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‘Amor’ Category

  1. Un universo de series para ver este otoño

    octubre 23, 2015 by Ana López Guzmán

    En un momento en el que todos veis ‘Juego de tronos’, ‘House of cards’ o ‘True detective’, voy a hablar de otras series que a lo mejor no son tan seguidas como éstas, pero a mí me han enganchado por una cosa o por otra. Ya sabéis que siempre le busco tres pies al gato o la forma de aprender algo de cada cosa que veo en la pantalla grande o en la pequeña que pueda aplicar a mi vida personal… Pues a ello voy y así entenderéis por qué cada noche me planteo la misma pregunta: ¿Hoy qué vemos?

    1. Empezaré por ‘Arrow’. Voy por la cuarta temporada, que se está emitiendo ahora. Empecé a verla por recomendación de mi madre. “Es sobre un justiciero con muy mala leche, pero el chico tiene sus motivos”, me decía. En fin, ¿quién no tiene una black list? Ya en el instituto jugaba con mi amiga Beatriz al: “Si pudieras desterrar a tres personas de tu vida, ¿quiénes serían?”. Y eso que me tengo por una persona tranquila y civilizada. Lo cierto es que yo nunca cogí un arco y me puse a tirar flechas a nadie, pero me hubiera gustado, así que no soy tan diferente a Oliver Queen, ¿no?… Según avanza la serie, va cambiando su causa, que no está mal. Si tú también le has fallado a esta ciudad (se me pone la piel de gallina cada vez que dice esa frase), échale un vistazo.

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    2. De ‘Arrow’ nació el spin-off ‘The Flash’. ¿Qué deciros? Me encanta Barry. Es como Peter Parker, te inspira ternura porque es un chico normal con un don especial: corre más rápido que nadie. Al principio yo me preguntaba cómo iba a ayudar a tanta gente simplemente por ser rápido, pero puede incluso detener un tsunami si se lo propone…  Y entre que salva a unos y otros tiene tiempo para ir descifrando cabos sueltos de su pasado. Personalmente opino que está enamorado de una petarda y que le iría mucho mejor con Felicity (de ‘Arrow’), pero Felicity ya está cogida, como le advierte Oliver Queen a Barry… ¡Ay, l’amore! ¡Cómo gustan los triángulos amorosos en las series!

    3. Y hablando de triángulos, mi favorito es el de ‘Crónicas Vampíricas’. Esta me la recomendaba mi amiga Berta: “¡Cómo puedes vivir sin verla!”, me reñía. Y mira por dónde tenía razón… Va por la séptima temporada. Yo me las he visto todas este año del tirón. Ya sabes, uno de esos momentos en los que te das cuenta de que estás enganchado porque puedes verte cinco episodios seguidos, pero quieres más y más… Mis personajes favoritos son Damon y Caroline, que no son pareja, y espero que no lo sean nunca. Damon es hermano de Stefan, y ambos están enamorados de Elena durante muchas temporadas. Y ella se debate constantemente entre uno y otro hasta que al final se decide… No os diré por quién por si os decidís a verla desde el primer capítulo como hice yo.

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    4. La última en llegar a mi salón ha sido ‘Suits’. Me gusta porque no es la típica serie de abogados. Ves la evolución de los personajes y te toca la fibra sensible. Como sólo llevo seis episodios no puedo contar mucho más, salvo que uno de los protas salía en una peli de la que os hablé hace un tiempo, ‘¡Porque lo digo yo!’ (Michael Lehmann, 2007). Su personaje era completamente distinto al de la serie, pero ambos me encantan.

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    5. Cuando te pasas meses escuchando hablar a tus compañeras de quién es A, al final te pica la curiosidad y terminas viendo ‘Pequeñas mentirosas’ (gracias de nuevo a Berta y también a Pau). ¿Lo malo? Es una de esas series que deseas que terminen de una vez para descubrir quién es el malo, pero a la vez que no quieres que se acabe nunca… Mi favorita es Hannah. También tuvo su spin-off, ‘Ravenswood’, que protagonizó precisamente Caleb, el novio de Hannah, pero tras la primera temporada se canceló.

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    6. ¿Te has planteado alguna vez qué pasaría si de pronto todos los animales tomaran conciencia y empezaran a vengarse de los humanos con el propósito de exterminarlos? Pues es lo que ocurre en la serie ‘Zoo’. Advertencia: no querrás ir a un safari, ni al zoológico nunca más. A James Wolk, que interpreta a Jackson Oz alias ‘Rafiki’, le vimos en ‘The crazy ones’, una comedia sobre publicistas que protagonizaban mi querida Sarah Michelle Gellar (‘Buffy cazavampiros’) junto al gran Robin Williams, que en paz descanse :(

    First Blood

    7. Y ya que hablamos de animales, me he planteado muchas veces qué pasaría si ellos también se convirtieran en zombies en ‘The walking dead’. Pero de momento, parece que sólo corren peligro los humanos. Para mí, el mejor es Daryl, que puede ir tranquilamente en moto sin que los zombies le tosan. ¡Qué tío más grande! Reconozco que esta serie me ha hecho plantearme muchas cosas. Cada vez que me doy una ducha, pienso en lo afortunada que soy, jeje… Y también estoy montando mi kit de supervivencia zombie (por si acaso). Le pedí a Nacho que me regalara una katana por nuestro aniversario, pero no lo hizo… Ya se lamentará si nos encontramos a algún caminante en el descansillo…

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    8. ‘Fear the walking dead’ muestra cómo empezó todo este rollo de los muertos vivientes, desde la perspectiva de una familia. Todavía no sé si me gusta o no… Es extraño. En parte, no soporto a ninguno de sus personajes porque a veces parecen idiotas. ¡Cómo puedes no asumir lo que estás viendo delante de tus narices! Aunque bueno, supongo que eso nos puede pasar con otras realidades que nos dan de golpe en la cara… En fin, que aún así la he visto y la seguiré viendo si hacen una segunda temporada, cosa que no he investigado por ahora. ¿Alguien lo sabe?

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    9. Con ‘Orange is the new black’ tengo un dilema… Me gusta, pero últimamente me aburre. La última temporada es muy floja comparada con las anteriores y a veces no me importaría que se llevaran a Pipper a ‘The walking dead’. Para mí lo mejor de esta serie es conocer la historia de cada personaje (¡de todos! Hasta del que pensabas que no era interesante), como hacían en ‘Lost’. Me gusta saber qué llevó a todas a estar en prisión o por qué se comportan de una manera o de otra.

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    10. Uy, pensaba escribir sólo sobre diez… ¿Y ahora cuál elijo? Mmmmmm… Ya sabéis que ‘Big Bang Theory’ y ‘Modern Family’ son geniales. Venga, voy a poner 11 para poder hablaros de ‘Scandal’. Kerry Washington tiene un don para que toda mujer que ve esta serie (al menos las que yo conozco) deseen en algún momento ser Olivia Pope, ya no sólo por su armario, sino por su decisión y seguridad en sí misma, que ya la quisiera yo… De nuevo triángulos amorosos y mil enredos políticos  de todo tipo que Olive tiene que resolver con su equipo. Tony Goldwyn, quien hiciera del malvado amigo de Sam en ‘Ghost’, da vida al Presidente de los Estados Unidos. Empezarás a quitarte el odio que despertaba en la película y te encantará, aunque no tanto como a Olivia Pope…

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    11. La última serie de la que os voy a hablar es… Tachán, tachán… ¡‘Teen wolf’! ¿Por qué? Pues porque uno de los protas es Dylan O’Brien, que es también el protagonista de la trilogía ‘El corredor del laberinto’ (la segunda parte, ‘Las pruebas’, la podéis ver todavía en cines). Ya sólo por su interpretación, que le ha llevado a ganarse premios sin ser el protagonista principal, merece la pena verla. Es una de esas series de adolescentes donde al principio sólo uno tenía un poder y al final todos acaban siendo algo especiales. Si te gustan las series adolescentes, como es mi caso (y no me avergüenzo de ello), ¡tienes que verla! PD. O’Brien es el segundo en la foto.

    TEEN WOLF

    En fin, peliculistas, espero que os haya gustado mi listado. Sé que muchos lo criticaréis, pero me da igual, porque es lo que me gusta a mí y para gustos los colores, ¿no? También se aceptan recomendaciones y comentarios varios. Total, opinar es gratis, y de eso en esta vida, poco hay…

    ¡Sed buenos!


  2. Quién soy VS quién quiero llegar a ser

    enero 4, 2015 by Ana López Guzmán

    Es inevitable empezar el año sin propósitos. Te sorprendería descubrir mi lista. No hay cosas como apuntarse al gimnasio o dejar de fumar, porque considero que ya hago bastante ejercicio y además, no fumo. Pero si hay algo que me gusta en esta vida es escribir, así que me he propuesto hacerlo con más frecuencia y no teneros tan abandonados como el año pasado.

    El 2015 apunta maneras. Siempre tuve grandes expectativas respecto a este año, ya que es al que Marty McFly viajaba en su DeLorean en ‘Regreso al futuro II’ (Robert Zemeckis, 1989), una peli que todos recordamos y que hoy podemos comparar con la actualidad: ni patines ni coches que vuelan, ni ropa autoajustable o que se seque sola, pero gracias a Dios tampoco llevamos sus modelitos…

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    Sin embargo, hemos conseguido muchas cosas, ¿verdad? No se trata solo de ver lo que quieres llegar a ser. También es conveniente pararse a pensar en nuestros logros. A lo mejor de primeras piensas: “¿Y qué he conseguido yo?”. No te deprimas y dedícate un tiempo a pensar en ello.

    Hace unos años, un psicólogo me dijo que un ejercicio positivo para cualquier persona era elaborar una lista con las cien cosas que has hecho de las que te sientes orgulloso y otras cien que quisieras hacer. Me pareció interesante y lo hice. A veces me bloqueaba pensando y otras empezaba a escribir como una loca. Me dijo que tuviera esa lista cerca de la cama, para que pudiera verla cada noche que me acostara estando de bajón: así me recordaría todo lo que había hecho bien y me motivaría a mí misma, viendo quién soy y en quién quiero llegar a ser.

    KERRY WASHINGTONSoy adicta a las series. A veces pienso que tengo un problema, ya que me engancho con gran facilidad y no paro hasta que veo del primer al último episodio. Pues bien, últimamente he descubierto muchos personajes que me han conquistado: mujeres poderosas o que luchan por serlo, desde Olivia Pope (Kerry Washington) de ‘Scandal’ (cien por cien recomendable) a las justicieras de ‘Arrow’ o la mente fría de Blair Waldorf en ‘Gossip Girl’ (sé que terminó hace tiempo, pero yo la he visto este año, ¿qué le voy a hacer?).

    Cuando analizo a esas mujeres, no sé por qué pero me animo a probarme. Me gusta vivir teniendo siempre una ilusión, pero es mucho mejor cuando esa ilusión se materializa. Eso me hace sentir plena y hace que tenga ganas de seguir conociendo un poquito más el mundo, pero también a mí misma.

    Hace unos meses, una mujer que me ha marcado mucho me dijo que no tuviera miedo a volar, que solo me faltaba un empujón para ser la crack que podía llegar a ser. Creo que todos podemos serlo, pero tenemos que cargarnos de energía y no tener miedo al fracaso. Como mucho, respeto. Yo me he puesto manos a la obra. Y tú, ¿te apuntas?


  3. Thank you Alanis

    diciembre 11, 2014 by Ana López Guzmán

    Descubrí un poco tarde la música de Alanis Morissette, pero cuando lo hice, me identifiqué rápido con la letra de cada canción. Su rabia, su indignación… Con los chicos y con el mundo en general. Estaba dolida y desengañada y quería gritarlo a los cuatro vientos. Tras un viaje a La India, comenzó a encontrarse a sí misma (como tantos otros famosos, pero a esta se lo perdono por ser quién es). Y al final, pasó lo que tenía que pasar… Se enamoró y se puso a escribir un montón de canciones moñas y yo perdí el interés. Lo siento Alanis, supongo que no soy tu mejor fan.

    El caso es que a mí (salvando las distancias) me ha pasado algo parecido. Me sobraban temas de los que hablar porque estaba bastante decaída, no os voy a engañar. Y cuando el amor llegó a mi vida, perdí la inspiración. Y es que seamos sinceros, las mejores canciones son las de desamor y quienes escriben las más cursis son quienes sueñan con vivir esas emociones. Es algo parecido a lo que dicen en la película ‘Solo tú’ (Norman Jewison, 1994), donde la protagonista (Marisa Tomei) pierde la fe (curiosamente, ella se llama Faith) en encontrar a su media naranja, a la que lleva buscando desde que un tablero Ouija le dijo un nombre que marcó por siempre su destino.

    Robert Downey Jr y Marisa Tomei en 'Solo tú' (1994)

    Y así es, amigos míos. Somos tan rematadamente estúpidos que podemos pasarnos la vida persiguiendo un sueño. Supongo que eso es lo que nos da fuerzas. Es como un motor que nos empuja a seguir. Pero, ¿qué pasa cuando lo alcanzas? Hay que mantenerlo. En ‘Sexo en Nueva York 2′ (Michael Patrick King, 2010), Carrie le explica a Big que antes escribía sobre la búsqueda del amor y que ahora tenía que cambiar su perspectiva porque después de diez años esperando, al final lo ha encontrado. Y os aseguro que no es tan fácil…

    En fin, supongo que he atravesado una crisis creativa y ahora ya puedo volver a sentarme y escribir otra vez. Pero, ¿sobre qué? La verdad es que se me vienen un millón de ideas a la cabeza. Porque si lo piensas, nos pasan cosas cada día. Por mi parte, quiero hablaros de una chica que no soy yo, sino una personita a la que conocí hace mucho, mucho tiempo y que, por suerte, sigue formando parte de mi vida.

    Esta personita sufre innecesariamente muchas veces. Es como si fuera adicta al dolor. ¿Por qué somos así? Supongo que cuando te acostumbras a repetir una conducta, termina formando parte de ti y al final eres como eres y aunque no quieras, no lo puedes evitar o eso crees. En ‘Veronica Mars’ (la película, no la serie, de Rob Thomas, 2014), la protagonista (Kristen Bell) lleva años “rehabilitada”. Ha dejado la investigación y el peligro que conllevaba para convertirse en abogada, pero ella no es así y no está hecha para una vida tan aparentemente perfecta como la que tiene ahora. Por eso, no puede evitar la tentación de aceptar un caso en su Neptune natal para revivir las emociones de su antigua vida.

    Como aventura pase, pero ¿quién querría volver a una conducta dañina? Ni libros de autoayuda ni eternas sesiones de terapia. Si uno quiere cambiar, lo hace y punto. No pone excusas. Se centra en ello y le dedica todo su tiempo y atención y al final se sale, igual que se puede salir de Ikea.

    Kristen Bell en 'Veronica Mars', la película (2014)

    Mi mensaje es el siguiente: si no estás satisfecho con tu vida, actúa. No vale que te lamentes y sigas repitiendo continuamente el mismo patrón. Eso no te lleva nada más que al mismo principio. Céntrate en lo que quieres alcanzar y busca la manera de conseguirlo porque te aseguro que se puede. No es fácil, por supuesto que no, pero cuando lo haces, el resto de piezas van encajando solas como por arte de magia. Y entonces te das cuenta de que todo es más fácil de lo que parecía. Eras tú quien se empeñaba en hacerlo complicado.

    Así que ponte manos a la obra y traza tu estrategia. Ponte objetivos alcanzables y verás como paso a paso logras tus sueños. Deja de perder el tiempo enredándote en juegos imposibles. No malgastes energías con personas que te desgastan y céntrate en disfrutar la magia del día a día porque no sabes cuándo puedes volver a enamorarte, a encontrar el trabajo de tus sueños o escuchar una historia que puede cambiarte la vida… Pero empieza ahora.

    No te deseo suerte porque siempre digo que la suerte se la construye uno mismo. Encuentra el valor dentro de ti. Te aseguro que eres más fuerte de lo que crees. No persigas imposibles, como hacía Marisa Tomei en ‘Solo tú’ y céntrate en ver lo que tienes alrededor y dale la importancia y el lugar que se merece.

    Os dejo con el vídeo que cuenta el viaje que cambió la vida de Alanis. Por algo se empieza:
    Imagen de previsualización de YouTube.

     


  4. Esta no es otra historia de zombies

    noviembre 3, 2013 by Ana López Guzmán

    Sentir que vuelves a la vida, que lo que creías muerto sólo estaba dormido… A veces pasamos nuestros días como zombies. Arrastramos los pies y dejamos que el mundo continúe su curso a nuestro alrededor. Pero un buen día, pasa algo que te hace reaccionar y cambia el curso de la historia. Es como despertar de un sueño muy, muy profundo.

    Al prota de ‘Memorias de un zombie adolescente’ (Jonathan Levine, 2013) le pasa algo parecido. Está demasiado consciente, atrapado en un cuerpo frío, sin vida. Ve a los demás, que están mucho peor que él, pero se deja llevar porque tampoco puede hacer mucho más… Hasta que aparece una chica: La Chica. Y basta juntar sus manos una sola vez para que su corazón vuelva a bombear sangre.

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    Pero ni es fácil enamorarse cuando estás muerto por dentro, ni lo es hacerlo de alguien que se encuentra en esa situación. Nadie dijo que lo fuera. Por eso, cuando quieres algo, te lo tienes que trabajar un poco y entonces hasta las historias más imposibles, cobran un sentido. Nosotros somos quienes se lo damos.

    Imagina que estás en el metro y de pronto aparece alguien a quien hace mucho tiempo que no ves. Y esa persona te ofrece entrar en su mundo con cierto reparo (sería un loco si no lo hiciera). Vas ganando confianza hasta que un buen día te invita a ir con sus amigos y vas descubriendo personitas maravillosas. Como ya dije una vez: abriendo muñecas rusas hasta encontrar la más diminuta: la definitiva.

    Y entonces, las piezas de un rompecabezas que habías planteando de una forma completamente diferente, van encajando por sí solas. Contemplas tu obra y piensas: “Me gusta”. Después pruebas a admirarla desde otra perspectiva. La vas decorando con momentos, con recuerdos, con sonrisas… No es lo mismo ver la historia de un Apocalipsis contada por un humano que por un muerto viviente. Tal vez todo era una cuestión de enfoque.

    Así, hasta que un día te encuentras en un sitio rodeada de personas y te sientes bien, como si estuvieras en casa. Empiezas a ser tú misma, poquito a poco. “Conseguiré ganarme tu confianza”, te dijeron, y a ti te costó creerlo. Sigues despertando.  Al fin y al cabo, si un zombie puede cambiar, ¿por qué no tú?

    ¿Sabes qué es lo mejor? Que si te entra un ataque de pánico, no estarás sola, porque hay personas que con sólo decirte: “Todo saldrá bien” te cambian la vida entera. Es tan fácil como eso. La seguridad se transmite de forma tan sorprendente como lo hace la inseguridad, pero la segunda sirve de bien poco.

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    Coge una tiza y escribe en una pizarra lo primero que se te pase por la cabeza. Sácalo, porque es una tontería dejarlo guardado. No es malo contar lo que uno siente, piensa, teme, desea, sueña… ¡Quién sabe! Puedes terminar viajando donde siempre quisiste para disfrutar de las vacaciones que realmente nunca tuviste.

    Sinceramente, he llegado a la conclusión de que muchas veces la vida es tan complicada como tú quieras que sea. Cuando aprendes a dar a las cosas su justa importancia y valoras los momentos de felicidad, los multiplicas. Recuerda que si das un paso atrás, puede ser sólo para contemplar el resultado de lo que has hecho e irte a la cama con una sonrisa, pensando que por fin las cosas van como siempre tendrían que haber ido.

    No te compliques la vida cuando lo mejor que puedes hacer es disfrutarla. No pierdas el tiempo pensando en cosas que te hacen daño o no te llevan a ninguna parte. Pasa el tiempo con quien te haga sentir grande, no pequeño. No dejes que nadie te corte las alas y date la oportunidad de volar con quien quiera hacerlo contigo.

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    Ser libre no significa no tener a nadie a tu lado, sino estar con alguien y sentir que puedes ser tú mismo sin sentirte juzgado. Que la libertad es disfrutar de cada instante, solo o en compañía, pero en paz, y hacerlo mientras no paras de sonreír. Esa es para mí la verdadera felicidad.

    PD. Como siempre, os dejo la letra de una canción. Cuando todo encaja, deja de ser imposible. Tómate tu tiempo para entenderlo.

    Mariposas Imposibles (Luis Ramiro)

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    Ya lo sé, las cosas imposibles nunca salen bien ,

    cuando era solo un niño lo empece a entender,

    esguinces en el alma y las rodillas de tanto correr detrás de mariposas imposibles,

    poniéndole a las nubes imperdibles,

    fabricando un cielo a mi medida en la pared…

    Crecer es aprender a convivir con el miedo a envejecer

    y sé que aunque por fuera todo cambie, al final…

    Seguiremos siendo eternos… Eternos… Confía en que todo salga bien
    Seguiremos siendo eternos… Eternos mientras moje la lluvia nuestra piel
    Seguiremos siendo eternos , eternos, eternos mientras sigamos en pie…

    Quisimos correr detrás de mariposas imposibles

    igual que superhéroes invencibles

    Somos el reflejo de aquello que quisimos ser..

    No me voy a quedar en un banco a esperar la llegada de Dios

    ni mi Juicio Final, ni a que arda París, ni alguien para dormir

    Es mejor disfrutar solos la soledad

    Voy a guardar cada sello de todas las cartas que no escribiremos

    Voy a mandarlas al cielo, a enviar el mundo por correo,

    cuando llegue al buzón de tu casa nunca tuerzas la cara ni preguntes: ¿Qué pasa? ¡No!

    Son mariposas al vuelo para que caces en sueños,

    son mariposas al vuelo para que caces en sueños…

    Son mariposas al vuelo…

     


  5. ¿Capaz o incapaz?

    junio 30, 2013 by Ana López Guzmán

    ¿La vida es un juego? Y el amor… ¿También es eso? ¿Jugar a capaz o incapaz? Proponerse retos, superarlos juntos. Estar ahí cuando el otro consigue el fin propuesto. Ser capaz de todo por la otra persona, incluso de estropearle el día de su boda o esperar diez años sólo por una promesa… ¿Y el fin? ¡Qué más da! Puedes terminar convirtiéndote en un bloque de cemento…

    Cuando ves películas como ‘Quiéreme si te atreves’ (Yann Samuell, 2003), te crees capaz de cualquier cosa. Y mira que la vida no es fácil, pero si tienes a alguien a tu lado que está ahí, pese a todo, entonces es más llevadera, más divertida. “Los amigos son como las gafas: te hacen parecer inteligente, pero se rayan enseguida y no veas si cansan… Afortunadamente, a veces uno encuentra gafas que molan. Yo tengo a Sophie”, dice Julien (Guillaume Canet). Al fin y al cabo, tú puedes elegir: aceptar que alguien se ha ido como lo haría un adulto, o imaginar que está volando por el cielo con una sonrisa.

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    Hay momentos que tienen un olor determinado. Cuando vuelven a ti, te transportan a otro momento de tu vida. El olor del cloro es el olor del verano (al menos para mí; llámame loca). El chocolate de las tortitas me recuerda a la Navidad. El anís a aquel bizcocho que hace mi madre desde que yo era pequeña. Recuerdo que me dejaba participar en todo el proceso… Hoy en día es una de las pocas cosas que realmente me salen bien en la cocina.

    Mi hermana también lo convertía todo en un juego. Por ejemplo, hubo una vez que mi madre repartió las tareas a la hora de poner la mesa. Laura se las ingenió para que pudiéramos llevarlo todo de una vez. Cogió un carrito de bebé que yo tenía para pasear a mis muñecos. Metíamos los cubiertos, las servilletas y lo que hiciera falta dentro, y en un solo viaje teníamos la mesa lista. Lo divertido era que mi madre no se enterara. Y así fue durante años. “¿Un juego de idiotas? Tal vez. Pero era nuestro juego”.

    Recuerdo que lloré el día que vi aquel carrito en el cubo de la basura. Se había roto y ese era uno de los juguetes que mi madre no me iba a dejar conservar de mi infancia. Tengo grabada aquella imagen: el carrito rosa, roto, en la basura… Si él hubiera podido hablar… ¡La de historias que podría haber contado! Pero era un secreto. Y de estos teníamos unos cuantos.

    Elo y yo nos hicimos amigas cuando teníamos tres años. El día que llegó a casa le dijo a su madre que había conocido a una chica que se llamaba “Ana López Guzmán, que era más alta que ella y que tenía el pelo blanco”. Supongo que nunca había visto a una niña tan rubia. Las dos nos quedamos pequeñitas, supongo que para poder afrontar la vida a la misma altura. Ella también hace fácil lo difícil.

    Cuando teníamos doce años, nos inventamos un lenguaje secreto. Fue muy útil a la hora de hacerse chuletas en los exámenes o para intercambiarnos notitas en clase. Si el profesor nos pillaba, nunca sabría qué era lo que aquel trocito de papel escondía. Era un misterio. Sólo nuestro. También nos inventamos un juego para aprendernos la tabla periódica. Estoy segura de que entre las dos podríamos escribirla entera a día de hoy sin necesidad de repasarla.

    “¡Y por fin hubo que crecer! Cuando eres un crío, eres tan ingenuo que crees que se crece poco a poco… ¡Y una mierda! Es como un tortazo, ¡zas! Como el golpe de la rama de un árbol cuando alguien camina delante de ti por el bosque”.

    Aun así, hay cosas que se te escapan. Un día estaba jugando con mis muñecos de goma, como tantas veces. Los tenía a todos: los de ‘Dragones y Mazmorras’, ‘Los diminutos’, los ‘Muppets’… Y de pronto me di cuenta de que no me estaba divirtiendo. Sé que sonará raro, pero pensé: “¿Me estoy haciendo mayor?”. O, como decían las madres en mi familia: “Ya eres una mujer”. ¿Y qué narices significaba eso?

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    Otras veces, lloraba porque tenía un examen y me angustiaba ver cómo iban pasando las horas y no me sentía preparada para afrontarlo. Sí, era la típica empollona, no os lo voy a negar. Pero entonces mi madre me decía: “¡Ay, Ana, si lloras por esto, verás cuando seas mayor!”. No era muy alentador. Mi madre ahí no estaba del todo acertada… Pero tenía razón.

    Y un buen día, después de un año de mucho trabajo, estaba preparando mis vacaciones con mucha ilusión. Me las había ganado a pulso. ¿Quién me iba a decir aquel día que esa noche terminaría en un hospital del que no saldría hasta mucho tiempo después? Creo que fue allí, en esa camilla, cuando me convertí en una observadora de la vida.

    Por las noches, cuando no podía dormir, escribía mentalmente las cosas que había escuchado durante el día. La gente que venía a verme me contaba sus historias. Todos parecían tener algo que contar. Y yo disfrutaba escuchando. Ellos me traían un poquito de vida y creo que entre todos, hicieron que me curara. Algunos hablaban de milagros. Yo no podía creer en eso. Ya no. Para mí el milagro eran ellos. Y también las segundas oportunidades y yo tenía una. Esta vez podía escribir mi historia desde cero.

    No fue fácil. Cuando te pasa algo así, te marca para siempre. Un día, Elo vino a verme con un vestido amarillo. Estaba tan guapa como siempre. Parecía tan tranquila… Me dijo: “Sé que mucha gente se pondrá a llorar, pero yo no, Ana. Sé que te vas a poner bien, así que no tengas miedo”. Sus palabras me dieron fuerza. Me las creí. Ese fue para mí el verdadero milagro.

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    Han pasado muchos años. Ahora estoy perfectamente. Y, ¿sabéis qué? Que sigo jugando. Me gusta dar a la palanca de la silla que sube o baja el asiento de Jesús en trabajo cuando está hablando por teléfono con algún cliente. O dejo a Elo pegatinas en su agenda para que no se olvide de que cada día cuenta. Sigo escribiendo en lenguaje secreto, mandando chistes tontos o publicándolos en el Facebook de este blog que un día me permitieron tener.

    Todo en esta vida es superable. En serio. Incluso cuando crees que no. Con el tiempo me he dado cuenta de que a veces necesitamos hundirnos, pero sólo es para coger impulso. ¿Qué necesitas darte cuatro veces con la misma piedra? ¡Genial! Pero no te encariñes con ella. Siempre tienes a una Sophie o a un Julien que te ayudarán a mantener los pies en el suelo. Que te dirán la manera más fácil de poner le mesa o te enseñarán a cómo dar el biberón a un bebecito tan diminuto que te cabe en un brazo.

    ¡Tan pequeñita! Así es Little Mery, la hija de mi prima María. Sólo tiene unas semanas, ¡pero yo veo tanta vida en ella! Tal vez es porque lleva en su sangre la magia de una mujer que me sacó a bailar en una terraza, una noche de verano. Son esos momentos que uno nunca olvida, como lo del vestido amarillo o el carrito rosa: “Cállate, tápate los oídos fuerte, fuerte, fuerte… Muy fuerte. ¿Oyes lo mucho que te quiero?”.

    Si la vida está hecha a base de momentos, entonces yo quiero que todos estén llenos de recuerdos co

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    mo estos. Estancarse en el pasado nunca te ayuda a mirar al futuro. Dedica tiempo a tu gente y tómate otro tanto en conocer a las personas que se van cruzando por tu camino. Tienen hermosas historias que contar. Sólo tienes que ser un observador, un oyente. Y puede que entonces alguien te diga llorando que nunca nadie le dedicó tanta atención y te des cuenta de lo maravillosa que es la amistad.

    Las lágrimas, si son de felicidad, entonces están permitidas. ¡Venga, te reto! ¡Quiéreme si te atreves! ¿Capaz o incapaz?

    PD. Para cerrar este post, os dejo uno de los mejores monólogos del cine, al menos para mí, que pertenecen a la maravillosa película de la que os he hablado hoy. Una preciosa declaración de amor por parte de Sophie (Marion Cotillard), ¿no creéis?

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    “No, no digas nada. Yo hablaré. ¿Me has echado de menos? Porque yo a ti mucho. Eres un verdadero tirano, ¿sabes? Me cuesta estar enfadada contigo, pero esta te la guardo. No te hagas ilusiones. Me gustaría hablar pasando del juego… por una vez. ¿Te gusta mi vestido? Se lo he birlado a mi hermana. Tenía éste y otro rojo tipo bomba nuclear o algo así… Debí ponerme ese… Lo sé. He debido pasarme más o menos tres horas frente al espejo. ¡Pero ha merecido la pena, estoy guapa! Y espero gustarte, si no, te meto un tortazo. ¡Espera! Shhhh… ¿Por dónde iba? El problema es que si me dijeras “me encantas” no podría creérmelo. Julien, ya no sé cuándo es un juego y cuándo es verdad. Estoy perdida. ¡Espera, espera! No he terminado. Dime que me quieres. Dímelo porque yo jamás me atreveré a decírtelo primero. Me daría miedo que pensaras que es un juego. Sálvame, te lo suplico” (‘Quiéreme si te atreves’).

    Y también os dejo el tráiler de la película. Maravillosa :)

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  6. ¿Pueden los hombres y las mujeres ser amigos?

    mayo 11, 2013 by Ana López Guzmán

    Ay, ¡el eterno debate! Ellas suelen decir que sí, que por supuesto, que por qué no iba a ser eso posible. Pero luego vienen las típicas preguntas: “Vale, sí, es tu amigo, pero… ¿Está enamorado de ti? ¿Has tenido alguna vez algo con él? ¿Habéis hablado de cómo sería vuestra relación si fueseis algo más?”. Entonces es cuando su firme respuesta se convierte en un mar de dudas. Ellos lo tienen bastante más claro. La respuesta es simple y llanamente “no”. Si hay alguien que lo explica bien, es Billy Crystal en ‘Cuando Harry encontró a Sally’ (Rob Reiner, 1989).

    Billy Crystal y Meg Ryan en 'Cuando Harry encontró a Sally' (1989)

    Os pongo un poco en antecedentes antes de que veáis el vídeo. Harry se define como un hombre pesimista porque cuando empieza un libro siempre lee la última página por si se muere. El día que conoce a Sally (Meg Ryan), que es más bien todo lo contrario a él, van a hacer un viaje juntos hasta Nueva York para ahorrar gasolina. Este es uno de los diálogos que mantienen en el coche (y para mí, uno de los mejores del cine):

    –          Por supuesto, te darás cuenta de que tú y yo jamás podremos ser amigos…

    –          ¿Por qué no?

    –          Quiero decir que los hombres y las mujeres no pueden ser amigos porque siempre se interpone la parte sexual

    –          Estás equivocado, yo tengo muchos amigos varones y para nosotros el sexo no interfiere para nada.

    –          No es cierto

    –          Sí es cierto

    –          Sólo tú crees que es así

    –          ¿Insinúas que quiero acostarme con todos mis amigos sin siquiera saberlo?

    –          Lo que insinúo es que todos ellos quieren acostarse contigo

    –          No es cierto

    –          Sí es cierto

    –          No es cierto

    –          Sí es cierto

    –          ¿Y tú cómo lo sabes?

    –          Porque un hombre jamás podría ser amigo de una mujer a la que encuentre atractiva. Siempre quiere acostarse con ella

    –          O sea que según tú, un hombre sólo puede ser amigo de una mujer si no la encuentra atractiva…

    –          No, tú también puedes querer acostarte con ellos

    –          ¿Y qué pasa cuando no quieren acostarse contigo?

    –          Eso no importa, porque el sexo siempre está presente, por lo que la amistad se ve condenada. Y ese es el fin de la historia

    –          En tal caso tú y yo nunca seremos amigos

    –          Supongo

    –          Es una lástima, eres la única persona que conozco en Nueva York…

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    Años más tarde, vuelven a encontrarse. Entonces Harry le explica a Sally que si un hombre y una mujer están prometidos con otras personas, entonces sí pueden ser amigos, pero que en ese momento sus parejas sienten celos porque no entienden que su prometido/a necesite la amistad de alguien del sexo opuesto y que eso es una señal de que algo falla en su relación. Así que una vez más, Harry llega a la misma conclusión: la amistad entre hombre y mujer es imposible.

    Sin embargo, años más tarde vuelven a encontrarse. Su vida está cambiando. Ambos han sido abandonados por sus respectivos y tienen el corazón roto. Se dan cuenta de que se llevan bien. De que pueden contar el uno con el otro. Nace una amistad. Entonces esa persona se va convirtiendo en alguien importante. Da igual que no sea de tu sexo. Es a quien llamas cuando estás de bajón o cuando tienes una buena noticia que no te puedes callar. A quien le cuentas tus pensamientos, tus inquietudes… Se genera una bonita complicidad que es inquebrantable…

    Hasta que llega El Momento. Sí, ese momento en el que dices: “Es tan buen amigo que podría ser mi pareja”. Pero entonces las cosas se complican. Ese es el punto de la historia donde la amistad se pone en juego. ¿Arriesgas toda esa complicidad o dejas el mundo como está y sigues contando con tu amigo del alma? ¿Tiene Harry razón y el chico siempre querrá acostarse con ella? Si eso ocurriera, ¿qué posibilidades hay de funcione y la amistad no se rompa?

    Billy Crystal y Meg Ryan en 'Cuando Harry encontró a Sally' (1989)

    Billy Crystal y Meg Ryan en ‘Cuando Harry encontró a Sally’ (1989)

    Tengo dos amigos que fueron pareja durante cuatro años. Su relación no funcionó. Siempre estaban discutiendo y había celos y desconfianza por parte de ambos. En una ocasión, ella le dijo que precisamente la parte afectiva era la que se interponía entre ellos, pero que si fueran sólo amigos, su relación sería perfecta. Al final lo dejaron y estuvieron mucho tiempo sin hablarse.

    Años más tarde, ella tuvo un accidente. Decidió llamarle por teléfono porque necesitaba a la parte de amigo que les había unido en el pasado. Él fue a verla y desde ese momento, se convirtió en su mejor amigo para siempre y nunca jamás volvió a interponerse ni el sexo ni los sentimientos. Así que supongo que hay algunas excepciones.

    Para mí, la excepción más bonita del cine es la siguiente escena de ‘¿Qué les pasa a los hombres?’ (Ken Kwapis, 2009), pero no habla de la amistad. Habla de esa forma de comportarnos que tenemos a veces las mujeres. Ya sabéis, cuando esperas a que Él te llame. O cuando crees que él cambiará por ti. Cuando piensas que tú serás distinta, especial. Y te enganchas a la esperanza de que ese cambio ocurrirá, pero en el fondo sabes que las personas no cambian. Sin embargo, supongo que siempre hay excepciones… ¿O esto sólo ocurre en el cine?

    –          Alguien sabio me dijo que si un hombre quiere estar con una chica pase lo que pase, hará que ocurra

    –          Es verdad

    –          Pero cuando me abalancé sobre ti no me pareció que quisieras que ocurriera

    –          Es cierto, pero hay una explicación. Me acostumbré tanto a mantenerme a una distancia de las mujeres y a tener el poder, que no supe reconocer lo que sentía cuando me enamoré de una de ellas. No lo sabía…

    –          Acabo de salir con tu amigo Bill y puede que sea lo que exactamente lo que necesito. Sin dramas. Llama y hace lo que dice.

    –          También puedo hacerlo

    –          ¡Pero no lo hiciste! Y esa persona sabia me dijo que yo soy la regla. Y que tengo que dejar de pensar que todos los chicos pueden cambiar. Que tengo que dejar de pensar que yo… Soy la excepción

    –          Eres mi excepción

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    Y entonces lo hablas con tus amigas. Algunas te dicen lo que quieres oír porque están tan perdidas como tú. Otras te dicen la verdad por mucho que duela, porque prefieren intentar abrirte los ojos, tal vez porque ellas han pasado por lo mismo y no quieren que sigas perdiendo el tiempo. Esas amistades (y esta vez me refiero a entre mujeres) son las que hay que cuidar, porque no sirve de nada que te apoyen en algo que en el fondo tú sabes que no va a ocurrir nunca o que no es bueno para ti, por mucho que lo desees. A veces es mejor que alguien reduzca la verdad a un: “Simplemente no te quiere”.

    “¿Es demasiado duro decir la verdad que tenemos ante nuestras narices?”. Así empieza precisamente ‘¿Qué les pasa a los hombres?’: “Una mujer nunca se olvida del primer chico que le ha gustado…”. Aunque ese niño te tire al suelo y te diga que hueles a caca de perro. En esta primera escena, cuando la niña le está contando a su madre lo que acaba de pasar, ésta le explica que el niño le ha dicho esas cosas porque en realidad está loco por ella. Y amigas mías, es en ese momento cuando comienza la confusión. Te empiezan a meter ideas confusas en la cabeza sobre los hombres y su manera de comportarse en el amor (en el vídeo, la cara de la niña es un poema que refleja claramente esa confusión que se queda con nosotras de por vida).

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    Hay otra escena de ‘Sexo en Nueva York, la película’ (Michael Patrick King, 2008) en la que Carrie  (Sarah Jessica Parker) le está leyendo un cuento a Lilly, la hija de una de sus mejores amigas. Según termina la lectura, Carrie se da cuenta de que es importante que Lilly sepa que algunas cosas sólo le ocurren a Cenicienta y compañía. ¿Sabéis qué le dice Lilly? ¡Que le cuente el cuento otra vez! ¿La respuesta de Carrie?: “¡Otra que morderá el polvo…!”.

    Para terminar, os dejo un último vídeo. Es de un estudiante que hizo una encuesta a sus compañeros y compañeras de la Universidad, basándose en el debate que os planteaba al principio sobre la posibilidad de una amistad entre hombre y mujer. Está en inglés, pero es muy divertido y se entiende muy bien:

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    ¿Queréis saber qué saco yo de todo esto? Que al final siempre estamos confundidos por una cosa o por otra. Puede que en el fondo nos guste esa sensación o, como decía Ally McBeal: “Necesito estar hecha un lío”. Hombres y mujeres tratamos de meternos en la cabeza del otro… O en su corazón. Intentamos descifrar lo que no entendemos, pero os diré una cosa… Es una pérdida de tiempo, porque nunca sabrás lo que realmente la otra persona piensa o siente. Creo que lo mejor es no complicarte la vida. No intentar comprenderlo.

    Si te pasas el día mirando la última conexión del WhatsApp de la persona que te gusta, malo. Si te estás preguntando por qué no te escribe, también. Recuerdo una escena de ‘VM’ en la que la protagonista, tras una relación tormentosa, empieza a salir con un chico encantador. Entonces Mac (Tina Majorino), su mejor amiga, le pregunta qué tal con él. Veronica (Kristen Bell) responde muy tranquilamente: “Sin montañas rusas”.

    Al final creo que lo que todos necesitamos es alguien que nos dé estabilidad y no dolores de cabeza. Si ahora mismo estás escalando el muro del Facebook de tu ex buscando respuestas que no obtuviste, si estás esperando una llamada que no llega o si estás sufriendo por alguien que sabes que no siente lo mismo que tú, mi consejo es, si me lo permites, que empieces a valorar tu tiempo y lo emplees con alguien que quiera pasarlo contigo… Sea del sexo que sea.

     


  7. Buscando el lado bueno de las cosas

    marzo 29, 2013 by Ana López Guzmán

    Hay personas que son especiales. Tienen magia a su alrededor y sólo su presencia te contagia de alegría y de otras cosas bonitas, como dirían las Supernenas. También hay quienes presumen de ser “diferentes”, pero están a años luz de serlo. El protagonista de ‘El lado bueno de las cosas’ (dirigida por David O. Russell, 2012) pertenece al primer grupo.

    Os pongo un poco en situación. Pat (Bradley Cooper, brillante) acaba de salir de una institución mental. ¿El motivo de su ingreso? Un trastorno bipolar que le fue diagnosticado tras agredir al amante de su mujer. Tras ocho meses de reflexión, Pat tiene una nueva forma de ver la vida: Excelsior, algo así como aspirar siempre a más y buscar el lado bueno de las cosas.

    Esta frase de la película lo resume bien: “¿Sabes que haré, papá? Voy a tomar toda esa negatividad y la usaré como combustible para encontrar el lado positivo”. Y así, casi sin querer, empieza a rehacer su vida y a trazar planes para recuperar a su mujer. Pero no contaba con conocer a Tiffany (Jennifer Lawrence, más brillante todavía, merecedora del Oscar que se llevó por este papel), otro bicho raro que tiene bastante con sus propios problemas mentales (aquí debo decir que los bichos raros son personas especiales; eso te ayudará a distinguirlos).

    Escena de 'El lado bueno de las cosas', con Jennifer Lawrence y Bradley Cooper

    Escena de ‘El lado bueno de las cosas’, con Jennifer Lawrence y Bradley Cooper

    David O. Russell, director y guionista del film, se basó en la novela ‘Un final feliz’ de Mathew Quick. ¿Qué por qué quiero hablaros de esta película? Porque tú también te mereces un final feliz. Ellos también se lo habían ganado a pulso. Llevaban una vida normal hasta que ciertos acontecimientos de los que no tienen la culpa la arruinaron por completo.

    En una escena de la película, Pat se enfada muchísimo tras leer el final de la novela ‘Adios a las armas’ de Ernest Hemingway. Irrumpe en la habitación de sus padres de madrugada y les grita: “¡Ya está el mundo lo suficientemente jodido como para darle a la gente historias que acaban mal!”. Estoy de acuerdo con él. Mi amigo Alberto dice que “somos guionistas de nuestra propia vida”. Yo creo que nos debemos ese final made in nosotros mismos.

    Otro de mis momentos favoritos de la película tiene lugar cuando el padre de Pat (Robert De Niro) le da este consejo: “Presta atención a las señales. Cuando la vida te brinda un momento como éste es un pecado no aprovecharlo. La vida te está retando justo ahora y justo aquí. Esa chica te ama, sabes que te quiere. Yo no sé si Nikki lo hizo, pero ella lo hace ahora. Te aviso, ¡no lo jodas!”.

     

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    Yo sé de uno al que su hermana le dijo: “Trata bien a esa chica”. A él le obsesionaba la idea de hacer daño a alguien que consideraba que no se lo merecía. De hecho, para él, esta persona siempre había sido especial. Entonces decidió hacer caso a su hermana y la trató bien: se alejó de su vida. Ella estuvo de acuerdo porque quería un final feliz que él no podía construir a su lado. Y es que “lo que hace daño a corto plazo, es bueno a largo plazo” (‘Anatomía de Grey’).

    La vida te pone trabas, sí, y cada uno tiene su manera de sobreponerse. Llámalo Excelsior o como más te guste. Cierra el WhatsApp, es el peor invento del mundo. Párate a pensar y retoma tu guión donde lo dejaste. Pregúntate si estás donde quieres estar y cómo has llegado hasta aquí. Deja de perder el tiempo y deja de entretenerte.

    Si quieres escribir un libro, empieza de una vez. Si siempre te gustó la fotografía, ¡cómprate una cámara! ¿Por qué dejarlo todo para más adelante? Vete a una granja de Suiza si es lo que quieres, pero hazlo. Y haz también caso a Pat: “Estoy convencido. Tienes que hacer todo lo que puedas y esforzarte al máximo. Y si mantienes el optimismo, siempre te queda el lado bueno de las cosas”.

    Y cuando estés bien o si ahora estás en ese momento en el que por fin has salido de tu bucle de autodestrucción, entonces visualízate como estabas antes. Esa imagen te recordará que no quieres volver a ese punto.

    Es hora de empezar a tomar decisiones y, como dice este vídeo (muy, muy recomendable): “Quienes se adaptan mejor, pueden evolucionar con los cambios. ¿Estás haciendo lo que te apasiona? ¡Pues empieza!”.

     

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    Dedico este post a Patri Espada, que me hizo reflexionar con uno de sus tuits. También al chico que hizo caso a su hermana, a la amiga que colgó el cartel de ‘Cerrado temporalmente’ en su WhatsApp, al chico que lo va a dejar todo por irse a esa granja (¡buen viaje, Ángel!), a la amiga que no volverá a vivir una historia que nunca debió protagonizar, a Eva F. (una persona muy especial que necesita encontrar su Excelsior para poder brillar con toda su intensidad, que es abrumadora), a mi compi-friend Jesús, por soportarme todos los días y regalarme la mejor terapia: la risa.

    Y para despedirme, os dejo una canción de Luis Ramiro. Se llama ‘Mariposas imposibles’ y pertenece a su último disco, ‘El monstruo del armario’. También os escribo la letra, que hace tiempo que no lo hago y esta canción merece la pena:

     

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    ‘MARIPOSAS IMPOSIBLES’ (LUIS RAMIRO)

    Ya lo sé, las cosas imposibles nunca salen bien

    Cuando era sólo un niño lo empecé a entender

    Esguinces en el alma y las rodillas de tanto correr detrás de mariposas imposibles

    Poniéndole a las nubes imperdibles

    Fabricando un cielo a mi medida en la pared

    Crecer es aprender a convivir con el miedo a envejecer

    Y sé que aunque por fuera todo cambie al final…

    Seguiremos siendo eternos, eternos, confía en que todo salga bien

    Seguiremos siendo eternos, eternos mientras moje la lluvia nuestra piel

    Seguiremos siendo eternos, eternos, eternos, mientras sigamos en pie

    Quisimos correr detrás de mariposas imposibles

    Igual que superhéroes invencibles

    Somos el reflejo de aquello que quisimos ser

    Y sé que aunque por fuera todo cambie al final

    Seguiremos siendo eternos, eternos, confía en que todo salga bien

    Seguiremos siendo eternos, eternos mientras moje la lluvia nuestra piel

    Seguiremos siendo eternos, eternos, eternos, mientras sigamos en pie

    No me voy a quedar en un banco a esperar la llegada de Dios ni mi Juicio Final

    Ni a que arda París, ni alguien para dormir

    Es mejor disfrutar solos la soledad

    Voy a guardar cada sello de todas las cartas que no escribiremos

    Voy a mandarlas al cielo, a enviar el mundo por correo

    Cuando llegue al buzón de tu casa, nunca tuerzas la cara ni preguntes qué pasa, no…

    Son mariposas al vuelo para que caces en sueños

    Son mariposas al vuelo para que caces en sueños

    Son mariposas al vuelo para que caces en sueños

    Son mariposas al vuelo para que caces en sueños

    Son mariposas al vuelo

    Y si te quedas con ganas de más: @echalefantasia


  8. Miedo son sólo cinco letras

    marzo 13, 2013 by Ana López Guzmán

    Intento poner orden en mi mente para poder hacer una lista de todas las cosas de las que quiero hablaros. Han sido muchas las conversaciones que últimamente me han hecho ir recopilando ideas, sensaciones y conclusiones que ahora necesito compartir contigo.

    Cuando sales del trabajo un poco bloqueado mentalmente y vas a marchas forzadas arrastrando tus pies hacia la boca de metro más cercana, sólo hay algo que puede aligerar tus pasos: hacerlo en compañía. Entonces fue cuando mi compi me dijo: “¿Tú crees que el amor hay que buscarlo o que te busca él a ti?”.

    Vaya… Creo que mi respuesta sonó bastante más convincente de lo que yo tengo interiorizado sobre el tema, pero eso no significa que no haya dado miles de vueltas al asunto. Le dije que mi experiencia me había demostrado que cuando más tranquilo estás y aprendes a quererte y a valorar el tiempo que pasas contigo mismo, es cuando atraes a alguien que está en la misma frecuencia. Básicamente mi mensaje era: si te quieres, te querrán. Nada que no sepas, y ya sabes por dónde empezar…

    Entonces me dijo que eso era algo muy difícil de hacer. Y ese mismo día, al llegar a casa, una lectora del blog que se ha transformado ya en una amiga, me contó lo mucho que a ella le había costado llegar al punto donde estaba ahora. Pero lo decía feliz. ¡Sonaba tan sincero! Y es que creo que cuando por fin te quieres de verdad es cuando sientes esa felicidad que te empuja a comerte el mundo entero.

    Ellen Pompeo y Patrick Dempsey en una escena de 'Anatomía de Grey' (ABC/SCOTT GARFIELD)

    Ellen Pompeo y Patrick Dempsey en una escena de ‘Anatomía de Grey’ (ABC/SCOTT GARFIELD)

    Ayer vi cuatro episodios seguidos de ‘Anatomía de Grey’ (los martes en @divinity_es). Como veis, iba con retraso, pero me encantan esas noches en las que vas encadenando un episodio con otro sin importarte la hora que es. Veía a Meredith (Ellen Pompeo) y a Dereck (Patrick Dempsey) y pensaba en lo bien que estaban ahora, pero lo mucho que les había costado llegar a ese punto, prácticamente por culpa de Meredith que tenía un miedo enorme a enamorarse (entre otras cosas).

    Hoy leí en Internet que el miedo son sólo cinco letras. Nada más. Entonces, ¿por qué te hace dar vueltas en la cama? ¿Por qué te tiene durante días el corazón encogido? ¿Por qué te cierra el estómago o todo lo contrario? ¿Por qué sientes un alivio tan inmenso cuando desaparece? Y lo peor… ¿Por qué a veces lo necesitamos?

    Creo que el miedo nos mantiene en alerta. Es el que te dice: “Oye, no te relajes… Mira a ver si estás seguro de que quieres hacer eso… ¿Estás convencido de que esa persona no te importa?”. Ese es el miedo con el que hay trabajar. Ya sabes, el que te da dos buenas tortas y te devuelve a la realidad. No tengas miedo al miedo. En el fondo te está haciendo un favor.

    Si hay algo que me gusta de ‘Anatomía de Grey’ es la voz en off de Meredith al final de cada episodio. No hay día que no te deje pensando en algo. Pero la serie está cargada de mensajes y consejos. Uno de los que rescaté fue este: “Dudar demasiado es un problema; dudar un poco es sólo un ejercicio de inteligencia”. ¿Alguien en contra? Lo dudo. Dudar es sano. Es necesario.

    Pero, ¿qué ocurre cuando se empeñan en meterte miedo? Si alguien no para de advertirte sobre lo malo que sería que te engancharas a él/ella, entonces párate a pensar que igual tiene razón. A menudo ignoramos las señales (conscientemente aunque no lo creas, ojo). Pero es que cuando te las ponen delante cada día, sería un suicidio no hacer caso.

    Te paras a pensar y dices: con lo fácil que puede ser todo. Con lo bonito que es estar cenando, viendo una peli, yéndote a dormir y sentir que alguien respira a tu lado y que ese alguien está tranquilo porque tú estás ahí… ¿Quién iba a querer estropear todo eso? ¿El miedo? ¿Miedo a qué? ¿A vivir sin montañas rusas? ¿Quién quiere adrenalina cuando se puede vivir tranquilo y feliz? Supongo que es más complicado de lo que parece. A Meredith le costó aprender esa lección y ahora si su cuerpo dice corre, no huye, corre en el sentido adecuado, allá donde se siente más segura.

    En otra escena de la serie, Arizona le cuenta a Torres que ha tenido un incidente con su pierna ortopédica (la serie es muy dramática, lo sé, pero merece la pena verla, os lo aseguro). La primera reacción de Torres es asustarse, pero Arizona por primera vez parece tranquila:

    -         Me caí.

    -         ¡¿Y qué pasó?!

    -         Me levanté.

    De eso se trata. De seguir levantándote. De plantarte cuando no estás donde quieres estar y seguir adelante. Hace poco alguien también me escribió para decirme que si siempre hablaba de levantarme era porque muchas veces me había caído. Pues sí, pero no tiene sentido que te anime a quedarte ahí, regodeándote en tu sufrimiento. Eso sólo serviría para perder el tiempo, que es algo muy valioso: “Disfruta de la vida porque nunca sabes cuándo te van a dar la mala noticia”, terminaba otro episodio.

    Creo que todo es mucho más sencillo. Si estás bien, no te salgas de la línea. No hagas cosas raras. Sí, he dicho “cosas raras”. Cada uno que lo interprete como quiera. Valora lo que es importante para el otro, porque así podrás disfrutarlo en compañía. Y si estás en casa, no pienses cosas como: “Qué rollo, qué hago, estoy solo”. ¡Con la de cosas que hay por hacer! Yo misma haría los días más largos si pudiera… Pero para eso tienes que quitarte ese miedo de encima. Sentirte libre. Y cuando te quieras, te querrán tanto como tú, o casi.

    PD. Este post se lo dedico a mi Tía Mari, fan del blog y a los casi 360 que me seguís ya en Facebook y en Twitter (@echalefantasia). ¡¡Gracias!!


  9. Espejo, espejito mágico…

    marzo 5, 2013 by Ana López Guzmán

    Hace mucho, mucho tiempo (bueno, no tanto), había una niña que no se podía dormir (yo). Su hermana cogió un libro grande de la estantería de los cuentos y dijo en voz alta: “Hoy te leeré la historia de Blancanieves”.

    Lo que ella no sabía es que yo me había aprendido ese cuento de memoria, así que cuando decidió inventarse una historia sobre la marcha, yo dejé que ella siguiera para comprobar su capacidad creativa. Creo que lo que realmente pensé fue: “Esta tía me está tomando el pelo, ¡se está inventando el cuento! Pero su versión me gusta más”. Supongo que simplemente por el hecho de que fuera suya.

    Maribel Verdú en 'Blancanieves' (Pablo Berger)

    Maribel Verdú en ‘Blancanieves’ (Pablo Berger)

    No sé en qué momento a Pablo Berger se le presentaría la idea de hacer una versión tan a la española del mismo cuento. Vamos, que su Blancanieves se llama Carmencita, tiene de mascota al gallo Pepe y lleva sangre torera en sus venas. La versión de mi hermana era menos radical. Siempre digo aquello de “No me cuentes películas”, pero sí historias. ¡Las que quieras!

    Y precisamente de historias iba hablando con Elo camino al cine, para la reentré de la Blancanieves de Berger. Y es que una peli que se ha llevado 10 Goyas merece ser vista. Y encima muda. ¡Ole! Es de esas veces que dices: “Me quito el sombrero”, expresión que, por cierto, mi amiga odia (sorry).

    No te voy a destripar nada, pero sí te pongo en situación: la pobre Carmencita vive una infancia atormentada por una madrastra mala, mala: Encarna (Maribel Verdú). Tras algún que otro traspié, la joven termina rehaciendo su vida con una troupe de enanos toreros en la España de los años 20. No te lo esperabas, ¿verdad? Yo tampoco.

    La Blancanieves animada que todos conocemos fue el primer largo de Disney, allá por 1937. Una obra maestra, por supuesto, ya que entonces todo era “hecho a mano”. Yo creo que siempre fui más de ‘La bella durmiente’. Ambas se quedaban fritas y necesitaban un beso para despertar. Hoy en día las princesas necesitamos más bien un jarro de agua fría, pero a la larga te quedas con Brave, Mulan, Ariel o Rapunzel, que tienen un par y desafían a quien se ponga delante por cumplir un sueño.

    Kristen Stewart en la piel de Blancanieves

    Kristen Stewart en la piel de Blancanieves

    Esta es un poco la línea que defendía ‘Blancanieves y la leyenda del Cazador’ (2012, Rupert Sanders), con una valiente Kristen Stewart en la piel de la heroína de esta adaptación. Ella está guapísima (de la interpretación, nada que no hubiéramos visto antes), pero seguía arrastrando ese aire apesadumbrado que se labró durante toda la saga ‘Crepúsculo’. Siempre he pensado que Stewart es un poco la versión femenina de Edward Furlong (‘Terminator 2’, ‘American History X’), pero menos rebelde por mucho que se ponga vestidos de gala con Converse.

    Lo mejor de esta versión era ver a la que realmente tiene una cara dulce, Charlize Theron, muy, pero que muy cabreada. Pero fíjate si cambia la historia, que aquí no hay un beso de película (al menos no lo que yo esperaba). Son ganas de cargarse el cuento, pero me gustó que se diera tanta importancia al cazador (Chris Hemsworth), aunque no tuviera derecho a un nombre salvo ese, ‘Cazador’.

    Respecto a la versión protagonizada por Lily Collins y Julia Roberts también en 2012 (‘Mirror, Mirror’, de Tarsem Singh) no puedo hablar mucho porque no la he visto, pero digo yo que si no ha habido tiempo para hacer ‘remakes’ de Blancanieves, ¿cómo es que se han puesto de acuerdo todos en el mismo año?

    Lili Collins en 'Mirror, mirror'

    Lili Collins en ‘Mirror, mirror’

    Pero volvamos al día B (de Blancanieves, claro). Cuando llegamos a la sala estaba hasta arriba y tuvimos que verla casi en primera fila y para más inri, de lado (también me pasó con ‘Django desencadenado’, a ver si empiezo a llegar antes al cine). En la entrada nos habían dado un pañuelo blanco y una tarjeta que decía: “Disfruta del cuento como nunca te lo habían contado… Y después, cuando termine la película, agita el pañuelo si te ha gustado”. Si lo hacías, algo mágico pasaría: un sueño se cumpliría. Entonces ella me preguntó:

    - Y a ti, ¿qué te gustaría que ocurriera?

    Buena pregunta. Si realmente los sueños de toda la gente que estaba en la sala se hubieran materializado en ese momento hubiera sido una auténtica locura. Creo que ese día mi sueño era verla feliz.

    Hace poco leí en Twitter que como el cine siguiera trabajando tanto el realismo, iban a terminar inventando el teatro. Pues bien, cuando dos de los personajes de la película “salen” de la pantalla yo desde luego no pienso quejarme. Y si puedo hacerme una foto con ellos, con mi amiga y con un Goya, mejor que mejor.

    En la reentré de 'Blancanieves'

    En la reentré de ‘Blancanieves’

    Dedico este post a todas las princesas que se arman de valor y son capaces de reescribir su historia. A las que no pierden la esperanza y luchan. A las que siguen mirando al cielo y pidiendo a las estrellas que alguien llene su vida de amor. A las que no necesitan príncipes porque ellas solas ya son pura magia. A las que se merecen ser tratadas como reinas. Y en especial a Elo, por compartir conmigo lo que ahora llamaríamos #momentosinolvidables. Esta, amigos míos, es para mí la verdadera magia del cine.


  10. A VECES AÚN BAILO BAJO LA NIEVE

    febrero 26, 2013 by Ana López Guzmán

    “- Hace mucho tiempo, un inventor vivía en esa mansión. Inventaba muchísimas cosas. Un día, creó a un hombre. Y le dio entrañas, un corazón, un cerebro… ¡Todo! Bueno, casi todo. Verás, el inventor era ya muy viejo. Murió antes de poder acabar al ser que había creado. Así que el hombre se quedó solo. Inacabado… y completamente solo.
    - ¿Y no tenía nombre?
    - ¡Claro que tenía nombre! Se llamaba Edward”.

    Martes. Estoy metida bajo un millón de mantas. No quiero ni pensar en el frío que tiene que hacer allá fuera, en el mundo. Abro los ojos. Cojo el móvil para ver qué hora es. Uy, qué pronto, mejor me quedo un rato más… Pero… Tal vez debería levantarme… Ayer hice la lista de propósitos de la semana y hay muchas cosas que tachar… Pero se está tan bien aquí… Venga, cinco minutos más y me pongo manos a la obra…

    Media hora después la maravillosa BSO de  ‘Eduardo Manostijeras’ (Tim Burton, 1990) seguía sonando en mi cabeza… (Gracias, Danny Elfman).

    Cuando vi por primera vez esta película era una cría. Recuerdo que mi madre había hecho un bizcocho con chocolate que estaba buenísimo. Son esa clase de recuerdos que tu mente asocia a sabores, olores… Y un buen día te encuentras diciendo: “Huele a verano”, porque las piscinas están abiertas y se respira cloro, o “Huele a Navidad” porque alguien está cocinando cordero.

    Johnny Depp y Winona Ryder en 'Eduardo Manostijeras' (Tim Burton, 1990)

    Johnny Depp y Winona Ryder en ‘Eduardo Manostijeras’ (Tim Burton, 1990)

    Lo que a mí me enamoró de Edward (Johnny Depp), y creo que a la mayoría de la gente, es su nobleza, su ingenuidad y su corazón sin contaminar. Su forma de mirar a Kim (Winona Ryder)… Su deseo de abrazarla… Él no tiene ninguna maldad. Absolutamente ninguna. Y si se mete en algún lío es porque se deja llevar por otros. Su inseguridad reside en lo que le convierte en alguien diferente: sus manos, en forma de tijeras. Sin embargo él no se da cuenta de que esa diferencia, precisamente, es la que le hace ser mágico:

    Edward y Peg, en un programa de la televisión

    Público: Pero si tuvieras manos serías como cualquier otra persona.
    Edward: Sí, supongo.
    Presentador: Seguro que te gustaría.
    Público: Entonces nadie pensaría que eres especial, no saldrías en la tele ni nada de eso.
    Peg Boggs: No importa lo que pase, Edward siempre será especial.

    A medida que vamos creciendo y comiendo bizcochos de nuestra madre, vemos pelis, conocemos a gente, nos metemos en líos, nos enamoramos, perdemos a nuestros seres queridos o creamos cosas, como hacía Edward, vamos aprendiendo. Y ese aprendizaje conlleva experiencias positivas y negativas, pero todas ellas hacen que seas quien eres. Echas la vista atrás y te das cuenta de las tonterías que has podido llegar a hacer por la gente a la que has querido:

    Kim: Entonces, si lo sabías, ¿por qué lo hiciste?
    Edward: Porque tú me lo pediste.

    Cuando estaba viendo la película pensé si existe alguien tan puro como Edward. Ojalá algunas experiencias no nos cambiasen tanto. El sábado estaba hablando con una amiga y me decía que “las corazas son necesarias e inevitables”. Y es que muchas veces resulta complicado levantarse cuando pasas más tiempo en el suelo que de pie.

    Podría hablar durante horas de esas corazas. Esas barreras que ponemos a nuestro alrededor para evitar que vuelvan a hacernos daño. Te hacen más desconfiado, te convierten en un escéptico. Si alguien te hace una promesa simplemente no te permites confiar ciegamente en ello. No te crees las palabras bonitas ni las miradas que parecen sinceras.

    Edward simbolizaba un poco la inocencia que perdemos. Es como un niño que está descubriendo el mundo y se sorprende por todo lo que ocurre a su alrededor, lejos del castillo en el que “nació”, junto a su único ser amado, un viejo inventor que fallece antes de poder acabar su última gran obra: un hombre.

    Por suerte, no estamos tan solos como él y nunca pienses que lo estás. Tal vez deberíamos probar a hacer como él. Si te sientes así, puedes salir a la calle y dejarte impresionar por lo que ves. Mirar a los demás con los ojos muy abiertos y saber distinguir con quién quieres pasar tu tiempo. Estar con tu gente de confianza, esa que jamás te haría daño. Dejar que vuele tu lado creativo. Tal vez lo de esculpir no sea lo tuyo, pero estoy segura de que todos podemos crear cosas bellas que hagan sentir a los demás. Pienso que, de hecho, Kim estaba mucho más sola que Edward, pero que nunca más volvió a sentirse así, porque de alguna manera, siempre estaría con él:

    Maravillosa escena de 'Eduardo Manostijeras' (Tim Burton, 1990)

    Maravillosa escena de ‘Eduardo Manostijeras’ (Tim Burton, 1990)

    Hace unos días alguien me dijo que nunca se había enamorado. Que creía haberlo estado, pero que realmente nunca había sentido ese amor. Cuando Edward le dijo a Kim “Adiós” ella le respondía con un “Te quiero”. Se enamora de todo lo que él tiene dentro y de todo lo que podría llegar a ser capaz de hacer por ella. Se enamora de un corazón sincero que jamás podría herirla. Y ella siente lo mismo por él. ¿Quién podría herir a alguien como Edward?

    Dicen que hoy va a nevar en Madrid. “Antes de que él viniera, no nevaba nunca. En cambio después, sí nevó. Si él no siguiera vivo, ahora no estaría nevando… A veces aún bailo bajo la nieve”.

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    Dedico este post a Noelle, a Evita Dinamita, a Natalia, a Nuria CB, a Lola, a Marina y a ti, que me animas a seguir escribiendo. A Edward. Al maravilloso mundo de Tim Burton. A mi madre y sus bizcochos, a mi hermana, con quien vi tantas y tantas películas, y a mi padre, ese gran artista.


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