – ¡Puedo!

    Sus pies habían comenzado a arrastrarse por el suelo, haciendo dibujos en la gravilla, aunque ella intentaba permanecer en el sitio.

    – Tienes que mantener el equilibrio. ¡Mantén el equilibrio!

    – ¡Eso intento!

    Aún tenía los ojos muy cerrados. Se concentró como nunca antes lo había hecho. “Mantén el equilibrio, mantén el equilibrio”, se repetía una y otra vez. Sentía cómo la cuerda estaba quemando su mano, pero no notaba dolor. El dolor estaba en otro sitio. Dentro de ella. A él le costaba mirar desde fuera sin intervenir, pero tuvo que gritar:

    – ¡Hazlo ahora!

    Se sentía preparada. Podía hacerlo. Sacó algo de su bolsillo con la mano que no estaba atada, pero no hizo falta que lo usara, ya que justo en ese momento notó que el nudo de la cuerda había desaparecido. Se había desatado y había caído en mil pedazos, como una serpiente que hubiera perdido la batalla contra una bestia.

    Abrió muy lentamente los ojos. Tenía la sensación de que sus pies se habían levantado unos centímetros del suelo, como si estuviera levitando. Miró en todas direcciones, pero no había ni rastro de cuerda. Allí no quedaba nada.

    Y así, entre confusión e ilusión, le buscó. Se dio la vuelta. Allí estaba.

    – Sigo estando aquí. Nunca me he ido. Buen trabajo, pequeña.

    Sonrió. Sonrió desde el alma.

    Ella se quedó tal cual estaba, pero una lágrima recorrió su mejilla. Era un llanto silencioso. De emoción.

    – Lo he conseguido. ¡Lo he conseguido!

    – ¡Lo has hecho!

    Entonces corrió hacia él y se abrazaron.

    – Nunca podría haberlo hecho sin ti.

    – Ahora eres libre.

    – ¡Soy libre!

    – Ya tienes tu equilibrio. ¿Ahora que vas a hacer?

    – Supongo que… Mantenerlo.

    – Ah, y… ¿Cómo piensas hacerlo?

    – No lo sé. Supongo que es la parte más difícil.

    – Lo es. Te costará salir de la cama.

    – Lo sé.

    – Tendrás pesadillas.

    – También lo sé.

    – A veces recordarás cosas que tu mente no pueda controlar y tal vez incluso llores.

    – Pero ya no tengo miedo.

    – Porque tienes tu equilbrio.

    – Exacto.

    – ¿Te ha dolido?

    – Bueno, sólo un poco.

    – ¿Qué te dolió más?

    – Las cicatrices. Las de dentro.

    – Lo imaginaba…

    – No te preocupes, estaré bien.

    – Eres fuerte. Siento haber puesto en duda que podrías hacerlo.

    – Es normal. Antes dependía de ti. Tú me diste el impulso, pero ahora estoy bien.

    – De eso se trataba. Ya te dije que lo importante es que tú estés bien.

    – Me siento tranquila. Es como si ahora tuviera más amor dentro.

    – ¿En serio? ¿Me darás un poco?

    – Claro.

    Entonces colocó su pequeña mano sobre su pecho, cerrando los ojos de nuevo, pero esta vez muy suavemente. Él notó un calor que se metía dentro de él. Era algo muy parecido a lo que se siente cuando estás en paz.

    – Ahora dame tu mano.

    Él obedeció. Y ella dejó caer algo en la palma de su mano.

    – Es un trozo de mí. De mi paz. Tenlo siempre cerca. No te cuidará, pero sí te dará tranquilidad. Cuando te sientas mal, ve y cógelo. Te recordará a mí. Cuando lo hagas, yo sentiré un cosquilleo dentro y sabré que estás  pensando en mí. Entonces yo también pensaré en ti y te mandaré todo mi amor.

    No dijo nada. Quería responder un millón de cosas, pero no le salieron las palabras.

    – No te preocupes. Sé que es difícil. Gracias por haberme cambiado la vida. Por devolverme mi equilibrio. Por regalarme una sonrisa o tal vez un millón.

    Entonces sus ojos a veces verdes, a veces azulados, derramaron una lágrima y después otra.

    – No te vayas.

    – Tengo que hacerlo, ya lo sabes.

    Juraría que ella también lloró.

    – Nunca olvides que nadie me ha tratado como tú.

    – Siento haberte hecho daño.

    – Tal vez era un daño necesario. Tenía que despertar.

    – ¿Me perdonarás?

    – No hay nada que perdonar.

    Le miró nuevamente a los ojos, que aún derramaban las lágrimas más tristes que ella hubiera visto jamás.

    – Sé feliz. Te lo mereces. Y recuerda: no creo en la justicia divina, pero creo en las personas. Creo en ti.

    – No será una despedida para siempre.

    Ella sonrió. Sin embargo, no podía creer en sus palabras.

    – Volveremos a encontrarnos.

    Y se desvaneció.

    Él se quedó de pie. Hubiera querido decir un montón de cosas antes de despedirse, pero no pudo hacerlo. Sabía que había palabras que ella necesitaba escuchar, pero tenía miedo, no podía hacerlo. Aún no había encontrado su equilibrio.

    Cogió su mochila y guardó el talismán que ella le había regalado, no sin antes apretarlo fuerte. Incluso lo besó antes de colocarlo con muchísimo cuidado entre una camiseta doblada, por miedo a que se pudiera romper.

    – Hasta luego, princesa.

    Ella, allá donde estuviese, pudo sentir un hormigueo dentro y supo que él estaba pensando en ella. Se asomó por entre las ramas, como otras veces, y vio cómo se alejaba. Él se giró con la esperanza de volver a verla. Ahora tenía que continuar su camino.

    Avanzó por un terreno hostil. Los pasos, cansados y lentos, le recordaban a los de ella, hacía un momento, pero ya parecían horas, días. Incluso semanas.

    Entonces apareció un precioso león y supo que tenía que subirse sobre él.

    Se lamentó antes de hacerlo, emitiendo un sonido de protesta. No quería, pero sentía que era su deber.

    – ¿Sabes, león? Me hubiera gustado que hiciera este viaje con nosotros.

    Después acarició su preciosa melena.

    – ¡Andando!

    Y el león se puso en marcha. Él volvió a mirar atrás una vez más. Le pareció distinguir una silueta moviéndose entre los árboles y en esta ocasión fue él quien sintió el hormigueo.

    – Tiene que ser amor porque duele.

    – Tiene que ser amor porque está vivo.

    Dijo el león, para su sorpresa.

    – ¿Crees que ella estará bien?

    – Ahora no, pero lo estará. Hay una canción que dice que el amor si acaba bien no acaba.

    – Ella me habló de esa canción.

    Y entonces descubrió que a cada paso que el león daba, no se sentía más lejos, sino más cerca. Algo había cambiado en su interior. Pero el resto del camino tenía que hacerlo solo.

    Ella, ya muy lejos de ellos, cogió su diario y escribió algo que había escuchado en una película. Una frase que le recordaba a él:

    “Si te sirve de algo, nunca es demasiado tarde o, en mi caso, demasiado pronto para ser quien quieres ser. No hay límite en el tiempo. Empieza cuando quieras. Puedes cambiar o no hacerlo. No hay normas al respecto. De todo podemos sacar una lectura positiva o negativa. Espero que tú saques la positiva. Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo” (‘El curioso caso de Benjamin Button’).

    Firmó. Cerró el diario y sonrió.

    – Gracias.

    Escena de la película '¿Conoces a Joe Black?'Y su pelo hizo dibujos en el viento. Su sonrisa no se dibujó en su cara. Salió de dentro. Tal y como lo había aprendido de él. Es mejor arrepentirse de algo por haber fallado que arrepentirse toda la vida por no haberlo intentado. Era una buena frase para escribir en el cabecero de la cama.

    “El amor es pasión, obsesión, no poder vivir sin alguien. ¡Pierde la cabeza! Encuentra a alguien a quien amar como loca y que te ame de igual manera. ¿Cómo encontrarlo? Olvida el intelecto y escucha al corazón. ¡No oigo ese corazón! Vivir sin sentirlo no tiene sentido alguno. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad… En fin, es como no haber vivido. Tienes que intentarlo porque si no lo intentas, no habrás vivido” (‘¿Conoces a Joe Black?’).

    – Hasta pronto.

    Os dejo un enlace con música de los Goo Goo Dolls. La canción se llama ‘Iris’ y pertenece a la banda sonora de otra película, ‘City of Angels’, pero me gustó este vídeo:

    \’¿Conoces a Joe Black?\’


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