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abril, 2012

  1. El espectáculo debe continuar

    abril 26, 2012 by Ana López Guzmán

    Las chicas estaban sentadas haciendo un círculo repartido por toda la sala. Una sala un poco pequeña, aunque más que suficiente. Era su refugio. Sentían que nada malo podría ocurrir entre esas cuatro paredes, puesto que si todas estaban allí era por el mismo motivo. Había algo que querían olvidar. Una herida que sanar. A veces incluso varias. Todas hablaban de lo mismo. Del amor. Ya fuera el de sus padres, el de sus hermanos, sus hijos… O el de sus parejas, las que ya no eran sus parejas, las que podrían llegar a serlo…

    Entonces se me vinieron a la mente muchas personas. Frases que nunca olvidaré. Miradas que me hablaron e hicieron que me diera cuenta de cosas que yo ya sabía, pero que prefería no aceptar y dejar para más adelante, buscando siempre alguna excusa. Recordé a Amanda sentada en su mesita, siempre sonriente. Y yo jugando con Luna. Más de una vez Lina me había dicho: “Tú eres como esa gata. Eres mágica y buscas cariño silenciosamente”.

    También se me vinieron a la cabeza otras escenas, como recopiladas para un especial de cine y preparadas para emitirse un domingo por la tarde. Toni y su miniequipo de música, ese que lleva a todas partes. No recuerdo ni qué época del año era, pero me dijo: “Hoy sólo quiero que hables”. Y yo necesitaba hacerlo, sacarlo todo, pero me resultaba imposible. “Pero si no puedes hacerlo, estaré aquí a tu lado igualmente”. Y se quedó. Es como aquella escena de ‘Veronica Mars’ en la que ella le dice a su amigo Wallace: “Quien te quiere permanece a tu lado. No se va”.

    Veronica Mars y Wallace

    Veronica Mars y Wallace

    Seguí mirando al grupo de mujeres que hablaba, como si estuviera contemplándolas desde lejos. “La vida son momentos”. No sé por qué no lograba apartar esa frase de mi cabeza. “Es mejor arrepentirse de algo que no haberlo intentado”. Pero hay frases que duelen porque no se corresponden con la realidad. ¿Qué era lo que había intentado él? Supongo que necesitas cierta coherencia y a mí el ‘carpe diem’ no me parece justo.

    Supongo que hay cuerdas que se tensan demasiado. “Forzaste quizá demasiado los lazos pensando que en eso consiste el amor. En dar sin medir el calor de tu abrazo. ¿Quién sabe qué fue? ¿Qué pasó?”, decía Pedro Guerra en aquella maravillosa canción. Hacía sólo unos días él había pasado la noche con ella. Una noche de tantas. Supongo que a esos momentos es a los que se refería. Mágicos, también, como la gata de Lina.

    Había tantos corazones rotos a mi alrededor que me daba miedo pisar, no fuera a romper algún pedacito en mil trocitos más. Escuchaba atenta cada historia, escondida detrás del objetivo. A veces se me encogía mi propio corazón. Pero de todo aquello iba aprendiendo, iba interiorizando algo, haciendo palpable una realidad que yo había maquillado con focos y luces. “No puedo. Ahora no puedo”, se había convertido en la frase favorita… Una frase cobarde porque querer es poder. Todo el mundo lo sabe.

    Entonces le propuse un juego. Cierra los ojos e imagina un camino… Tenía que ir describiéndome qué era lo que se encontraba en su trayecto. Se entregó al cien por cien. Creo que estaba disfrutando más pensando en la interpretación de su fantasía que en cualquier otra cosa. Y mientras jugábamos a los psicólogos, se me vino a la cabeza otra frase de Lina, después de que yo le hubiera contado lo que había soñado la noche anterior.

    “Estoy conduciendo. Voy por la carretera de Toledo, como el día del accidente. La persona que está sentada en el asiento del copiloto es él. Primero me dice que entre por un túnel y yo obedezco. Una vez que entramos, descubrimos que hay unas escaleras mecánicas que bajan. Siento miedo, aunque creo tener el coche controlado. Pero cuál es mi sorpresa cuando me dice que dé marcha atrás, que ese no es el camino. Entonces me entra el pánico. Miro en todas las direcciones posibles, pero no soy capaz de hacer lo que me pide. ¡Es absurdo! Así que el coche sigue bajando, movido por las escaleras…”.

    Ella, sentada frente a mí, me de dice que el sueño es un aviso de que me estoy metiendo en una situación donde no hay marcha atrás. Que me dejaré llevar, como arrastrada por esas escaleras mecánicas, hasta llegar a lo más profundo. Y que es normal que eso me dé miedo porque, ¿a quién no le asustaría un túnel que sólo baja y del que no puedes salir?

    Al día siguiente fui a clase de yoga. Mari Carmen nos explicó que cuando nacemos respiramos de una manera, pero que la vida hace que la respiración vaya cambiando de ritmo y que cuando nos entra el miedo o la ansiedad entonces “se nos olvida respirar”. Es algo de lo que hablé en mis últimos posts. Creo que cuando eso ocurre tienes que pararte a tomar aire. Es el único modo de volver a recuperar el control.

    Le veo llegar desde lejos. Está escribiendo algo en su móvil, como siempre. Su cara lo dice todo. Y deseo ayudarle a salir de su propio túnel. “Hoy por primera vez he soñado contigo”, me cuenta. Al final todo lo que no decimos tiene que salir por algún lado. Durante un tiempo se olvida de todo y es la persona que yo conozco. Pero no sé si es quien yo creo, porque me falta información. Es como cuando una pareja te cuenta las dos versiones de una discusión. Si sólo tienes una de las dos partes, siempre te falta la otra, que es la que te permitiría opinar de forma objetiva.

    Dibuois me regaló un libro el otro día. Se llama ‘Amarse con los ojos abiertos’ (Jorge Bucay y Silvia Salinas). Viene a enseñarte que cuando nos enamoramos lo hacemos de ilusiones (o de proyecciones, como diría Lina). Que poco a poco vamos conociendo a la verdadera persona, y eso es aceptarla tal cual es. A veces te das cuenta de que esa persona real no es para ti. Otras te enamoras perdidamente de ella. La clave es no intentar ver lo que no habrá nunca.

    Sigo sentada en la sala, escuchando atentamente. Cambio el objetivo de la cámara. Tal vez me ayude a ver las cosas desde otro punto de vista. Entonces me encuentro con una persona llena de luz que me dice que sabe que el Universo está creando alguien que será maravilloso para ella. Lo cree firmemente. Y me gusta la seguridad con la que lo dice. Está ilusionada. Rebosa paz. Disparo. Sí, creo que he sacado una gran foto. Que transmite todo lo que ella está sintiendo. Supongo que eso es algo que queda entre ella, mi cámara y yo. Entre esas cuatro paredes. Inmortalizada en una imagen.

    Hay momentos tan dolorosos que nos dejan devastados. Como un gran huracán que se lleva todo a su paso. Nos quedamos con la sensación de haber perdido, pero no se trata de eso. No es otra partida de Póker. No es un resultado negativo en el marcador. Nunca se trató de eso. Cuando has tocado fondo sólo te queda una cosa: remontar el vuelo. Las palabras se las lleva el aire. Si quieres a alguien debes demostrárselo con hechos. No sirve de nada pedir perdón cuando “has roto el jarrón de la confianza” (esto es algo que también he escuchado últimamente). Hay cosas que no se pueden volver a construir, porque hay pedacitos tan pequeños que son prácticamente polvo y si ese polvo, esa confianza, también se la lleva el viento, entonces quedará un hueco que no podrás llenar.

    Michael J. Fox en 'Regreso al futuro'

    Michael J. Fox en ‘Regreso al futuro’

    Hablo con un amigo de segundas oportunidades. Él me dice que está seguro de que si el amor es verdadero, entonces puedes volver a arriesgarte. Pero no si es una tercera, una cuarta, una quinta vez… ¿Qué sentido tiene? Ninguno. Ya sabes cómo termina la película. Y querrías tener una máquina del tiempo como la de Martin en ‘Regreso al futuro’ (1985, Robert Zemeckis) y tener la oportunidad de cambiar algo que no desencadene todo lo demás. Pero en el fondo tú sabrías que las cosas, de haber seguido su curso normal, hubieran sido diferentes. “No puedo. Ahora no”, se me viene de nuevo a la mente.

    Guardo mi cámara. Hemos hecho un gran trabajo. Me siento orgullosa. Partícipe de cada historia. Hoy veo las cosas con color. Desde arriba o desde abajo. Reflejadas en un espejo. Con fondos diferentes. Con luces y sombras. O simplemente, tal cual son. El espectáculo debe continuar.

    Esta vez os dejo una canción: \’Dices\’, de Luis Ramiro, y la letra de ‘Cuando nadie me ve’, de Alejandro Sanz:

    A veces me elevo, doy mil volteretas
    a veces me encierro tras puertas abiertas
    a veces te cuento por qué este silencio
    y es que a veces soy tuyo, y a veces del viento
    A veces de un hilo y a veces de un ciento
    Y hay veces, mi vida, te juro que pienso:
    ¿Por qué es tan difícil sentir como siento?
    Sentir… ¡Cómo siento que sea difícil!

    A veces te miro y a veces te dejas
    me prestas tus alas, revisas tus huellas
    A veces por todo aunque nunca me falles
    A veces soy tuyo y a veces de nadie
    A veces te juro de veras que siento
    no darte la vida entera,
    darte sólo esos momentos
    ¿Por qué es tan difícil?
    Vivir solo es eso…
    Vivir, sólo es eso…
    ¿Por qué es tan difícil?

    Cuando nadie me ve puedo ser o no ser
    Cuando nadie me ve pongo el mundo al revés
    Cuando nadie me ve no me limita la piel
    Cuando nadie me ve puedo ser o no ser
    Cuando nadie me ve…

    Te escribo desde los centros de mi propia existencia
    donde nacen las ansias, la infinita esencia
    Hay cosas muy tuyas que yo no comprendo
    y hay cosas tan mías… pero es que yo no las veo
    Supongo que pienso que yo no las tengo
    No entiendo mi vida, se encienden los versos
    Que a oscuras, te puedo, lo siento, no acierto
    No enciendas las luces, que tengo desnudos el alma y el cuerpo

    Cuando nadie me ve puedo ser o no ser
    Cuando nadie me ve me parezco a tu piel
    Cuando nadie me ve, yo pienso en ella también
    Cuando nadie me ve puedo ser o no ser
    Cuando nadie me ve…


  2. La buena suerte

    abril 16, 2012 by Ana López Guzmán

    Durante mucho tiempo tuve una frase como lema: “La suerte se la construye uno mismo”. Trato de repetírmela a diario para no olvidarlo. Por eso nunca me rindo. Cuando se me cerraron algunas puertas hace un par de meses, decidí abrirme paso por otros terrenos que hasta ahora no había experimentado.

    Sin embargo, hay veces que una vocecita dentro de ti te grita que hagas algo porque sabes que puedes hacerlo bien. Entonces me paré a pensar: si tienes una afición, ¿por qué no convertirla en tu profesión? Ya estuve dando vueltas a esta idea hace unos meses. Entonces Dibuois mi regaló un libro: ‘La buena suerte’. Viene a decir lo siguiente: “Sólo triunfa en el mundo quien se levanta y busca las circunstancias, y las crea si no las encuentra”. Ese es mi momento.

    Will Smith y su hijo en una escena de 'En busca de la felicidad'

    Will Smith y su hijo en una escena de 'En busca de la felicidad'

    Entonces recuerdo películas como ‘En busca de la felicidad’ (Gabriele Muccino, 2006), donde el protagonista, a quien da vida Will Smith, tiene un sueño y por muchas trabas que se encuentra por el camino sigue luchando. Y ya se sabe, quien la sigue la consigue: “Si quieres algo, ve a por ello. No permitas que nadie te diga que no puedes hacer algo, y mucho menos aquellos a quien más quieres. Nadie puede pensar por ti. Nadie puede elegir por ti. Si tienes un sueño tienes que cuidarlo”.

    Supongo que para ello debes sentirte libre… O estar en paro. Es muy difícil echarle valor a emprender un negocio si tienes una hipoteca (ojo, yo la tengo), una familia o un trabajo fijo que temes dejar por un sueño. O, si por el contrario, no tienes un duro (también es mi caso, como consecuencia de dicha hipoteca). En ese momento intento recordar las palabras que William Wallace pronunció a su ejército en ‘Braveheart’ (Mel Gibson, 1995): “Para ser alguien en la vida es necesario tomar responsabilidad, la vida está en nuestras manos y sólo nosotros tenemos el control de lo que pasa”.

    Son muchos los discursos motivacionales que encontramos en el cine y son muchos también los que se nos quedan grabados como grandes palabras, como si nos las hubieran dicho a nosotros, los espectadores. Son como esos grandes consejos que hemos recibido a lo largo de nuestra vida y que hemos interiorizado por creer en ellos. A veces venían de nuestros padres. Otras de nuestros abuelos, amigos o de personas que conocimos un buen día y a las que no volvimos a ver.

    En ‘El indomable Will Hunting’ (Gus Van Sant, 1997), un profesor (Robin Williams) le dice a un adolescente (Matt Damon): “No puedo aprender nada de ti, ni leer nada de ti en un maldito libro. Pero si quieres hablar de ti, de quién eres, estaré fascinado”. Supongo que por eso me encanta escuchar las historias de todo aquel que se cruza en mi camino. No hay absolutamente nadie de quien no haya aprendido algo. Me gustaría poder hacer lo mismo con otras personas.

    Escena de la película 'El indomable Will Hunting'

    Escena de la película 'El indomable Will Hunting'

    Hace unos días, mi amiga Tanja me animaba a ser profesora de un curso, pero aún no me siento preparada. Tal vez dentro de unos meses. Por ahora necesito seguir aprendiendo. Eso también forma parte de este momento. Para terminar os dejo Final de \’Trainspotting\’ (Danny Boyle, 1996): “Ir tirando hacia adelante hasta el día que la palmes”.

     


  3. Reescribir la historia (tu historia)

    abril 12, 2012 by Ana López Guzmán

    Deja de asentir con la cabeza. ¿Qué te pasa? ¿Es que no piensas hacer nada al respecto? ¿Qué te está pasando? Te miras al espejo y no te reconoces. Entonces te acercas un poco más. Te observas de cerca, como si fueras a encontrarte con la verdad, escondida en tu mirada. ¿Por qué? Porque sabes que está ahí dentro, deseando salir.

    Hay una peli muy mala (a mí me lo pareció) que se llama ‘El cazador de sueños’ (2004, Lawrence Kasdan). Está basada en un libro de Stephen King. Hubo una escena que se me quedó grabada. Es un momento en el que se ve cómo funciona la mente de uno de los protagonistas. Podemos verle dentro de su cabeza, quemando carpetas, destruyendo información, recuerdos…

    'La Historia Interminable'En otra, ‘La historia interminable 2’ (1992, George T. Mille), protagonizada por el fallecido Jonathan Brandis, existía un personaje que se dedicaba a robar recuerdos. Se quedaban encerrados en bolas de cristal. A veces he pensado lo maravilloso que sería poder borrar ciertos momentos dolorosos. Que se quedaran así, atrapados… Pero luego pienso que en el fondo los necesitas, por mucho que ardan dentro de ti. Que aprendiste de cada uno de ellos porque, aunque hay quien dice lo contrario, siempre pensé que no hay día en el que no puedas aprender algo nuevo.

    ¿Te acuerdas de la Nada? Esta aparecía en ‘La historia interminable’ (1984, Wolfgang Petersen; basada en la novela de Michael Ende), la primera entrega de la saga, la más famosa y la mejor, indiscutiblemente. Cuando Atreyu se reencontraba con el Comepiedras, éste le explicaba lo que había sucedido en el Reino de Fantasía. Describía una gran Nada que había arrasado todo a su paso sin dejar ni rastro. “¿Un agujero?, le pregunta el guerrero. “No, un agujero sería algo, pero allí no quedó nada”.

    A veces ocurren cosas que nos dejan así. Es como un gran bloqueo que te paraliza. Y los días pasan y no logras salir de él. Es como un bucle autodestructivo. Sientes una enorme tristeza. Eso también ocurría en la misma película. Ártax, el caballo de Atreyu, se dejaba invadir por la tristeza y terminaba muriendo de pena en un pantano. Es una de las escenas más emotivas de la cinta. Atreyu le anima a luchar, le sujeta la cabeza con todas sus fuerzas… Pero termina perdiéndole.

    Atreyu intenta salvar a ÁrtaxTodos tenemos ‘Atreyus’ en nuestras vidas que nos dan ese toque de atención para que reacciones y no te dejes hundir puesto que, ¿de qué serviría eso? Muchas veces lo que ocurre es que no te das cuenta de lo que está sucediendo o de cuál es la raíz del problema, pero una vez que la encuentras, todo es más fácil porque ya sólo tienes que buscar una solución (aunque ésta no suele ser sencilla).

    Y cambias todos tus planes y quedas con una persona porque te lo suplica. Y tú accedes porque también quieres. Y entonces te golpea la realidad en la cara y te das cuenta de que no eres tan importante como te creías. Piensas que si en un futuro pudieras ver cómo ha sido tu vida no querrías recordar ese momento como uno de los peores de tu vida. Entonces recoges los trozos de dignidad que te quedan y te despides. Te vas… y dejan que te vayas. No hacen nada por retenerte.

    Después los mensajes de voz. Las llamadas insistentes. Los mensajes de súplica. Dios… Esta semana muchas me habéis contado casos así. Muchísimas. Y yo daría lo que fuera porque ninguna tuviera esa sensación. Me habláis de encuentros de madrugada y se me encoge el corazón. Lágrimas, despedidas… Entonces miras sus ojos y sabes que lo que dice es cierto, o quieres creer en ello porque así es como lo sientes, pero te estás hundiendo en el pantano de la tristeza y sabes que terminarás como el Comepiedras. Sintiendo un gran vacío…

    No hay despedida que no sea amarga. No hay verdad que no duela. Es como cuando pierde tu equipo favorito. Cuando se cancela ese plan que habías organizado con ilusión. Como cuando te dejan plantado y te sientes devastado… Pero tienes que seguir adelante.

    Ayer Concha me dijo algo: “Te cambia la cara cuando hablas de proyectos, de ilusiones”. Tenía razón. “Te has hecho pequeñita, pero eres grande y puedes hacer lo que quieras y lo sabes. ¡Hazlo!”. Y eso he hecho. He alquilado un estudio de fotografía y a partir de ahora podré empezar a hacer lo que me gusta: sacar el lado bonito de la gente. Ver sus sonrisas cuando les entregas sus fotos.

    “Tienes que dejar de poner cosas en esa gran mochila que tú sola te has colocado y no intentar quedar bien con todo el mundo. Eres la chica que quiere agradar y no disgustar a nadie, pero no siempre se puede”, me dijo Concha. ‘Aprender a decir no’ es algo que tengo apuntado en mi lista de tareas pendientes.

    Hija de la Luna y BastianY mientras trato de trabajar con esa parte de luz, como dice Lina, me encuentro con la parte de sombra, pero intento dejarla a un lado. Entonces me encuentro con la parte de sombra de otra persona. Le digo: “Es como una gran partida donde has apostado todo y lo estás perdiendo poco a poco”. Pero las situaciones límite, al fin y al cabo, son las que nos hacen reaccionar, al igual que esos ‘Atreyus’ que nos estarán esperando y animando a salir de nuestro bloqueo para volver a correr libres e iniciar la historia de nuevo. Hablo de tus amigos, tu familia, tu pareja…

    Una historia nueva, interminable. Que se haga grande con cada deseo… Déjate guiar por esos ‘dragones de la suerte’. Habrá muchas aventuras, personajes mágicos, momentos inolvidables e irrepetibles… Muchos desaparecerán, pero, ¿quién sabe? Tal vez vuelvan. Como decía la película: “Eso ya es otra historia”.

    PD. Os dejo el Tráiler de \’La Historia Interminable\’, mítica y mágica. Dedico este post a Nacho Cascajero, un gran fan de esta peli.


  4. Proyecciones

    abril 9, 2012 by Ana López Guzmán

    Es domingo. Son las tres de la mañana. Podría estar durmiendo, pero no tengo sueño. He estado conduciendo cuatro horas sin parar y estoy tan alerta que cualquier lucecita me parece un coche que está frenando con la mismas ganas que tenía yo de llegar a casa. Y mira que cuatro horas tampoco es tanto, pero es que no estoy muy acostumbrada a los viajes de más de 45 minutos.

    Durante la última semana he visto cómo el mundo de las personas que más quiero ha sufrido grandes altibajos. He secado lágrimas, he escuchado confesiones. Algunas escalofriantes. He prestado atención a cada palabra y he intentado que esas personitas se fueran algo mejor a la cama.

    Hay veces que estás tranquilo. Que simplemente estás en tu casa viendo la tele. Puede que sea un sábado por la noche. Uno de esos que no te apetece hacer nada, pero te sientes bien. Y en ese momento suena un aviso en tu móvil. Un e-mail o un SMS de él o ella. Esa persona que tanto daño te ha hecho de pronto se acuerda de ti y, aunque sabe lo mucho que eso puede desequilibrarte, y aunque tú hayas dejado bien clarito que no quieres tener señales suyas, coge y te escribe para decirte lo mucho que te echa de menos.

    Ese tipo de mensajes son devastadores, además de profundamente egoístas. Quien los manda lo hace pensando únicamente en SUS ganas, en SUS antojos y no en los de la otra persona, que es la que se queda chafada durante días,  dando vueltas a un montón de palabras que se han escrito con unas copas de más y a altas horas de la noche.

    Según Luis Ramiro, cuando alguien te manda un mensaje breve seguido de tres puntos suspensivos es que quiere “algo”. Y eso está genial si tú también quieres “algo” con esa persona, pero… ¿Y si no es así? ¿Por qué no existen normas para eso? Supongo que está la ética, pero no la ponemos en práctica.

    Sandra Bullock en una escena de 'Mientras dormías'Si Medea leyera esto me hablaría de las “personas tóxicas”. Ya sabes, ese tipo de gente que está en tu vida por algún motivo y que permites que siga estando aunque no te haga ningún bien. ¿Por qué nos empeñamos en dejar que nos hagan daño cuando sería mucho más fácil cortar el “problema” de raíz? Supongo que necesitamos aferrarnos a la esperanza de que esa persona no tiene un fondo malo. Queremos ver ese lado bueno y hacer que reluzca. Pero, ¿sabes qué? Que esa no es tu misión. Ni la mía. Tú sólo debes ocuparte de sacar lo mejor de ti y apartar a esas personas que están entorpeciendo tu camino. Tu responsabilidad es preocuparte de TU luz.

    Hoy he estado viendo ‘Mientras dormías’ (1995, Jon Turteltaub). Sandra Bullock es Lucy, una mujer encantadora que se enamora platónicamente de un hombre al que ve cada día pasar en el metro. Sin embargo, no le conoce. No sabe absolutamente nada de él.

    Eso también ocurre en la vida real. Idealizamos a las personas. No sabemos nada de ellas y hacemos una proyección de lo que nos gustaría que fueran. Ella al final se enamora del hermano de aquel hombre. Bill Pullman es el encargado de darle vida. Es una de esas películas que te dejan un sabor agradable, pero en el fondo sabes que esos finales son muy poco frecuentes en la vida real.

    Sandra Bullock y Bill Pullman en una escena de 'Mientras dormías'Es cierto que cada historia es maravillosa. Desde el momento en que conocemos a alguien hasta… Bueno, hasta que dure lo que tenga que durar. Pero no todas terminan con un taxi que corre desesperado por llegar a un aeropuerto donde la persona amada está a punto de coger un avión con destino a un lugar muy lejano. No hay Nocheviejas con sorpresa. No hay un “lo siento” escrito con un millón de flores (tus favoritas) para que lo veas cuando te levantes por la mañana y te asomes a la ventana.

    Hace poco alguien me dijo que gracias a mí había descubierto lo que era la magia, los cuentos, las canciones y, por supuesto, las películas. Al fin y al cabo, ¿qué sería de nosotros sin un poco de fantasía? Pero esa misma persona también me dijo: “Ana, esto no es una película”. Supongo que cada uno elige cómo ver la vida. Un día después inmortalizaba en una imagen lo que estaba pensando mientras se dejaba fotografiar: “Y las ánimas también…”. Se la escuché cantar tantas veces…

    Para cerrar este post, os dejo una canción de ‘El Canto del Loco’. Se llama ‘Cicatrices’. Se la dedico a mis niñas y a aquel lobito que decidió continuar su andadura lejos de El País de las Maravillas porque su corazón “no era libre”. Lo que importa es recuperar tu “muchedad” y ser quien eras y olvidaste ser. Porque tú eres único y sólo tienes que recordártelo cada día hasta que se te quede tan grabado que te salga solo. Quiérete, porque nadie va a quererte tanto como tú.

    Todo esto lo escribí, precisamente, ‘mientras dormías’.

    CICATRICES (El Canto del Loco)

    Hoy vuelvo a encontrar mi corazón, que lo tenía escondido dentro de un cajón

    cerca del afecto y del manual de cómo hacerme un hombre

    Y lo pasé tan mal mirando alrededor, estando tan perdido, falto de ilusión,

    cerca del peligro, sin equilibrio y perdiendo el norte…

    Y hoy me pregunto, ¿por qué me quise tan poco y me encerré dando vueltas y vueltas a algo que yo creé?

    Y por pensar tengo un millón de cicactrices, soy un escudo, soy hipersensible… Una barrera al corazón

    Y no me gusta haber estado así de triste. Por paranoias yo me hice esas heridas en mi interior

    ¡Qué gran liberación que siento hoy al recorrer poquito a poco el corazón!

    Que está más fuerte, sabe qué quiere y ya no se esconde…

    ¡Qué grande es verme hoy sin lo anterior! Sintiéndome tranquilo, siendo lo que soy: inofensivo, sereno, amable y cariñoso

    Y hoy me pregunto, ¿por qué me quise tan poco y me encerré dando vueltas y vueltas a algo que yo creé?

    Y por pensar tengo un millón de cicactrices, soy un escudo, soy hipersensible… Una barrera al corazón

    Y no me gusta haber estado así de triste. Por paranoias yo me hice esas heridas en mi interior


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