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febrero, 2013

  1. A VECES AÚN BAILO BAJO LA NIEVE

    febrero 26, 2013 by Ana López Guzmán

    “- Hace mucho tiempo, un inventor vivía en esa mansión. Inventaba muchísimas cosas. Un día, creó a un hombre. Y le dio entrañas, un corazón, un cerebro… ¡Todo! Bueno, casi todo. Verás, el inventor era ya muy viejo. Murió antes de poder acabar al ser que había creado. Así que el hombre se quedó solo. Inacabado… y completamente solo.
    - ¿Y no tenía nombre?
    - ¡Claro que tenía nombre! Se llamaba Edward”.

    Martes. Estoy metida bajo un millón de mantas. No quiero ni pensar en el frío que tiene que hacer allá fuera, en el mundo. Abro los ojos. Cojo el móvil para ver qué hora es. Uy, qué pronto, mejor me quedo un rato más… Pero… Tal vez debería levantarme… Ayer hice la lista de propósitos de la semana y hay muchas cosas que tachar… Pero se está tan bien aquí… Venga, cinco minutos más y me pongo manos a la obra…

    Media hora después la maravillosa BSO de  ‘Eduardo Manostijeras’ (Tim Burton, 1990) seguía sonando en mi cabeza… (Gracias, Danny Elfman).

    Cuando vi por primera vez esta película era una cría. Recuerdo que mi madre había hecho un bizcocho con chocolate que estaba buenísimo. Son esa clase de recuerdos que tu mente asocia a sabores, olores… Y un buen día te encuentras diciendo: “Huele a verano”, porque las piscinas están abiertas y se respira cloro, o “Huele a Navidad” porque alguien está cocinando cordero.

    Johnny Depp y Winona Ryder en 'Eduardo Manostijeras' (Tim Burton, 1990)

    Johnny Depp y Winona Ryder en ‘Eduardo Manostijeras’ (Tim Burton, 1990)

    Lo que a mí me enamoró de Edward (Johnny Depp), y creo que a la mayoría de la gente, es su nobleza, su ingenuidad y su corazón sin contaminar. Su forma de mirar a Kim (Winona Ryder)… Su deseo de abrazarla… Él no tiene ninguna maldad. Absolutamente ninguna. Y si se mete en algún lío es porque se deja llevar por otros. Su inseguridad reside en lo que le convierte en alguien diferente: sus manos, en forma de tijeras. Sin embargo él no se da cuenta de que esa diferencia, precisamente, es la que le hace ser mágico:

    Edward y Peg, en un programa de la televisión

    Público: Pero si tuvieras manos serías como cualquier otra persona.
    Edward: Sí, supongo.
    Presentador: Seguro que te gustaría.
    Público: Entonces nadie pensaría que eres especial, no saldrías en la tele ni nada de eso.
    Peg Boggs: No importa lo que pase, Edward siempre será especial.

    A medida que vamos creciendo y comiendo bizcochos de nuestra madre, vemos pelis, conocemos a gente, nos metemos en líos, nos enamoramos, perdemos a nuestros seres queridos o creamos cosas, como hacía Edward, vamos aprendiendo. Y ese aprendizaje conlleva experiencias positivas y negativas, pero todas ellas hacen que seas quien eres. Echas la vista atrás y te das cuenta de las tonterías que has podido llegar a hacer por la gente a la que has querido:

    Kim: Entonces, si lo sabías, ¿por qué lo hiciste?
    Edward: Porque tú me lo pediste.

    Cuando estaba viendo la película pensé si existe alguien tan puro como Edward. Ojalá algunas experiencias no nos cambiasen tanto. El sábado estaba hablando con una amiga y me decía que “las corazas son necesarias e inevitables”. Y es que muchas veces resulta complicado levantarse cuando pasas más tiempo en el suelo que de pie.

    Podría hablar durante horas de esas corazas. Esas barreras que ponemos a nuestro alrededor para evitar que vuelvan a hacernos daño. Te hacen más desconfiado, te convierten en un escéptico. Si alguien te hace una promesa simplemente no te permites confiar ciegamente en ello. No te crees las palabras bonitas ni las miradas que parecen sinceras.

    Edward simbolizaba un poco la inocencia que perdemos. Es como un niño que está descubriendo el mundo y se sorprende por todo lo que ocurre a su alrededor, lejos del castillo en el que “nació”, junto a su único ser amado, un viejo inventor que fallece antes de poder acabar su última gran obra: un hombre.

    Por suerte, no estamos tan solos como él y nunca pienses que lo estás. Tal vez deberíamos probar a hacer como él. Si te sientes así, puedes salir a la calle y dejarte impresionar por lo que ves. Mirar a los demás con los ojos muy abiertos y saber distinguir con quién quieres pasar tu tiempo. Estar con tu gente de confianza, esa que jamás te haría daño. Dejar que vuele tu lado creativo. Tal vez lo de esculpir no sea lo tuyo, pero estoy segura de que todos podemos crear cosas bellas que hagan sentir a los demás. Pienso que, de hecho, Kim estaba mucho más sola que Edward, pero que nunca más volvió a sentirse así, porque de alguna manera, siempre estaría con él:

    Maravillosa escena de 'Eduardo Manostijeras' (Tim Burton, 1990)

    Maravillosa escena de ‘Eduardo Manostijeras’ (Tim Burton, 1990)

    Hace unos días alguien me dijo que nunca se había enamorado. Que creía haberlo estado, pero que realmente nunca había sentido ese amor. Cuando Edward le dijo a Kim “Adiós” ella le respondía con un “Te quiero”. Se enamora de todo lo que él tiene dentro y de todo lo que podría llegar a ser capaz de hacer por ella. Se enamora de un corazón sincero que jamás podría herirla. Y ella siente lo mismo por él. ¿Quién podría herir a alguien como Edward?

    Dicen que hoy va a nevar en Madrid. “Antes de que él viniera, no nevaba nunca. En cambio después, sí nevó. Si él no siguiera vivo, ahora no estaría nevando… A veces aún bailo bajo la nieve”.

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    Dedico este post a Noelle, a Evita Dinamita, a Natalia, a Nuria CB, a Lola, a Marina y a ti, que me animas a seguir escribiendo. A Edward. Al maravilloso mundo de Tim Burton. A mi madre y sus bizcochos, a mi hermana, con quien vi tantas y tantas películas, y a mi padre, ese gran artista.


  2. ¿QUÉ ES LO MÍO?

    febrero 19, 2013 by Ana López Guzmán

    Todo en esta vida tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por ejemplo, ya sabes de sobra qué es lo bueno y lo malo de vivir solo: el ‘hazlo tú mismo’ saca tu lado creativo, pero también agota. En mi opinión, lo peor de la independencia es que si aparece un bichito indeseado por la casa y quieres deshacerte de él, no puedes mandar a nadie a que lo haga por ti. Y si no quieres matarlo, es todavía más complicado, pero potencias tu inteligencia e incluso tu lado malabarista, intentando que el bichito en cuestión salga por donde ha venido, haciendo uso de un folio, un periódico, un recogedor o lo que buenamente encuentres.

    Al final todo son decisiones. Desde que te levantas por la mañana y escoges qué ropa ponerte, cómo peinarte, qué desayunarás (si es que tienes tiempo de hacerlo)… Y así sigues decidiendo según avanza el día. Incluso hasta cuando te acuestas estás eligiendo que ese es el momento de hacerlo. Ayer Mercedes Milá dijo en ‘Gran Hermano’ que ella sonríe todas las noches. Por una vez estaba de acuerdo con ella. Es un ejercicio que es sano, gratis y tiene grandes beneficios para tu salud. ¿Has probado a hacerlo durante el día? Dios, ¡cuesta tan poco!

    Sarah Michelle Gellar en 'Buffy Cazavampiros'

    Sarah Michelle Gellar en ‘Buffy Cazavampiros’

    Tal vez sea porque estoy aprendiendo a desarrollar la ‘sonrisa telefónica’ para el trabajo. Y cuando te ves en esa situación, de vez en cuando la memoria te juega una mala pasada y te lleva a un momento en el que también tuviste que elegir y te preguntaste: ¿Qué es lo mío? Precisamente así se llamaba un episodio doble de una de mis series favoritas, ‘Buffy Cazavampiros’ (protagonizada por Sarah Michelle Gellar). Cuando Buffy cumple los 16 tiene trazado su destino: ser la Cazadora, la Elegida. Poco importan todos los trabajos que pudieran ser buenos para ella en la feria de oficios de aquel capítulo. Siente que no tiene opción de escoger, que su destino está marcado y que sólo queda la opción de aceptar lo que hay y seguir tirando.

    Ayer estaba en casa trasteando por internet cuando me topé por casualidad (vamos, cotilleando en Youtube) con un vídeo de mi amigo EP. Debo decir que su charla me llegó al alma. Su ponencia hablaba, entre otras cosas, de la libertad de hacer lo que uno quiere porque sólo así se alcanza la felicidad. Invitaba al público a cerrar los ojos y preguntarse: “¿Qué es lo más importante para ti?”. Él tenía la respuesta: ser feliz.

    También decía que cuando uno no se encuentra bien en un trabajo lo mejor es dejarlo. Aseguraba que, de hecho, un día se dio cuenta de que se aburría y simplemente se fue. “Y volvería a hacerlo”, aseguraba. Lamentablemente no es tan fácil, al menos para algunos. Pero sí que tiene razón en algo. Tienes que hacer las cosas que te gustan, no sólo laboralmente, y si te sientes obligado o haces algo por compromiso, mal vas. Siempre tienes la libertad de elegir, de quererte y de reconocer tus propios errores. Sí, en serio, ¡de todo eso!

    Ayer fue un día productivo, ya que el vídeo de EP motivó una conversación con una de mis mejores amigas sobre cómo uno se forja su carácter. Eres como eres. Puedes cambiar algunas cosas de ti, pero sólo si realmente quieres hacerlo. Por ejemplo, puedes y debes poner fin a conductas destructivas que lo único que hacen es hacerte daño. Pero la esencia de cada uno… Ay, ¡esa ni tocarla! Si hay alguien que no te acepta como eres, si esa persona desearía que fueras de otra manera, ¡fuera! Nunca dejes que nadie te juzgue. Está bien escuchar la opinión de los demás sobre ti y de hecho te recomiendo que lo hagas y te pares a pensar en ello. Pero una cosa es decir lo que piensas y otra poner a alguien en una mesa de disección y sacarle todos sus defectos (suponiendo que realmente los tenga).

    Cuando escribo para contaros estas cosas que se me pasan por la mente, muchas veces me escribís y me preguntáis cosas. Me contáis vuestras historias y yo me siento agradecida de poder ayudaros o, por lo menos de intentarlo. Resulta doblemente bueno, porque ayudas a alguien y te sientes bien contigo por haber hecho algo útil. Creo que si realmente quieres ayudar tienes que desarrollar ciertas habilidades como la empatía. Uno puede ser sincero, pero nunca maleducado.

    Mi compi Lorena dice que últimamente estoy muy zen. Tal vez sea porque ahora estoy donde quiero estar. He asumido que los baches son sólo eso, baches, y que las cosas malas tan pronto vienen como se van. Que puedes con todo. Sólo tienes que desear estar bien. Y que si sonríes y piensas cada día antes de acostarte en las cosas buenas que has vivido, y sonríes como hace Mercedes Milá (nunca pensé que la pondría como ejemplo), entonces ya habrás conseguido aprender algo y el día habrá merecido la pena. No te metas en bucles autodestructivos que no traen absolutamente nada bueno. ¡Sal de ahí, que ya estás tardando!

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon en 'Agua para elefantes' (2011)

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon en ‘Agua para elefantes’ (2011)

    El domingo estuve viendo ‘Agua para elefantes’ (Francis Lawrence, 2011). Pensé que sería una historia de amor como otra cualquiera, pero es una peli que va de mucho más. La protagonista, Marlena (Reese Witherspoon), estaba en una situación parecida a la de la pobre Buffy en la feria de empleo. Hacía tiempo que había aceptado con resignación su vida como la artista estrella de un circo, sometida a un marido (Christoph Waltz) que maltrataba a los animales y, por supuesto, a su propia esposa.

    Entonces aparece Jacob Jankowski (Robert Pattinson), quien hace ver a la artista que “una persona hermosa merece una vida hermosa” y que fuese a su lado o junto a otra persona, había una vida lejos del circo y de ese hombre. Están en un tren en marcha. Es la hora de elegir: ahora o nunca. Es el momento de saltar y escoger qué es lo que te hace feliz. ¡Ya lo sabes! Entonces, ¿qué te frena?

    Supongo que tenemos demasiados miedos arraigados en nuestra conducta desde niños. Los miedos van cambiando, pero la esencia, como decía antes, es la misma. Lo que tienes que hacer es pararte a pensar qué es lo que realmente te llevará a vivir la vida que quieres. Dedícale tiempo y busca el modo de conseguirlo, no como una meta a largo plazo, sino como algo que debe estar implícito en las 24 horas de tu día.

    Hace poco un amigo de mi infancia me contaba que hace unos años él dejó pasar un tren y que se arrepintió toda la vida. Los trenes no sólo son personas a las que podamos amar. Este post no va de eso. Habla de ser quien quieres ser. De decidir lo que será mejor para ti. Tú eres el titiritero de tu propia vida, tú manejas tus hilos, nadie más. Los otros sólo nos acompañan si tú quieres que lo hagan. Haz como Jacob en ‘Agua para elefantes’: arriésgate y coge ese tren, porque no sabes cuándo volverá a pasar, si es que vuelve a hacerlo.

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon junto a Rose, en 'Agua para elefantes' (2011)

    Robert Pattinson y Reese Witherspoon junto a Rose, en ‘Agua para elefantes’ (2011)

    Aprende de los mayores. Aprende de la gente que tenga algo que decir, que contarte o incluso que criticarte (siempre desde el cariño y el respeto). ¡Aprende de ti! Y, sobre todo, escucha. Rodéate de gente que te quiere. Haz ese curso al que nunca te apuntaste. Deja de poner excusas. Hay tiempo para todo. Si no tienes dinero, busca en Internet. Ahora las respuestas son más fáciles de alcanzar. Hay cursos gratis, intercambios… Y ya sabes, sonríe todo lo que puedas y nunca olvides que eres dueño de tu vida y que sólo tú puedes responder a la pregunta: “¿Qué es lo mío?”. Estoy segura de que así todo irá bien.

    Dedico este post a mis compis Lorena, Cristina y Manu.

    Os dejo el tráiler de ‘Agua para elefantes':

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  3. Los días de lluvia

    febrero 7, 2013 by Ana López Guzmán

    Cuando te pasas un año entero haciendo algo día tras día, es imposible no convertirte en un experto. Yo tenía siete años cuando empecé a ir a clase de guitarra. Era la más pequeña del grupo, así que el profesor me tenía entretenida haciendo punteo. Y yo me pasaba las horas muertas así… Totalmente aburrida, pero entregada.

    Un tiempo después, los que iban un curso por encima del mío empezaron a apuntarse a clase, así que admiraban con asombro mi destreza. Al fin y al cabo les llevaba algunos años de ventaja. Pero aquello seguía sin ser lo mío. Aun así, seguí yendo a clase, porque tenía otro motivo… Encontré una ilusión.

    Escena de la película 'El efecto mariposa'

    Escena de la película ‘El efecto mariposa’

    Y esa ilusión era mucho mejor que yo. Me había alcanzado rápido porque me había distraído por el camino. Pero era bonito seguir asistiendo a clase… Al año siguiente lo dejé y prácticamente me “olvidé” de mi ilusión. Empecé a llamarte Radikal por aquella bebida. En la etiqueta ponía “amor platánico” (que no platónico) y me resultó muy gracioso.

    El tiempo pasaba y no tenía valor de mirarte frente a frente. Jamás. Bastaba con observar a la pelota. Cuando eres un niño pocas cosas te hacen falta para ser feliz. Y que si el balón va, que si el balón viene… Y allí estábamos. Fieles a nuestra cita. Una cita que tú desconocías por completo.

    Pasaron los años y te perdí de vista. La inspiración siguió su camino y yo continué por el mío. Cambié mucho. Me volví una persona mucho más segura de mí misma. Empezaba a descubrir que si uno desea algo con todas sus fuerzas puede conseguirlo, pero requiere mucho trabajo y la capacidad de entrega no era algo que a mí me faltase. Y si no que se lo dijeran a mi profe de guitarra…

    Un día me propusieron ir a un sitio. Allá fui. Y… ¡Zas! ¡Te encontré! ¿Dónde habías estado todo este tiempo? ¿Por qué tenías que aparecer justo en ese momento? Bueno, supongo que era cuestión de paciencia. Pero todos somos lo que éramos en el patio del colegio y aquella niña me advertía que continuara por el camino que había iniciado.

    Tuve que darme algún que otro golpe de bruces para darme cuenta, pero a veces es necesario. Fue el segundo punto de inflexión. Creo que me hizo más fuerte. Era la época de las pelis de terror. Todos los viernes me iba a casa de mi amiga Bea. Incluso escribimos un libro del género entre las dos. Durante el día lo maquinábamos y por las noches yo lo escribía. Fue el año que empecé con el insomnio, así que encontré una manera productiva de rentabilizarlo.

    Quién me iba a decir que luego yo iba a vivir mi propio calvario… De pronto todo se volvió muy complicado y las cosas más sencillas, las del día a día que apenas valoraba, se volvieron difíciles de conseguir. Nunca me había visto en una situación tan complicada. Perdí la esperanza. Pero tuve que reponerme.

    Y en medio de todo aquel proceso, volviste a aparecer. Sinceramente, era algo que daba por perdido, pero tú siempre volvías. Es lo que tienen las inspiraciones, que van y vienen. Y por primera vez nos hicimos amigos. Empezamos a saber quiénes éramos. Hice las cosas mal, pero te aseguro que era yo al cien por cien. Nunca fui más yo que aquellos días. Sé que es difícil de creer.

    Momento de la película 'El efecto mariposa'

    Momento de la película ‘El efecto mariposa’

    Sin embargo, aquella situación de escritora encuentra a su musa no se podía extender para siempre. Tenía que decirte algo. No podía seguir así, aunque sabía que cuando lo hiciera perdería lo que tantos años me había costado conseguir. Y pese a eso, me diste la oportunidad de hablar… Dos veces.

    Desde entonces los días de lluvia nunca volvieron a ser lo mismo. Nunca. Ni tampoco las canciones. En especial algunas. Ha pasado mucho tiempo. Muchos años. No hemos vuelto a encontrarnos. Pero quién sabe… Si aquella bruja tenía razón, entonces antes o después llegará ese momento.

    Y yo te sigo imaginando con tu guitarra, en plan cantautor, dándolo todo en la intimidad. Yo sigo igual, escribiendo. Cojo mis ideas y las esparzo en este blog. Cojo la cámara y capturo momentos. A veces lo hago sólo con los ojos y me guardo esas imágenes para mí. Otras me hablas en sueños y me das mensajes. Y yo los guardo como un tesoro.

    Creo que cuando nos hacen daño, una parte de nosotros se va y no vuelve. Es esa parte consciente que te hace protegerte para que no vuelvan a herirte. Es la más orgullosa. Pero hay otra que es la que se queda con las cosas buenas y es la que te hace contestar a mi llamada, aunque a veces te tomes tu tiempo.

    Una vez mi inspiración me hizo una propuesta. Fue hace ya algunos años. Recuerdo que yo estaba trabajando en un periódico, corriendo de aquí para allá cuando oí sonar mi teléfono. No sé qué ocurrió con aquello. Se perdió por el camino y no me lo he perdonado. Es como dejar escapar el tren de las oportunidades. Como una llamada perdida.

    Pero, ¿sabes qué?  Que la vida nos pone del revés. Que yo tuve encendido un ordenador durante una semana para conseguir descargar una historia de un rey para una mujer que era muy importante y a la que ni siquiera conocía y me parece que eso os hizo felices.

    Que no creo en los puntos finales. Nunca lo he hecho. Así que voy a esperar a ver cómo sigue el siguiente capítulo. Y si esta historia fuera una película, sin duda sería una saga que contaría cómo una niña fue haciéndose mayor, esculpiendo sueños y masticando realidades.

    El actor Ashton Kutcher en 'El efecto mariposa'

    El actor Ashton Kutcher en ‘El efecto mariposa’

    Tal vez si alguien te preguntase harías una sinopsis muy distinta de esta peli. Sería mucho más breve. Pero ya sabes, yo soy de las que cuentan todos los detalles, pero porque para mí son fundamentales para entender el conjunto. Nadie conoce a nadie hasta que no se pone en su piel y elige saber cómo se siente el otro. Entonces es cuando empatizas y logras comprender lo que hasta ahora era una peli de autor demasiado complicada.

    ¿Recuerdas ‘El efecto mariposa’ (Eric Bress, 2004)? La teoría del Caos: “El aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo”. Creo que yo provoqué uno bien grande, pero al igual que decían en la peli, “Si puedo hacer cicatrices, ¿tengo el poder de sanarlas?”.

    Si la teoría del caos nos habla de los cambios que se producen por un comportamiento aleatorio, imagina la repercusión que pueden tener tus decisiones y tu modo de ver la vida. Yo creo que cuando te conoces bien por dentro, es cuando tomas conciencia de lo que puedes llegar a ser. Creo en ti. ¿Y tú?


  4. Volveremos a encontrarnos

    febrero 1, 2013 by Ana López Guzmán

    Siempre estuviste allí, incluso antes de que yo naciera. Antes de que mis padres se besasen por primara vez. Ibas con tu amigo Canito a todas partes.  También estuviste antes de que mi abuelo alquilara la tienda que después compraría mi abuela.

    Uno de los recuerdos más antiguos que tengo a tu lado tiene como escenario una cafetería de Gandía. Yo tendría unos cinco o seis años, pero lo recuerdo perfectamente. Estábamos tomando un granizado con mi padre. Yo odio los granizados. Tal vez por culpa de ese día.

    Recuerdo que había una gata con sus recién nacidos gatitos. Yo estaba como una tonta mirándolos. Siempre me han parecido unos animales fascinantemente elegantes e independientes. Y en este estado de observación, no me di cuenta y tiré el granizado. El vaso cayó y se rompió en miles de pedazos, que quedaron esparcidos sobre las baldosas de colores.

    Me regañasteis y yo me puse a llorar. Incluso nos hicieron pagar el vaso. Me sentí terriblemente culpable, como si ese vaso costase mucho dinero. Sentía que os había decepcionado. ¿Sabes? Esa cafetería ahora es una tienda de artículos de playa, pero conserva el mismo suelo y la esquina donde estaban los gatos sigue intacta. Siempre me acuerdo de ti cuando piso aquellas baldosas de colores.

    Otro de los recuerdos que tengo de mi infancia a tu lado tuvo lugar en tu casa. A mí me encantaba jugar en el cuarto de Carlos y David. Recuerdo que tenían una caja de Star Wars donde guardaban los juguetes. Y cómo no, el top venta de los Reyes de la época: el barco pirata de Playmobil.

    Pero ese día ellos no estaban y yo no quise hurgar en sus cosas. Nunca me gustó tocar los juguetes de los demás sin su consentimiento. Para mí era algo demasiado sagrado. Me fui al salón a la busca y captura de algo que lograra entretenerme mientras los adultos hablaban de lo que a mí no me interesaba demasiado. Tú viniste y me dijiste:

    –         ¿Sabes qué es esto?

    Yo nunca había visto una muñeca de madera tan gordita y graciosa. Yo era más de Barbies con cinturita de avispa.

    -         Es una muñeca rusa.

    Cuando eres un niño y te dicen eso piensas: “Así que esto es con lo que juegan las niñas en Rusia…”.

    -         Abre la primera y a ver qué te encuentras.

    Y eso hice. Abrí la primera y me encontré otra dentro. Y dentro de aquélla había otra más. Y así fui destripando muñecas hasta llegar a la última, la más diminuta. Quedé fascinada. “Ahora entiendo por qué los rusos son tan inteligentes”, te dije. Tu boca dibujó una sonrisa compasiva.

    Muchos años después, cuando salía de trabajar de la Agencia Efe, un compañero de la Universidad vino a buscarme y me dijo: “¿Vamos a ver ‘Las muñecas rusas’?”. Aquella película me recordó tanto a ti, a aquel juego…  Me encantó el símil que el protagonista hacía:

    Escena de 'Las muñecas rusas' (2005)

    Escena de ‘Las muñecas rusas’ (2005)

    “Recordé todas las chicas que había conocido, con las que me había acostado o las que sólo había deseado… Pensé que eran como muñecas rusas. Te pasas la vida entera jugando a eso. Te mueres por saber cuál será la última, la más diminuta, oculta dentro de todas las demás. No la puedes coger directamente, tienes que evolucionar. Hay que ir abriéndolas una tras otra, preguntándote cada vez: ¿Será ésta la última?” (‘Las muñecas rusas’, Cédric Klaplisch, 2005).

    Me diste algunas lecciones. Sé que no te dije demasiadas veces ‘te quiero’, pero sí sé que te lo dije la última vez que te vi. Aunque ahora ya no puedo hacerlo, quiero que sepas que nunca te olvidaré. Que siempre formarás parte de mi vida. No te dije adiós, pero es mejor así, porque algún día volveremos a encontrarnos, así que te digo mejor un hasta luego.

    Te quiero, primo.


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