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noviembre, 2011

  1. La vida no es una película, pero se le parece demasiado

    noviembre 21, 2011 by Ana López Guzmán

    Repasando algunos de mis textos antiguos, he encontrado lo siguiente:
    Estoy en una cuerda floja. Cierro los ojos. Intento controlar mi respiración. ¿Cómo he llegado hasta aquí?
    - Venga, Ana – me digo – Esto es como si estuvieras en clase de Yoga. Escucha tu respiración. Deja la mente en blanco… ¡Pero qué difícil es!
    Él está sentado frente a mí con un par de chupitos de hierbas entre nosotros.
    - Antes de irnos de aquí tendrás que haber tomado una decisión.
    Creo que sabe que rindo más bajo presión. Ponme un objetivo y te conseguiré el doble de lo que me pides. Dame metas y las alcanzaré. Dime dónde tengo que llegar y ahí estaré puntual, tratando de hacerlo lo mejor posible. Pero si no tengo ilusiones, si no tengo una motivación, entonces estaré vacía. Me quedaré sentada como una muñeca de trapo. Así que cojo el chupito y me lo bebo de un trago. Él se ríe. Casi aplaude.
    Sin embargo, aún sigo con un pie delante, otro detrás, intentando mantenerme sobre esa cuerda. Por ella caminan caimanes que se acercan lentamente hacia mí. Están hambrientos. Son los poderosos pensamientos que me golpean para que caiga. Ya me lo advirtieron. No juegues con juego, no te acerques a los caimanes. Demasiados dientes.
    Entonces extiendo mis brazos, como si fuera un artista del circo. Soy capaz de hacer que los caimanes desaparezcan sin tener que utilizar ningún tipo de protección porque he aprendido sola. Hay cosas que que uno sólo puede aprender por uno mismo. Y esas cosas se agarran a las paredes que hay dentro de ti con grandes uñas para no soltarse. A veces pesan, son una carga. Otras son el empuje que necesitas para hacer lo que tienes que hacer.
    Entonces recuerdo aquella escena de la película ‘En busca de la felicidad’. Le advierto que es mi forma de hablar de las cosas que cuesta contar porque eso simplifica la tarea de tratar de encontrar lo que uno tiene dentro.Y en este caso, ese uno soy yo. Y el vídeo habla de los sueños. Tienes que luchar por ellos. “No dejes que nadie te diga nunca que no puedes hacer algo”.Imagen de previsualización de YouTube
    Uno de los caimanes ha caídoal vacío. Es bastante profundo. Aunque tengo los ojos cerrados, puedo escuchar como se retuerza mientras cae. Pero esa profundidad no me da miedo. Lo que temo es no ser capaz de llegar al otro lado porque sé que me esperan cosas buenas. Tengo que avanzar. Así que doy un paso. Después otro. Mis brazos siguen extendidos.
    De fondo suena una música, pero no logro distinguirla. Tengo que seguir caminando.
    Entonces reconozco la música. ‘Unchained Melody’. ¿Cuántas veces habremos visto ‘Ghost’? Es la misma canción que sonaba mucho tiempo atrás. Yo estaba sentada en la terraza. Era una noche triste. M estaba de pie, apoyada sobre la barandilla. María me miró y me dijo:
    - ¿Bailas?
    Me hizo tanta gracia que no pude decir que no. Y fue un momento que ninguna de las dos olvidaríamos.
    Se lo cuento a Jose. No sé qué es lo que piensa. La melodía sigue sonando en mi cabeza, se hace fuerte. Melodía desencadenada…

    Un paso más y habré llegado a mi destino. Creo que estoy bailando sobre la cuerda. ¿Dónde están los caimanes? No los siento, tan sólo esa música. Tengo recuerdos guardados, imágenes grabadas. A veces me gustaría poder sacarlas de mi mente y que las viera en una pantalla de televisión. Pero no puedo.

    Estamos cerca de la orilla. Hace frío. Vamos a taparnos con las toallas. Vamos a dejar que el viento se lleve todo lo malo. ¿Recuerdas? Entonces recuerdo al ave fénix de ‘Harry Potter’ que tantas veces hemos visto. En algún momento, todos tenemos que renacer.
    Fin del trayecto. He llegado. Tengo las cosas claras. He descubierto lo que me faltaba. La música ha parado y también el baile. Abro los ojos muy, muy despacio. Me doy la vuelta. El vacío sigue estando, pero ya no hay cuerda. Ahora hay un puente. Creo que lo creé yo misma, según fui avanzando por mi camino. Supongo que las cosas son lo complicadas que nosotros las hagamos.
    No quiero silencios a la hora de comer. Sabes que detesto a esas parejas. Sigue contándome cosas. Prometo hacer lo mismo.
    Entonces imprimo ese fragmanteo de ‘El curioso caso de Benjamin Button’ y lo coloco bajo el monitor de mi ordenador del trabajo. Pienso en Laura. En Medea. En Elo. En Isa, Lur, Paula, Marta… En María. Esas grandes mujeres que me han dado lecciones de superación:
    “Si te sirve de algo, nunca es demasiado tarde o, en mi caso, demasiado pronto para ser quien quieres ser. No hay límite en el tiempo. Empieza cuando quieras. Puedes cambiar o no hacerlo. No hay normas al respecto. De todo podemos sacar una lectura positiva o negativa. Espero que tú saques la positiva. Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo” (‘El curioso caso de Benjamin Button’).
    Ya sé que la vida no es una película, pero se le parece mucho.
    Despierta…


  2. El miedo

    noviembre 12, 2011 by Ana López Guzmán

    [slideshow custom=true]Al poco de conocer a Jose le di una lista con diez películas que debería ver. Una era ‘Durmiendo con su enemigo’ (Joseph Ruben). Debió flipar porque le dije que si la veía me entendería un poco más. Consideré que era importante en aquel momento que estaba viviendo.

    Ya sabes, siempre se me da mejor explicar las cosas a través del cine. Encuentro la manera de decir lo que yo no soy capaz de explicar con palabras. Por eso me enrollo (aunque no soy de las que destripan finales) y por eso también me costaba tanto hacer sinopsis de películas cuando trabajaba en la Agencia Efe.

    Volviendo a la película, te contaré que la protagonista, interpretada por Julia Roberts, finge su propia muerte, escapa y cambia de vida. Todo para alejarse de su marido. Sin embargo comete un error y él sabe que está viva. Sólo es cuestión de tiempo que la encuentre. Y aunque llega a sentirse a salvo, el miedo está presente de alguna manera. Nunca termina de desaparecer.

    Creo que las personas que nunca han sentido ese miedo no saben lo que realmente es. Tomar decisiones en una situación así es desesperante. Es muy fácil ver los toros desde la barrera, como diría mi padre. Ya sabes, cuando la gente te dice “yo hubiera hecho esto”. Sin embargo, cuando lo vives no hay tiempo de reacción.

    Después de la tormenta llega la calma. Pero aunque pasen muchos meses o incluso años, resulta difícil hablar del tema. Te callas cosas que no deberías guardarte. Intentas solucionar las cosas sin que nadie se entere. Pero esa no es la solución. Cuando tienes miedo tienes que hablar.

    Y cuando tienes pena, dolor o sientes que algo es injusto, también debes hacerlo. Todo sería más fácil si no nos guardáramos nada. Hay quien prefiere ponerse la armadura, pero a mí eso no me vale porque sólo te protege por fuera. Lo de dentro no cambia. Los sentimientos siguen siendo los mismos.

    Somos humanos. Sentimos. Y no hay nada malo en hacerlo saber. Por algo estamos vivos.


  3. Sin ventanas mágicas

    noviembre 8, 2011 by Ana López Guzmán

    Medea y yo nos conocimos en nuestro primer día de Universidad. Las dos estábamos perdidísimas buscando sin éxito el escondido edificio 17, que más tarde se convertiría en un lugar donde compartiríamos miles de anécdotas. Entonces no lo sabíamos. Y entonces también las cosas eran muy diferentes, incluso nosotras.

    Si las despedidas duelen, duelen más cuando sabes que tardarás en volver a ver a la persona de la que te estás alejando. Por eso nunca digo adiós. Yo soy más de hasta luego y quien me conoce lo sabe. Por eso mi hasta luego del domingo, cuando dejamos a Medea en el control de la T4 de Barajas, fue un poco triste. Volvía a despedirme de mi Amiga (con mayúsculas).

    Son muchas las películas que asocio a Medea, bien porque las hemos comentado, destripado o puesto del revés, bien porque de alguna manera me recuerdan a ella. Pero hoy quiero hablar de dos en concreto, que no sé si ella habrá visto, pero que se han pasado por mi memoria después de pasar de nuevo el fin de semana juntas.

    Una de ellas es ’28 días’ (Betty Thomas). La protagonista es Sandra Bullock quien, tras estrellar un coche el día de la boda de su hermana, ingresa en un centro de desintoxicación. Su psicólogo (si mal no recuerdo) le da un consejo que decía algo parecido a lo siguiente: “Cómprate una planta. Si al año sobrevive, cómprate una mascota. Si al año sobrevive, tal vez estés preparado para cuidar de otra persona”.

    Le recordé esta escena a mi amiga cuando llegamos a casa después de pasar una hora perdidas al volante (conducía yo, claro). No porque fuera borracha, como Sandra Bullock en esa peli, sino porque creo que no es tan fácil cuidar de alguien. Es como decía Shakira en aquella canción: “Siempre supe que es mejor cuando hay que hablar de dos empezar por uno mismo”. Si no sabes cuidar de ti, ¿cómo vas a cuidar de otro?

    Medea tiene una habitación verde llena de plantas, aunque no sé si las regará ella. También tiene un gatito llamado Gizmo. Y sinceramente, creo que podría comerse el mundo entero. Está preparada para cuidar de quien sea. Medea era la amiga que me cuidaba a mí cuando me dijo que se volvía a Gijón. Por eso llevé tan mal su marcha. Sin embargo todos tienen que seguir su camino. Y yo tuve que dejar que ella continuase con el suyo (¡qué remedio!).

    La otra película que he recordado estos días es ‘Mil ramos de rosas’  (Michael Goldenberg). En esta ocasión el protagonista es el dueño de una floristería interpretado por Christian Slater. Al personaje le gusta pasear por la noche. Mirar las ventanas y preguntarse qué estará haciendo la gente. Cómo serán sus vidas. Con qué estarán soñando (esto último creo que me lo estoy inventando, pero no veo esa peli desde hace más de diez años).  Un buen día, descubre una ventana que está abierta y ve a una mujer llorando. Esa imagen le invade de tristeza y desea que las lágrimas desaparezcan. De ahí los ramos de rosas.

    Si yo pudiera de alguna manera ver por una ventana a mi Amiga, me aseguraría de que siempre estuviera bien. Que se riera a carcajadas, como tanto nos gusta, y dejar que incluso alguna lagrimita se escapara, pero de las buenas.

    Ahora me voy a dar un paseo. Imagino que la mayoría de las ventanas estarán encendidas. Y como de momento no tengo el poder de ver cómo está ella a través de una ventana mágica, haré uso del teléfono. Menos es nada, ¿no?


  4. Viajar en el tiempo

    noviembre 2, 2011 by Ana López Guzmán

    Podría contar mi vida enlazando casualidades. Así empezaba la película ‘Los amantes del Círculo Polar’ (Julio Médem). Y porque precisamente fue una lista de casualidades las que me condujeron a estudiar Periodismo, a tener los amigos y el novio que tengo, o a trabajar en Cuore, he querido empezar este blog utilizando esta frase. Me llamo Ana López y también podría contar mi vida utilizando escenas de películas que me han marcado desde que era una cría, pero eso es algo que te iré explicando poco a poco.

    Anoche regresé a Madrid después de pasar el puente viendo pelis de miedo en Gandía (es lo que tiene Halloween). Según sacamos las maletas del coche, fui derecha a casa de mis padres. Les propuse ver algo en la tele y mi padre empezó a ofrecerme posibles candidatas para culminar mis minivacaciones. La elegida fue ‘La máquina del tiempo’ (Simon Wells). Era perfecto: nada de puñales, sangre, mordiscos, fantasmas ni fenómenos paranormales. Y mira que mi género preferido es el de terror, pero todo tiene un límite.

    La cinta hizo que me planteara la misma pregunta que el protagonista, el físico Alexander Hartdegen (Guy Pearce): ¿por qué no podemos cambiar el pasado? Seguro que más de una vez has pensado: “Si volviera a aquel momento no me quedaría callado y diría esto o aquello”. Entonces, si tuvieras una máquina que te permitiera retroceder a otras épocas, ¿intentarías cambiar algo de tu vida? ¿Impedirías que algún acontecimiento ocurriese? Él llega a una conclusión: el destino está marcado y por mucho que lo intentes, el final siempre será el mismo, aunque cojas rutas distintas o luches por cambiar pequeñas variantes. Resignado, el científico elige otra opción: viajar al futuro. ¿Quién sabe? Tal vez resulte más alentador.

    No te voy a contar cómo acaba la película, pero sí te diré que en ese momento un montón de preguntas bombardearon mi mente. Y es que quién no se ha preguntado alguna vez cómo será su vida dentro de diez, veinte o cincuenta años. Somos curiosos. Queremos saber. Sin embargo, otra parte de nosotros prefiere dejar el mundo como está y no tener información extra. Además, ¿no dicen siempre que el destino está escrito?

    Por eso, si una máquina del tiempo cayera en mis manos te aseguro que no cambiaría nada. Sí, ya sé que eso siempre suena bien, pero soy (para bien o para mal) la consecuencia de todo lo que he vivido. Y tú también. Sí que me gustaría evitar el sufrimiento de otras personas a las que quiero, pero he aprendido mucho de todo aquel que se ha cruzado por mi camino. Al fin y al cabo, la vida es un continuo aprendizaje y yo soy de las que creen que hasta la persona más aburrida o la experiencia más dura tienen algo que aportarte, que todo ocurre por algo.

    Ahora bien, ¿reaccionaría igual si pudiera viajar al futuro? ¿Y si pudiera ver qué será de mí? La verdad, prefiero que la vida me sorprenda. Estoy segura de que podré hacer frente a lo que venga porque como dice el manifiesto de Dolores Promesas: “Puedo prometer y prometo que no habrá más dolores en mi vida”. Creo que lo más productivo será centrarme en el presente y no volver a mirar al pasado. Eso sólo nos convertiría en estatuas de sal. ¿Y quién querría eso? Te aseguro que yo no.


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